Hay que preguntarse no solamente sobre las paradojas, sino también sobre las complementariedades antagónicas o los antagonismos complementarios, que, por cierto, pueden aparecer como paradojas; sin embargo, en su forma de contradicciones complementarias, nos llevan a situaciones y a procesos sorprendentes, donde lo opuesto aparece, mas bien, como complementario. Sorprende que lo que se muestra en escena como contradicción irreconciliable, visto desde un ángulo, en las manifestaciones de la contradicción en el plano de los discursos, incluso de las acciones, termine siendo, mas bien, complementario, visto desde otro ángulo, observando en el espesor de las afectaciones entre fuerzas y cuerpos. Sorprende que lo que parece contradecirse en el campo político, termine siendo complementario en el volumen de desplazamientos del poder.

Ciertamente, esta complementariedad antagónica no tiene nada que ver con la dialéctica, pensamiento que propone la síntesis de las contradicciones. En el antagonismo no hay síntesis, las fuerzas se enfrentan, choca, se afectan, vencen o son derrotadas. Empero, a pesar de esta virulencia, fuerzas antagónicas terminan siendo complementarias desde la perspectiva de la reproducción del poder. Se turnan, rotan; aunque lo hagan desde distintos discursos, incluso distintas disposiciones. Puede cambiar la política, entendida como práctica, como ejercicio de gobierno, lo que evidentemente es reducir el concepto de política a su acepción institucional; sin embargo, se preserva el poder, como maquinaria abstracta y conglomerado de agenciamientos concretos de poder. Pareciera, que el poder requiere de estos antagonismos, de estos enfrentamientos, precisamente para su propia reproducción.

Estos antagonismos complementarios se dan en distintos planos. Se dan en el campo de las ciencias, en el campo de las teorías, en el campo de los discursos, en el campo de la política, para nombrar algunos campos, usando este concepto de Pierre Bourieu. Corrientes teóricas opuestas, antagónicas en sus tesis, son sostenidas por estructuras de pensamiento que comparten. Ocurre como si esta estructura de pensamiento requiriera de la contradicción entre teorías opuestas. Los partidarios de una corriente y de la otra se dedican a descalificarse mutuamente, a declarar abiertamente los errores de la teoría contrincante. Para unos y otros se trata de la verdad, de la objetividad, de la ciencia misma. Sin embargo, si se abstraen los discursos, las pretensiones discursivas, comparten la misma estructura de pensamiento.

En la historia natural la botánica era el campo de la clasificación y descripción donde se oponían dos corrientes metodológicas de la investigación; por un lado, el método, propiamente dicho, que consiste en una analítica; por otro lado, la síntesis, que buscaba estructuras inherentes, para poder armar mapas de conexiones. Sin embargo, ambas metodologías, a pesar de los contrastes, las discusiones, las críticas mutuas, las observaciones, se complementan en la episteme donde se encuentra insertas. La episteme de las ciencias generales del orden; es decir, la estructura de pensamiento, que buscaba el orden inherente de los seres del mundo, se realiza en estas oposiciones metodológicas de la investigación taxonómica[1].

Lo mismo acontece en la episteme historicista y formalista, correspondiente a la historización y a la formalización, la episteme desplegada, a partir de una ruptura epistemológica con la episteme de las ciencias generales del orden, si se quiere, a partir de la hipótesis de la evolución de Darwin, cuando se incorpora el tiempo en los referentes nuevos de las ciencias, las empiricidades y las positividades; por ejemplo, la vida, el trabajo, el lenguaje. En esta episteme entonces, propiamente moderna, se encuentran también antagonismos complementarios; por ejemplo, en el campo de la economía política, la teoría del valor se opone a la teoría estadística de los precios, de la variación anual de los precios, atendiendo a las tendencias promedios. Ambas corrientes parten de una perspectiva historicista; una interpreta esta condición, la temporal, a partir del tiempo de trabajo; la otra interpreta esta condición a partir de la variación en el tiempo. Aunque se diferencien en lo que respecta al referente; una tiene como referente la esfera de la producción; la otra tiene como referente la esfera de la circulación, propiamente el mercado; ambas corrientes suponen el tiempo como condición epistemológica. Una explica la ganancia a partir de la valorización, debido al trabajo incorporado en la producción; la otra explica la ganancia a partir de las tendencias promedios de la variación de precios. Ambas corrientes, a pesar de sus contrastes, piensan desde la estructura enunciativa de la economía política; es decir, en el fondo, desde la preocupación estatal, desde los problemas de la gubernamentalidad[2].

