La Habana, Pretoria y Luanda (PL).- Las crecientes diferencias entre hombres y mujeres en África suponen un impacto negativo considerable en las perspectivas de desarrollo de ese continente, donde un gran número de hogares está encabezado por féminas. De acuerdo con datos del Programa de la ONU para el Desarrollo (PNUD), la mujer africana mantiene el 90% de la economía informal del continente, produce el 80% de los alimentos y sustenta a más del 40% de las familias.

La ciudad marfileña de Abidjan acogió el Primer Panel de Alto Nivel sobre Igualdad de Género, Empoderamiento de la Mujer y los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM). Asociaciones femeninas de todas las latitudes de la región se reunieron para valorar de manera crítica los ODM referentes a ese sector poblacional bajo el lema: “La agenda post 2015 sobre la mujer en el contexto del empoderamiento económico”.

Los ODM lo conforman ocho grandes proyectos de desarrollo humano fijados en el año 2000, y que los 189 Estados miembros de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) acordaron cristalizar para el año 2015. Tres de esos propósitos, específicamente Tres, Cinco y Seis, están relacionados con el bienestar de la población femenina.

Promover la igualdad de género y autonomía de la mujer, mejorar la salud materna, y combatir enfermedades como el VIH/sida y el paludismo, son tareas que, aún formando parte de los ODM, no tienen un futuro promisorio de cara a la fecha de cumplimiento de los mismos.

La vida de las mujeres en África está particularmente relacionada con la discriminación a la que son sometidas en el libre ejercicio de sus derechos cívicos, políticos y económicos.

De acuerdo con datos del Programa de la ONU para el Desarrollo (PNUD), la mujer africana mantiene el 90 por ciento de la economía informal del continente, produce el 80 por ciento de los alimentos y sustenta a más del 40 por ciento de las familias. Sin embargo, tal panorama no repercute de forma positiva en su autonomía y sí limita sus condiciones vitales de subsistencia, refiere el organismo internacional.

La mujer africana continúa siendo víctima de disímiles abusos, principalmente físicos y sexuales. En un estudio sobre las mujeres en Egipto, el 47 por ciento de las víctimas femeninas de violaciones luego fueron asesinadas debido al deshonor que se cree que le trajo a su familia.

Esos hechos, conocidos como “Crímenes de Honor”, ocurren cuando se le quita la vida a una mujer por algún acto que se percibe como deshonroso para su familia. Los casos de violencia sexual también son frecuentes en la población infantil femenina.

En Nigeria, un centro médico reportó que el 15 por ciento de las pacientes que necesitaron tratamiento contra las infecciones de transmisión sexual eran menores de cinco años. La fuente agregó que un seis por ciento adicional tenía entre seis y 15 años de edad.

En África del Sur, uno de cuatro hombres reporta haber tenido relaciones sexuales con una mujer en contra de su voluntad antes de que él hubiese cumplido 18 años de edad. Por otro lado, en partes del África subsahariana las presiones socioeconómicas obligan a muchas jóvenes de 15 a 19 años de edad a sostener relaciones con parejas al menos 10 años mayores a cambio de bienes materiales, dinero o un estatus social más alto.

Según el último Informe de Desarrollo Humano de la ONU, entre los países con más desigualdad en cuanto a hombres y mujeres a nivel mundial se encuentran Mozambique, República Centroafricana y Namibia. Entre los tópicos más debatidos en el Panel de Costa de Marfil destacó el relativo a la identificación de los impedimentos que lastran los proyectos a favor de la igualdad de género.

El Informe elaborado por el PNUD, organizador de la reunión marfileña junto con la Unión Africana (UA), indica que de los 10 países menos igualitarios en materia de género, ocho pertenecen al continente africano.

En la cita se discutió, además, acerca del fortalecimiento de la posición común sobre la mujer africana en la denominada Agenda post 2015, así como la necesidad de comprometer a la comunidad internacional en el apoyo de iniciativas en ese sentido. Como parte de esos esfuerzos, en mayo pasado quedó establecido un comité de alto nivel integrado por jefes de Estado y Gobierno y presidido por la mandataria liberiana, Ellen Johnson Sirleaf, para sintetizar las posiciones sobre la agenda global a favor de la mujer. No obstante, el comisionado de Asuntos Económicos de la UA, Anthony Mothae, reconoció en el panel que los esfuerzos aún son pocos frente a una causa tan noble y vital.

Según Mothae, el empoderamiento de la mujer africana debe pasar no solo por la actualización de enmiendas legales en los países de la región; sino también, y sobre todo, por la transformación de sus sociedades.

