La Habana (PL).- La política subversiva e intervencionista de Estados Unidos tiene como pilar fundamental el empleo de las Fuerzas de Operaciones Especiales (FOE), en estrecha coordinación con los servicios de espionaje, en particular la CIA.

Un informe reciente de la Corporación Rand, uno de los llamados tanques pensantes norteamericanos, señala que las FOE tienen hoy más misiones que nunca antes, mientras su financiamiento se ha quintuplicado desde 2001, tendencia que sigue su curso actualmente. En este sentido, el presupuesto del Pentágono para el año fiscal 2015 revela la intención de elevar a niveles sin precedentes los fondos para las FOE, que mantienen una presencia abierta o encubierta en cerca de 120 países.

El secretario de Defensa Charles Hagel solicitó el 5 de marzo pasado al Congreso más de 7.700 millones de dólares para esas unidades élites, lo que representa un 10% por encima de lo asignado en 2014, además de un aumento del personal de 66 mil a 69 mil efectivos. El jefe del Pentágono argumentó que las FOE desempeñan un papel clave en la presunta lucha contra el terrorismo, la respuesta inmediata a cualquier crisis en la arena internacional y el desarrollo de relaciones con sus similares en otras naciones.

Las FOE están integradas por unidades del ejército, la infantería de marina, la armada y la fuerza aérea norteamericanas, la mayoría de las cuales se subordinan al Comando de Operaciones Especiales del Pentágono (USSCOM), cuyo cuartel general está en MacDill, estado de Florida.

El jefe del USSCOM, almirante William McRaven, dijo recientemente ante el Congreso que las unidades que él dirige incrementarán su presencia en los próximos años en todo el mundo. Al esbozar el plan denominado Visión 2020, McRaven resaltó que esas agrupaciones cumplirán sus tareas con efectividad gracias a los vínculos estrechos con la CIA, la Agencia de Seguridad Nacional, el Buró Federal de Investigaciones y la Agencia Antidrogas de Estados Unidos.

Por otra parte, el Pentágono solicitó al Congreso estadounidense sumas sin precedentes para el Año Fiscal 2015 destinadas a acciones subversivas y de espionaje de su Programa de Inteligencia Militar (PIM). En total, el Departamento de Defensa planifica gastar más de 58 mil 700 millones de dólares en misiones secretas, un incremento de casi dos por ciento en relación con 2013 de este financiamiento conocido en medios académicos y de prensa como “presupuesto negro”.

Según el sitio digital estadounidense The Daily Beast, una buena parte de ese dinero se empleará en el desarrollo de satélites espías, aviones teledirigidos (drones) de próxima generación y sistemas de escuchas ultrasensibles, tecnologías claves para la subversión. El PIM recibirá más de 13 mil 300 millones de dólares, la mayor parte en actividades de apoyo a las fuerzas armadas norteamericanas en ultramar.

Las directivas del Departamento de Defensa para estas acciones desestabilizadoras se basan en la Estrategia de Seguridad Nacional y la Estrategia Militar Nacional, entre otros instrumentos rectores de la política de Washington en cuanto a sus apetitos globales como potencia.

Pero el tema también lo aborda la Circular de Entrenamiento TC-1801 de las FOE, publicada en noviembre de 2010 bajo el título “La Guerra no Convencional”. La directiva afirma que las FOE son las únicas específicamente designadas a ese tipo de contienda, por sus capacidades únicas para infiltrarse en territorio enemigo, entrenar a los grupos subversivos y coordinar las acciones de estos…”.

Una investigación sobre la política de seguridad de Washington en el Hemisferio Occidental realizada en 2013 por el Grupo de Trabajo para Asuntos Latinoamericanos, el Centro para Políticas Internacionales y la Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos, arroja luz sobre el tema.

De acuerdo con el reporte, Estados Unidos incrementa la presencia de las FOE en la región en misiones de entrenamiento e inteligencia, bajo el pretexto de la lucha antidroga. La anterior evaluación retrata el posible involucramiento, de forma directa o indirecta, de estas unidades y de los servicios de inteligencia de Washington en la actividad subversiva que desarrollan sectores de la ultraderecha venezolana.

El presidente Nicolás Maduro ha denunciado de forma reiterada la responsabilidad estadounidense en esas acciones violentas en su país. En el caso de Ucrania, los acontecimientos en esa nación europea reafirman la participación activa de los servicios de espionaje de Washington y sus socios de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) en contra el presidente Viktor Yanukóvich.