No vamos a hacer una exposición exhaustiva de las corrientes opuestas en la historia de las estructuras de pensamiento, en la arqueología del saber; no es ese el objeto de este ensayo; sino, son ejemplos, que usamos para ilustrar sobre esta sorprendente complementariedad que se da en distintos planos. Nos interesa mostrar que esto también ocurre en el campo político. “Izquierdas” y “derechas” se oponen, se contradicen, son antagónicas, en el campo político, ni duda cabe. Dicho esquemáticamente, de una manera muy simple, pues ahora no se trata de exponer las doctrinas, las ideologías, los corpus teóricos, incluso las prácticas políticas, sino mostrar cómo antagonismos políticos terminan complementándose en lo que respecta a la reproducción del poder. Las “izquierdas” luchan por la justicia, las “derechas” pelean por el orden. Sin embargo, “Izquierdas” y “derechas” restablecen el Estado, aunque lo hagan de distintas maneras. ¿Se opone un Estado de justicia, por así decirlo, a un Estado del orden? El Estado de justicia, al final, buscara el orden, para lograr la justicia que persigue; El Estado del orden, al final, por más conservador que sea, por más prejuicios que tenga respecto a su apego a la creencia en las jerarquías sociales, requiere resolver problemas sociales, aunque lo haga con desgano y sin mayor alcance. Empero, estos no son los rasgos y las características más importantes. Pueden, en lo que respecta a la justicia y al orden marcar sus diferencias notorias. Lo compartido por “izquierdas” y “derechas” es el prejuicio estatal.

Si pudiéramos dibujar esta paradójica situación, se podría figurar contrastes, que aparecen claramente, a primera vista, por así decirlo; sin embargo, si se mira atentamente, los contrastes conforman un paisaje; en el paisaje aparece, entonces, otra figura, si se quiere, del conjunto, que ya no es una figura de contrastes, sino del conjunto, que contiene los contrastes, cuya composición es distinta a la de sus componentes. Como ocurre con los dibujos, las pinturas, que podemos llamarlas paradójicas, que también se llaman ilusiones ópticas. Estas figuras paradójicas o estas ilusiones ópticas pueden ilustrarnos sobre lo queremos decir.

Si tomamos en cuenta, el campo político, efectivamente hay contradicciones y antagonismos entre “izquierdas” y “derechas”; sin embargo, si se observa no solo el campo político, sino el campo social, que lo contiene, se puede observar que estos contrastes, al final se complementan. Quizás se haga hasta más evidente esto cuando se tiene una mirada histórica, mejor si se trata de la historia efectiva; entonces se obtiene las figura temporal del ciclo del poder. Como si fuesen órbitas gravitacionales. Aunque se pueda distinguir etapas del ciclo, mitades del ciclo, variaciones en el ciclo, al final, siguen perteneciendo a la misma órbita. Se tendría que cambiar de órbita, para que no se repita el mismo ciclo; mucho mejor, se tendría que dar lugar a una fuga de la órbita, del campo gravitacional, ocasionar líneas de fuga, para ocasionar otra forma de movimiento. Yendo más lejos, incluso se podría dar lugar a un escape de todo campo gravitacional, liberar trayectorias distintas.

Desde la mirada histórica efectiva sugerida, se observa, teniendo en cuenta la época de la modernidad, que lo que se reconoce como “izquierdas” y “derechas”, a pesar de sus antagonismos, en el paisaje histórico, por así decirlo, en los ciclos históricos, ambas expresiones políticas, a pesar de las diferencias que provocan, terminan reproduciendo el poder, como formas de dominación, aunque estas formas de dominación varíen. Desde esta perspectiva, no es suficiente el giro a la “izquierda” para emancipar, para liberar, pues, en el ciclo histórico abierto, se reproduce nuevamente el poder. No se ha salido del campo gravitacional, por así decirlo. La liberación múltiple requiere salir del campo gravitacional del poder. Se trata de salir del campo gravitacional; mucho mejor, escapar de todo campo gravitacional. Jugando con metáforas de la física relativista y cuántica, podríamos decir que, cuando se dan lugar los agujeros negros, que se crean por inmensas magnitudes de fuerza gravitacional, el agujero negro lo absorbe todo, la materia, la luz, la energía; todo se reduce, por así decirlo, a su mínima expresión, a la nada, incluso se destruye el átomo, la composición básica del universo; se crea otro universo. Esta singularidad es más fuerte que las trayectorias de fuga de partículas que escapan, por así decirlo, del campo gravitacional, incluso del borde del agujero negro.

