Sin conocer de recortes o medidas gubernamentales, sin haber depositado jamás votos en una urna, sin saber de monedas o mercados bursátiles, los niños siguen siendo las principales víctimas de la austeridad puesta de moda en Europa. Para enfrentar la crisis económica que afecta a la región, los miembros de la Unión Europea (UE) han dado rienda suelta a planes de ahorro y reformas estructurales de los servicios públicos que, según advierten varias instituciones, inciden negativamente en la situación de los menores.

Un informe del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) reveló que Grecia, Italia, España y Portugal, cuatro de los países europeos más afectados por los ajustes, se encuentran por debajo de la media de las naciones industrializadas en lo que respecta al bienestar de la infancia.

El Report Card 11 de Unicef, presentado el pasado 10 de abril, evalúa la situación de las 29 economías mundiales más avanzadas a la hora de garantizar el bienestar de los niños en la primera década de este siglo. Mientras los Países Bajos, Noruega e Islandia ocupan los tres primeros puestos, el estudio sitúa a Portugal en la posición 15, a España en la 19, a Italia en la 22 y Grecia en la 25.

Los rescates a Grecia, la deuda española y la agitación en la eurozona significan poco para un pequeño de 10 años, pero el impacto de los recortes de gasto público implican tiempos muy duros para los niños y familias pobres, señaló el organismo en un comunicado. Si bien la mayor parte de los datos son de 2010, el reporte señala que los tres años de recortes emprendidos desde entonces no auguran un buen presente ni futuro, al tiempo que niega una relación directa entre el Producto Interior Bruto (PIB) per cápita y el bienestar general de los niños.

Al medir la situación de los pequeños de acuerdo a cinco dimensiones -bienestar material, salud y seguridad, educación, conductas y riesgos, vivienda y medio ambiente-, el estudio llega a la conclusión de que la pobreza infantil puede evitarse si hay voluntad política para ello. Cada vez que se estudian o aprueban nuevas medidas políticas, los gobiernos deben analizar sus consecuencias concretas para los niños, las familias con hijos, las familias monoparentales y los adolescentes, recomendó el responsable de la investigación por Unicef, Chris De Neubourg.

De manera general, en la primera década del siglo XXI se registró una mejoría en diferentes ámbitos del bienestar infantil en el mundo industrializado, con reducción de la mortalidad y del porcentaje de familias con bajo poder adquisitivo, entre otros logros. Sin embargo, los datos evidencian que cuatro países del sur de Europa donde los tijeretazos gubernamentales han sido grandes -España, Grecia, Italia y Portugal-, y otros miembros de la UE como Rumania, presentan tasas de pobreza infantil superiores a un 15 por ciento.

De igual modo, varios países han permitido que la brecha de pobreza entre los menores aumente a más de un 30 por ciento, como lo casos de Bulgaria, Eslovaquia, España, Irlanda, Italia y Rumania, mientras fuera del Viejo Continente se ubican en este aspecto negativo naciones como Estados Unidos y Japón. En cuanto a las tasas de privación en la infancia, Hungría, Letonia, Portugal y Rumania presentan niveles superiores a un 25 por ciento, al tiempo que España, Grecia y Rumania muestran los niveles más bajos de bienestar educativo.

Pero el informe de Unicef solo refleja el resultado de las decisiones gubernamentales previas a la crisis, por lo que remarca que los tres años posteriores de penuria económica no presagian nada bueno para el presente ni para el futuro próximo. Otras instituciones ya habían lanzado señales de advertencia sobre las consecuencias de los recortes de los últimos años, que han provocado crecientes muestras de descontento popular en numerosos países europeos.

Tal es el caso de la red comunitaria de organizaciones que trabajan por la infancia, Eurochild, la cual pidió en enero último al bloque que evaluara cómo afectarán los paquetes de medidas de austeridad a la infancia antes de que estos se apliquen en un país concreto. La entidad presentó en ese momento los resultados del informe sobre las repercusiones de la crisis económica en la infancia de la UE, según el cual los recortes presupuestarios en materia social están afectando gravemente a los niños en Grecia, Irlanda y Portugal, así como en España e Italia.

El estudio arrojó que un 21 por ciento de los niños europeos padecen necesidad material, con diferencias notables entre naciones como Suecia, donde solo un tres por ciento de los más pequeños está en esa situación, y Rumania o Bulgaria, con el 70 por ciento de los niños afectados. Al mismo tiempo, reveló que cerca de un 27 por ciento de los menores de edad del bloque se encuentra en riesgo de pobreza o exclusión social, de los cuales un 9,6 por ciento sufren una privación material severa y un 9,1 vive en un hogar con baja intensidad laboral.

