Bruselas (PL).- La reducción de la ventaja del Partido Popular Europeo (PPE) en la nueva Eurocámara coincide con un preocupante avance en ese órgano de euroescépticos, ultraderechistas y neofascistas que los convierten en una amenaza real para Europa. El PPE controlará 212 de las 751 bancas del Parlamento Europeo con sede en esta capital y Estrasburgo, después de perder más de 60 escaños, muchos de los cuales expertos consideran fueron a parar a organizaciones ultraconservadores, ahora en pleno ascenso.

La ultraderecha europea, arropada con un atuendo euroescéptico, se presentó con posibilidades de formar un bloque en la Eurocámara. En naciones como el Reino Unido, Holanda o Francia resulta evidente el avance de formaciones de derecha, que en todo momento predican contra las instituciones europeas a la par de sus posiciones contra la inmigración.

La existencia de un desempleo en la Unión Europea (UE) de 26 millones de personas y la imposición de medidas de austeridad en países en crisis creó condiciones propicias para el auge de formaciones ultraderechistas, destacan analistas locales. Tales organizaciones pusieron en apuros a partidos tradicionales en naciones europeas como las mencionadas, mientras fue claro su avance en otras como Italia, Grecia, Hungria, Eslovaquia o Bélgica.

“La subida de los euroescépticos podría ser más peligrosa que la emergencia del Tea Party en Estados Unidos”, estima Mark Leonard, del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores. Para su colega Ignacio Torreblanca, las formaciones eurofóbicas atacan a dos puntos cruciales de la integración europea: la moneda común y la libre circulación de personas.

En Holanda, el Partido de la Libertad (PVV) podría quedar empatado a cinco diputados con el liberal de izquierda, mientras el socialdemócrata, del primer ministro Mark Rutte, quedaría con tres representantes. La dirección del PVV ganó penosa notoriedad después que su líder, Geert Wilders, llamó en un mitin de su partido a reducir drásticamente el número de inmigrantes, en especial, los marroquíes.

Además, en el Reino Unido, el Partido de la Independencia de ese país (UKIP) mantiene en jaque al gobernante Conservador, del primer ministro David Cameron, al mantener casi un empate técnico con el opositor Laborista en torno al 27 por ciento.

Los partidarios de Cameron cuentan con 23 puntos de aceptación, mientras sus socios menores en el Gobierno, los liberal-demócratas, apenas llegan a nueva, lo cual abre la posibilidad de que queden fuera de la Eurocámara, en la cual se exige un mínimo de siete puntos.

En ambos casos las formaciones partidarias de salir de la UE o al menos reformar drásticamente sus funciones, encontraron apoyo en una población que culpa a los foráneos y a las instituciones comunitarias de los problemas sociales y de empleo.

La Eurocámara cuenta con un presupuesto de 1.756 millones de euros este año, 35 por ciento del cual se dedica a gastos de personas y salarios de sus seis mil funcionarios, a una razón de ocho por cada uno de sus 751 diputados.

El efecto de depauperación social en naciones afectadas por la crisis en Europa generó un fuerte rechazo a nivel de todo el bloque regional y ello también incide en el creciente abstencionismo de las elecciones europeas, comenta la prensa belga.

Los octavos comicios para elegir a la Eurocámara podrían registrar un récord de indiferencia de los electores, pues se espera una asistencia por debajo del 42 por ciento de 2009, alejada del 63, en 1979.

Mientras el Parlamento Europeo fortalece su participación en decisiones en materia de seguridad energética, justicia, asuntos del interior, agricultura y fondos estructurales, crece el rechazo a sus funciones, por encima de los estados nacionales.

En muchas ocasiones, la ultraderecha aparece como euroescéptica, mientras guarda estrecha relación con la ideología fascista. Así, en Dinamarca se registra el avance del Partido del Pueblo Danés, mientras en Grecia Amanecer Dorado, de tendencia neofascista, aparece con más fuerza, al igual que el Partido Nacional Eslovaco (SNS) o el Vlaams Belang, en Bélgica.

Recientes encuestas demuestran la posibilidad real de la formación de un grupo parlamentario de ultraderecha europea, pues los partidos de esa corriente política podrían obtener hasta 95 escaños, el 12,6 por ciento del total de asientos de la Eurocámara.

En 2009, los partidos de ultranacionalistas y neofascistas apenas llegaron al 4,3 por ciento de los puestos, con 33 diputados. Sin embargo, pocos ponen en duda que el Partido Popular Europeo (PPE) y la alianza de Socialistas y Demócratas (ALSD) queden como los grupos más fuertes, capaces de dominar la mayoría de los votos. Al PPE se le pronostican 217 bancas, 57 menos que hace cinco años; y a la ALSD, 201, cinco más que en las parlamentarias anteriores.

