La Habana (PL).- Un reciente informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) revela que el mundo necesitará 280 millones de empleos para recuperar los índices de 2007. Crear esa cantidad de puestos de trabajo constituye todo un problema, cuando muchos habitantes del planeta se quejan no solo de no tener trabajo, sino de cobrar por debajo de sus esfuerzos.

Tales datos apuntan a 2020 el momento en el que ya deben existir esos 280 millones de empleos, comparados con la fecha previa al inicio de la gran recesión, o el comienzo de la crisis de deuda de 2008. Sin embargo, los analistas examinan esas cifras y ven que al ritmo actual no se crearán a nivel global ni tan siquiera 200 millones de puestos de trabajo.

El especialista Raymond Torres, de la OIT, considera que pueden llegar a crearse 80 millones de plazas. Dijo que no es posible esperar a que todo se solucione por sí mismo, pues existen políticas a esos efectos que se pueden aplicar y de esa suerte cerrar un tanto dicha brecha.

Los informes manejados por la OIT añaden que el gobierno estadounidense entregó miles de millones de dólares para la industria automotriz, para de esa suerte salvar muchos empleos. Esto, teniendo en cuenta que todos los días se lee en la prensa informes de compañías que para resolver sus problemas y no ir a la quiebra, utilizan como primera solución los despidos, o los cierres de sucursales en diferentes partes del mundo.

La OIT calcula que en la crisis de 2007-2008 se perdieron alrededor de 61 millones de puestos de trabajo, cifra a la que suman 220 millones de personas que ingresarán al mercado laboral desde el presente hasta el término de la década. Torres insiste en que los países de la eurozona son los que siguen sufriendo las pérdidas de puestos de 2007-2008. Añade que China, India, África subsahariana y en menor medida América Latina son los que más tienen que responder al ingreso de nuevas personas en el mercado laboral.

A ese complejo panorama laboral agregan una división ideológica en torno a las políticas a aplicar para resolver el problema. Existen variantes como el caso de la keynesiana que propone un estímulo de la demanda, aumento de salarios y otros recursos para reactivar la economía y generar empleos.

Por otra parte, existe la versión neoliberal que apuesta por un estímulo de las medidas privatizadoras y de eliminación de los beneficios sociales. El experto de la OIT señala también que se puede actuar tanto en la demanda como en la oferta. Torres cita a Estados Unidos, cuando ese país tiene un serio problema en su banca laboral, al decir que seis millones de los 10 millones de empleos que se crearon allí en los más recientes años se debieron a una combinación de políticas.

La OIT recuerda la astucia del New Deal del presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt para enfrentar la depresión económica de los años 30 del pasado siglo. El tema fue una fuerte inversión estatal en infraestructura, que permitió ocho millones de empleos en la construcción de carreteras, puentes, escuelas y bibliotecas públicas, para estimular empleo, consumo y actividad económica.

Pero realmente, esos fueron tiempos sumamente difíciles y tales políticas no pueden tenerse en cuenta como una seria definición de las necesidades actuales, con crisis renovadas, problemas bélicos, decisiones impopulares o, simplemente, una perenne Espada de Damocles sobre el mundo.

Austeridad fiscal, estímulo a la inversión privada y otros elementos resultaron de las más recientes políticas estatales para enfrentar el problema del desempleo, y aún así las soluciones fueron solo paliativas, sin cambios sustanciales que garanticen estabilidad. Solo remedios sociales bien estructurados pueden tener un camino lo más seguro posible y garantizar las cifras que la OIT estima como necesarias para tener una solución en las manos.

Restricciones del gasto público constituyen otro de los modelos para equilibrar las cuentas fiscales y estimular la inversión privada. Pero el problema sigue ahí, como una amenaza al bien público que ahora tuvo su más reciente aldabonazo en Grecia, cuando el debate es bien peliagudo entre medidas de austeridad insoportables, deudas por pagar y debates entre deudores y acreedores.

Los economistas señalan que el crecimiento económico no es suficiente para crear empleo. Con un crecimiento en torno al 3,5 por ciento anual desde la crisis, la economía mundial tuvo una creación de empleo claramente insuficiente de 1,2 por ciento al año. Pero incluso, aclaran los analistas, esta relación de 3 a 1 del Producto Interno Bruto empleo es hoy una quimera para la mayoría de los países.