De acuerdo con el reporte, los problemas más comunes a los que se enfrentan las familias europeas, y que tienen repercusión sobre la calidad de vida de los niños, incluyen el aumento del desempleo y la imposibilidad de hacer frente al pago de un alquiler o una hipoteca. La dificultad para conciliar la vida laboral y familiar debido a la necesidad de aceptar jornadas laborales excesivas, reducción de ayudas al estudio, de transporte, de material escolar y de comedor, entre otros, también inciden negativamente en el bienestar de la infancia.

El documento lanza señales de alarma sobre el aumento de la tensión familiar y la violencia doméstica debido a la difícil situación, y sobre el hecho de que las dificultades económicas han llevado incluso a algunos padres a tener que entregar a sus hijos por la imposibilidad de mantenerlos. Lejos de estar trabajando por amortiguar los efectos de la crisis en los niños y las familias, los gobiernos introducen medidas de austeridad que restringen las ayudas sociales y recortan los fondos destinados a los servicios públicos básicos, señala el texto.

Ante una realidad como esa, Chris De Neubourg, director del centro de investigación política y social de la Unicef, planteó que aunque muchos países dicen tener que resolver la cuestión de la deuda para no dejar esta carga a las generaciones futuras, no es eso lo que están logrando. Por el contrario, al decir experto, los recortes que afectan a la educación y a las familias más modestas, que suponen fuertes golpes para los servicios sociales y públicos, son una forma de pasar ahora a los niños la factura de sus mayores.

Austeridad europea amenaza con crear una generación perdida

Las duras medidas de austeridad aplicadas por los gobiernos europeos continúan sin funcionar y amenazan con crear una generación perdida que podría causar una nueva crisis en el continente. Niños en toda Europa se ven empujados a la pobreza en momentos en los que el desempleo juvenil se dispara, divulgó la organización benéfica Cáritas en un estudio sobre el impacto de la crisis en Portugal, España, Irlanda, Grecia e Italia, los países más afectados por la actual situación económica.

De acuerdo con el reporte, casi un tercio de los menores de esos países están en la pobreza o en riesgo de sufrirla, mientras en Grecia el desempleo juvenil ha superado el 60 por ciento, en España es mayor del 50 por ciento y en Portugal ha alcanzado un 40 por ciento. Para Cáritas, Italia y los países de la zona euro que han recibido préstamos internacionales están creando una generación de jóvenes mal alimentados, desanimados, con mala formación y escasas perspectivas de empleo.

Esto podría ser una fórmula no solo para una generación perdida en Europa sino para varias, manifestó el documento según el cual las personas que actualmente pagan el precio más alto no participaron en las decisiones causantes de la crisis. Se trata, precisó, de un escenario en el que los futuros trabajadores de esos países pueden sufrir una pérdida de moral, calificación y perspectivas, mientras los que logren salir adelante podrían llevarse su talento a otro sitio.

Según el estudio, que se basa en datos de la Comisión Europea, los niños se están empobreciendo debido a recortes del estado de bienestar, prestaciones de desempleo, el aumento del impuesto al valor agregado (IVA) y el encarecimiento del combustible. Parece claro que los niños son el colectivo más vulnerable a la pobreza en el espectro demográfico, aseguró Deirdre de Burca, representante de Cáritas.

En un nivel más general, el reporte señaló que cada vez más niños van con hambre a los colegios de España, Portugal y Grecia. Al decir de la organización, los gobiernos deben preguntarse lo que suponen estas tendencias a largo plazo para los infantes, cuando varios estudios muestran que los de hogares pobres son más propensos a rendir menos en la escuela y a tener dificultades para encontrar o mantener trabajos.

La hipoteca del futuro

La UE parece poner a prueba su capacidad de hipotecar su futuro con el aumento sostenido de la desocupación juvenil y la situación sin salida para más de 13 millones de ciudadanos en edad temprana. El problema del paro entre los jóvenes, que causa daños a la economía de la UE por unos 150 mil millones de euros, se agudizó con el estallido de la crisis financiera en 2008 y el inicio de la etapa más visible del desmontaje del estado de bienestar.

La difícil situación de los jóvenes llevó a la dirección del bloque comunitario a introducir el referido tema en varias de sus reuniones al más alto nivel, incluido un consejo de ministros de Finanzas en este año. De hecho, sería iluso hablar de una preocupación real de los gobiernos por mejorar la situación de la juventud y más bien parece apuntar a un esfuerzo dirigido a lidiar con un mal que afecta los votos en las urnas y mantiene la inestabilidad en las calles europeas.

