Washington, Londres, Berlín, Wellington y Varsovia (PL y Bolpress).- Cada vez es más evidente que el calentamiento global tiene mucho que ver con los fenómenos meteorológicos especialmente fuertes o intensos, concluye un reciente estudio coordinado por la Universidad de Harvard. Según los expertos reunidos en la Cumbre de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (COP19), las altas temperaturas en la atmósfera y los océanos provocan fenómenos extremos como el devastador tifón en Filipinas, el más intenso de 2013.

Temperaturas extremas, intensos ciclones tropicales, extensas áreas de sequía e incremento de precipitaciones son algunos de los impactos que ya sufre el planeta. El clima es esencialmente la distribución estadística de las variables meteorológicas (temperatura, precipitaciones, humedad del aire), o rasgos generales (calor frío, sequedad, lluvia), que se dan en una región durante un periodo de tiempo, normalmente 30 años de datos observacionales, explican los investigadores de la Universidad norteamericana de Harvard.

Un examen cuidadoso de los recientes acontecimientos meteorológicos muestra como los casos extremos, que antes se daban con una frecuencia de uno en 100 años, ahora suceden en uno de cada 20 años o menos, indica el documento elaborado por científicos de Harvard en coordinación con la Academia Nacional de Ciencias y la Universidad de Columbia.

Las series de datos temporales no son suficientemente largas como para proporcionar la certeza estadística que uno desearía, pero los resultados son sugerentes, precisa el estudio y destaca, además, el incremento de tormentas individuales acompañadas de intensas precipitaciones, así como el mayor número de sequías. En cuanto a los ciclones tropicales en el Atlántico Norte, los huracanes, los datos apuntan hacia menor número de ellos cada año, pero de mayor intensidad.

La investigación refleja el incremento significativo de las condiciones meteorológicas extremas en la última década. Todo esto es congruente con una atmósfera más húmeda y más templada debido al desequilibrio radiactivo inducido por los gases de efecto invernadero.

Corroborando la tesis anterior, un informe de 18 equipos de investigación de diversas partes del mundo concluyó que el cambio climático global causó la mitad de los eventos meteorológicos extremos acaecidos en 2012. Los autores analizaron en su trabajo, publicado en el Boletín de la Sociedad Meteorológica Estadounidense, las causas específicas de 12 eventos meteorológicos extremos que ocurrieron en los cinco continentes y el Ártico el año pasado.

Los análisis revelaron evidencias incuestionables de que el cambio climático antropogénico, a través de la emisión de gases de efecto invernadero a la atmósfera, contribuyó de manera significativa a la evolución e intensidad de los fenómenos extremos. Los especialistas tuvieron en cuenta el fuerte aumento de las temperaturas en Estados Unidos, el récord en el grado de deshielo del Mar Ártico, y las intensas lluvias en el norte de Europa y la zona oriental de Australia.

Investigaciones previas asociaron los eventos climáticos extremos con el aumento de la temperatura global, pero se desconocían los mecanismos subyacentes. No obstante, expertos del Instituto para Investigación del Impacto del Clima en Alemania relacionaron dichos fenómenos climáticos, como la ola de calor en Europa en 2003, con la desaceleración de flujos de aire en el hemisferio norte a causa del aumento de la temperatura global.

Las corrientes que conducen aire caliente del trópico al girar hacia el norte y traen aire frío desde el ártico al virar al sur, al parecer, se desaceleraron con mayor frecuencia en los veranos boreales recientes, concluyó la investigación que abarcó 32 años, y cuyos resultados fueron publicados en la revista Proceedings of the Nacional Academy of Science.

De acuerdo con el estudio, durante recientes eventos climáticos extremos, como la ola de calor en Estados Unidos en 2011, esos flujos casi se detuvieron por semanas, por lo que en vez de traer aire frío luego de conducir aire caliente previamente, el calor se quedó, explicó Vladimir Petoukhov. El experto precisó que una diferencia en la temperatura en el polo norte y regiones del sur es el detonante de los flujos de aire que se extienden entre 2.500 y cuatro mil kilómetros.

Aumento de temperaturas en océanos altera los ciclos de gases tóxicos

El sitio web de la National Geografic apunta que a lo largo del siglo pasado el calentamiento global ocasionado por las actividades humanas que emiten dióxido de carbono generó un aumento aproximado de 0,6 grado Celsius en la temperatura media del planeta. Esto se tradujo en un incremento de 0,1 grado Celsius en los océanos, calentamiento desde la superficie hasta una profundidad de alrededor de 700 metros, donde habita la mayoría de la fauna y flora marinas.

Un reciente estudio publicado en la revista científica Nature Climate Change reveló que el aumento de la temperatura de los océanos altera los ciclos naturales de dióxido de carbono, nitrógeno y fósforo, además de afectar de forma directa el mantenimiento del ecosistema del plancton. El fitoplancton, incluyendo las microalgas, elimina naturalmente de la atmósfera la mitad del dióxido de carbono.