Por ejemplo, señalan, con 0,8 por ciento de crecimiento en 2014, la eurozona es uno de los peores niveles. Ni la idea del presidente estadounidense, Barack Obama, en 2009 de sostener a las compañías General Motors y Chrysler, para evitar pérdidas de empleos, ni otras soluciones europeas, facilitan el asunto, y ponen una gran nota de duda en cuanto a las previsiones de necesidades para 2020.

En tanto, los sindicatos opinan que solo uno de cada 40 empleos creados luego de la crisis de 2009 realmente es a tiempo completo, debido al subempleo y otras variantes que solo son un paliativo para un problema mayor. De ahí que Torres, el experto de la OIT, proponga combinar la creación de empleo con el trabajo de calidad como uno de los grandes retos del momento. Y recalca la necesidad de tener en cuenta cada país, cuando la flexibilización no funciona en Grecia, por ejemplo.

A esos efectos es favorable tener en cuenta que las condiciones específicas del mercado laboral en América Latina, otro ejemplo (cercano), incluyen una tasa de informalidad que abarca en promedio a prácticamente la mitad de la población laboralmente activa.

Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), 2014 fue el año de menor crecimiento de la economía latinoamericana desde la crisis, con el 1,1 por ciento, cuando este año la perspectiva es quizás de 2,2 por ciento. Por tanto, para muchos la solución pasa por reducir la desigualdad, diversificar la economía y los modelos, todo ello para buscar una aproximación a las necesidades citadas por la OIT de 280 millones de empleos para el 2020

Desempleo y desigualdades caminan de la mano

Si el mercado laboral mantiene este año una lenta recuperación tal como prevé la OIT, entonces el desempleo y las desigualdades sociales caminarán de la mano con un empeoramiento de los niveles de pobreza. Según el informe Perspectivas sociales y del empleo en el mundo. Tendencias 2015, de la OIT, la desocupación seguirá en aumento en los próximos cinco años conforme la economía mundial entró en un nuevo período de flemático avance.

En 2019, más de 212 millones de personas no tendrán trabajo frente a los 201 millones que actualmente están desempleadas, indica el documento. Al comentar esas cifras, el director general de la OIT, Guy Ryder, recordó que más de 61 millones de empleos se han perdido desde el comienzo de la crisis mundial en 2008 y las previsiones muestran que las cifras serán mayores hasta finales de la década. “Esto significa que la crisis del empleo dista mucho de haber terminado, de manera que no hay margen para la complacencia”, declaró Ryder.

De acuerdo con las estadísticas, la situación del empleo mejoró en Estados Unidos y Japón, pero es aún una problemática en un número de economías avanzadas, sobre todo en Europa. Tampoco el adverso panorama laboral ha cambiado mucho en África subsahariana, a pesar de mejores resultados en su crecimiento económico; mientras que en la región árabe y en algunas zonas de América Latina y el Caribe las perspectivas de empleo se han deteriorado.

No pocos analistas, incluidos los de la OIT, consideran que el pronunciado descenso en los precios del petróleo y del gas, si se mantiene, podría mejorar las perspectivas de empleo en muchas economías avanzadas y en diversas economías de Asia. Pero, por el contrario, los mercados laborales en los principales países productores de petróleo y gas, sobre todo en América Latina, África y la región árabe, se verán gravemente afectados.

En ese escenario, como ya es costumbre en el actual mundo en crisis, los trabajadores jóvenes, entre 15 y 24 años, son los más perjudicados, con una tasa mundial de desempleo juvenil de casi el 13 por ciento en 2014, y un incremento adicional previsto para los próximos años.

En esa simple operación de suma, el informe de la OIT es bien claro: en tanto aumente el desempleo habrá menos salarios y menos ingresos y las personas consumirán menos y por lo tanto las persistentes desigualdades conllevarán a un alza de la inestabilidad social.

