La Habana (PL).- Cuba conmemora este Primero de enero el aniversario 55 del triunfo de la Revolución encabezada por Fidel Castro y, junto al recuento de los avances, enfrenta el futuro con la actualización del modelo económico y social establecido tras el derrocamiento de la dictadura de Fulgencio Batista. Cuba cerró el año 2013 con la menor mortalidad infantil y materna de su historia, y con gran parte de los Objetivos de Desarrollo del Milenio cumplidos.

El presidente Raúl Castro, un sobresaliente jefe de la guerrilla que liquidó el 1 de enero de 1959 al régimen imperante desde marzo de 1952, expresó recientemente que el proceso continuará “sin prisas, pero sin pausas, a pesar de varias exhortaciones con sanas intenciones y otras que definitivamente no lo son”. Ni nosotros, la llamada dirección histórica de la Revolución, ni las nuevas generaciones permitiremos que se pierda la obra de la Revolución, no habrá espacio para someter a nuestro pueblo a los efectos de los fallidos paquetes de ajuste que condenan a la miseria a las grandes mayorías, dijo ante el parlamento de su país.

En Cuba revolucionaria, advirtió, nunca admitiremos terapias de choque como las que estamos viendo en la rica y llamada culta Europa, que sumirían al país en un climas de división e inestabilidad, que sirva de pretexto para aventuras intervencionistas contra la nación.

En la madrugada del 1 de enero de 1959 una flotilla de cuatro aviones, con Batista y sus allegados a bordo, salió del capitalino campamento de Columbia, la principal instalación militar del país, con destino a República Dominicana, donde fue acogido por su colega Rafael Leónidas Trujillo. Una exitosa ofensiva de la guerrilla dirigida por Fidel y Raúl Castro, en la antigua provincia de Oriente; y de Ernesto Che Guevara y Camilo Cienfuegos, en el territorio central de Las Villas, liquidó un régimen que dio muerte a unas 20 mil personas.

El ex general había derrocado al presidente Carlos Prío Socarrás, el 10 de marzo de 1952, cuando se preparaban unas elecciones generales, en las cuales no tenía ninguna posibilidad de ser electo. Mientras los partidos políticos opositores aceptaron con pasividad el rompimiento del orden constitucional, Fidel Castro comenzó a organizar un movimiento insurreccional que, el 26 de julio de 1953, fracasó al intentar ocupar la segunda fortaleza militar del país, con un centenar de jóvenes.

Condenado a 15 años y amnistiado por presión popular, marchó a México en mayo de 1955, de donde regresó el 2 de diciembre de 1956 en el yate Granma para iniciar la lucha guerrillera que, en diciembre de 1958, hacía imposible la permanencia del tirano en el poder. El gobierno de Estados Unidos, que brindó a Batista apoyo económico y militar desde el primer momento, al final comprobó que la suerte de éste estaba echada y comenzó a buscar una solución que no fuera la victoria rebelde.

Con ese propósito el embajador estadounidense en La Habana, Earl T. Smith, le comunicó el 17 de diciembre de ese año que “el Departamento de Estado miraba con escepticismo cualquier plan o intención de su parte que significara permanecer indefinidamente en Cuba”. En su libro “El cuarto piso”, el ex embajador reconoce que “los Estados Unidos, diplomática, pero claramente, le había dicho al presidente de la República que debía irse de su propio país”.

Smith revela que le recomendó “una ordenada transmisión de poderes” y Batista, a partir de esa conversación, comenzó a maniobrar para proteger su partida y los intereses que él representaba, mediante la formación de una junta militar que impidiera el triunfo rebelde. En una reunión con el jefe del Estado Mayor Conjunto, mayor general Francisco Tabernilla, y otros altos oficiales, el gobernante les ordenó que buscaran “una solución nacional”.

Tabernilla dispuso que el general Eulogio Cantillo, jefe de Operaciones en Oriente, pidiera una entrevista a Fidel Castro, en la cual el alto oficial se comprometió a iniciar un movimiento militar el 31 de diciembre que depusiera a Batista y diera apoyo incondicional a la victoriosa guerrilla. El hoy líder histórico de la Revolución informó el 1 de enero en Santiago de Cuba, tras la rendición de la ciudad luego de la fuga del tirano, que Cantillo incumplió su palabra al participar en la formación de una junta en La Habana, al frente de la cual situaron al magistrado más viejo del Tribunal Supremo de Justicia, Carlos Manuel Piedra.

