Y en efecto, así es como se puede leer el resultado de las elecciones internas para delegados del partido de gobierno (que van elegir el nuevo CEN) realizadas el 8 de diciembre. Y es que ninguna tendencia política se impuso y primo la protesta de las bases nacionalistas contra los congresistas actuales (por su falta de identidad e incapacidad para posicionar el PNP), y el gobierno de Ollanta (menos del 3% de los afiliados participaron).

Al parecer, Nena Escalante (directora de gobierno interior) movió todo su aparato logrando obtener solo algunos delegados en Ancash (tierra de Otárola), Piura y Tumbes (con Gumercindo Contreras), etc. Werner Cabrera gano en Cajamarca. En Tacna, fueron las bases nacionalistas las que impusieron su delegada Amalia Espinoza en contra de los congresistas Juan Pari y Natalie Condori. En Moquegua fue elegido el ex sindicalista, senador y trotskista Hernán Cuentas. Y en Ica, gano Carlos Aguirre, delegado de bases. En Apurímac, gano Leopoldo Cuadros un delegado también de bases. En Juliaca, ganó César Vilca Achata, delegado de Susana Vilca (ex viceministra del MEM, jefa actual de INGEMET y dueña de concesiones mineras).

En la capital, Lima, gano la corriente “progresista” del ex coordinador Olivera (que apoyo a Susana Villarán) con Guillermo Cabrera a la cabeza. Luego están Alfonso Milla, quién tiene una posición más “institucionalista”, y Julio Álvarez, alfil de Fredy Otárola (éste se alió en Lima con la mayoría de secretarios distritales oportunistas de derechas odiados por las bases).

Como decimos al principio, un dato interesante de estas elecciones es que solo asistieron a votar menos del 3% del padrón de afiliados (que bordea los 265 mil ciudadanos, 150 mil inscritos según el JNE). Para un partido que está en el gobierno esta cifra manifiesta una crisis política.

Algunos señalan que no existe vida partidaria democrática e institucionalizada y que solo el voto obligatorio podría mover a las bases. Y en efecto, el dirigente Raúl Castro, fue elegido presidente del PPC, con 470 votos (su adversarioJuan Carlos Egurenalcanzó los 458), en las elecciones pasadas. Algo similar podríamos decir de las elecciones internas en el APRA. Sin embargo, en el 2008, en las elecciones internas del PSUV en Venezuela, participaron 2.5 millones de activistas, para elegir sus candidatos a alcaldes y consejeros. Claro que el PSUV era y es gobierno. Pero, ¿No debería pasar lo mismo en Perú con una mayor tradición de militancia política partidaria?, ¿Será solo una cuestión de chamba?

Lo que parece es que por más que algunos “socialistas por la patria” dentro del nacionalismo no lo quieran ver, el PNP, está en descomposición y a la derecha del movimiento popular que voto por la gran transformación el 05-06-11. Por tanto, hay un desencantando y ruptura de las bases con el gobierno de Ollanta (que se expresa de algún modo en la elección de Guillermo Cabrera, Alfonso Milla y de otros delegados en mayoría de provincias).

Por eso, ni se movilizaron cuando Ollanta planteo, a comienzos de año, el fortalecimiento de Petroperú generando la histeria de la derecha. Y ahora está tan a la derecha que la CONFIEP y el FMI aplauden al nacionalismo por continuar con el tercer piso de las políticas neoliberales (reformas estructurales como Ley Servir, neutralización de Ley de Seguridad y Salud y de Consulta Previa, profundización de TLCs quebrando la industria textil y de calzado, salarios pobres, entrega del territorio nacional al gran poder minero transnacional, privatización de Petroperú, etc.).

Así las cosas, esta crisis orgánica es una expresión de la crisis política, y por tanto, un adelanto de la ruptura de las bases con Ollanta y el PNP (que hasta ahora viene siendo pasiva).

No cabe duda que estas elecciones generaron entusiasmo en los rezagos de las bases nacionalistas que participaron con la expectativa de democratizar el partido y plantear sus ideas para las elecciones 2014. No obstante, la alegría les durará poco, porque, por un lado, la burocracia no permitirá miembros de las bases en el CEN (tampoco de Otárola), sino a gente como Nena Escalante (que probablemente sea la conducción de la AND) y Nadine como presidenta. Y por otro, porque no hay indicios que la familia palaciega quiera girar a la izquierda. Y es que para afirmar su giro irreversible a la derecha necesitan gente sin criterio propio y por tanto geishas.