Los especialistas estudiaron el fitoplancton, organismos microscópicos similares a las plantas que dependen de la fotosíntesis para reproducirse y crecer. Desarrollaron modelos en ordenador para crear un ecosistema global que tenga en cuenta las temperaturas mundiales al mar y 1,5 millones de secuencias de ADN de plancton tomadas de muestras o datos bioquímicos. De esta forma, evidenciaron que la temperatura juega un papel fundamental en el impulso de los ciclos de los productos químicos en las microalgas marinas.

El artículo señala que bajo temperaturas más cálidas, las microalgas marinas no parecen producir tantos ribosomas como a temperaturas más bajas. Los ribosomas se unen a los bloques de construcción de las proteínas en las células y son ricas en fósforo. Si estas sustancias se reducen, provocará mayores ratios de nitrógeno en comparación con el fósforo, aumentando la demanda de nitrógeno en los océanos.

Según los expertos, este proceso a la larga conducirá a una mayor prevalencia de algas verdiazules llamadas cianobacterias las cuales fijan nitrógeno atmosférico. De ahí la importancia del fitoplancton para el control climático, el cual crea además suficiente oxígeno para cada respiración que se realiza.

Ciclo meteorológico de El Niño y La Niña influye en las emisiones de óxido nitroso

Científicos del Centro de Ciencias del Cambio Global, dependiente del Instituto Tecnológico de Massachusetts, en Cambridge, Estados Unidos, descubrieron un mecanismo de realimentación por el cual el óxido nitroso -tercer gas de efecto invernadero tras el dióxido de carbono y el metano- contribuye al calentamiento global y es afectado por patrones climáticos.

Bien conocido por sus variados usos prácticos, desde el clínico hasta el automovilístico, la mayor parte de las emisiones de óxido nitroso surge de modo natural del suelo, donde los microbios descomponen compuestos que contienen nitrógeno, liberándolo como subproducto. Actividades humanas como la agricultura, y en particular el uso de fertilizantes, aumentaron las emisiones de óxido nitroso durante los últimos 35 años, contribuyendo así al calentamiento global del planeta.

Los investigadores de Cambridge desarrollaron un modelo digital que simula los niveles de emisión del óxido nitroso en diferentes regiones y ecosistemas del mundo. Basándose en la temperatura y la humedad del suelo local, algunas de las simulaciones reprodujeron las mediciones de óxido nitroso.

El equipo descubrió que diversas regiones del mundo experimentan una disminución en las emisiones de óxido nitroso durante episodios del fenómeno meteorológico El Niño, que periódicamente ocasiona un calentamiento anómalo de las aguas del océano Pacífico, afectando los patrones de temperatura y precipitaciones en todo el planeta. A la inversa, las emisiones de ese gas de efecto invernadero se elevan durante la ocurrencia del fenómeno meteorológico La Niña, la cual es en muchos aspectos la fase opuesta de El Niño, en un ciclo de alternancia entre ambos.

Los ciclos de aparición y desaparición de los episodios El Niño y La Niña son parte de la evolución a largo plazo del clima global, y un rasgo en ellos es la variación del nivel del mar. El Niño es un fenómeno meteorológico con una periodicidad de entre cuatro y 12 años que se desencadena por el aumento de las temperaturas ecuatoriales y tropicales en el océano Pacífico. Durante los periodos dominados por La Niña, la entrada de aguas más frías en el Pacífico hace descender la temperatura.

Investigadores del Instituto Nacional de Agua y Atmósfera afirmaron el año pasado que en la región tropical del océano Pacífico existían condiciones que favorecían el surgimiento del fenómeno meteorológico de El Niño, aunque de corta duración. En su reporte Panorama del clima, los científicos neozelandeses especificaron que las temperaturas superficiales del mar habían subido a niveles superiores a los que desencadenan El Niño, pero otras variables, como la intensidad de los vientos alisios, estaban dentro de lo normal.

Según los profesionales, era probable que este evento oceánico y atmosférico de alcance global haya decaído durante primer trimestre de 2013. Tales conclusiones coincidían con reportes previos de científicos de Australia y Japón.

Imágenes satelitales sobre variaciones del nivel del mar en el océano Pacífico muestran que su región ecuatorial permanece sin influencias de los fenómenos El Niño o La Niña desde hace año y medio. Según el Centro de Predicción Climática del Servicio Meteorológico Nacional de Estados Unidos, los modelos obtenidos del satélite Jason-2 sugieren que ese patrón continuará al menos hasta fines de la primavera de 2014.

De acuerdo con el climatólogo Bill Patzert, del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA, en Pasadena, California, sin El Niño o La Niña presentes actuarán sobre las condiciones meteorológicas de los próximos meses otros factores climáticos menos predecibles. Para los especialistas, las previsiones a largo plazo son bastante fiables durante los episodios del Niño y La Niña; en cambio, este estado intermedio del océano, al cual los estudiosos nombran “La Nada”, dificulta los pronósticos a largo plazo.