Volviendo a la política y al poder, podemos sugerir la figura siguiente: El poder es como el campo gravitacional, ocasiona el giro alrededor de este centro. Habría dos formas para escapar del campo gravitacional del poder; una alternativa, ocasionando líneas de fuga; otra alternativa, ocasionando un agujero negro, que destruya la propia estructura básica del poder. Siguiendo con el ejemplo, las metáforas y las analogías; las líneas de fuga son como las resistencias; el agujero negro, metafórico, es como la transformación radical, la transformación creativa, la liberación de la potencia social.

Complementariedades antagónicas

El concepto de complementariedades antagónicas configura una situación paradójica; concibe una complementación de partes, si se puede hablar así, encontradas, contradichas, enfrentadas, contradictorias y antagónicas. ¿Cómo puede ocurrir esto? Se ha entendido que la complementariedad se da cuando lo que le falta a una parte le sobra a la otra parte, entonces se complementan, en sus intercambios; también y mucho más complejo, incluso más adecuado, como ejemplo, se complementan en el circuito del don. La complementariedad puede llegar a la reciprocidad. La complementación entonces se da lugar cuando una parte se completa con la otra parte; se articulan y se integran en una totalidad, usando conceptos holistas. Pero, ¿cómo se puede dar una complementación cuando las partes se oponen? La complementariedad, en este caso, no puede ser leída, en un plano, en el plano donde las partes se enfrentan, sino en otro plano, que también contiene a las partes encontradas. Este es el plano donde las partes no aparecen enfrentadas, sino, más bien, aparecen como partes de una composición compleja, cuya estrategia no es completar a las partes, completar a cada una de las partes, sino hacerlas funcionar en una estructura compleja, que en vez de complementar, de completar, construye una maquinaria cuyos componentes se oponen; sin embargo, esta oposición es la que hace funcionar a la maquinaria misma. Volviendo a nuestro tema, hablamos del campo político y del campo social, en el espacio-tiempo del despliegue de la potencia social. En el campo político las partes, del ejemplo – pueden ser no dos partes sino muchas -, se oponen, son antagónicas; en cambio en el campo social, en el espacio-tiempo del despliegue de la potencia social, los antagonismos aparecen como funcionales a la dinámica de la maquinaria del poder, maquinaria de dominación múltiple.

Como habíamos anunciado en otros escritos[3], en las teorías de la complejidad, se concibe, más bien a la existencia como paradójica; la vida misma es paradójica. Esta condición paradójica se transfiere a las sociedades; el problema es que las sociedades humanas administran esta condición paradójica como aporía, sin encontrar solución, salvo la destrucción, la violencia absoluta.

Hemos dicho también, que esta tendencia en convertir las paradojas en aporías, ha llevado a la humanidad, en la etapa tardía de la era de la modernidad, a la posibilidad destructiva, sin precedentes, a la desaparición misma de la especie humana. Ante este peligro, es urgentemente necesario, parar el tren desbocado, como decía Walter Benjamín, antes que sea demasiado tarde. Suspender esta historia, pretendidamente evolucionista, corregir esta anomalíainscrita en las estructuras de las sociedades humanas contemporáneas.

[1] Ver de Michel Foucault Las Palabras y las cosas. Una arqueología de las ciencias humanas. México 2005. Siglo XXI.

[2] Revisar de Michel Foucault Seguridad, territorio, población. Fondo de Cultura Económica 2004; Buenos Aires.

[3] Ver de Raúl Prada Cartografías histórico-políticas, La explosión de la vida y Gramatología del acontecimiento. Amazon. https://kdp.amazon.com/dashboard?ref_=kdp_RP_PUB_savepub. Dinámicas moleculares; La Paz 2014.