El propio secretario de Estado, John Kerry, reconoció la participación norteamericana en las acciones desestabilizadoras al afirmar que su política está dirigida a que las ex repúblicas soviéticas se integren a Occidente “por el deseo de ver a esos pueblos concretar sus aspiraciones de libertad”.

En el caso ucraniano, algunos expertos señalan que Estados Unidos cedió a los servicios de inteligencia y subversión aliados la tarea principal en el manejo de la situación, en particular Polonia, Lituania y Suecia, cuyos aparatos subversivos manejan más de cerca el apoyo a la insurgencia pro occidental.

La injerencia occidental en la crisis ucraniana adquirió nuevos matices tras el anuncio de que el Pentágono incrementaría la presencia bélica en Europa Oriental, así como la realización de ejercicios y entrenamientos con sus aliados en el Viejo Continente. En ese sentido, Washington envió seis cazas F-15 y un avión de reabastecimiento KC-135 a Lituania, 12 F-16 a Polonia y confirmó que aviones de reconocimiento y dirección de la aviación de combate conocidos, por las siglas AWACS, participarán en tareas de espionaje en el área.

Además, el destructor coheteril USS Truxtun (DDG-103) pasó a principios de marzo del mar Mediterráneo al Negro, y está ahora en aguas territoriales de Rumania, aunque voceros de la Marina de Guerra estadounidense aseguran que su traslado no está relacionado con la situación en Ucrania. El DDG-103 forma parte de los buques escoltas del grupo de ataque del portaaviones George H.W. Bush, que está actualmente en el puerto turco de Anatolia, con sus más de 80 aviones de combate a bordo.

Por otra parte, en sus actividades conspirativas, Washington utiliza a la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid) como uno de los tentáculos de los servicios de inteligencia para obtener información e influir en la política de otras naciones. Directivos de la Usaid reconocen que a través de esa entidad la Casa Blanca mantiene una estrecha relación y entrega fondos a sectores antigubernamentales en Cuba, Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua.

El Pentágono dispone de representantes en las estructuras locales de la Usaid y la Oficina del Coordinador para la Reconstrucción y la Estabilización del Departamento de Estado, en naciones donde existen conflictos armados con el fin de mejorar la calidad de las operaciones cívico-militares.

Desde 2002 funcionarios de esa agencia están incorporados a las unidades de las FOE en Afganistán, y junto con los llamados expertos en asuntos civiles, contribuyen a neutralizar el comportamiento de la población y conformar estados de opinión favorables a las fuerzas de intervención.

El desequilibrio de Estados Unidos en Asia Pacífico

El presidente de Estados Unidos Barack Obama y su equipo de política exterior y de seguridad nacional insisten en que Washington priorice en los próximos años su estrategia dirigida a la región de Asia Pacífico. El peso creciente de la República Popular China (Rpch) en todos los órdenes, la inestabilidad en la Península Coreana y lo que ésta significa en sus vínculos con Seúl y Tokio, así como el inacabable conflicto en Afganistán constituyen preocupaciones de primer plano para la Casa Blanca.

Obama pronunció un discurso en noviembre de 2011 ante el Parlamento de Australia en el que anunció la llamada política ofensiva de pivote hacia la región (Asia pivot), que cuenta con aspectos económicos, políticos y militares. Documentos oficiales publicados por el Departamento de Defensa señalan que este giro en las prioridades estratégicas está motivado por el reconocimiento de que la seguridad de Washington en el siglo XXI estará ligada a la estabilidad y prosperidad de Asia, más que a la de cualquier otra región del planeta.

Al mismo tiempo, el Departamento de Estado inició una campaña para crear lo que denominó una arquitectura institucional para las relaciones con la Rpch, que incluye el establecimiento de reuniones regulares al más alto nivel. La entonces secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, anunció además en 2011 el incremento de la participación estadounidense en la mayor parte de los foros políticos, económicos y militares de esa región, y el afianzamiento de los vínculos con la Asociación de Naciones del Sureste Asiático (Asean).

Pero si analizamos las declaraciones del nuevo jefe de la diplomacia estadounidense, John Kerry, durante sus presentaciones recientes en el Senado con vistas a su confirmación, parece que el flamante funcionario matizará esa política asiática con algunos elementos nuevos, que quizás se aparten un poco de los de su antecesora. Kerry señaló que no estaba convencido de que fuera imprescindible un incremento significativo de la presencia militar de Washington en Asia Pacífico, aunque aclaró que quiere analizar el asunto con mayor cuidado.