Aquella efímera junta cívico-militar, con Cantillo como jefe del Estado Mayor del Ejército, murió prácticamente al nacer pues incluso el pleno del máximo tribunal se negó a legitimarla por su carácter espurio. Fidel Castro denunció que esa maniobra, la cual calificó de golpe ambicioso y traidor, se dio de acuerdo con Batista para dejarlo escapar. “¡Revolución, sí; golpe militar, no!”, exclamo ese propio día en alocución radial.

El contundente rechazo del jefe guerrillero paralizó la acción y Cantillo, en un último intento mandó a buscar a Isla de Pinos, al sur de esta capital, a militares presos por una conspiración el 4 de abril de 1956, y le entregó el mando del ejército al coronel Ramón Barquín. Este oficial tampoco pudo controlar la situación y el 2 de enero Camilo Cienfuegos ocupó el campamento de Columbia, donde en la noche del 31 de diciembre Batista dio los últimos toques a un plan que consideraba salvador.

Los cubanos despertaron el primer día del año 1959 sin conocer que el dictador se había marchado furtivamente en horas de la madrugada anterior, y con la sorpresa de ver en las calles a jóvenes revolucionarios que se apoderaron de estaciones de policía y dependencias oficiales. Fue el periodista Carlos Lechuga el primero en dar la noticia de la fuga, a las 10 de la mañana por el canal 2 de televisión. Antes las emisoras radiales solo se habían referido a “trascendentales hechos que estaban ocurriendo”.

Salvo algunos combates esporádicos con elementos paramilitares en lugares céntricos de La Habana, la normalidad imperó tanto en la capital como en el interior del país, donde las milicias rebeldes tomaron el control. El panorama capitalino fue descrito por la popular revista Bohemia de la siguiente forma: La ciudad se volcó a las calles, tanto tiempo ausentes del calor popular; repicaron las campanas y de los balcones y ventanas colgaron banderas cubanas y la enseña rojo y negra del M-26-7 (Movimiento 26 de Julio, la organización que dirigía Fidel Castro). “(…) un ejército civil se había adueñado de la calle, frustrando toda posibilidad de un contragolpe y anulando las posibilidades políticas de la traición de Eulogio Cantillo”, comentó la Sección en Cuba, la más importante de la publicación.

Mientras esas acciones se desarrollaban en La Habana, Fidel Castro entraba en Santiago de Cuba y en su primer discurso tras el triunfo dijo que “la Revolución empieza ahora (…) no será una tarea fácil (…) será una empresa dura y llena de peligros, sobre todo en esta etapa inicial”. Más de medio siglo después de esa advertencia, en el país se desarrolla un proceso de actualización del modelo económico y social, que busca consolidar lo alcanzado y avanzar mediante nuevas formas de gestión, sin renunciar al socialismo.

Logros y retos de la Revolución: razones para celebrar

A 55 años del triunfo de la Revolución, Cuba se encuentra inmersa en la actualización de su modelo socio-económico, proceso diseñado para garantizar la continuidad y el fortalecimiento del sistema socialista adoptado en la isla. La victoria del 1 de enero de 1959 y el inicio de una etapa de transformaciones pusieron fin a un sistema favorecedor de elites políticas y económicas a fin de comenzar a crear un país abocado al beneficio de la mayoría de la población.

El nuevo gobierno se propuso superar la pobreza heredada de más de 400 años de colonialismo, y una de las primeras medidas fue la Ley de Reforma Agraria, que proscribió el latifundio con la nacionalización de las propiedades de más de 402 hectáreas y entregó la tierra a decenas de miles de campesinos. Le siguieron otras, entre ellas una campaña que en poco más de un año convirtió a Cuba en el primer territorio libre de analfabetismo de América Latina.

Cifras oficiales indican que en 1959 solo había en el país caribeño 25 mil titulados, faltaban escuelas para más de medio millón de niños, 10 mil maestros estaban sin trabajo; era casi inexistente la enseñanza media y un 30% de los cubanos no sabía leer ni escribir. En cambio, el curso escolar 2012-2013 arrancó en septiembre con una matrícula estimada de dos millones de estudiantes, y entre los centros educativos abrieron sus puertas 60 universidades. Las políticas emprendidas desde el propio 1959 hacen posible que Cuba muestre hoy logros de cara a los objetivos de Naciones Unidas para 2015.

El socialismo seguirá en la isla, y el propósito es que sea próspero y sustentable, según los lineamientos aprobados por el Partido Comunista de Cuba y que marcan el proceso de cambios en la nación caribeña. Se trata de otro momento histórico en el proceso revolucionario cubano, que se ha sustentado en la unidad de la nación y en la resistencia a la hostilidad de sucesivas administraciones de Estados Unidos.