Sudáfrica refuerza sistema estatal de apoyo al sector femenino

El Gobierno de Sudáfrica anunció oficialmente en enero su Declaración Programática de 2014, un plan nacional donde el respaldo al sector poblacional femenino es una prioridad capital para la administración del presidente Jacob Zuma. Al liderar un acto del Comité Ejecutivo del Congreso Nacional Africano (CNA) en la provincia de Mpumalanga, Zuma enumeró las principales metas del partido gubernamental de cara al próximo lustro administrativo que comienza en este año electoral.

El Jefe de Estado y líder del CNA subrayó que el manifiesto partidista representa un compromiso para consolidar la construcción de la sociedad democrática sudafricana, donde las féminas han desempeñado un rol preponderante a lo largo de la historia.

En su alocución, Jacob Zuma recordó que Oliver Reginald Tambo (1917-1993), figura central e histórica del movimiento antiapartheid, siempre dijo que la lucha por la libertad y la soberanía nacional nunca estaría completa sin la emancipación de las mujeres.

Las sudafricanas han desempeñado un papel vital en la movilización de masas, en la lucha armada, y en la activación de la solidaridad. La realización de una sociedad no racial y democrática depende de la medida en que podemos contar con ellas en este proceso, enfatizó Tambo en 1990.

En ese sentido, Zuma celebró la actual representación femenina en la Asamblea Nacional que ha aumentado hasta un 45 por ciento y gracias a esos números Sudáfrica ocupa el tercer lugar en el mundo en términos de representación de mujeres en el Parlamento.

En la reunión del CNA en Mpumalanga, otros altos dirigentes del gremio político oficial recordaron que la esperanza de vida de las féminas sudafricanas supera los 60 años, al tiempo que el Estado las protege contra la violencia intrafamiliar o los maltratos domésticos.

A fines de 2013 y en coordinación con delegados de Naciones Unidas, el gobierno sudafricano activó una campaña permanente en las nueve provincias por la No Violencia contra la Mujer.

La ministra para la Mujer, los Niños y las Personas Discapacitadas, Lulama Marytheresa Xingwana, explicó que el programa incluye visitas a comunidades rurales alejadas de centros metropolitanos, pero también a barrios urbanos de familias pobres.

Los primeros recorridos los iniciamos por las localidades de Johannesburgo Metro y el vecindario de Diepsloot, en la provincia de Gauteng, donde marchamos casa por casa para compartir experiencias con los pobladores, indicó Xingwana.

La funcionaria agregó que el gabinete de Zuma trabaja además para convertir al Plan Nacional por las Niñas y Niños en acciones tangibles y urgentes en pos de multiplicar el cuidado y la optimización de los estándares de vida de la infancia.

En Sudáfrica más de 40 mil niñas son cabezas de familia y garantizan la comida diaria del resto de sus parientes, con mayor incidencia de ese fenómeno en la provincia de KwaZulu-Natal, en el sureste, reveló una investigación institucional difundida en noviembre último.

También en octubre del año pasado la administración nacional anunció la implementación de un programa de seguridad alimentaria -con un presupuesto extraordinario de 204 millones de dólares- para familias pobres que abarcará un período hasta 2022.

Bajo el nombre de Fetsa Tlala (sin hambre), el programa asistencial estará bajo la supervisión del Departamento de Agricultura, Floresta y Pesca y tendrá efecto positivo principalmente en núcleos familiares dirigidos por madres solteras.

La idea del Ejecutivo, liderado por el CNA, es promover una agricultura sostenible y autosuficiente en comunidades de bajos recursos e incrementar la producción de alimentos básicos en otras regiones.

Además se pretende crear oportunidades adicionales de trabajo, multiplicar el acceso a una alimentación adecuada, y diversificar el escenario general agroeconómico de la nación austral.

Datos de organizaciones no gubernamentales indican que en Sudáfrica, con 53 millones de habitantes, un 30 por ciento de los núcleos familiares pueden ser clasificados en el renglón de la inseguridad nutricional.

Sobre la base de una historia de mujeres célebres por su activismo social -entre otras, Winnie Madikizela-Mandela, Nkosazana Dlamini-Zuma o Mamphela Ramphele-, el país ha desarrollado en dos décadas una serie de programas para defender el rol femenino en el desarrollo nacional.

