El que nada tiene nada teme, repiten con frecuencia los hombres y las mujeres del actual gobierno, cada vez que un opositor o sospechoso de serlo, presumen que incurrió en algún delito. Con más fuerza repiten la frase cuando el presunto delincuente fuga del país alegando que son perseguidos políticos o cuando gente que ejerce poder político “judicializa” la política, es decir, cuando hacen politiquería, tan frecuente entre politicastros (políticos neptos), también en este tiempo de reformas, que pierden su contenido avanzado.

Al Vicepresidente nosotros le decimos lo mismo: Si nada tuvo que ver con el contrato que estableció la empresa de su cuñada con la de aviación estatal BoA permita que lo investiguen señor segundo mandatario del llamado Estado plurinacional.

Nosotros suponemos que para algunos funcionarios del Estado, del gobierno y/o de empresas públicas no hace falta que Álvaro García Linera gestione favores para sus familiares. Esos, a los que incluso les gusta que les llamen servidores públicos, no es necesario que le pidan algún favor los familiares y allegados de y a los dos primeros mandatarios del país. Incluso no faltan los funcionarios que hacen más de lo que les piden.

Hecha esta consideración quizá es cierto que el Gerente de BoA no fue apalabrado para favorecer con ese convenio a la empresa de la cuñada del Vicepresidente. Cuenta mucho, además, que un hermano de aquel Gerente sea el jefe de seguridad de Álvaro García L.

Partimos del supuesto, nada caprichoso, de que una investigación —si es para descubrir y no para encubrir— quizá establezca que el Vicepresidente nada tuvo que ver directamente en la firma de aquel contrato entre la empresa de su cuñada y la estatal BoA. Esa es una razón más por la que García Linera debió proponer él que lo investiguen.

Esa investigación debe alcanzar a un hecho insólito: tiene que arrojar luces sobre por qué el Gerente de BoA dijo que en un mes acabará ese contrato sólo porque el Vicepresidente, a viva voz y sin papeles mediante, dispuso la conclusión de ese contrato. Documento que es legal, aunque quizá no sea ético, dijo el presidente Morales, a lo que éste añadió, hace horas, que respalda a su segundo a bordo.

Entre otras circunstancias, el manejo discrecional de las cuestiones del gobierno que hace el primer y el segundo mandatario del país, nos recuerda lo que cuenta Gabriel García Márquez en su novela El otoño del patriarca, especialmente, de ese presidente campechano que tenía, sólo separado por una tranca, el palacio de gobierno con su hato lechero.

Quizá ese sea uno de los rasgos de la actual administración gubernamental por el que, intelectuales que apoyaron el actual proceso en declinación, ahora afirman que el actual gobierno está en descomposición. Nosotros hemos tomado nota, hace algún tiempo, de esa dura interpretación la que por la lectura que hacemos de la realidad nos convencemos de que así es… que hay descomposición en el gobierno boliviano de Morales.

El comportamiento del Vicepresidente frente al contrato que comentamos, sin embargo, se parece al que tiene algo que ocultar. Con revés: un funcionario público como él, con aires de perdonavidas, incluso tendría que facilitar la investigación que se espera.

Además, de acuerdo a la ministra de Comunicación, Amanda Dávila, García Linera es infalible, como el Papa de Roma (al menos eso se decía del Vicario del Vaticano, antes más que ahora), añadimos, por lo que el señor Vicepresidente está libre de polvo y paja, según la misma funcionaria gubernamental.

La postura actual del segundo mandatario obedece a necesidades electoralistas: busca presentarse como un funcionario lleno de virtudes que, nosotros, dudamos que las tenga. Y esta afirmación la apoyamos en datos que hemos recogido y que algunos que se alojan o que se alojaron en el Palacio Quemado se empeñan vanamente en ocultar. Citamos algunos:

Otra cuñada del Vicepresidente, la esposa de su hermano Raúl, fue funcionaria del Ministerio de Educación, en el programa de alfabetización, cargo en el que asumía incluso actitudes autoritarias. De ahí pasó al Convenio Andrés Bello, puesto en el que se mantiene. ¿Algo tuvo que ver Álvaro García Linera para esas dos designaciones? Nosotros pensamos que quizá no hizo falta el aval vicepresidencial porque, presumimos, que basta el parentesco político en este caso para que esa otra cuñada de Álvaro sea nominada a los cargos citados. Y para nada ponemos en duda la competencia que puede tener esa dama, por ejemplo, para ejercer funciones en una institución cultural, como el “Andrés Bello”.

Según una declaración del Vicepresidente, Raúl García Linera, su hermano, era el encargado de la seguridad suya. Quizá no percibía sueldo del Estado y su remuneración generosamente era costeada por su hermano Álvaro. Sin embargo, dudamos de que Álvaro García ahorre recursos públicos. Pero admitamos que Raúl cuidaba (¿y cuida?) la seguridad de su hermano ad-honorem. Si eso es verdad, incluso en este caso el Vicepresidente maneja cosas del ámbito público como si fueran de su pertenencia personal y familiar.

Otra investigación tendría que establecer la verdad o la falsedad de lo que sigue: una hermana del Vicepresidente sería socia de una empresa constructora que pretende edificar viviendas caras sobre 40 hectáreas, en Tiquipaya (Cochabamba), a pesar de que en esas tierras se producen hortalizas, frutas, flores y leche para los pobladores de la llajta. El Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA) nada hizo, a pesar del pedido de los comunarios, para que esas tierras se las confirme como lo que son: suelos con una antigua vocación agropecuaria porque en la zona todavía hay cultivos y hatos lecheros. Pero la influencia de la empresa constructora es tal que ha conseguido un segundo proceso contra los comunarios para que éstos renuncien a sus tierras y den paso a la urbanización de las 40 hectáreas, operación que está avanzada, tanto que el ex viceministro de Régimen Interior del gobierno en funciones, Rafael Puente Calvo, en una columna que le publica el diario paceño Página Siete escribe sobre los apuros en los que se encuentran comunarios de Tiquipaya, del que sabe tanto porque él es uno de los afectados, vive en ese hermoso solar.

Otra vez decimos que quizá el Vicepresidente nada haga para que sus compañeros de la Alcaldía de Cochabamba y de Tiquipaya favorezcan a la empresa de la que sería parte su hermana. Otra vez decimos que quizá no sea necesario que Álvaro García interceda por su hermana. Ella goza de mucha influencia, se sabe, sólo porque es de la familia García Linera. Y otro dato más: nos transmitieron que la Alcaldía de Cochabamba sólo compra vehículos de Toyosa, con licitación o por invitación directa, no sabemos, pero lo que conocemos es que la hermana del Vicepresidente tiene acciones en esa importadora de motorizados.

Volvemos al primer caso referido en esta nota: si nada tiene que ver con el contrato firmado por la empresa de su cuñada (y sus socios) con BoA no pierda los estribos señor Vicepresidente. Para nosotros, sin embargo, basta que aquella dama sea su cuñada para que funcionarios del gobierno actual la favorezcan y sin que usted mueva un dedo.

* Periodista editor del Semanario Aquí.