En su última visita a la Organización de Naciones Unidas (ONU) el presidente EvoMorales no logró gambetear ni mandar a la tribuna la pregunta de los medios internacionales sobre si accederá al pedido del Defensor Rolando Villena para que el ex ministro de gobierno Sacha Llorenti retorne a Bolivia y encare a la justicia sobre su decisión de reprimir brutalmente a una columna de marchistas indígenas en Chaparina en septiembre de 2012.

Al contrario, cuando la prensa le planteó la interrogante, y utilizaremos el argot futbolístico para describir esto, cuando escuchó la pregunta referida a Llorenti vio venir un tremendo pelotazo a su área chica y la sensación de que el gol era inminente, el balón se estaba colando “inexorablemente” en su arco y él no podía hacer nada, nada. Así que desesperado reveló que dentro de su estrategia futbolera gubernamental está comprar al árbitro que defiende los derechos humanos de los bolivianos ante los abusos del Estado.

En esa conferencia de prensa, frente a los “rivales” de turno, el aludido Llorenti estaba al lado izquierdo del presidente hecho un poste del arco que se estremecía por una pelota que no sólo ingresaba violentamente sino con una elegancia tal que el propio Lionel Messi envidiaría. El ex ministro debió sudar frío porque el golazo fue por su ángulo, por su lado y ocurría a kilómetros de Bolivia, allí en las Naciones Unidas, donde creyó que nadie ni nada lo alcanzaría nunca en su dorado exilio y premio, se quedó calladito, dejó solo al Presidente Morales para que resuelva la jugada, seguramente pensó: “atájala Evo, pon la pata, la guata, la jeta, aunque sea haz mano”. Pero era imposible y para colmo no estaban en Bolivia donde tienen tantos árbitros a su favor que podían pitar y decir “fuera de juego” o cualquier cosa para protegerlos, a su área chica, a sus reglas finalmente.

El Presidente sacando el balón de entre los piolines empezó a protestar y le reclamó al Defensor del Pueblo porque hasta ahora no se pone la camiseta azul, porque quien no se la coloca no merece respeto, ni consideración alguna, menos tiene derechos humanos y si te quejas o no te gusta, o eres un “libre pensante”, o un jugador amante del “jogo bonito” y limpio, eres un “instrumento de la derecha”. Claro, luego la ministra de Comunicación, Amanda Dávila, tradujo una vez más a Morales: “no, eso no fue lo que Evo dijo, lo que quiso decir es que ya está harto de recibir muchos pelotazos desde “la derecha”.

Luego de recibir el gol, Morales no ocultó su enojo y reveló que cuando se desplaza trabajosa y pesadamente en el gramado verde, al igual que lo hace su gestión gubernamental, no lo hace guiado por el Fair Play, al contrario el fin justifica los medios y por eso luego tiene que hacer validar el score de cada partido (así como del Censo 2012, elección de autoridades judiciales, administración de las empresas del Estado a puro interinato, control de la Contraloría General del Estado). Por eso es que para “asegurar” resultados a su favor era necesario tener a todos los referís pitando a favor del equipo bleu (que no es el francés, aclaro).

Y no es todo, al que no acepta las reglas de juego, le escupen en la cara, lo insultan, lo difaman y recibe tramposas y malintencionadas zancadillas durante tooooooooodo el partido para aburrirlo. Si no surte, le dicen que conocen en qué lugar de las graderias está su familia y que tengan cuidado porque también saben dónde viven. Finalmente si sigue reclamando y jugando, entonces le inician demandas sin fin para que se defienda en los tribunales deportivos cuyos jueces y fiscales también están comprados para que pierda la moral, lo metan en cana y nunca más pise el gramado verde ni para jugar un picadito.

Pero de tiempo en tiempo algún rival se calienta y les da un cabezazo en la jeta como el Zinedine Zidane le propinó al italiano Materazzi y entonces los azules se tiran al piso como jugadores argentinos lloriqueando y gritando “racista”, “discriminador” y acuden al Tribunal Supremo Electoral para que éste castigue a los hinchas del equipo rival prohibiéndoles que ingresen a las tribunas, los castigados acuden entonces al Tribunal Constitucional pero éste más bien termina habilitando para las siguientes copas al capitán Morales aunque el reglamento de la FIFA y la Constitución Política del Estado se lo prohíba.

Así, mientras el Presidente está ocupando dando desleales rodillazos “bajos” como ocurrió con un funcionario de la alcaldía de La Paz en un “amistoso”, desde el banquillo de suplentes, su Director Técnico el vicepresidente García Linera además de tramar las estrategias para romper las canillas del rival de turno, vocifera, los amenaza, juzga y sentencia, como lo hizo cuando tomó juramento a Villena y le exigió que no sólo debía defender al pueblo sino “al Estado” encarnado en los actuales gobernantes y si tienen dudas léanse la deliciosa crónica que hizo de la posesión de Villena un periodista en http://www.eldeber.com.bo/imprimir.php?id=100513233324 (Un paréntesis: ¿Y por qué ya no habrá periodistas que hagan este tipo de trabajo profesional?)

