La semana pasada ha vuelto al puesto de periódicos el semanario francés Charlie Hebdo con un tiraje de más de tres millones de copias y traducido en una infiniad de lenguas. Se trata del semanario autor de las viñetas que ha inducido a los jihadistas a cometer la matanza del director y de los principales redactores de Charlie Hebdo.

Los terroristas han sido capturados y han pagado con la vida ese acto horrible de terrorismo. En París se ha efectuado una manifestación de solidariedad donde han participado millones de franceses y a la cual han intervenido numerosos gobernantes que han querido exibirse, incluso islámicos, muchos de los cuales iliberales en su propia casa. ¿El semanario continuará con el mismo tipo de viñetas? Si es así empezará una guerra interreligiosa. En los últimos días, en Níger, los jhidaistas han quemado, devastado y saqueado varias iglesias, al grito de “Allah Akhbar”, asesinando e hiriendo a cristianos.

Sobre los dibujos satíricos mucho se ha hablado y publicado y los pareceres han sido discordantes. Para el “Financial Times” han sido incautos e inoportunos, para el “Telegraph”, “NBC News” y otra decenas de publicaciones, la sátira no puede ofender los sentimientos de ninguna religión. El “New York Times” ha recordado que en los Estados Unidos, viñetas de este tipo no se publican.

Los dibujantes franceses han manifestado que la libertad de palabra contiene la libertad a la blasfemia, si no hay una no hay otra. Esto no es verdad. Si un filósofo quiere demostrar que Dios no existe y escribe la “Critica de la Razón Pura”, nosotros leemos su libro y podemos estar o no de acuerdo. Si un director de cine como Pier Paolo Pasolini filma una película que nos presenta a Cristo como a un hombre que no es Dios, como la ha hecho con “El Evangelio según Mateo” su película puede seducir incluso a los cristianos y ser premiada por la “Office Catholique”, mientras que la película “El Codice Vinci” de un director de cine famosísimo como Scorsese que quiere demostrar que Cristo es un hombre que convive con una prostituta como María de Mágdala que ejercita su profesión recibiendo a sus clientes, mientras Cristo la observa, es una obra que no puede de ningún modo gustar a un cristiano.

Los cristianos tienen un defecto, el de la soportación, soportan demasiado, los islámicos no. Por este motivo la sátira contro los cristianos es frecuente. En el caso de Mahoma, el problema es simple, nosotros no creemos en la sacralidad del Profeta, es nuestro derecho, los pueblos islámicos sienten esa sacralidad, es un derecho de ellos. Si visitamos una mezquita, no oramos a Alá pero entramos descalzos por respeto a sus creyencias.

Una cultura debe respetar a los demás, si nos conduce a ofender está muy mal. En este caso las viñetas blasfemas no forman parte de una cultura que respeta las ideas o las ideologías de otros.