En medio de las medidas de austeridad, aplicadas sobre todo en la atolondrada zona euro, la situación del paro juvenil más bien aparece como una de las varias consecuencias negativas de la aplicación de tales regulaciones. La espiral alcista de los despidos, en muchos casos exigidos por los acreedores internacionales como medida directa para supuestamente sanear las economías, la reducción de los gastos sociales en materia de educación y salud, así como el incremento de la edad de jubilación, son parte del citado retroceso.

En la UE se juega a poner a prueba las sociedades europeas y su capacidad para permitir la drástica reducción de los derechos de sus ciudadanos en material laboral, social y de pensiones. Las presiones sobre el mercado laboral hacen de la juventud uno de los sectores más vulnerables de las depauperadas sociedades europeas, pues además de mantenerse como los más explotados, ahora se agrega como el de mayor incertidumbre en la búsqueda de empleo.

Un recién graduado de estudios superiores para poder ubicarse en un puesto laboral necesita demostrar que posee experiencia de trabajo, algo que le resulta difícil adquirir durante el proceso docente. No todos los jóvenes pueden simultanear los estudios con la búsqueda de un puesto de trabajo, en muchas ocasiones irremunerado, para con ello acumular un aval de trabajo temprano que le permita llegar con “experiencia laboral” al momento de su graduación.

La crisis económica en Europa engendró, además, el fenómeno del trabajo o contratación temporal o limitada. Es decir, aparece una plaza, pero que solo incluye un contrato por pocas horas, con una paga mucho menor que la reglamentada. Sin embargo, los gobiernos europeos pretenden de una vez, por un lado, aplacar las protestas de miles de ciudadanos contra las medidas de austeridad, en su mayoría jóvenes y, por el otro, buscar las vías para reducir los gastos por subsidio de desempleo, cada vez menores.

La cifra de pérdidas económicas por 150 mil millones de euros anuales, a causa de la situación en que se encuentra el paro juvenil, es manejada con frecuencia por los funcionarios comunitarios. De ahí que la UE determinara recientemente un plazo de cuatro meses para resolver, al menos en parte, el asunto de la ocupación juvenil.

Para ello, la entidad comunitaria pretende emplear dinero del Fondo Social Europeo y el Fondo de Estructura Social de las regiones. Las propuestas más fuertes vinieron del gobierno del primer ministro italiano, Enrico Letta. Italia presenta una situación especialmente difícil con el paro de los más jóvenes, sobre todo, de las edades comprendidas entre 19 y 29 años, todo lo cual propicio el avance en las urnas de formaciones como el Movimiento 5 Estrellas, opuesto a los partidos tradicionales de la mencionada península.

En España, la situación es particularmente preocupante, pues supera, con el 40 por ciento del total de los desempleados, la media europea de 25, afirma la asociación Jacobs Club que cita a Eurostat. La situación del desempleo juvenil aumenta con fuerza en al menos 13 de los 28 estados de la UE, donde la cifra de desocupados supera el 25 por ciento.

En ese rango, España y Grecia contaban en mayo de este año con 56,5 y 59,2 por ciento, respectivamente , de jóvenes sin empleo, Portugal llegaba a 42,1, mientras Irlanda, Bulgaria, Chipre, Letonia, Hungría y Eslovaquia se acercaban o rebasaban el 30 por ciento, destaca Eurostat. Además, de los 94 millones de trabajadores europeos, solo el 34 por ciento corresponde a jóvenes de entre 15 y 29 años de edad, en tanto otros cinco millones 525 mil de ellos carecían de puesto laboral en mayo pasado, afirma Eurostat.

La desocupación juvenil superaba en 2,6 veces la cifra total de paro en Europa en 2012, señala la misma fuente. De hecho, la grave situación de los de menor edad llevó a la triste popularidad del término empleado en su tiempo en el Reino Unido de la generación Ni-ni, (ni empleo, ni educación ni entrenamiento).

El 15 por ciento de los jóvenes en la UE pertenece a la llamada generación Ni-ni , lo cual causa pérdidas económicas semanales dentro del bloque, calculadas en unos tres mil millones de euros. Además, desde el inicio de la recesión en Europa hace un lustro el número de los llamados Ni-ni aumentó en un millón, hasta llegar a los cinco millones 500 mil.

El mencionado fenómeno afecta, sobre todo, a los inmigrantes, pues el 70 por ciento de los catalogados en esa condición son foráneos que llegan a Europa, mientras el 40 por ciento lo constituyen discapacitados y personas con problemas serios de salud. Las cifras manejadas parecen apuntar a una paulatina hipoteca del futuro en la Unión Europea, pues el sector juvenil, es decir, la generación que debe asumir responsabilidades en el mañana en la región, comienza en la vida activa con mucha dificultad.

* Rondón es jefe de Redacción de Europa y Andrés Román, periodista de la redacción nacional de Prensa Latina.