Llegar hasta aquí no ha sido fácil. Cuba ha soportado el bloqueo más largo de la historia, por el cual se le niegan inversiones, financiamiento, avances tecnológicos, medicinas y alimentos. Los cubanos han pagado además un alto precio: más de tres mil murieron y una cifra similar resultó herido o incapacitado por actos terroristas financiados y apoyados desde territorio estadounidense.

Ataques armados, sabotajes, atentados a los líderes de la Revolución, agresiones biológicas, planes de subversión interna y de aislamiento externo formaron parte del arsenal contra la pequeña isla caribeña. Pero nada de esto desvió un milímetro la trayectoria del proceso cubano que convirtió cuarteles en escuelas, impulsó la reforma agraria, liquidó el latifundio y nacionalizó sectores vitales de la economía.

No fue casual que el líder histórico de los cubanos Fidel Castro declarara en abril de 1961 el carácter socialista de la Revolución, en vísperas de la invasión mercenaria por Bahía de Cochinos cuya derrota fue calificada aquí como la primera derrota del imperialismo yanki en América Latina. Desde entonces la ruta ha estado preñada de obstáculos, pero también de avances y conquistas que hoy, en medio de dificultades económicas, se mantienen y el propósito es hacerlas más eficientes.

Cuba cerró el año 2013 con la menor mortalidad infantil y materna de su historia, obra de un sistema de salud pública que no solo llega a todos los confines del país, sino que se extienden a numerosas naciones. La mayor de las Antillas está entre los 50 países con mayor proporción de personas con 60 años o más, lo cual es interpretado como resultado de la política de desarrollo social y derechos humanos.

Gran parte de los Objetivos de Desarrollo del Milenio están cumplidos en esta tierra, cuya vecindad con la mayor potencia del planeta resulta espada de Damocles, en particular por la política de bloqueo. Aún así, sus índices le sitúan como un país de alto desarrollo humano, que ocupa el lugar 51 entre 187 países.

Por su parte la Organización de Naciones Unidas para la Educación y la Cultura (Unesco) coloca a Cuba en el lugar 14 en el mundo en su Índice de Desarrollo de la Educación para Todos. De un país monoproductor de azúcar de caña, la economía cubana se sustenta más en su capital humano, especialistas en salud, educación y otros que hacen de los servicios la fuente más importante de ingresos.

Las transformaciones apuntalan a la empresa socialista como la piedra angular del sistema económico, pero abren espacios a otras formas de producción que incluyen las cooperativas y el trabajo por cuenta propia. Una particularidad es que los más de 400 mil trabajadores cuentapropistas tienen asegurada la seguridad social, a diferencia de otras naciones donde los que viven de la llamada economía informal carecen de esas prestaciones.

La actualización de la política migratoria, el nuevo Código del Trabajo, la creación de la Zona de Desarrollo Especial del Mariel (al oeste de aquí), la entrega de tierra en usufructo, son algunas de las medidas y pasos de los cambios sin pausa, pero sin prisa que tienen lugar en la isla. Al propio tiempo, el marco legal e institucional del país para la actualización del modelo económico se construye sobre la base de la justicia social y la solidaridad.

Vinculado a todo este quehacer, Cuba consiguió este año importantes avances en la renegociación de su deuda externa, en particular el acuerdo con Rusia respecto a la condonación del débito existente con la antigua Unión Soviética. El presidente Raúl Castro ha sido enfático en la posición de principios de honrar los compromisos financieros del país, cuya credibilidad en la materia ha remontado y abre nuevas posibilidades de inversiones y financiamiento.

Según las autoridades, los dos próximos años serán decisivos para el proceso de actualización, con la consolidación de experimentos y la aplicación de otros, incluidos los primeros pasos para la unificación monetaria y cambiaria que permitirá mejores controles de los parámetros de la economía.

Derechos Humanos: una obra en Cuba

Seguridad social, respeto a la identidad de género y libertad religiosa son sólo algunas de las garantías fundamentales que a juicio de cubanos y organizaciones del mundo se erigen principios en esta nación caribeña. El camino transitado por los nacidos en este país desde el triunfo de la Revolución en enero de 1959, abrió las puertas a una sociedad regida por una institucionalidad cuyo hilo conductor -apuntan expertos- reside en la unidad.

Tal realidad no asombra, toda vez que, en la historia de Cuba, las divisiones acontecidas en ciertos momentos de las guerras de independencia o durante la primera mitad del siglo XX dieron al traste con propósitos como la soberanía del país. El propio Héroe Nacional, José Martí, advertía la necesidad de alcanzar esa cohesión y creaba en 1892 el Partido Revolucionario Cubano para aunar fuerzas en torno a la contienda libertadora de 1895, denominada también Guerra Necesaria.