Intrigado por la indiferencia y parquedad de los locutores deportivos hacia el juego sucio oficialista que todos veían pero nadie osaba mencionar, contrastar y menos comentar, me acerqué al sector de cabinas radiales y televisivas y allí luego de saludar a algunos colegas, éstos en voz muy bajita me contaron que el oficialismo para exaltar sus victorias también se había comprado varios medios de comunicación, desde ese día sus administradores y animadores tenían que desgañitarse gritando los goles azules hasta perder la voz, si los rivales anotaban primero había que mirar al árbitro y esperar que anule el tanto. Esto lo tienen que hacer tanto en los juegos de local, como de visitante.

Pero ahora, eran los medios internacionales los que habían registrado el remate de Villena que dejó mal parados a Evo y al Sacha, entonces indignados los jefes de la Barra Brava Azul más conocidos como los “Levantamanos”, la diputada Flora Aguilar de la Bandeja Baja y el senador Eugenio Rojas de la Bandeja Alta de la curva que queda frente a la Plaza Murillo, le exigieron al Defensor que brinde su informe anual, que se habían “olvidado” pedírselo los anteriores años.

En las Tribunas los jefes de la barra brava ordenan guardar la mixtura y confeti azul y sacar los petardos para apuntarlos a la humanidad de Villena gritándole que lo convocarán porque pensaban que antes era un buen árbitro pero ahora ven que es mal referí porque mencionó el sacro santo nombre de la “estrella” de su equipo, Sacha Llorenti. Piden tarjeta roja y por tanto expulsión del Defensor por juego “desleal”. ¡Se ha parcializado! “¡¡Crucifíquenlo!! ¡¡Crucifíquenlo!! Gritan a voz en cuello recordándome una escena bíblica de hace dos mil años. Incluso ahora piden una ley para regular las competencias, atribuciones y trabajo que realiza el Defensor, porque “hay vacío normativo”, “él no debería patear a nuestro arco”, reclaman iracundos…

Aullando y gruñendo los anuncian que sus “hooligans” esperarán al Defensor en el plenario, como hacen los fanáticos futboleros descontentos que aguardan al equipo rival en el túnel de salida armados de palos, botellas, pilas, latas, cáscaras entre otras cosas. Y si aún supera ese trance, saldrán a las afueras del estadio para corretearlo a Villena y si alcanza a subir a su autobús le lanzarán una lluvia de piedras para que se aleje y no vuelva a arbitrar diciendo que es un “sin miedo” y a ellos cuando menos hay que tenerles temor y mejor si es terror porque eso del respeto y espíritu deportivo, esos valores humanos… no les interesan…

Pero volvamos al campo de juego, seguimos viendo al Presidente en lo suyo, en la cancha, como fuera de ella, todos corretean para servirle los goles en bandeja, para que se luzca el jefe y capitán de la revolución, sudan la gota gorda que da lástima como muchos ministros que tuvo y luego los echó de una patada sin darles ni las gracias como Don Andrés Solíz Rada o Zulma Yugar. Entonces sus jugadores le ponen el balón para que remate, para que la empuje y pueda alzar los brazos y todos griten “¡Evo! ¡Evo!” (ya no vale decir “gol” porque es una palabra derivada del inglés goal y hay que “descolonizar” este deporte).

Ni que decir de la ejecución de penales, el presidente siempre es el que los patea porque cuando hay que cobrar estas faltas de repente el resto del equipo es un grupo de parapléjicos, entonces quien tiene que rematar? el Evo por supuesto.

Existen ocasiones (y espero no ser perseguido por lo que voy a afirmar) cuando el crack presidencial se equivoca en un pase, regate o remate, todo el equipo se hace de la vista gorda y llunkeandose le dicen “no, no fue tu culpa jefe, lo hiciste bien, nadie lo haría mejor, eres un genio sin proponértelo…” y luego de ponerse en fila para besarle la mano como si fuera el Papa Francisco, le dicen “seguiremos… bien estás jugando, metele nomás”, actitud que deja al público indignado hasta el asco.

De paso el presidente para convencer a la hinchada de quienes son los “buenos” y quienes los “malos” en su adorada camiseta con el número 10 también se hizo estampar la frase “Paz en Siria” (ver foto), lo que me obliga a ponerme otra en mi polera tricolor que diga “Paz para los cien mil muertos de Siria” (además de diez mil niños), fallecidos desde que el primero murió el 18 de marzo del 2011 hasta el 31 de agosto del 2013 gracias a que el señor Bashar al-Asad decidió pasar a la historia como un dictador y masacrador, además de mediocampista en el equipo contra la “derecha”.

La fotografía que incluimos es de Infobae y corresponde al presidente Morales en su última visita a Estados Unidos cuando jugó un partido amistoso que organizó la ONU en Nueva York por el fin de la “violencia contra las mujeres”, en él participaron dos diputadas noruegas a las cuales les quisiera ver la cara si supieran que el ex diputado suplente del Movimiento Al Socialismo (MAS), Justino Leaño, condenado a 23 años de prisión por abusar sexualmente de su hija de 12 años, es hoy prófugo de la justicia boliviana porque… ya saben, los “árbitros” le dijeron: “salga de la cancha, mézclese entre los hinchas y deje el país”.

Escribí esto porque antes pensaba que sólo el mercantilismo de la FIFA era enemigo del fútbol, ahora veo que tiene otro en Bolivia, porque eso es quien utiliza y manipula el lenguaje universal propio de este deporte, que ofende su nobleza y la pureza de la niñez, porque sólo quienes lo jugamos en la infancia sabíamos reconocer quien era “capo” y quien un “tramposo”, no sólo en la cancha, también fuera de ella.

* Periodista aficionado al fútbol.