En los últimos meses se ha acentuado la conspiración oligárquico-imperialista en la región mediante la acción concertada de las campañas de los poderosos medios de comunicación privados, la ofensiva diplomática de Estados Unidos y sus aliados, los ejercicios militares conjuntos organizados por el Comando Sur Norteamericano y realizados en Panamá hace pocas semanas, la expansión de la desinformación y los rumores relacionados a las políticas de los gobiernos antiimperialistas y nacionalistas del continente y la realización de manifestaciones coordinadas por la oligarquías locales vinculadas al proyecto neoliberal en contra de varios gobiernos.

Todo esto forma parte de un plan estratégico de desestabilización y debilitamiento del los procesos de unidad e integración surgidos en América Latina y el Caribe en los últimos quince años.

Los eslabones de mayor presión, en la coyuntura actual, son los gobiernos de Brasil, Venezuela, Ecuador y Argentina. Los esfuerzos por desestabilizar a Dilma Rousseff mediante las cadenas mediáticas como O Globo o Veja, las manifestaciones callejeras o la conspiración parlamentaria encabezada por el Presidente de Diputados Eduardo Cunha, han mostrado su objetivo con las declaraciones del ex presidente Fernando Henrique Cardoso cuando manifiesta su demanda de renuncia de la presidenta del Partido de los Trabajadores (PT), aprovechando los actos de corrupción que se produjeron en la empresa PETROBRAS y el momento de bajo crecimiento económico.

En Argentina la presión de la oligarquía terrateniente, la banca especuladora internacional, los grupos ingleses y pro ingleses y la poderosa red de empresas periodísticas del Grupo Clarín sobre el gobierno de Cristina Fernandez se incrementó en vísperas de las elecciones presidenciales de octubre de 2015, buscando la elección de la corriente más conservadora y pronorteamericana y la parálisis de la lucha por la soberanía argentina en las Islas Malvinas.

ASEDIO Y PROVOCACION MILITARISTA

El gobierno de Venezuela viene sufriendo desde hace cinco años el acecho interno y externo de las fuerzas conservadoras y neoliberales, situación que se agudizó en las últimas semanas con la baja de los precios del petróleo, la especulación con productos de consumo general, la campaña mediática orquestada desde Washington y Miami contra el presidente Nicolás Maduro y las maniobras de los líderes opositores buscando abrir un resquicio para la restauración oligárquica. A su vez, en Ecuador se ha agudizado la campaña anti Rafael Correa debido a las posiciones del presidente de poner freno al poder de los medios de comunicación, implementar impuestos a las herencias millonarias y desarrollar soberanamente la producción petrolera.

El llamado de atención más peligroso se ha manifestado con las maniobras conjuntas de militares del Comando Sur de Estados Unidos con delegaciones de diecinueve países de la región, realizadas del 24 de julio al 7 de agosto últimos, reactivando la vieja estrategia de control de las Fuerzas Armadas. Esto se complementa con el fortalecimiento de las bases militares norteamericanas instaladas en Colombia, Honduras, Perú, Paraguay, Puerto Rico y otras islas caribeñas.

El peso económico y político de Brasil en América Latina y el Caribe y su pertenencia al bloque Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica (BRICS), así como la postura de articulador antiimperialista del gobierno de Caracas destacan como objetivos prioritarios de la ofensiva imperialista para desestabilizar los bloques defensivos de la región.

PREPARANDO EL PROCESO DE RESTAURACION NEOLIBERAL

Previamente, Estados Unidos reintrodujo el plan de los Tratados de Libre Comercio (TLC) de la finada Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), con la formación de la Alianza del Pacífico, a la que concurren los gobiernos de México, Colombia, Perú y Chile, buscando desequilibrar los esfuerzos de independencia y autonomía. El caso mexicano es de vital importancia por la influencia que tiene en los países de Centro América y el de Colombia por las bases militares y sus poderosas Fuerzas Armadas.

Corresponde destacar el aparente ablandamiento de la posición del gobierno de Washington respecto a Cuba, con la reapertura de relaciones diplomáticas después de cincuenta y cuatro años de ruptura, puesto que el objetivo de su política está en ralentizar la política de solidaridad internacionalista y latinoamericana del gobierno de La Habana. Así lo confirman las posiciones del Partido Republicano, de las fracciones duras del Partido Demócrata y las violentas declaraciones del candidato presidencial Donald Trump contra las migraciones mexicanas e hispanoamericanas.

En el contexto de la profunda crisis capitalista en los centros hegemónicos de Europa y Norteamérica y de los juegos estratégicos de la geopolítica mundial; con la debacle griega, la radicalización de la xenofobia europea contra los tercermundistas de Asia, África y América Latina, las guerras en Libia, Irak y Siria, la preparación de un frente bélico de alta peligrosidad en la frontera rusa, el acecho sobre China y el movimiento militar en el Atlántico Sur; las relaciones Estados Unidos-América Latina y Caribe se hacen más sensibles y peligrosas por las escaladas que pueda provocar el imperialismo.

POR LA UNIDAD ANTIIMPERIALISTA

Corresponde recordar que el avance de la unidad latinoamericana se produjo al influjo de los procesos nacionales y populares antiimperialistas surgidos en distintas latitudes del subcontinente sobre la base del discurso bolivariano, morazanista y sanmartiniano de la Patria Grande reivindicado por los gobiernos revolucionarios de Venezuela con Hugo Chavez, Bolivia con Evo Morales, Cuba con Fidel Castro, Ecuador con Rafael Correa, El Salvador con Salvador Sanchez Ceren, Nicaragua con Daniel Ortega y con las importantes acciones realizadas por los gobiernos de Brasil con Lula Da Silva, Uruguay con José Mujica y Argentina con los Kirchner. Todos ellos impulsaron y formaron la Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR) y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), instituciones que rompieron los lazos de dependencia política que implementaba Washington a través de la Organización de Estados Americanos (OEA).

La acción coordinada y unitaria desplegada inauguralmente en la Cumbre de Mar del Plata en noviembre de 2005, para rechazar el ALCA ante el estupor de George Bush, fue un mensaje claro de los nuevos tiempos emancipatorios. Esta postura se ratificó en la Cumbre de Panamá, abril de 2015, cuando Barack Obama fue interpelado por casi todos los presidentes de América Latina demandando los derechos de Cuba en la región, la independencia de Puerto Rico y la desmilitarización de la región.

La crítica coyuntura internacional reclama que América Latina y el Caribe fortalezcan lo avanzado en la coordinación política, en la integración económica y comercial, en la formación de una entidad bancaria y financiera regional, en la aplicación efectiva de la defensa militar conjunta, en la complementación energética y en la formulación de una estrategia compartida para enfrentar la crisis económica y la arremetida imperialista.