Durante las últimas décadas aproximadamente la mitad de los años experimentaron condiciones propias del estado de La Nada, mientras 20% del tiempo fue afectado por las condiciones de El Niño y cerca del 30% por La Niña. Científicos de la NASA continuarán vigilando este persistente evento, en un intento por vislumbrar qué ocurrirá después en la meteorología del Pacífico, y cómo afectará al resto del mundo.

Altas temperaturas favorecen fenómenos extremos

Lo cierto es que 2013 podría convertirse en uno de los 10 años más calurosos de la historia. Durante los primeros nueve meses del año la temperatura promedio en el planeta superó en 0,48 grados Celsius la media registrada en las tres décadas que van de 1961 a 1990, lo cual convierte a este período del actual 2013 en el séptimo más cálido de cuantos se tienen registrados, trascendió en la 19 Conferencia de Cambio Climático de Naciones Unidas, a partir de un informe publicado por la Organización Meteorológica Mundial (OMM).

El informe de la OMM refiere también que el nivel de las aguas marítimas se ha incrementado en unos 3,2 milímetros desde 2010, superior a la media de tres milímetros anuales en el decenio 2000-2010, en tanto duplica la media de 1,6 milímetros por año registrado durante el siglo XX. La situación se agrava particularmente en aguas del Pacífico sur donde se han constatado hasta subidas de seis milímetros por año.

Lo más grave es que el nivel del mar seguirá aumentando debido al derretimiento de los hielos polares y los glaciares, pues más del 90% del exceso de calor que generan los gases contaminantes es absorbido por los océanos. (Ver cuadro adjunto) Precisamente, la OMM llamó la atención sobre las concentraciones atmosféricas de dióxido de carbono, metano, óxido nitroso y otros gases de efecto invernadero, que alcanzaron un nuevo récord en 2012 y que se espera alcancen niveles sin precedentes en 2013.

Los datos ofrecidos por la OMM no son concluyentes sobre la relación entre el cambio climático y la frecuencia de fenómenos meteorológicos como los ciclones tropicales, asunto que continúa investigándose. Sin embargo, sí es previsible un impacto cada vez más devastador de los mismos debido al calentamiento global, porque los efectos del alza de la temperatura media se materializan de forma más intensa y rápida de lo previsto.

En lo que va del año se han registrado 86 ciclones en el planeta, con vientos superiores a 63 kilómetros por hora. Entre 1981 y 2010 se promediaron 89 tormentas anuales. El informe de la OMM también refiere que Alemania, Polonia, Austria y Suiza reportaron lluvias extremas durante el año en curso, y la sequía afectó a Brasil y a gran parte de América del Sur, donde se registró uno de los mayores déficits de precipitaciones desde 1979.

Los ciclones tropicales no representan la prueba de que el clima está cambiando, pero los altos niveles del mar en zonas costeras aumentan la vulnerabilidad de gente que vive allí, y este impacto se incrementará en los próximos años, advirtió el secretario general de la OMM Michel Jarraud.

“Las concentraciones atmosféricas de dióxido de carbono y de otros gases de efecto invernadero han alcanzado niveles nunca vistos en 2012 y se espera que esta situación se repita de nuevo en 2013, lo cual significa que un futuro más caluroso y con más precipitaciones será inevitable”, expresó Jarraud.

Si no se adoptan medidas concertadas para reducir los gases de efecto invernadero y fomentar un desarrollo urbano más justo y sostenible desde el punto de vista ambiental, habrá un choque mortal entre la urbanización y el cambio climático, advierte el informe 2011 del Programa de la ONU para el Medio Ambiente (PNUD). Las ciudades sufrirán cada vez más ciclones tropicales y fuertes lluvias, mayor número de inundaciones y corrimientos de tierra; también aumentarán las temperaturas y la frecuencia de las sequías. La presión sobre los suministros de alimentos y la disponibilidad de agua podría ser grave.

El Instituto para la Investigación de Impactos del Clima en Alemania y la Universidad Complutense en España prevén que eventos meteorológicos como las olas de calor se duplicarán para el año 2020, y podrían afectar hasta un 85% de la superficie terrestre en 2100 si se continúa emitiendo dióxido de carbono.

Los investigadores consideran que ya hay suficiente gas con efecto invernadero en la atmósfera como para que un aumento a corto plazo en la incidencia de las olas de calor sea algo casi inevitable. Y es que estos fenómenos exceden por un amplio margen la variabilidad natural al alza usual de las temperaturas de verano, indica la investigación publicada en la revista especializada IOPScience.

De ahí la urgencia de que en la COP19 de Varsovia se proponga y acuerde una agenda que recupere lo alcanzado con el Protocolo de Kioto, y que pueda aprobarse en 2015 en París para entrar en vigor en 2020.