Para Dean Cheng, experto de la Fundación Heritage, tanque pensante conservador con sede en Washington, no queda claro si lo que Obama inició en su primer mandato en cuanto a sus prioridades asiáticas tendrá ahora un significado diferente, según la declaración de Kerry en la cámara alta. Michael Green, experto del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, otro tanque pensante con sede en la capital norteamericana, considera que el compromiso de Obama con las cumbres de Asia Oriental es el hecho de dimensiones más duraderas de toda esta política de giro hacia la región.

Para algunos diplomáticos estadounidenses citados por la prensa de ese país, Washington reordenará sus prioridades a partir de los recursos que se liberen tras el cese de su participación masiva en Afganistán, además de que en el presupuesto para 2014 ya se prevé aprobar fondos para este giro hacia el Pacífico. En el tema económico, un indicador esencial será el avance que pueda tener la llamada Asociación Transpacífica, un nuevo grupo comercial en el que se involucran 11 naciones, incluyendo Estados Unidos, y que, según la revista Foreign Affaire, puede alentar acuerdos comerciales en toda la región.

En el plano militar, Estados Unidos anunció, por primera vez en decenas de años, planes para establecer en 2016 en Australia alrededor de dos mil 500 infantes de marina, y el envío de una cifra similar en un futuro cercano, medida que fue calificada por Beijing como una acción propia de la Guerra Fría. Pero según la Casa Blanca, este despliegue a territorio australiano es necesario a fin de mantener la arquitectura de seguridad en la región y permitirá al Pentágono estar listo para responder de forma oportuna y satisfacer las demandas de muchos aliados en la zona.

Si en años anteriores las tropas terrestres estadounidenses desempeñaron un papel central en la presencia de la nación norteña en ultramar, ahora los militares priorizan a la Marina de Guerra como su principal bandera en el océano Pacífico, señala un artículo del diario The Christian Science Monitor.

En junio de 2012 el secretario de Defensa, Leon Panetta, anunció que para 2020 Estados Unidos tendrá en dicho océano el 60 por ciento de sus fuerzas navales, 10 por ciento más que las unidades mantenidas ahora en el área. El Pentágono está amenazado actualmente por el llamado secuestro de fondos, una serie de recortes automáticos que para todo el Gobierno federal significará hasta el 30 de septiembre próximo la pérdida de 86 mil millones de dólares, de ellos cerca de 46 mil millones para las arcas castrenses.

En ese sentido, el subsecretario de Defensa, Ash Carter, dijo en una intervención reciente en el Senado que si se mantienen los recortes presupuestarios en la próxima década, será muy difícil implementar el cambio de prioridades anunciado por Obama en noviembre de 2011. Algunos especialistas señalan que aún bajo tales circunstancias, la armada estadounidense podría mantener el 60 por ciento de sus buques en el océano Pacífico, a partir de una reducción del inventario total de unidades navales, mientras los demás integrantes de la estrategia tendrán cambios relativamente ligeros.

El Departamento de Defensa también desarrolla el concepto de base avanzada a flote en el Pacífico, conjunto de unidades que pueden ser utilizadas de forma expedita en acciones contra la piratería, la limpieza de minas antibuques, además, como aseguramiento de las misiones de las Fuerzas de Operaciones Especiales.

Washington toma medidas para fortalecer sus relaciones militares con un grupo de países asiáticos con el fin de contrarrestar la influencia china en la región, además, trata de alinearse con naciones que tienen conflictos fronterizos históricos con Beijing, afirma un estudio de la entidad académica canadiense Global Research.

Tanta ha sido la publicidad que se le ha dado a este plan de reenfoque hacia la zona pacífica, que funcionarios del Pentágono aclararon a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) en febrero pasado que estas nuevas prioridades no significarán una dejación de los compromisos transatlánticos de Washington.

Un artículo del sitio People’s Daily Online de Beijing señala que esta reorientación de la política de Estados Unidos es en realidad una muestra de desequilibrio estratégico, lo cual contempla un reajuste de su despliegue militar en todo el mundo para concentrar en Asia una buena parte de ese poderío. El texto asegura que la intención estadounidense es construir un frente unido contra la Rpch y destruir el proceso de integración regional y de cooperación normal entre los países del área.

De todas formas, parece que este reequilibrio preconizado por la administración Obama seguirá adelante, a pesar de los escollos financieros, aunque la vital región del Oriente Medio, con sus complejos e interminables conflictos de todo tipo, pudiera desviar una buena parte de los recursos y la atención que hoy Washington pretende dedicar a su giro asiático.