De acuerdo con su estudio sobre las perspectivas sociales y el empleo, esa organización indica que la desigualdad de ingresos seguirá ampliándose, con el 10 por ciento más rico de la población que devengará entre 30 y 40 por ciento del total de las entradas, mientras que el 10 por ciento más pobre ganará entre dos y siete por ciento.

Dichas tendencias han minado la confianza en los gobiernos y mantienen alto el riesgo de conflictividad social, advierte el informe, en tanto considera que el malestar social es particularmente grave en las naciones y regiones donde el paro juvenil es alto o crece rápidamente.

En concordancia con la tasa de desocupación mundial, la inconformidad social se disparó desde el comienzo de 2008, y en la actualidad sus niveles son casi 10 por ciento más altos que antes de la recesión.

“Las tendencias que observamos son preocupantes pero es posible mejorar el panorama económico general si abordarnos las debilidades subyacentes, en particular la carencia crónica de demanda agregada, el estancamiento de la zona euro, las perspectivas inciertas para las inversiones productivas -sobre todo entre las pequeñas empresas- y las crecientes desigualdades”, concluyó Guy Ryder al presentar el mencionado informe.

Este panorama turbulento puede cambiar si se abordan las principales deficiencias subyacentes.

Como bien se plantea en este y en anteriores análisis de la OIT, es preciso impulsar la demanda agregada y la inversión empresarial, inclusive mediante políticas laborales, de ingresos, empresariales y sociales.

Asimismo, los sistemas de créditos deben reorientarse para apoyar la economía real, en particular a las pequeñas empresas, además de ser necesario afrontar con decisión las debilidades y deficiencias de la Eurozona con políticas laborales y fiscales bien diseñadas. También hay que afrontar las persistentes vulnerabilidades sociales vinculadas al elevado desempleo de los jóvenes, el paro de larga duración y el abandono del mercado laboral, sobre todo entre las mujeres.

Para ello son imprescindibles programas con acciones inclusivas que promuevan la participación, la calidad del empleo y el trabajo decente para todos, propuestas con amplios resultados en países donde la voluntad política y el compromiso social de los gobierno hacen avanzar la economía y con ella la oferta laboral.

Joven la mayoría del desempleo

La ONU recién advirtió que mundialmente el 60 por ciento de los jóvenes ni estudia ni trabaja, dato que refleja una de las tendencias más alarmantes del mercado laboral durante el 2014. Si desde la crisis económica de 2008 los índices de desempleo se dispararon en diferentes regiones del planeta, han sido los menores de 25 años los más afectados por esa situación, como demuestran las cifras expresadas en el informe Estado de la población mundial 2014.

De acuerdo con el reporte del Fondo de Población de la ONU, en todo el planeta hay 73,4 millones de jóvenes desocupados, cifra que representa casi un 40 por ciento del total de personas sin trabajo. Tal situación se ve aún más agravada por la cantidad de menores de 25 años que se encuentran en puestos de baja calidad y mal remunerados, con contratos discontinuos e inseguros.

El leve repunte de la economía global parece insuficiente para retomar los niveles de empleo previos a la crisis, pues solo en los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), 16,3 millones de personas ha estado sin trabajo por más de 12 meses, el doble que en 2007.

Dentro de los 34 miembros de la OCDE, muchos de ellos países ricos, casi 45 millones de habitantes están en paro actualmente, 12,1 millones más que antes de la crisis económica. El propio Fondo Monetario Internacional (FMI), cuyas recetas son criticadas frecuentemente por la imposición de políticas neoliberales que están terminando con los derechos de los trabajadores, reconoció recientemente la existencia de una crisis laboral que tiene a 200 millones de personas sin laborar.

Nos encontramos ante una desgarradora crisis del empleo en todo el planeta con 200 millones de personas que buscan trabajo. Sepan que si todos los desempleados juntos formaran un Estado, serían el quinto país más poblado del orbe, señaló en octubre pasado la directora gerente del organismo internacional, Christine Lagarde.

Ante esa situación, corremos el peligro de quedarnos estancados en una nueva mediocridad de escaso crecimiento e insignificante creación de puestos, expresó la funcionaria tras llamar la atención, en particular, sobre el tema del paro juvenil.

