Se ha hablado del punto ciego, se puede ver, pero no verse a sí mismo. Eso pasa con los ojos. Aunque podamos vernos en el espejo, no es lo mismo. En todo caso esta metáfora puede ser ilustrativa para comprender qué pasa con los análisis que se están haciendo y se difunde sobre la coyuntura crítica mexicana, que llamaría crisis múltiple del Estado-nación. Salvo notorias y escasas excepciones, que vienen de intelectuales críticas activistas, dedicadas a la investigación y a la acción – menciono dos ejemplos singulares y notables, Raquel Gutiérrez Aguilar y Rhina Roux -, se observa patentemente la emisión discursos que son incapaces de hablar de México. Los clasificaría de la siguiente manera: Los que recurren a paradigmas fosilizados para deducir de ellos enunciaciones sobre México contemporáneo; enunciaciones que no le achuntan, pues hablan de un México imaginario, abstracto, compuesto por un esqueleto conceptual y lógico, prestado por los paradigmas recurrentes. Los hay los que recurren a la literatura; es decir, a las metáforas de la literatura, sobre todo las que configuran o se detienen seducidas por la violencia. Pretenden desde ahí, desde la metáfora de la violencia, incluso desde escritos y ensayos sobre la violencia, decir algo sobre México convulsionado. Pero, lo que terminan haciendo es demostrar su incapacidad para atender y reflexionar sobre las violencias concretas desatadas en México contemporáneo, menos pueden decir algo sobre el acontecimiento México; sobre todo en las circunstancias y condiciones por las que atraviesa en esta coyuntura. Los hay también, más puntillosos y detallistas, que acuden al fenómeno de caso; por ejemplo dicen, que Guerrero tiene una historia larga de violencia, que lo que pasa forma parte del continuum de esta tradición. Pueden referirse incluso, de manera más extensa, tomando como si fuese un caso, lo que acaece en México; entonces tiene que ver con historias locales, regionales, incluso nacionales, relativas a la violencia. Todos estos discursos hacen evidente la aserción del enunciado y metáfora con la que comenzamos; el punto ciego. Yendo más lejos, todos estos discursos no quieren ver México, lo que le pasa a México; cierran los ojos. ¿Por temor? ¿Por ortodoxia? ¿Por esquematismos diversos? En todo caso manifiestan sus conservadurismos y enajenaciones.

Habría que añadir también a los discursos formales, los que pretenden que es un problema institucional, por no haber atendido y respetado la institucionalidad. Todo se resolvería si todos se ajustaran a la ley. También hay discursos encargados de justificar y legitimar el régimen. Estos tratan de explicar que los hechos se escapan del control cuando aparecen agitadores, extremistas, anarquistas, encargados de provocar conflictos. Cuando estos argumentos no les surten, ponen en escena la distinción entre buen gobierno y funcionarios que no acatan, que optan por maniobras paralelas. Entonces buscan chivos expiatorios. En total tenemos cinco formas de discursos ajenos al acontecimiento, vinculados a “ideologías”, a pre-juicios, a costumbres intelectuales, académicas y burocráticas. El discurso con pretensiones teóricas; sin embargo, encaracolado en su concha calcinada; el discurso sobre la violencia; sin embargo, hablando de una violencia pasada, descrita en figuras y en ensayos; empero, incapaces de referirse a la violencia actual. El discurso de casos, que busca explicar lo que acaece en las descripciones sobre costumbres locales, regionales y hasta nacionales; el discurso formalista, que se basa en su única realidad imaginaria, la ley y la institución. El discurso encubridor; gubernamental, que deslinda toda responsabilidad.

En contraste tenemos el saber colectivo, el saber social, que se manifiesta directamente, corporalmente, en las movilizaciones sociales, que se han dado en todo México, repercutiendo en las movilizaciones sociales que se han dado en el mundo. Para el pueblo, para los pueblos, las comunidades, lo que acaece es comprendido inmediatamente, pues forma parte de su experiencia social, de su memoria social; entonces comprende que el drama y la tragedia que se vive. La interpreta de variados modos culturales; lo importante es que actúa, busca poner freno a un tren descarrilado, usando otra metáfora. El saber, los conocimientos, sobre lo que acaece, se encuentra en la intuición social y en los saberes colectivos; la teoría aprende de estos saberes, los convierte, después en discursos y narrativas elaboradas. Los intelectuales siempre están en rezago de lo que ocurre, siempre están retrasados, respecto a la vanguardia colectiva, que es el pueblo movilizado, en resistencia y rebelde. Los intelectuales, salvo los y las activistas, que saben que constantemente se aprende de las movilizaciones, de las resistencias, de las rebeliones populares, que, más bien, son como aprendices de la convulsión social y de la crisis política, los intelectuales orgánicos del sistema no tienen nada que decirnos sobre el acontecimiento México.

Vamos a intentar estructurar hipótesis interpretativas sobre el acontecimiento México, en la coyuntura actual, sin ninguna pretensión de verdad, mas bien, reconociendo muchas deficiencias de información y experiencia en la contemporaneidad mexicana; sin embargo, poniendo en forma gramática lo poco que hemos aprendido de las movilizaciones en México y en el mundo, a propósito del crimen de Estado en Ayotzinapa.

