Jesucristo ha dicho

“Quien quiera economizar su vida, la perderá;

y quien la gaste por Mí,

la recobrará en la vida eterna”.

Pero a nosotros nos da miedo gastar la vida,

entregarla sin reservas.

Un terrible instinto de conservación

nos lleva hacia el egoísmo,

y nos atenaza cuando queremos jugarnos la vida.

Tenemos seguros por todas partes,

para evitar los riesgos.

Y sobre todo está la cobardía…

Señor Jesucristo,

nos da miedo gastar la vida.

Pero la vida Tú nos la has dado para gastarla;

no se la puede economizar en estéril egoísmo.

Gastar la vida es trabajar por los demás,

aunque no paguen;

hacer un favor al que no va a devolver;

gastar la vida es lanzarse aún al fracaso,

si hace falta, sin falsas prudencias;

es quemar las naves en bien del prójimo.

Somos antorchas

que sólo tenemos sentido

cuando nos quemamos;

solamente entonces seremos luz.

Líbranos de la prudencia cobarde,

la que nos hace evitar el sacrificio

y buscar la seguridad.

Gastar la vida

no se hace con gastos ampulosos

y falsa teatralidad.

La vida se da sencillamente,

sin publicidad, como el agua de la vertiente,

como la madre da el pecho a su wawa,

como el sudor humilde del sembrador.

Entrénanos, Señor,

a lanzarnos a lo imposible,

porque detrás de lo imposible

está tu gracia y tu presencia;

no podemos caer en el vacío.

El futuro es un enigma

nuestro camino se interna en la niebla;

pero queremos seguir dándonos

porque Tú estás esperando en la noche

con mil ojos humanos rebosando lágrimas.

Sacerdote jesuita y periodista. Fue fundador de la Asamblea Permanente de Derechos Humanos de Bolivia, director del Semanario Aquí y radio Fides. Fue asesinado en marzo de 1980. El poema forma parte de Oraciones a quemarropa.