Este sugerente enunciado tiene una connotación profunda que va más allá de las fronteras, de los límites, de las murallas y de todas las obsesiones del culto a lo privado que el hombre va construyendo en su fuero interno, una empecinada perspectiva de ver el entorno con los ojos del chauvinismo, del nacionalismo y el patrioterismo que siempre fueron emuladas por las oligarquías nacionales a lo largo de la historia, causó oprobio el holocausto nazi del Nacional Socialismo de Adolfo Hitler, el falangismo de Francisco Franco o el fascismo de Benito Mussolini .

Aberraciones que fueron asimilados por sus gregarios nacionalistas en nuestra américa morena, quienes experimentaron con saña toda esa maquiavélica maquinaria de someter a los insurgentes revolucionarios que soñaban con la Patria Grande, en esas condiciones no importaba si uno era boliviano, chileno o paraguayo. En épocas del Plan Cóndor los camerinos como del Estadio Nacional en Santiago se convertía en mazmorras, donde miles de latinos sucumbieron por las torturas, la antropofagia militar no perdonó a mujeres ni a niños, la prueba de ésta simbólica búsqueda se la encuentra en las abuelas de la Plaza de Mayo o en las secuelas que dejó las dictaduras militares como la de Augusto Pinochet, Hugo Banzer Suarez, Alfredo Stroessner, Jorge Rafael Videla , Aparicio Méndez y ese listado sinfín de golpistas en América latina.

Ese nacionalismo rancio de aliento pestilente, como calesita recurrente, de tiempo en tiempo nos vuelve a exacerbar el ánimo llegando a veces al extremo de la xenofobia.

El diferendo marítimo fue siempre un atributo de las oligarquías y las transnacionales del capital en cuya obcecada visión está la de monopolizar fortunas a costa de cualquier precio, como aquel argumento de los 10 centavos de impuestos que inventaron por quintal de salitre para apoderarse de nuestra costa en 1879. La perfidia y la actitud gobbeliana ante la verdad, son las hermanas gemelas de todo emporio capitalista.

La lucha de los proletarios del mundo es una sola, veamos el traumático genocidio de los pampinos del salitre en la Escuela de Santa María de Iquique, años después de la invasión a nuestro litoral boliviano por parte de la oligarquía chilena, cuando aquel fatídico día del 21 de diciembre de 1907, a la orden de fuego por el general de brigada Roberto Silva Renard su artillería asesinaba a más de 3.600 obreros del salitre en aquella escuela de Iquique, quienes junto a sus mujeres y niños, demandaban un aumento a su magro salario, murieron crispados por el fuego, era sangre obrera de bolivianos, chilenos y peruanos.

(http://www.archivochile.cl/Historia_de_Chile/sta-ma2/1/stamadocestop000027.pdf)

No es casual que en el último viaje del presidente Evo Morales al país de chile, el pueblo chileno que siente y sufre las inclemencias de la economía del libre mercado, ovacionaban en estribillos, “mar para Bolivia”, no olvidemos que la conciencia de los pueblos es sabiduría, asimismo los bardos y exponentes del arte no se equivocaban y siguiendo sus dictados del corazón como Violeta Parra, respondía al teléfono “Mar para Bolivia, habla Violeta Parra” o nuestro dilecto compositor chileno Pedro Telmo Caicano,sintiendo nuestro enclaustramiento, compusiera esa conocida canción para que los bolivianos no desistiéramos en nuestra reivindicación marítima ” Yo quiero un mar un mar azul para Bolivia”.

Por estas razones es inconcebible que los que luchamos por este proceso de cambio acuñemos posturas nacionalistas y xenófobas como se lo quiso hacer con el monigote de Raúl Peñaranda, no importa el motivo, el enlodar con su origen para sacar réditos políticos es de baja estofa, porque lo importante no es de dónde uno viene sino a dónde uno va. Me trae a la memoria la posición de Mario Monje cuando se reunía con el Che en el sudeste boliviano y le reclamaba al Che el liderazgo de aquella incursión armada porque era boliviano y al ser rechazada su propuesta, éste abandona y retira su apoyo al Che. Nadie es profeta en su propia tierra porque el revolucionario es internacionalista, como el Che siendo argentino vino a Bolivia para liberar a los pobres, él se despedía en aquella carta dirigida a sus hijos “que sean siempre capaces de sentir en lo más hondo cualquier injusticia cometida contra cualquiera, en cualquier parte del mundo, es la cualidad más linda de un revolucionario”.

Nuestro mártir jesuita de “Oraciones a quema ropa” Luis Espinal Camps no sólo era un español sino un boliviano internacionalista, un hombre íntegro que murió en manos de los chacales paramilitares bolivianos vilmente torturado y asesinado sin piedad.

Es imprescindible seguir socializando sobre nuestra justa demanda marítima sin perder el horizonte, es histórico y digno de presentarlo como una demanda multilateral ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya, estoy convencido en la fuerza de los pueblos con sus líderes de avanzada para cambiar el curso de la historia, porque las verdades siempre afloran en la meridiana esperanza de los pueblos, Pablo Neruda expresaba “ podrán cortar todas las flores pero nunca detendrán la primavera”.

Para los que experimentaron la diáspora del exilio en tiempos de los ruidos de las bayonetas, del Plan Cóndor, nos damos cuenta de que no hay patria más grande que la solidaridad de los pueblos, cuando uno como boliviano camina por otras latitudes sabe de la dimensión que adquiere la xenofobia nacionalista.

El sueño de Bolívar trasciende más allá de las fronteras y alza vuelo mostrando las miserias del nacionalismo y ese chauvinismo que tanto daño nos hizo, porque siempre nos han confrontado entre pueblos de un continente con una misma historia de expoliación y ocupación.