Estados Unidos refuerza presencia militar en Asia Pacífico

Estados Unidos reforzó desde principios de 2013 la presencia militar en la región Asia Pacífico mediante ejercicios conjuntos, visitas de sus buques de guerra y la firma de acuerdos de seguridad con naciones del área. Estas acciones están en correspondencia con los planteamientos del presidente Barack Obama, en noviembre de 2011 ante el Parlamento de Australia, en el que anunció la llamada política de pivote dirigida a Asia Pacífico (Asia pivot), para reforzar la presencia política, económica y militar en la zona.

A finales de junio pasado partió de Yokosuka, Japón, el grupo de ataque del portaaviones USS George Washington (CVN-73) con alrededor de seis mil marineros, casi un centenar de aviones a bordo, y acompañado por seis unidades de superficie y al menos un submarino. Uno de los objetivos de esa agrupación era participar en las maniobras bilaterales Talisman Saber, que comenzaron el pasado 15 de julio con la participación de más de 22 mil militares y 15 buques de guerra de Estados Unidos en la costa oriental de Australia y áreas marítimas adyacentes.

El entrenamiento, que culminó el 5 de agosto, tuvo su actividad más significativa el 20 y 21 de julio, con la realización simultánea de una operación aerotransportada y dos grandes desembarcos anfibios, con la intervención del portaaviones CVN-73, informó el diario Stars and Stripes. Ese día también estuvo presente el Grupo Anfibio Listo, liderado por el buque Bonhomme Richard que lleva a bordo la 31 Unidad Expedicionaria de Infantería de Marina, integrada por más de dos mil 200 efectivos y preparada para intervenir en plazos breves en cualquier conflicto, como otras seis que posee el Pentágono.

Las maniobras bienales son las mayores de las cinco efectuadas hasta la fecha, y cuentan con la participación de representantes de varias agencias federales estadounidenses como el Buró Federal de Investigaciones (FBI) y el Departamento de Seguridad Interna. El ejercicio también incluyó actividades en bases militares norteamericanas ubicadas en San Diego, California; Pearl Harbor, Hawai; Suffolk, Virginia y Lewis-McChord, en el noroccidental estado de Washington.

Paralelamente, las fuerzas navales de Estados Unidos realizan los ejercicios de cooperación y disposición combativas Carat-2013 en áreas del océano Pacífico, cuya etapa con Singapur tuvo lugar entre el 21 y el 25 de julio. Estas maniobras las realiza la Armada estadounidense además de manera bilateral y por fases con sus similares de Bangladesh, Brunei, Cambodia, Indonesia, Malasia, Filipinas, Tailandia y Timor-Leste.

Por otra parte, con el objetivo de recuperar espacios perdidos y reafirmar sus intereses en la región, Estados Unidos negocia con Filipinas un acuerdo para ampliar la presencia militar norteamericana en el país asiático, como paso adicional en el reforzamiento bélico de esa región, según un artículo reciente del diario The New York Times.

El convenio, similar al que preparan con otras naciones, permitiría a las fuerzas estadounidenses visitar la nación asiática durante períodos más prolongados, así como estacionar de forma permanente técnica militar en dichas islas. Sin embargo, el arreglo no implicaría el establecimiento de bases, tema controversial tras el cierre de Subic Bay, la última instalación estadounidense allí en 1992, tras fuertes protestas de la población y después que el Senado filipino decidiera poner fin a la presencia de Washington en ese país.

La expansión de la presencia castrense en Filipinas llega en medio de una disputa territorial de Manila con la República Popular China, y sería un paso adicional en el llamado “pivote asiático”, señala el Times. En reiteradas ocasiones, Beijing ha propuesto a Manila utilizar los existentes mecanismos bilaterales de consultas o crear otros nuevos para solucionar el diferendo, pero asegura que aún espera por una respuesta de Filipinas.

Estados Unidos participa en la modernización de la marina de guerra y la fuerza aérea filipinas, y una parte de las relaciones militares han incluido visitas regulares de corta duración por parte de unidades navales y terrestres estadounidenses para la realización de ejercicios conjuntos, asistencia humanitaria y respuesta a desastres naturales.

Como parte de todo este proceso, la Casa Blanca aprovechó el empeoramiento de la situación en la Península Coreana en los últimos meses y el consiguiente incremento de la presencia militar estadounidense allí, para reafirmar sus intenciones de dominio en la región Asia Pacífico.