Atrás, en 1948, el Partido Afrikaner subió al poder con su política de apartheid e implementó leyes rígidas e implacables contra la mezcla de razas o etnias, un sistema funesto por el cual salieron perjudicadas sobre todo las negras sudafricanas. Pero antes, en 1912, en lo que probablemente fue la primera campaña de resistencia de masas en la llamada Nación del Arcoiris, mujeres indias en la localidad de Newcastle animaron a trabajadores del sector minero a ir a la huelga en protesta frente a salarios de hambre.

Seis años después, Charlotte Makgomo Maxeke fundó la primera organización de mujeres sudafricanas: la Liga de Mujeres Bantúes, un grupo creado como foco de resistencia ante arbitrarias leyes sobre permisos de tránsito impuestas por el gobierno.

Entre los años 1930 y 1940 hubo muchos casos de protestas masivas, manifestaciones y campañas de resistencia civil en las cuales participaron las féminas o fueron eventos liderados por mujeres.

En 1943, las mujeres comenzaron a militar también en el Congreso Nacional Africano, y poco tiempo más tarde fue instituida la Liga de Mujeres del CNA, con Ida Mtwana como su primera presidenta.

La lucha de las sudafricanas se hizo más militante en la década de 1950, cuando miles de negras, mestizas e indígenas participaron en la llamada Campaña del Desafío, que implicó una violación deliberada de las leyes del apartheid.

Dos años más tarde fue establecida la Federación de Mujeres de Sudáfrica gracias a la conjunción del Congreso Indio y la Liga Femenina del CNA. Con el respaldo de los sindicatos, el nuevo foro refrendó la Carta de la Mujer, texto denuncia de las normas discriminatorias.

Las mujeres están logrando un fuerte protagonismo en la política sudafricana como resultado de las reformas radicales iniciadas en la década de 1990 por el Congreso Nacional, sostienen analistas.

En 1994 las féminas ganaron la elección en 80 de los 400 escaños de la Asamblea Nacional, y una mujer, Frene Ginwala, fue elegido Presidenta del Parlamento.

Nelson Mandela, como Presidente, nombró a dos ministras en mayo de 1994. Además tres mujeres fueron viceministras a principios de 1995, una de ellas, la exesposa de Mandela, Winnie, fue nombrada con ese cargo para la cartera de las artes, la cultura, la ciencia y la tecnología.

La eliminación de la violencia, de desigualdades relacionadas con el género y la mejora de oportunidades educativas han sido aspectos universalmente apoyados por el CNA, que ahora se dirige hacia unos comicios generales donde se espera nuevamente una extensa participación de jóvenes y mujeres sudafricanas.

Angoleñas con la manzana… y la dignidad en la cabeza

Cual atletas de largo aliento cientos de miles de mujeres angoleñas, sin importar la edad, surcan bajo la lluvia o sol abrasador las calles de Luanda, con pesados bultos en sus cabezas.

Junto a esas cargas, también llevan a veces al hijo (a) en sus espaldas, pero siempre la dignidad y el sustento familiar.

“Desde niña transporto vasijas, bandejas, cestas en mi cabeza. Creo que con los años el cuerpo se adaptó y a veces me lo reclama”, asegura Domingas, una fornida muchacha de 30 años que esquiva las fotos y sugiere: “puedes retratarme cuando me vaya… por la espalda”.

Explica que portar objetos de esta manera permite cargar más grandes pesos que con los brazos, recorrer más largas distancias y accionar con las manos libres.

Pero… ¿es una tradición o una necesidad?, preguntamos y responde: “Se combinan las dos. Desde pequeña vi a mi familia cargar leñas, baldes de agua y recorrer kilómetros. No había transporte y se buscó la mejor forma de buscar y traer a casa el sustento”.

Refiere que todos los días, excepto los domingos, viaja muy temprano desde el capitalino distrito de Rangel hacia el centro para intentar vender productos agrícolas (manzanas, plátanos, piñas, uvas) a precios más elevados que en plazas y mercados de las periferias.

Un solo aguacate en la céntrica Rua da Missao vale 200 kwanzas (dos dólares). Luanda es considerada la capital más cara del mundo.

Sobre posibles problemas causados por levantar objetos pesados de esa peculiar manera, Domingas no recuerda haber padecido algún dolor muscular o lastimadura en el cuello, pero a veces siente cansancio.

La literatura médica indica que esa asombrosa faena ocasiona dificultades en la espalda y espina dorsal (columna vertebral). Además en mujeres jóvenes los huesos pélvicos pueden desarrollarse mal y causar más tarde embarazos peligrosos.

