Moscú, Kiev y Naciones Unidas (PL).- Los episodios recientes de una nueva ola de disturbios violentos en Ucrania alejan una posibilidad de solución política a la crisis, mientras cobran fuerza los peligros de una desintegración del país y del debilitamiento de la institucionalidad. Esta semana, Kiev volvió a ser epicentro de enfrentamientos entre manifestantes radicales y las fuerzas del orden.

Rusia denunció en Naciones Unidas que Occidente y en particular la Unión Europea (UE) interfiere en los asuntos internos de Ucrania, lo cual complica la crisis política en ese país. “Vemos el esfuerzo de decidir por los ucranianos y decirles el camino a seguir, lo cual no tiene nada que ver con el respeto a la soberanía”, advirtió el representante permanente ruso ante la ONU, Vitaly Churkin, en declaraciones a la prensa luego de una sesión del Consejo de Seguridad sobre los actuales sucesos en aquella nación europea.

Para el diplomático, la UE actúa como si Ucrania fuera una provincia de ese bloque, una postura similar a la mostrada durante los disturbios que llevaron a la salida del poder del presidente democráticamente electo, Víctor Yanukóvich. Vimos a políticos occidentales hablando en actos opositores y hasta marchando junto a ellos, algo bien lejos del discurso de la no injerencia que esgrimen, dijo.

El Consejo realizó esta tarde una reunión de emergencia, a puertas cerradas, por solicitud del embajador de Ucrania, Yuriy Sergeyev, a partir de la escalada de tensiones en Crimea. Churkin calificó de inaceptables las acusaciones de Sergeyev sobre una supuesta agresión rusa en esa república autónoma con costas en el Mar Negro.

Al respecto, alegó que Moscú y Kiev tienen un acuerdo sobre la presencia de la Flota del Mar Negro, con base en Sebastopol, “y estamos actuando dentro del marco de ese convenio”. En declaraciones a la prensa, la representante estadounidense en ONU, Samantha Power, propuso una misión mediadora internacional a Crimea, y aseguró que Washington estaba preocupado “por los movimientos rusos”.

Diplomáticos occidentales apoyaron la iniciativa, entre ellos el embajador británico, Mark Lyall Grant, quien opinó que tal misión “no necesitada la aprobación del Consejo de Seguridad”. De acuerdo con Churkin, cualquier mediación debe ser consultada a las autoridades locales, en lugar de ser impuesta. Ya hemos visto mucha improvisación y movimientos en falso, subrayó.

El 25 de febrero la casa del líder del Partido Comunista de Ucrania Piotr Simonenko en Kiev fue incendiada después de ser asaltada por unos veinte integrantes de la tropa de choque de los grupos ultranacionalistas. Irrumpieron en el inmueble y se quedaron allí por un tiempo, luego abandonaron la zona en dirección desconocida, y cuando se fueron comenzó un fuego que obligó a los bomberos a apagar las llamas en el segundo y tercer piso, dijeron testigos al diario Segodnia.

Representantes de medios periodísticos llegaron al escenario de los acontecimientos y comprobaron que en diferentes salas del primer piso había botellas rotas con una mezcla de gasolina y aceite, según reportaron. Resultó imposible subir al segundo piso debido a la fuerte contaminación de humo por el incendio, informó la televisión.

En tanto, el ministro interino del Interior nombrado tras la deposición del presidente Víktor Yanukóvich y la toma del Parlamento, Arsen Avakov, prometió coordinar acciones con Andrei Parubiy y los Autodefensa de Maidán para prevenir nuevos saqueos y conflictos. Avakov dijo al servicio de prensa del partido Batkivschina que es importante la preservación del equilibrio social para aquellas transformaciones que tienen lugar, sobre todo en el Parlamento, donde se aprueban leyes importantes.

Hasta el momento, hemos logrado resolver todos los conflictos de forma pacífica excepto el saqueo. Estas situaciones son inaceptables, comentó. El denominado comandante de Maidán, miembro del bloque Batkivschina, Andrei Paruby, sostuvo que su tropa de choque junto y fuerzas del Ministerio de Interior patrullan Kiev de manera conjunta.

Avanzamos poco a poco en el patrullaje conjunto en torno a Kiev, pero los oficiales de policía que dieron órdenes criminales serán castigados, dijo respecto a quienes enfrentaron los ataques de los grupos ultranacionalistas armados con bombas caseras de napalm. Se espera el arribo a Kiev del subsecretario norteamericano de Estado William Burns, en visita de dos días, que coincide con la conformación del nuevo gobierno, de unidad nacional, según rezaba el acuerdo suscrito el viernes pasado por el presidente Yanukóvich y los líderes de la oposición.