Por eso José Luis Toledo, presidente de la Comisión de Asuntos Constitucionales y Jurídicos de la Asamblea Nacional del Poder Popular afirmó recientemente que el principio esencial de la institucionalidad democrática en Cuba es la unidad del poder. Sin embargo, precisó, se reconocen y respetan constitucionalmente las distintas funciones dentro de la organización del Estado, es decir, la ejecutiva, la legislativa y la judicial.

Acerca del Partido único (Partido Comunista de Cuba) existente en la isla, el diputado refirió que constituye un elemento esencial y expresión de ese sentimiento de unidad de los cubanos, “que no se debe confundir con la unanimidad de criterios”. Una muestra de ello radica en la participación popular como elemento fundamental en la toma de decisiones dentro del Estado, lo cual Toledo ejemplificó con el amplio proceso de consulta popular realizado con vista a la aprobación de un nuevo Código Laboral.

En un panel que incluyó a expertos de otras instituciones, el parlamentario consideró que toda la organización institucional de la nación antillana está seriamente empeñada en salvaguardar los derechos fundamentales. Tales garantías contemplan no solo las ya mencionadas, sino aquellas relativas a la salud y la educación, cuyo acceso es gratuito, la lucha por la equidad de género, y el derecho al trabajo y a la seguridad social.

José Barreiro, asesor de la Ministra de Trabajo y Seguridad Social, resaltó por su parte que el Gobierno de la isla garantiza el derecho al trabajo y a la protección a las personas incapacitadas para ejercer una labor. El especialista destacó que un millón 670 mil personas aproximadamente son protegidas por el sistema de seguridad social, y que más del 70% de la fuerza técnica en el sector estatal es femenina, una evidencia del lugar que ocupan ellas en la sociedad.

En ese mismo sentido, aludió a la inexistencia de discriminación por razones de género o color de la piel en el trabajo, así como a la igual remuneración de hombres y mujeres. Otro de los ámbitos en los que Cuba expone logros, según el director de la Biblioteca Nacional, Eduardo Torres, reside en las políticas culturales. La creación del Sistema Nacional de Bibliotecas Públicas, las facultades obrero-campesinas, las escuelas de arte y el hecho de trabajar por que en toda comunidad del país exista una vida cultural activa figuran entre los ejemplos.

Con relación al respeto a la libre orientación sexual, el jefe del equipo de asesoría jurídica del Centro Nacional de Educación Sexual, Manuel Vázquez, calificó de destacable la clara voluntad política del Estado de avanzar en este sentido. Aludió a la ampliación en la isla de los espacios de debate, reflexión y diálogo en torno al tema, en un clima de inclusión y respeto, y a la atención integral en materia de salud a las personas transexuales, otro de los aspectos positivos, según consideró. Por su parte, el presidente del Consejo de Iglesias de Cuba, Joel Ortega, al aludir a la libertad religiosa, aseguró que la iglesia de este país es una de las que más ha crecido en los últimos años, y que cuenta con facilidades para su funcionamiento.

En opinión del diplomático de la isla Luis Amorós, la obra cubana en materia de derechos humanos tiene amplio reconocimiento internacional, a pesar de que Estados Unidos trata de presentar una imagen diferente del país. El jefe del departamento de Asuntos Sociales de la Dirección General de Asuntos Multilaterales de la Cancillería aludió en conversación con Prensa Latina a la presentación de Cuba ante el grupo de trabajo del Examen Periódico Universal del Consejo de Derechos Humanos, el 1 de mayo último.

Señaló que, de los 130 países participantes, más de 100 reconocieron que La Habana presentaba una situación muy positiva en esa área, no solo por la realización de estas en Cuba, sino por su contribución en otras naciones. Asimismo, muchos Estados consideraron que el bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Washington desde hace más de medio siglo constituye el principal obstáculo para esos derechos.

El prestigio cubano se evidencia también en la elección de la isla al Consejo de Derechos Humanos para el período 2014-2016, y el reconocimiento a la labor en cuanto a los derechos de las féminas en el Comité contra todas las formas de discriminación de la mujer. Aunque tergiversada por las transnacionales de la información, la realidad de Cuba ha podido sortear escollos y salir a la luz para mostrar la obra y los desafíos de este país en el ámbito de las garantías fundamentales.

* Guerrero es editor de Prensa Latina; González Peña, Arias Sosa y Oramas Leon son periodistas de la Redacción Nacional.