De acuerdo con altos jefes militares estadounidenses, esta crisis fue la peor desde la Guerra de Corea (1950-1953). De esa forma, el pretexto de la supuesta amenaza de la República Popular Democrática de Corea (Rpdc) fue blandido para adoptar medidas sin precedentes en ese teatro de operaciones, como el traslado de una batería de cohetes del Sistema de Defensa de Área a Gran Altura (Thaad) hacia la Isla de Guam.

Esta acción fue percibida por medios de prensa especializados como la mayor demostración de fuerza de Washington en los últimos años en el área, y una señal de que los militares estadounidenses se preparan para un futuro enfrentamiento con la Rpdc.

Hasta la fecha, pocos especialistas se atreven a calcular el precio de este cambio de prioridades de la Casa Blanca en dirección a Asia Pacífico, que seguramente costará a los contribuyentes varios miles de millones de dólares. Pero ni siquiera los tiempos difíciles que corren debido a la crisis fiscal en Estados Unidos han sido capaces de abortar las intenciones de la administración Obama para seguir adelante con sus planes a fin de expandir su presencia castrense en Asia Pacífico de forma cautelosa y con un perfil mediático relativamente bajo.

Subversión y espionaje en África

Estados Unidos incrementó en los últimos meses la presencia de efectivos de las FOE en África, con el argumento de combatir la expansión de organizaciones extremistas vinculadas a Al Qaeda. Las actuales restricciones en el presupuesto de Defensa obligan a la Casa Blanca a centrar su presencia militar en el envío de grupos de entrenamiento e inteligencia a varios países africanos, en lugar de agrupaciones de mayor envergadura, señala un artículo reciente del diario Stars and Stripes.

El verdadero objetivo es influir en las conductas de los gobiernos de las naciones que reciben esta “ayuda” para lo cual cuentan además, con el apoyo de sus aliados europeos, en particular las ex potencias coloniales. Esta estrategia subversiva y de espionaje tiene un pilar fundamental en Italia, Francia, Reino Unido y Noruega, con el pretexto de la lucha contra el terrorismo.

La cooperación no solo se concreta con el establecimiento de fuerzas élites sino con unidades convencionales de mayor poderío combativo. Tal es el caso de Francia, que mantiene aviones de combate y reconocimiento en Chad, aeronaves teledirigidas (drones) de espionaje en Níger, sus FOE en Burkina Faso y varias instalaciones logísticas en Costa de Marfil, destaca el diario The New York Times en una evaluación del tema realizada a principios de marzo.

Durante todo el año 2014, unidades de la primera División de Infantería del Ejército estadounidense, con sede en Fort Riley (Kansas), participan en más de 100 ejercicios y entrenamientos en cerca de 40 países de la región, con un amplio plan de actividades con sus homólogos en Libia, Sudán, Argelia, Níger, Kenya y Uganda, entre otros.

Desde el ataque contra el consulado de Estados Unidos en la ciudad libia de Bengasi, en septiembre de 2012, donde murieron el embajador en Trípoli, Christopher Stevens y otros tres funcionarios, el Pentágono tomó medidas para responder con urgencia a situaciones similares en el futuro. Fue así que surgió la Fuerza de Tarea Combinada Conjunta del Cuerno de África, ubicada en Camp Lemonnier, Djibouti, bajo el mando del general Wayne Grigsby.

Además, el Departamento de Defensa inició en 2013 el despliegue de unos 500 infantes de Marina en la base militar de Rota, en el sur de España, cuya misión es actuar como elemento de intervención rápida en caso de amenazas a intereses estadounidenses en África, anunció oficialmente el Pentágono. Su ubicación allí les permite trasladarse por vía aérea en un plazo de seis horas a cualquier punto en suelo africano donde Washington considere debe utilizar la fuerza, sin permiso de las autoridades del país en cuestión.

Para estas y otras actividades en suelo africano, altos jefes de los servicios armados norteamericanos reconocen que resulta necesario un incremento sustancial en las acciones subversivas y la recolección de información de inteligencia. Al respecto, el general David M. Rodríguez, jefe del Comando de África (Africom) del Pentágono, con sede en Stutgart, Alemania, estima que Estados Unidos debe incrementar en 15 veces sus misiones de espionaje en ese continente.

Según Rodríguez, estas tareas son necesarias para proteger los intereses estadounidenses y ayudar a los aliados de Washington. Rodríguez dijo que el Africom necesita un monto adicional de drones, otros medios aéreos de espionaje y mayor cantidad de imágenes de satélites espías, pues actualmente ese mando solo recibe alrededor de siete por ciento de sus requerimientos totales de información.