Auge derechista en la Eurocámara

Dos aspectos parecieron servir como caldo de cultivo para el auge de los ultras en las maratónicas elecciones europeas de cuatro días: la creciente desilusión por lo que puede dar la UE y la crisis económica en naciones del bloque. La primera causa, acompañada de una fuerte retórica contra la intromisión de la EU en asuntos nacionales y el gasto excesivo de sus instituciones y funcionarios fue un punto a favor de los euroescépticos. El segundo aspecto fue la crisis que llevó a más de 26 millones de personas en toda Europa a caer en el paro, mientras otro tanto quedaba a merced de la aplicación de medidas de ajuste causantes de una depauperación social.

Aunque sin planes concretos para resolver tal situación, agrupaciones como Amanecer Dorado en Grecia, el Partido Nacional Democrático (NPD) en Alemania o Jobbik en Hungría, todas de corte fascista, aumentaron el número de seguidores en esas condiciones.

Solamente en la Eurocámara trabajan más de seis mil funcionarios que atienden las necesidades de 751 diputados, mientras las instituciones comunitarias cuentan con un presupuesto multimillonario. Todo ello fue explotado por agrupaciones ultraderechistas en varios de los 28 estados de la UE, pero sobre todo, en el Reino Unido, Grecia, Francia, Dinamarca, Eslovaquia, Holanda o Polonia, para ganar terreno en los respectivos escenarios nacionales.

El avance del Partido de la Independencia del Reino Unido (UKIP) y el de Frente Nacional (FN) de Marine Le Pen en Francia va más allá de los comicios europeos, donde se registró una asistencia cercana al 40 por ciento. Así, en Eslovaquia, el ultraderechista Partido Nacional de ese país quedó por debajo de los pronósticos, pero sus controvertidos programas movilizaron al escaso 15 por ciento de los electores que acudió a las urnas, como mismo ocurrió en otros estados europeos.

Tras anunciarse los resultados extraoficiales de las elecciones regionales, se conoció que el bloque de Socialistas y Demócratas aseguró 187 bancas, muy cercano al PPE que debe negociar para buscar apoyo en la elección del nuevo presidente de la Comisión Europea.

Los euroescépticos, ultraderechistas y neofascistas podrían formar un bloque independiente, por primera vez, de casi un centenar de diputados, después del avance del UKIP, el FN, Amanecer Dorado, el NPD y otros de similar corte en las europeas. Sin embargo, analistas locales comentan que el carácter heterogéneo de las fuerzas ultraconservadoras, muchas de ellas poco interesadas en funcionar dentro del marco de instituciones comunitarias, podría traerles serios escollos organizativos.

Una ultraderecha con una sola voz en la Eurocámara puede amenazar en serio los fundamentos de las relaciones en Europa e incluso destapar viejas demandas vinculadas a las fronteras, estiman expertos comunitarios. A favor del incremento del voto para los euroescépticos también pudo obrar la existencia de posiciones confusas en lo concerniente a las concepciones ideológicas.

En Francia, por ejemplo, un gobierno socialista impone drásticas medidas de austeridad, mientras en Portugal o España la oposición socialista arremete contra las medidas de ajuste. Además, las organizaciones ultraderechistas, cuyo auge ocurre cuando existen revisiones de la historia en detrimento del papel jugado por la Unión Soviética o los antifascistas en la II Guerra Mundial, supieron capitalizar mejor el descontento contra la UE.

“La subida de los euroescépticos podría ser más peligrosa que la emergencia del Tea Party en Estados Unidos”, estima Mark Leonard, del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores. Para su colega Ignacio Torreblanca, las formaciones eurofóbicas atacan a dos puntos cruciales de la integración europea: la moneda común y la libre circulación de personas.

En efecto, las contradicciones en Europa en el tratamiento del tema migratorio, cuando unos abogan por restringir el ingreso de foráneos al bloque y otros reclaman medidas para evitar catástrofes humanitarias, es otra debilidad aprovechada por la ultraderecha.

Organizaciones como el FN, el UKIP británico o el Partido por la Libertad holandés, de Geert Wilders, basan su avance político en el rechazo a la presencia de inmigrantes en momentos en que la crisis económica hace dejar a un lado valores humanos defendidos por la UE.

La práctica de buscar limitaciones a la inmigración se convierte en habitual por parte de algunos estados como el Reino Unido, donde a nivel institucional se imponen obstáculos a la entrada de extranjeros, incluidos provenientes de otras naciones de la UE.

El resultado de las elecciones europeas parece convertirse en apenas un termómetro del peligroso avance de la tolerada ultraderecha en las políticas nacionales de los estados comunitarios.

En los últimos años, el Parlamento Europeo aumentó sus áreas de competencia y se convirtió en un órgano poderoso dentro de la UE. La nueva legislatura contará con 40 nuevos tópicos en las que sus decisiones estarán a la par en el nivel de toma de decisiones con el Consejo Europeo que reúne a los estadistas de los 28. Entre las referidas áreas estarán la seguridad energética, agricultura, justicia, asuntos del Interior y fondos estructurales.