Crisis del Estado corporativo

  1. La forma Estado-nación ha entrado en el mundo en crisis múltiple, toda su malla institucional, todo su campo burocrático, se resquebraja, ante la invasión de formas de poder paralelas.
  1. La crisis de la forma Estado-nación se manifiesta a ritmos diferenciales, en intensidades y extensidades variadas. Hay formaciones históricas sociales que son más vulnerables a la crisis, dependiendo de los periodos, sobre todo dependiendo de las condiciones de las estructuras y cartografías de poder, que entran en juego en la coyuntura, dependiendo de la vulnerabilidad de la malla institucional y la irradiación de las formas de poder paralelas.
  1. La crisis múltiple del Estado-nación está arraigada en la crisis estructural y orgánica del sistema-mundo capitalista, que no es lo mismo que la crisis estructural del ciclo del capitalismo. El sistema-mundo capitalista como sistema complejo que articula e integra distintas formas políticas locales, regionales, nacionales, distintos Estado-nación, distintas modernidades heterogéneas, en su variedad de conglomerados culturales entrelazados, distintos perfiles económicos, aunque podamos distinguir centros de periferias del sistema-mundo, también distinguiendo lo que se llama potencias emergentes, en la geopolítica mutante del sistema-mundo capitalista. La crisis del sistema-mundo capitalista tiene que ver con que ya no puede articular e integrar las distintas formas, en función de la acumulación ampliada de capital, que supone la recurrente y reiterada acumulación originaria de capital, por desposesión y despojamiento. El sistema se desarticula y se desintegra.
  1. El acontecimiento México corresponde a la singularidad histórica efectiva de la multiplicidad de singularidades y procesos concurrentes, que configuran los planos de intensidad, los espesores de intensidad, los bloques de intensidad, que forman capas, sedimentos, estratificaciones móviles, en una constante actualización en el presente, en el plano de intensidad del presente.
  1. En lo que corresponde al plano de intensidad del presente, podemos decir que la coyuntura mexicana actualiza las sedimentaciones históricas del Estado corporativo, del Estado de pactos, combinada con formas de poder paralelas, no-institucionales, que, en la medida que han cobrado expansión e irradiación en la malla institucional, en la medida que ha cobrado intensidad su dominio por medio de la violencia despavorida, buscando dominar por terror, ha terminado determinando un perfil abigarrado y perverso de forma de gubernamentalidad. Forma de gobierno perdida en la encrucijada entre la apariencia institucional y la eficacia no institucional de los carteles.
  1. Entre otras composiciones del plano de intensidad del presente, hablando del perfil de la forma de gobierno tenemos los vínculos secuenciales de gobiernos neo-liberales. Forma de administración del capitalismo, impuesta por el imperio, por los organismos internacionales, por el sistema financiero mundial; es decir, la hiper-burguesía mundial. El neo-liberalismo se puede resumir al siguiente esquema: La opción por la acumulación especulativa, que tiene que ver no solo con las llamadas burbujas financieras, sino con los tráficos ilegales; empero, negocios excesivamente rentables, como el narco-tráfico, el tráfico de armas, la trata de cuerpos. Como este capitalismo especulativo es, en realidad, acumulación estadística, por lo tanto ficticio, tiene que sostenerse, materialmente, de alguna manera; esta manera material es la opción convulsiva por el expansivo e intenso extractivismo destructivo. Estos gobiernos neoliberales, no son modernizadores, como alguien prestigioso dijo; de ninguna manera. Modernizador, en pleno sentido de la palabra, lo fue Lázaro Cárdenas. Estos gobiernos son dispositivos y engranajes del orden mundial, engranajes afines y dúctiles a los requerimientos del capitalismo especulativo. Son gobiernos que desnacionalizan los recursos naturales, levantan reservas fiscales, entregan los recursos, en condiciones onerosas, a las grandes empresas trasnacionales extractivista, perdiendo todo control soberano sobre los recursos. No solo privatizan, como se ha dicho respecto a los recursos y las empresas públicas, sino destruyen los cimientos mismos del Estado-nación. En el caso de la revolución mexicana, institucionalizada en el Estado, son los últimos sepultureros de la genealogía de las subjetividades mexicanas, de la genealogía de esta revolución institucionalizada. Si este gobierno neoliberal, que tiene en la cabeza a un fantoche, continúa su tarea, habrá acabado con lo poco que quedaba de esa gran revolución mexicana, habrá terminado de enterrar el propio Estado-nación.
  1. Sin embargo, no todo es iniciativa del poder; también, como siempre, hay resistencias y rebeliones. Los pueblos de México han dicho basta. Piden la renuncia del fantoche. Exigen elecciones inmediatas. La movilización ha ganado en intensidad y extensidad. El pueblo mexicano se defiende de la violencia estatal, del terrorismo de Estado, de la violencia descomunal de los carteles, del terrorismo de estas bandas organizadas. El pueblo mexicano resiste, convierte las resistencias en un modo de vida, convierte las resistencias en senderos que abren horizontes, convierte las resistencias en cruce de umbrales.
  1. Se puede especular con algunos escenarios de desenlace: Uno es, lo que persigue el gobierno, acostumbrado a hacer trampas, que es controlar la movilización con variadas intensidades de represión, inclusive escalando la violencia hasta formas más sangrientas. El otro escenario, contrastando al anterior, es lo que se llama la salida revolucionaria. Una revolución, de alcance e intensidad como la dada al principio del siglo XX, obviamente bajo las condiciones y composiciones intervinientes de la contemporaneidad y peculiaridad histórica, puede no solo resolver la crisis múltiple política, económica y social, sino abrir otro horizonte histórico. Un escenario intermedio; donde la movilización logre la renuncia del fantoche, se logren elecciones nacionales y congresales, bajo el control de formas combinadas de control, institucional idóneo y ciudadano. No sabemos, si estos escenarios hipotéticos se realizaran, cuál de estos escenarios es más posible, cual es más probable. La historia efectiva no se realiza por determinación de la astucia de la razón, ni por iluminismo de la filosofía de la historia, tampoco por la síntesis de la dialéctica de la historia. La historia efectiva se resuelve en el campo de las fuerzas, en el campo de la correlación de fuerzas.