Hasta el momento, ningún integrante del Partido de las Regiones y el Comunista forma parte del gabinete que debió tener amplia representación a tono con lo pactado. Jen Psaki, portavoz del Departamento de Estado norteamericano, reiteró la víspera que Washington está listo para ayudar a Ucrania a recuperar la estabilidad económica, incluido el apoyo al nuevo Ejecutivo en negociaciones con el Fondo Monetario Internacional (FMI).

¿Intento de golpe de Estado en Ucrania?

La oposición ucraniana echó a un lado los reclamos de integración europea, que enarboló en las protestas dos meses atrás, y en un cambio de táctica, enmascara los propósitos de usurpación del poder, incluso mediante la confrontación violenta. Una semana de disturbios y enfrentamientos violentos entre manifestantes y fuerzas del orden resumen los acontecimientos políticos en Ucrania.

Los partidos Batkivschina, Udar (Golpe) y Svoboda (Libertad) han conducido las interminables vigilias en la plaza de la Independencia (Maidán) desde el 22 de noviembre pasado a una batalla campal en el centro de Kiev. Imágenes de manifestantes enardecidos lanzando petardos, piedras, botellas incendiarias y neumáticos en llamas contra los agentes antidisturbios; y centenares de heridos, caracterizan las jornadas de crispación política que vive el país centroeuropeo, a inicios de 2014.

El primer ministro Nikolai Azarov dijo ante los colegas europeos reunidos en Davos, Suiza, que los manifestantes de Maidán no son miembros de la oposición, sino militantes que quieren llevar a cabo un golpe de Estado.

La situación en Ucrania, en opinión de Azarov, debe verse como un intento de golpe de Estado. “Todos los que apoyan este golpe de Estado deben decir claramente: sí, estamos a favor del derrocamiento del gobierno legítimo en Ucrania, en vez de esconderse tras manifestantes pacíficos”, afirmó sin ambages el jefe del Ejecutivo.

Entrevistado por Prensa Latina acerca de la esencia de la crisis política actual y la actitud de los líderes opositores, el experto ucraniano Alexander Duchak aseguró que la oposición no hará concesiones de ninguna índole.

Los dirigentes opositores no retrocederán en sus planes desestabilizadores, pues tienen otras tareas, como derrocar al poder actual, y sea este bueno o malo, es un acto ilegítimo, estimó. Su tarea, especificó el analista, es cambiar el actual gobierno por el suyo. Por ello no les interesan las concesiones que podrían hacer las autoridades, éstas se tienen que ir, y es así como piensan.

Explicó el también candidato a doctor en Ciencias Económicas que el actual escenario de confrontación es el mismo diseñado en otros países con anterioridad. No hay nada nuevo en estos acontecimientos. En el caso de Ucrania se trata del tercer intento de golpe de Estado desde la década de 1990, observó.

Se logró el primer intento cuando se desplomó la Unión Soviética, luego la llamada revolución de colores en 2004, cuando usurparon el poder algunos de los políticos que son protagonistas hoy de estos hechos, y algunos otros de manera indirecta, agregó.

Duchak consideró que el hecho de que la oposición se niega a dialogar y pone condiciones para hallar una salida negociada, resulta una maniobra ya conocida con lo que ocurre en torno a Siria. Llamó la atención el experto ucraniano en que no existe a la vista una diferencia entre la orientación geopolítica del actual ejecutivo y la oposición; ambos polos, a su juicio, apuntan a la integración europea como objetivo estratégico.

En tal sentido, Duchak consideró que no hay tal confrontación. El gobierno no ha dicho que no firmará, solo anunció un aplazamiento del proceso de asociación con la Unión Europea (UE). O sea, no ha renunciado, solo lo hará más tarde, recalcó.

Lamentablemente, hizo un aparte el experto, la administración de Víktor Yanukóvich llegó al poder bajo la consigna de la integración a la Unión Aduanera y el fortalecimiento de la integración dentro de la Comunidad de Estados Independientes (CEI), pero no cumplió esas promesas. Por eso, comentó, de haber un deseo verdadero en la oposición, se hubiese conseguido un compromiso hace tiempo. Está claro por qué la oposición hace ver su desacuerdo con el aplazamiento de la firma del acuerdo con la UE.

