Conocí a Marcelo

Una noche curvada en la memoria

Del espejo cóncavo de la ciudad dormida

Donde se repite como sueño de estrellas

Y luces navegantes de tramas de abuelas

Como silenciosos barcos fantasmas

Olvidados en sus lejanos puertos

De silueta espigada

Como tallo radiante de maíz

De los copiosos sembradíos vallunos

De ojos resplandecientes

Como uvas de viñedo tinto

Semblante destacado

Como en una pintura renacentista

Orador prodigioso,

Como ninguno

Escultor de enunciados convocantes

Como paisajes acogedores capturados

Por cuadros de pintores minuciosos

De museos otoñales

Cuadros de bosques tumultuosos

Sonámbulos arboles vespertinos

De ramas verdes

Como el agua del atardecer

Y brisas de luces amarillas

Dejando fluir volcánicamente

El vigor del lenguaje

La interpelación tajante

Devenida del aquelarre rebelde

De las dramáticas contiendas

La lúcida convocatoria al pueblo,

Desde el tejido de vetas minerales

Y el tegumento de fósiles licuados

Al calor de las brasas

Convocando al país interior

Huérfano y mediterráneo

Encajonado en sus montañas

Sin embargo, de intuición oceánica

Adivinando los acontecimientos territoriales

Diversos en sus espesores corporales

De entramadas corrientes vitales

De florestas, de ríos y de rocas

Ciclos de vientos, de lluvias y de cosechas

Haciendo substrato de pasiones

Contenidas en melancólicas composiciones

Canciones y romances corporales

Una noche clandestina

Alumbrada por la luna plateada

Y las luces de la ciudad emboscada

Por el oleaje lerdo de las montañas

Enjambre de luciérnagas de la hoyada

Donde como dunas nocturnas

Del desierto de arena fina

Se congregaron dirigentes campesinos

De mirar fijo y pómulos relucientes

Líderes mineros

De nombres célebres

En una casa cobijo

De ilusiones pintadas con acuarela

En un hogar inaugural

De recién casados

Allí refugiados los hombres cobrizos

Viejos militantes curtidos

En el transcurso de los embates

Como oráculos hablaron

Escuchó atentamente a todos

Queriéndolos en sus voces

En sus modales plebeyos

Habló reposadamente

Como vuelo sigiloso de búho

Depositando en la mesa su versión

Reflexionada en el rumor transparente

De su cuerpo ágil y musical

Concluyendo como saeta lanzada

En la importancia de la vanguardia

Complicidad ardiente,

Aglomeración multitudinaria,

Empatía de certezas hendidas

En la piel y en la carne magullada

Nacidas en la intuición subversiva

En su mirar viajero

Cosmopolita audaz

Y lugareño inquieto

Mirada de largo vuelo

Hablaba convincente

Orador esculpido por cinceles letrados

Decía, descifrando espesas experiencias

Liberarnos de la opresión del imperio

Logrando una democracia luminosa

Pueblo insomne creador de Asambleas

Colectividad deliberativa y gobernante

Participando múltiple en la construcción

De la artesana decisión

Pedagogía colectiva

Hablaba con la cadencia de las aguas

Cristalinas de los ríos resueltos

De recuperar nuestros recursos despojados

Capturados por manos extranjeras

Nacionalizar el gobierno y el Estado

Eran las consignas empuñadas

Por un combatiente imperturbable

Salvaguardia de los arcanos del subsuelo

Su conducta y su palabra franca

Afable e intempestiva a la vez

Su devoción guerrera

Por la constancia y tenacidad

Su consagración fervorosa a la causa

Romanticismo encarnado, inscrito

Como poema humano de Cesar Vallejo

Llegó a seducir al proletariado cobrizo

De manos rigurosas,

Semblantes bronceados,

Pómulos destacados

Llevando en la boca el bolo delacullico

Conexión con lamancapacha

Profundidad insondable

Como océano habitado por sueños

De combatientes anónimos

Enterrados en las trincheras tristes

Y secretos míticos guardados

Donde duerme la memoria del planeta

Rutilante en sus rítmicas órbitas

Como estallidos del último naufragio

Donde el proletariado insomne

Marcha en el crepuscular horizonte

Como si fuese multitud desvelada

De erguidos centauros nómadas

Avanzando estoicos sin detenerse

