Que los señores del gobierno central hagan campaña en época electoral utilizando fondos públicos a través de la entrega de obras y actos públicos, no es novedad, es parte de la cultura política de los creyentes y practicantes en la democracia representativa. Cuando fueron gobernantes, lo hicieron el MNR, el MIR, ADN, y hoy lo hace el MAS, pero con un matiz, Goni, Jaime o el General por lo menos guardaban cierto escrúpulo, pues existía una sociedad civil que, a través de personalidades públicas, la oposición, los medios de comunicación, u organizaciones sociales, condenaban y criticaban tal comportamiento corrupto.

Hoy, las personalidades públicas se autocensuran, no existe oposición política, los medios de comunicación no son independientes y las organizaciones sociales han sido cooptadas, divididas y neutralizadas; por tanto convertir la entrega de obras en proclamaciones al binomio “Evo-Álvaro” pasan inadvertidas, más allá de alguna queja aislada.

Pero la película de terror es mayor; la calidad de las obras que entrega el dúo presidencial, particularmente Evo Cumple, Mi Agua, Mi Riego, en general tiene serios problemas de corrupción, deficiente calidad constructiva, no coherencia planificativa y de gestión. Derrumbe de coliseos y marcados, deterioro rápido de la infraestructura, abandono de sus usos originales, son paisajes comunes en el territorio nacional. Pero, a quien le interesa? Los alcaldes, concejos, organizaciones sociales, están maniatadas y calladas, voluntaria u obligatoriamente.

Nietzsche decía “el desierto se expande”; es una buena imagen para retratar hoy el paisaje de indiferencia, abulia de la sociedad civil frente al comportamiento de los gobernantes, convertidos en los nuevos dueños de “vidas y haciendas”, afirmados en una burbuja económica basada en la adicción al petróleo y los recursos naturales.

El autor es investigador del CESU – UMSS.