Para el analista ucraniano, el manejo de la crisis política por Occidente solo puede definirse como una agresión política contra un Estado soberano. Advirtió en la entrevista exclusiva a Prensa Latina que las autoridades no debían permitir ninguna clase de intromisión de políticos ni de personas privadas.

Contrastó qué sucedería si los presidentes de Ucrania, Víktor Yanukóvich y de Rusia, Vladimir Putin, realizaran pronunciamientos en el centro de Berlín en favor del derrocamiento de la canciller Angela Merkel. Creo que es difícil de imaginar, aseveró. Lo que vemos es una gran multitud de políticos extranjeros que se inmiscuyen en los asuntos internos de Ucrania e intentan imponer su voluntad, extrapolar su opinión al pueblo de Ucrania.

Reconoció Duchak que en la misma línea se muestran los sucesos en la capital como si fueran la opinión del pueblo ucraniano, y en realidad cuanto ocurre en Maidán no puede decirse que es la opinión del pueblo. Explicó que aunque no guste o no convenga, se trata de un gobierno elegido por la voluntad en las urnas, con la mayoría de los votos. Por ello, hacer un llamamiento a derrocar el poder no puede interpretarse sino como una agresión política.

Se refirió a cómo suelen en Occidente hablar de supuestas presiones de Rusia contra Ucrania, y preguntó dónde están los elementos, cuáles son los mecanismos de presión usados por el Kremlin para que se adopten una u otra decisión.

No hemos visto a ningún diputado de la Duma rusa viajando por las regiones, mientras lo hacen muchos embajadores extranjeros y políticos checos, polacos, alemanes, holandeses, y no hablo ya del embajador de Estados Unidos o el canciller de Suecia, con sus declaraciones injerencistas.

Dijo el analista que personas como las que organizaron la agresión a Irak, a Libia y llevan una guerra sucia contra Siria “nos dicen ahora a nosotros qué tenemos que hacer”. “Quizás han pensado que el pueblo ucraniano es ignorante y no recuerda los acontecimientos de años recientes (la revolución de colores de 2004) y cómo acabarán estos sucesos”.

Lamentó al retornar al tema, que los medios masivos de comunicación reflejen las protestas del Maidán como si contaran con total respaldo del pueblo ucraniano, como si la mayoría de los ciudadanos creyera en eso ciento por ciento. Indicó ser real cuando señaló que se puso mucho dinero en esta campaña propagandística y guerra informativa.

Estamos conscientes que el final no será sencillo. No se descarta que estemos a las puertas de una confrontación civil, la amenaza de un conflicto armado en Ucrania es bastante elevada, advirtió el analista en temas políticos y económicos.

Crispación política e injerencia extranjera

Los episodios recientes de una nueva ola de disturbios violentos en Ucrania alejan una posibilidad de solución política a la crisis, mientras cobran fuerza los peligros de una desintegración del país y del debilitamiento de la institucionalidad. Esta semana, Kiev volvió a ser epicentro de enfrentamientos entre manifestantes radicales y las fuerzas del orden.

Fuentes oficiales dan cuenta de acciones de quebrantamiento de la ley, de nuevos intentos de ocupaciones de sedes gubernamentales, amparadas bajo una cortina de supuestas protestas pacíficas. Se reportaron al menos las dos primeras víctimas mortales entre policías.

Si en las demostraciones antigubernamentales de noviembre de 2013, la oposición enarboló el reclamo de la euro integración de Ucrania, esta etapa es un espejo de las pretensiones de sus líderes respecto al poder.

Justamente, la ola de disturbios acontece cuando el Gobierno puso en vigor la ley de amnistía que libera a los implicados en los desórdenes de diciembre pasado y se alista para discutir con las fracciones opositoras los proyectos de enmiendas a la Constitución. Se suponía igualmente que las partes hallaran una fórmula de compromiso para conformar el nuevo gabinete gubernamental, luego de la renuncia del primer ministro, Nikolai Azárov, y con ello, del resto de sus miembros.

Para muchos analistas, estos episodios tienen por objeto asestar más presión sobre el presidente Víktor Yanukóvich a fin de forzar una votación extraordinaria en el Parlamento en favor de la Constitución de 2004, aprobada en el contexto de la revolución naranja que apoyó Estados Unidos y la Unión Europea.