Para coordinar estas misiones, el Africom dispone del Comando de Operaciones Especiales de Estados Unidos en África (Socafrica), dirigido por el general James B. Linder, quien asumió su cargo en junio de 2013 y desde entonces tiene a su cargo la dirección de las acciones de subversión y espionaje de las FOE en dicho continente.

¿Desgaste de las Fuerzas de Operaciones Especiales?

Las FOE de Estados Unidos tuvieron en los últimos años una participación intensa en misiones combativas en ultramar y están ahora en una situación de desgaste, afirman funcionarios del Pentágono. Bajo esa perspectiva, altos jefes militares y civiles estadounidenses solicitaron en los últimos días aumentos de recursos para esas unidades, consideradas vitales para las acciones de subversión y sabotajes a nivel global, en cooperación con las agencias de espionaje del país norteño.

Michael D. Lumpkin, subsecretario de Defensa para Operaciones Especiales y Conflictos de Baja Intensidad declaró ante el Congreso esta semana que las FOE actúan bajo la premisa de establecer “un compromiso perpetuo con nuestros socios y aliados”, y eso requiere montos financieros considerables.

Según Lumpkin, esas agrupaciones entrenan a sus similares en varios países, como el caso de Colombia, al que calificó como factor vital en la seguridad regional, y cumplieron misiones en África, en particular el apoyo a la intervención de Francia en Mali, además de otras tareas en Somalia y Yemen.

La historia más reciente de la participación estadounidense en acciones subversivas y de espionaje en ultramar muestra el creciente papel de las FOE y de cierta forma “justifica” el desgaste a que se refieren los jefes castrenses del país norteño. Según el sitio digital Alternet, Estados Unidos apoyó en los últimos años “a grupos fascistas, narcotraficantes y terroristas en más de 35 naciones, con el uso de asesinatos, torturas y golpes de estado, todo bajo una muralla de protección e impunidad del Departamento de Estado y la CIA”. “La huella de sangre de esta carnicería y caos lleva directamente hacia el Capitolio y la Casa Blanca”, agrega el texto, firmado por el especialista Nicolas J.S. Davies.

Pero estas acciones de subversión no siempre tienen todo el efecto deseado, tal es el caso de Libia, donde Washington tuvo una participación activa en la agresión de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) que derrocó en 2011 a Moammuar El Gadafi. Tras la caída del líder libio, surgieron varios tipos de milicias armadas que provocaron el caos en ese país y realizaron numerosos ataques contra intereses occidentales, señala Nick Turse, en un artículo publicado la víspera en el sitio digital Tomdispatch.com.

Por otra parte, el jefe del Comando de Operaciones Especiales (USSOCOM), almirante William McRaven, dijo ante el Comité de Servicios Armados del Senado el 11 de marzo que la demanda de las FOE en varios teatros de operaciones es tan alta que no pueden cumplirse todos los compromisos.

En un intento por convencer a los congresistas, McRaven dijo que la disposición combativa de las FOE continuó desgastándose y “la tasa de suicidio ha crecido en los últimos cuatro años entre los más de siete mil miembros de esas agrupaciones que están dispersos por unos 80 países”.

Tanto Lumpkin como McRaven repitieron en el Capitolio que Estados Unidos enfrenta peligros sin precedentes de adversarios con fuerzas ágiles y de rápida adaptación a diferentes situaciones, que participarán en conflictos en el futuro de una forma innovadora y asimétrica. La queja principal parece radicar en que el plan inicial para las FOE era disponer en los próximos años de más de 72 mil efectivos, pero la cifra se redujo a 69 mil 700, aunque de cualquier forma esto es un aumento en relación con los 62 mil con que ahora cuentan.

Tras más de una década de guerras, existe una tensión significativa en estas unidades, en particular una demanda mayor para la Fuerza Delta, los Boinas Verdes y los Grupos Seals de la Armada estadounidense, todos integrantes de las FOE, afirma un artículo reciente del diario The Washington Times.

De todas formas y a pesar de estas restricciones, el presupuesto del USSOCOM para el año fiscal 2015 será de siete mil 700 millones de dólares, lo que significa un incremento de 10 por ciento en relación con 2014. Ese nivel de financiamiento le permitirá continuar, aunque con algunos cambios cosméticos, su presencia en cerca de un centenar de países en actividades de entrenamiento, operaciones subversivas y asesinatos selectivos con o sin la autorización de las autoridades de esas naciones.

* Periodista de la redacción Norteamérica de Prensa Latina.