“A veces se piensa que todo el esfuerzo es con la cabeza. Sin embargo, las piernas son las palancas que permiten aguantar el peso y el traslado”, revela la sonriente joven.

Estudios indican que cuando se lleva una carga de esta manera el cuerpo adopta un mecanismo al andar más eficiente. Tal condición se adquiere con los años.

Basada en la física, esas investigaciones apuntan que algunas de estas mujeres llevan cargas equivalentes al 70 por ciento de su peso, con más eficacia que militares con entrenamiento para portar pesadas mochilas.

“Cuando el marido te abandona con tres hijos tienes que salir, salir y salir a la rua (calle) a buscar la economía de la familia. No tenemos opción”, insiste la joven, quien no cree en sexo fuerte y débil.

No entiendo mucho del tema, argumenta, pero en todo caso seríamos nosotras las fuertes “porque cuidamos siempre a los niños, a los enfermos, a los abuelos y mantenemos el hogar”, argumenta.

Pero ¿y los hombres? Responde: “No todos son iguales, pero la mayoría se inclina por tener numerosas faldas y la Cuca (marca de la cerveza nacional)”.

Colegas angoleños explican que pese a progresos palpables en la sociedad y en la igualdad de género, aún en África muchos varones, con respaldo de ignorantes damas, están convencidos que tener diferentes parejas supone prestigio social y superioridad económica.

Se entiende, arguyen, que si tienes diversos amoríos es porque ostentas un bolsillo poderoso para mantener varios hogares. A lo anterior se suma que muchas féminas aseveran que no encuentran otra salida para sobrevivir y aceptan las condiciones que impone el Casanovas.

Bajo ese peliagudo escenario, las zungueiras (ordinario nombre acuñado a las vendedoras en las calles) se convierten en columna vertebral de la familia.

“Investiga y verás que la mayoría de los hombres angoleños tiene más de cinco hijos y diferentes hogares”, reflexiona Domingas, quien además reconoce que casi la totalidad de las comerciantes de las calles no paga impuesto.

Torrente de imágenes: cual hormigas esparcidas, las vendedoras anegan las calles del capitalino barrio Sao Paulo, donde todo se vende o se compra.

Al grito de ÂíPolicía!, todas recogen de la acera sus paños o cestas con mercancías y a la carrera procuran penetrar por cualquier puerta o resquicio que proteja sus productos.

“No pagamos impuestos”, admite agitada Aline, quien procura vendernos una jarra plástica y utensilios de cocina. Apenas nos mira, parece preocuparle la camioneta policial que se detuvo a unos 70 metros.

Se hace común el paseo de los agentes del orden y cada una tiene su historia. Pero todas estamos obligadas a vender, replica.

Para Aline, las mujeres desempleadas encontraron en el comercio informal una solución decorosa con vistas al sustento de la familia.

¿Y las contribuciones por las ventas?, interrogamos. “Nos falta esa costumbre o disciplina. Somos una sociedad joven que aún se organiza”, asiente con un cimbreo de cabeza.

Tal fenómeno no resulta exclusivo de Angola. Estadísticas revelan que en casi todos los países la creciente fuerza de trabajo informal opera en las calles y no tributa.

Por lo visto, las vendedoras ambulantes tienen dividida a la sociedad angoleña. Algunos no comparten sus faenas, otros sin embargo justifican su sacrificio “para alimentar a la familia”.

Al respecto, la socióloga Helena Guerra reclama analizar el contexto histórico y sociológico de esa “labor marginal”, pues el país enfrentó una larga guerra y se perdieron muchos hombres, y la mujer tuvo que asumir los dos papeles.

Guerra compara esa actividad con la que asumieron mujeres en el pasado colonial de vender pescado y frutas en calles y plazas.

“Tienen exactamente el mismo papel social. Son madres y amas de casa. Como en la época colonial: vender para apoyar a la familia y ser capaz de pagar la educación de sus hijos”, precisa.

Por el momento, la Organización de Mujeres Angoleñas (OMA) respeta a estas vendedoras y las califica de heroínas del día a día. En varias ocasiones ha condenado la violencia contra ellas por parte de la policía y organismos fiscales.

“Es nuestro deber ayudar a esas mujeres en las calles y proporcionarles un lugar tranquilo para que ellas puedan desarrollar sus actividades comerciales”, afirmó Luzia Inglés, secretaria general de la OMA.

* Valdés es periodista de la redacción África y Medio Oriente de Prensa Latina; V. Jaime, corresponsal en Sudáfrica y Cardosa corresponsal en Angola.