Al mismo tiempo, una situación de caos generalizado aceleraría la caída del Gobierno y del Presidente, y daría paso a elecciones anticipadas, dos objetivos que han dejado ver de manera velada por líderes de las fracciones Batkivschina (Patria), Udar (Golpe) y la ultranacionalista Svoboda (Libertad).

Según el politólogo Mijail Mischishin, la nueva escalada de confrontación provocada por la oposición claramente demuestra la falta de deseo de resolver el conflicto político por la vía pacífica. Contrastó que mientras las autoridades cumplieron con los compromisos asumidos en las negociaciones, la oposición montó un nuevo escenario de confrontación callejera alrededor de la Suprema Rada.

Dijo que resulta ilógica la retirada de la Alcaldía de Kiev y de otras sedes administrativas en las regiones al calor de la entrada en vigor de la ley de amnistía, ante las ocupaciones ilegales de otros ministerios, sedes gubernamentales y oficinas del Partido de las Regiones. Tales actos demuestran como mínimo falta de credibilidad y la incapacidad de negociar de los líderes opositores, afirmó el experto ucraniano.

Opinó que la oposición ucraniana no está en capacidad hoy para llegar al poder por la vía pacífica, de ahí que recurra a los métodos de fuerza a fin de usurpar el poder. El asalto al Parlamento, el terror y la violencia son los recursos que emplean los opositores para obligar a los diputados a votar por sus proyectos, resumió así Mischishin la actuación de las fracciones opositoras.

Durante la concentración del domingo pasado en la plaza de Maidán, los opositores amenazaron con iniciar una ofensiva contra la Rada si el Parlamento no satisfacía sus demandas. Solo el Maidán puede obligar a los 226 diputados a votar por el retorno de la Constitución de 2004, admitió el parlamentario opositor Viktor Balogui desde la tribuna.

El líder de la organización radical ultraconservadora Sector de Derecha, Dmitri Yarosh, convocó a las denominadas brigadas de autodefensa en Kiev y otras regiones de Ucrania a un estado de total disposición. Ese mismo partido llamó por las redes sociales a los propietarios de armas a congregarse en el Maidán y desafiar a las fuerzas del orden.

Un día antes de la nueva ofensiva de los manifestantes del Maidán, los líderes de Batkivschina, Arseni Yatseniuk, y de Udar, Vitali Klichko, viajaron a Alemania para entrevistarse con la canciller Angela Merkel y escuchar de primera mano de qué manera Berlín ayudaría a un nuevo gobierno integrado únicamente por esas fuerzas.

Según un reportaje del canal de noticias 24 horas, Klichko, el candidato favorito de la Unión Europea para futuro presidente, analizó con Merkel la posibilidad de sanciones contra funcionarios ucranianos (incluido el mandatario), en materia de visado y congelación de cuentas bancarias. Ambos dirigentes, que llevan la batuta de las protestas antigubernamentales desde noviembre de 2013, al lado del nacionalista radical Oleg Tiagnibok, se reunieron este mes de febrero con el comisario para asuntos de ampliación y política europea de la UE, Stefan Fule, en un encuentro a puerta cerrada en Kiev. Fule visitaba la capital ucraniana por segunda vez en las últimas dos semanas, tras la presencia de la jefa de política exterior comunitaria, Catherine Ashton, a fines de enero.

También los políticos celebraron consultas con la subsecretaria norteamericana de Estado Victoria Nuland, quien retornó a Kiev en otra “misión mediadora”, para abordar sin ambages la candidatura de los futuros líderes del país centroeuropeo. Ni Washington ni Bruselas ocultan sus preferencias hacia la oposición ucraniana y las intenciones de querer ver en el sillón presidencial a un gobernante proclive a los intereses occidentales.

En relación con el involucramiento externo en la crisis, el periódico Segodnya (Hoy) comentó en un reciente artículo que Occidente estaba listo a conceder a Ucrania 20 mil millones de dólares a cambio de una fórmula “ideal” para el nuevo gabinete, o de lo contrario, a meter en cintura a los dirigentes ucranianos con sanciones.

La llamada cuestión ucraniana no se va de la lengua de los políticos occidentales, apunta el rotativo y cita comentarios del portavoz del Departamento norteamericano de Estado, Jen Psaki, sobre la “ayuda” de Washington no sólo con la mediación en las negociaciones entre el Gobierno y la oposición, sino también con las finanzas. Se hace la salvedad de que el préstamo llegaría solo tras la conformación del nuevo gabinete de ministros y antes de las elecciones presidenciales, como reclaman los opositores.