Proletariado nómada

Ya formado en dilatadas

Inquebrantables luchas

Enjuició a dictadores

Poniéndolos como corresponde

En el banquillo de los acusados

Puso en evidencia

Sus ultrajes a la patria

Sus corrosiones vernáculas

Su violencia descomunal

Su sometimiento al extranjero

Sus ligeras e inauditas concesiones

De lo público y lo común

De los recursos agobiados

Tratados como trastos sin valor

Íntimos minerales despojados

De fulgurante vida

Entregados como desperdicios

A la angurria privada de los consorcios

Siendo pertenencia del pueblo

Y de los hijos de sus hijos

No le podían dispensar su osadía

Su raigambre manifiesto

Y amor al terruño de todos

No podían aceptar

Su integridad invulnerable

Ciertamente contrastante

Con sus conductas ignominiosas

No podían escuchar su voz aguda

Su elocuencia erudita

Su interpelación certera

Lo asesinaron

Obligándolo a morir

Como dice Cesar Vallejo

Matando al hombre,

Al esposo,

Al hijo

Al escritor,

Al artista,

Al combatiente

Cuando andaba cerca ya de todo

Según sentencia el poema

Tramaron su muerte

Desde su recóndito encono

Furia de patrones señoriales

Y de oficiales crueles,

De gendarmes

Y patriarcas otoñales

Aprovecharon la eventualidad premeditada

Una reunión intempestiva

De la legendaria Central Obrera

Defensa improvisada a torbellinos

De inagotables esfuerzos

De la democracia confinada

Contra el golpe militar perpetrado

Lo hirieron de muerte

Clavando en su cuerpo varonil

La metralla implacable

Verdugos a sueldo

Sin máscara ni capucha

Se lo llevaron al Cuartel General

Teatro de operaciones de los motines

De los gobiernos de facto

En complicidad trémula sostenidos

Por bayonetas caladas

Agonizando como caballo malherido

Contemplando el resplandeciente cielo paceño

Con ojos preguntando a la concavidad celeste

Lo arrebataron ante la mirada estupefacta

De los compañeros leales

Hasta la muerte

Carlos flores, dirigente estudiantil

Interpuso su cuerpo entero

Valientemente arriesgándolo todo

Para siempre

Una mañana paceña orillando el medio día

Recibió también la inclemente metralla

Quedando tendido mortalmente

En la eternidad del instante

A la hora del fuego, al año del balazo

Como a Pedro Rojas

Solía escribir con su dedo grande en el aire

¡Vivan los compañeros!

Quedando su sueño acostado en la piedra

Forjada por parábolas perpetúas

De alboradas y crepúsculos

Acumuladas en la dureza esférica

De la azulada tierra

Acostado para siempre

En la acera ensombrecida del Prado

Dejando el cadáver lleno de mundo de Carlos

Se llevaron a Marcelo

Para descargar su furia y sus miedos atroces

En el cuerpo martirizado del héroe

No encontramos ni sus huesos

Tampoco su sombra memorable

Ni sus vestigios perdurables

Ni su huella inscrita en el aire acongojado

Hasta ahora

Nadie responde por el crimen

Nadie responde por la sangre derramada

Romance sacrificado de la muerte

Un silencio cómplice encubre la medrosa hazaña

Amparados los homicidas

Por las componendas furtivas

De los cuarteles con el Palacio quemado

Amparados los lóbregos verdugos

Impávidos meticulosos torturadores

Por una tutela prolífica en demagogias

Sólo nos queda

Recordarlo en su gramática fecunda

Encontrándolo de nuevo

En su pasión por el substrato

De espesor material

De nuestra procedencia

Prosiguiendo su arquetipo

Inscrito como huella perdurable

La abnegación vehemente

La perseverante interpelación

A las máscaras del poder

Y a sus ocultos talantes mordaces

Continuando su lucha

Por los recursos vitales

Sin creer en la retórica populista

Presunción embustera

De la nacionalización efectuada

Cuando dejaron en el camino

Su consumación venidera

Recordar a Marcelo

Su rostro anguloso desafiante impulsivo

Su mirada escrutadora

Navegante conceptual

Su manera afable de dirigirse

A los compañeros de combate

Sus gestos audaces,

Sus rasgos inscritos

Trama de la narración dramática

de nuestra historia insurrecta