En ciertas regiones, como el sur de Europa y el norte de África, ese fenómeno se ha transformado en un problema social crónico, apuntó. La afirmación de Lagarde es evidente en varias naciones del llamado viejo continente, entre ellas España y Grecia, donde respectivamente el 53,8 y el 53,1 por ciento de los menores de 25 años se encuentra desocupado.

En el conjunto de la zona euro, el desempleo juvenil afecta al 23,2 por ciento de ese grupo generacional, datos muy superiores a los de toda la población, que en el bloque de la moneda común se ubica en 11,5 por ciento.

Según ha manifestado la canciller alemana Angela Merkel, la región no es ahora mismo una tierra de futuro para los jóvenes, que sufren tasas de paro del 30 por ciento o el 40 por ciento, y tienen escasa confianza en encontrar un puesto de trabajo. Para diversos especialistas, las causas de esa problemática, que no es exclusiva de Europa, se encuentran en la crisis iniciada en 2008, la cual llevó al retroceso de la actividad económica, la disminución del consumo interno y la interrupción de la inversión empresarial.

Las políticas de austeridad implementadas para revertir ese fenómeno, fundamentalmente bajo la presión de entidades como el propio FMI y el Banco Central Europeo, no han permitido reducir hasta ahora el déficit y la deuda pública, sino que, por el contrario, han llevado al aumento del desempleo, la precariedad y la pobreza.

Pero, según la OCDE, la crisis no ofrece todas las razones para explicar la baja recuperación que ha tenido el mercado laboral, pues tendencias a largo plazo como el envejecimiento poblacional y el aumento en las habilidades de los trabajadores también ha influido. Así, el organismo destaca que la sobredependencia de los empleos temporales está dañando a las personas y a la economía, y advierte que el crecimiento de los salarios reales se ha desacelerado significativamente.

En su informe Perspectivas del Empleo 2014, la entidad señala que la recuperación sigue incompleta, y por ello advierte que el alto desempleo a largo plazo, al transformarse en un problema estructural, no será revertido automáticamente por un repunte del crecimiento económico.

Para que la creciente población del planeta tenga acceso al mercado laboral, deben crearse globalmente 600 millones de puestos antes del año 2030, advirtió un informe del Banco Mundial presentado ante los ministros de Trabajo y Empleo del grupo de las 20 principales economías del orbe (G-20). De acuerdo con el estudio, los mercados en vías de desarrollo han tenido un mejor papel en la creación de nuevos puestos que los países desarrollados del G-20, pero en general la situación no inspira optimismo.

Si bien durante el año que concluye la región de América Latina y el Caribe mostró desaceleración económica con respecto a los años precedentes, eso no impidió que las tasas de desempleo continuaran bajando en los países del área.

De acuerdo con el Panorama Laboral de esta zona geográfica, presentado por la OIT, al término del tercer trimestre del año el nivel de paro era del 6,2 por ciento y debe cerrar 2014 en 6,1 por ciento, por debajo del 6,2 por ciento de 2013. Estamos hablando de casi 15 millones de personas sin trabajo, precisó Elizabeth Tinoco, directora del organismo para América Latina y el Caribe.

Al mismo tiempo, el reporte de la OIT advirtió que la tasa de desocupación juvenil urbana bajó de 14,5 a 14 por ciento, pero sigue siendo entre dos y cuatro veces la de los adultos, al tiempo que el 40 por ciento de quienes no laboran en el área son jóvenes.

Pese a que durante 2014 el desempleo siguió el descenso registrado en años anteriores, la OIT llamó la atención sobre el hecho de que se están creando menos oportunidades laborales, lo cual podría reflejarse en los datos de 2015. Según la entidad, durante los próximos 12 meses el índice de paro urbano se incrementará hasta dos décimas y podría llegar a 6,3 por ciento, lo que equivaldrá a la existencia de 500 mil desocupados más.

La región necesita casi 50 millones de empleos nuevos en los próximos 10 años para compensar el crecimiento demográfico, manifestó Tinoco, quien llamó a impulsar el crecimiento y la transformación productiva apoyando la inclusión económica y social a través del mercado de trabajo.

* Rodríguez es Jefa de la Redacción de Economía de Prensa Latina, Campos y Andrés son periodistas de la Redacción de Economía.