Mientras tanto, la oposición persiste en su forcejeo con el Ejecutivo y se niega a negociar la candidatura del primer ministro hasta que el Parlamento no modifique la Ley Fundamental. Para el analista ruso Andrei Okara, un escenario posible en el desarrollo de los acontecimientos en Ucrania es la continuidad del estancamiento.

La oposición continúa reticente a un compromiso con el Partido de las Regiones para modificar la Constitución, pero tampoco podrá obligar a los diputados a aceptar la Ley Básica de 2004, y en consecuencia, el Gobierno no podrá nombrar a un jefe de gabinete. Otros expertos barajan las variantes de que las Regiones, con mayoría parlamentaria, imponga un candidato suyo, y como resultado se atomice la crisis.

No se descarta que una nueva mayoría en la Rada pueda conformarse y dé paso a la Constitución de 2004. De cualquier manera implicaría un escenario de confrontación. Unido a ello, el nivel de crispación y la presencia de elementos extremistas en el conflicto -que se sienten respaldados por Occidente- plantean serias amenazas a la integridad de Ucrania y al orden institucional.

Ilegitimidad eclipsa nuevo gobierno ucraniano

El 28 de enero renunció a su puesto el primer ministro ucraniano Nikolai Azarov, en medio de las presiones de la oposición. Azarov expresó que adoptó la decisión personal y pidió al presidente Víktor Yanukóvich aceptar su renuncia al frente del gabinete de ministros con el fin de propiciar condiciones y posibilidades para hallar un compromiso político de cara a una solución pacífica del conflicto en su país.

El anuncio coincidió con la celebración de una sesión extraordinaria de la Suprema Rada (Parlamento) en la que examinaría una eventual remoción del gabinete de ministros, una de las demanda de la oposición, cuyas protestas cuentan con el apoyo de Estados Unidos y de la Unión Europea.

Azarov dijo en su comunicación que el Ejecutivo hizo todo en pos de un arreglo pacífico desde el inicio de la confrontación, que lideran los partidos opositores orientados hacia Occidente y a la integración europea a ultranza. Hicimos y hacemos lo máximo para impedir un baño de sangre, una escalada de la violencia y el quebrantamiento de los derechos de los ciudadanos.

El Gobierno garantizó el funcionamiento de la economía y el sistema de protección social en situaciones extremas, afirmó Azarov. Subrayó que en los últimos y difíciles años hizo todo en pos del desarrollo normal de Ucrania como un estado democrático europeo. Adopté la decisión y asumí la responsabilidad en interés del pueblo de Ucrania y por ello puedo mirar con toda honestidad a cada ciudadano y a cada connacional, enfatizó el exjefe de gabinete.

Insistió el también dirigente del partido de las Regiones en que lo más importante hoy es garantizar la integridad de Ucrania y preservar la unidad de la nación, ante el peligro de una fragmentación y guerra civil, originada por la confrontación de la oposición en su intento de tomar el poder por la fuerza.

Azarov encabezó el Gobierno desde marzo de 2010, cuando el presidente Yanukóvich ganó las eleccciones en la segunda ronda, en medio de fuertes presiones externas y el apoyo de Occidente a la candidata y ex primer ministra Yulia Timoshenko. En la nota del Ejecutivo divulgada al mediodía de este martes, las autoridades advirtieron de que la situación de crispación política que vive Ucrania amenaza seriamente a la economía, al progreso social y a la sociedad en su conjunto.

El recién conformado gobierno ucraniano respaldado por una coalición parlamentaria no inclusiva, emergió eclipsado por la ilegitimidad de las nuevas autoridades, la inestabilidad interna, suspicacias y la impronta de Occidente. La cúpula política encabezada por el presidente designado por la Suprema Rada (Parlamento), Alexander Turchinov, segundo del partido Batkivschina, usurpó los principales resortes del Poder Ejecutivo y Legislativo del país con apoyo de las brigadas de autodefensa y los sectores extremistas y ultranacionalistas.

Un día después de suscrito el acuerdo entre el presidente elegido Víktor Yanukóvich (2010) y los líderes de la oposición, el 21 de febrero último, para supuestamente estabilizar la situación política interna, Batkivschina y sus aliados Udar (de Vitali Klichko) y la nacionalista Svoboda dieron un giro radical a los acontecimientos con la toma de la Rada y la destitución de Yanukóvich.

En cuestión de horas, la nueva “mayoría” parlamentaria puso en vigor la Constitución de 2004, en tácito desconocimiento de la avenencia que establecía un proceso gradual de reformas constitucionales, y fijó elecciones presidenciales anticipadas para el 25 de mayo. Rusia persiste en la postura de reconocer como único interlocutor legítimo al presidente Yanukóvich, en tanto las nuevas autoridades y sus decisiones son de dudosa legitimidad.

En reciente comunicado, la Cancillería advirtió que en Ucrania se formó un “gobierno de los vencedores”, que incluyó a representantes de los sectores nacional-extremistas. Quedaron en el olvido los acuerdos para llevar a cabo investigaciones conjuntas sobre los actos de violencia y crear un gobierno de unidad nacional, indicó la nota.

En sentido contrario, y a tono con la posición injerencista que asumió Estados Unidos desde el inicio de la crisis política en ese país de abierto apoyo (político y financiero) a la oposición antigubernamental, el vicepresidente John Biden expresó que la Casa Blanca apoyaba al nuevo gobierno ucraniano. Al mismo tiempo, el Departamento de Estado hizo ver también el interés de mediar en torno a la situación con Crimea, cuyo Gobierno y Parlamento no reconocen tampoco la legitimidad de las autoridades de Kiev.

El representante de la Comisión Europea Olivier Bailly corroboró el reconocimiento de la jefatura comunitaria al ejecutivo encabezado por Arseni Yatseniuk y dijo que el bloque estaba dispuesto a trabajar con ese gabinete. No respondió, sin embargo, a la pregunta de si la Unión Europea ya estaba lista a firmar el acuerdo de asociación con Ucrania, una de las metas principales de las tres fracciones ahora en el poder, y que fue aplazado por el entonces primer ministro Nikolai Azarov, el 21 de noviembre pasado por considerar las condiciones lesivas a la seguridad nacional y a la economía ucraniana.

Ayer, Yanukóvich reiteró que sigue siendo el presidente legítimo de Ucrania, que no reconoce su destitución decretada por un parlamento ilegítimo, y tachó de espurias a las autoridades en el poder, respaldas por elementos fascistas. Igualmente, en un segmento de su intervención en la rueda de prensa, celebrada en Rostov del Don, ciudad del sur de Rusia, afirmó que los responsables de lo ocurrido en su país ante el pueblo ucraniano son los representantes de Occidente, que apoyaron al Maidán.

Calificó de terrible lo que acontece con la participación de personas armadas. Supongo que el guion de este espectáculo no fue escrito en Ucrania, resaltó enfático en alusión a Estados Unidos y a los gobiernos europeos, implicados directamente en la crisis política interna.

El analista Konstantin Bondarenko consideró al recién conformado gabinete como un gobierno populista en tanto muchos de los ministerios fueron cedidos como trofeo a algunos políticos.

Vemos, de otro lado, la usurpación del poder por una única fuerza, Batkivschina (el partido de la ex primera ministra Yulia Timoshenko), que tiene todo el mando. Es el gobierno de Batkivschina y de aquellos que incluyó como sus aliados, sentenció Bondarenko.

En opinión del politólogo ucraniano Evegeni Kopatko, muchos connacionales están dispuestos a respaldar a Yanukóvich ya que no creen legítimas a las nuevas elites políticas.

Hay demasiados ucranianos que aprecian críticamente los planteamientos denunciados por Yanukóvich. Muchas de esas cuestiones formuladas por él son evidentes, sobre todo en relación con la usurpación ilegítima del poder y los hechos directamente asociados, observó Kopatko.

Insistió el también sociólogo, que no se trata del Presidente, sino de la desconfianza y el descrédito de los representantes de la élite ante la población.

De otro lado, la inclusión del partido nacionalista Svoboda en las filas del Ejecutivo y en el control de los cuerpos de seguridad del país ha planteado suspicacias acerca del carácter de ese Gobierno.

El nombramiento de Igor Teniuj, de Svoboda, como ministro de Defensa no puede de ninguna manera interpretarse como una orientación pacífica del nuevo gabinete ucraniano, manifestó el experto Stanislav Byshok.

Byshok recordó que durante las protestas del Maidán, Teniuj llamó al Ejército a la desobediencia de los decretos de Yanukóvich y a pasarse a las filas de los manifestantes opositores. Es además uno de los fervientes contrarios a la presencia de la Flota rusa en Crimea.

* Jefa de la corresponsalía de Prensa Latina en Rusia.