Hanoi y Panamá (PL).- Cuanto menos, sorprende que un maestro por vocación de historia y literatura devenga en un brillante estratega militar, y que con merecidos lauros conquistados y contiendas cruciales todavía por librar comenzara a los 52 años a estudiar piano, un instrumento con el cual solía pasar sus contados ratos de ocio. Este es el caso de Vo Nguyen Giap, cuya fructífera y ejemplar existencia se apagó al cabo de poco más de un siglo, en la tarde del viernes 4 de octubre y a quien todo su pueblo vietnamita le ha rendido homenaje y llorado como al genuino héroe legendario que fue y seguirá siendo por siempre.

La historiografía militar universal lo coloca entre las grandes eminencias de todos los tiempos, y ni siquiera por pertenecer a un pequeño y pobre país de la otrora subyugada Indochina, o tal vez por eso, nadie osa regatearle semejante sitial, ni siquiera encarnizados enemigos que mordieron derrotas.

Pero la trayectoria misma de su vida se erige como una leyenda monumental, paradigma de los pueblos en lucha por la independencia nacional y una vida digna que lo convierten en una de las personalidades cimeras del siglo XX, sin cuya referencia se torna imposible ofrecer un cuadro completo de los acontecimientos trascendentales de este convulso período.

Nacido el 25 de agosto de 1911, en el seno de una familia modesta, en la aldea Una Xa, provincia central Quang Binh, desde muy temprano, apenas adolescente, abrigó el sueño de ver a su país liberado y reunificado, según contó una vez, lo que vio cuajar en 1975, al cabo de décadas de empeños en los que su participación tuvo singular relevancia.

Eran los tiempos en que toda la península indochina padecía la ocupación colonial francesa, impuesta desde 1860, pero nunca estabilizada debido a una tenaz resistencia espontánea, mal armada y organizada, de la que se nutrió sin embargo el joven de 17 años Giap cuando acompañó en el exilio a Ho Chi Minh en China para fundar la Asociación de Jóvenes Revolucionarios.

De regreso a la patria se incorporó a la lucha clandestina mientras estudiaba en el instituto de enseñanza media, hasta que detectado por los aparatos represivos guardó prisión en 1930, justo en la fecha en que se creó el Partido Comunista de Vietnam, al que ingresaría tres años después. Cuando dio ese paso iniciaba estudios de derecho en la Universidad, que sólo pudo terminar en 1937, impedido antes por sus actividades políticas, y a partir de entonces imparte clases de historia y literatura, y ejerce el periodismo, hasta que en 1940, tan comprometido estaba que debió salir del país y unirse a Ho Chi Minh.

A partir de ese definitivo encuentro se abre para Giap una etapa en la que surge la Liga por la Independencia Vietnamita capaz de aglutinar a todos los que estaban dispuestos a luchar por esa causa, en una coyuntura en la que Francia estaba ocupada por los nazis y cedió el control de la península a Japón, convirtiendo el enfrentamiento al colonialismo al de la nueva ocupación.

Para llevar a cabo este propósito se encomendó a Giap trasladarse al interior de Vietnam a fin de iniciar la guerra de guerrilla, lo que acometió con tanto talento y perseverancia que de pequeños grupos de autodefensa dotados de armas arrebatadas al enemigo, se pasó a mediados de 1945 a disponer de unos 10 mil efectivos como para emprender la ofensiva.

En agosto de ese año, con la guerra mundial concluida, al frente del Ejército Popular, Giap dirigió sus tropas hacia Hanoi y en un breve lapso de dos semanas, el 28 de agosto el contingente militar del pueblo vietnamita ocupó la capital, donde se declaró la Independencia el 2 de septiembre. Sin embargo tal desenlace no apagó los apetitos coloniales de Francia, que prontamente emprendió preparativos para lanzar una guerra de reconquista y en 1946 el presidente Ho Chi Minh llamó a todo el país a levantarse de nuevo en resistencia.

Con Hanoi reocupada, al general Giap correspondió conducir las exitosas batallas de Cao Bang, en 1950 y Hoa Binh en 1952, en las que demostró la superioridad de la guerra popular sobre las fuerzas regulares del ejército francés. Su inspiración y genialidad se pusieron de manifiesto de manera sobresaliente al concebir como decisiva la batalla de asedio y asalto a Dien Bien Phu que se tenía por inexpugnable bastión, al que hizo añicos en 55 días de una operación de desgaste a largo plazo apoyada por artillería, derrotando las tropas del general francés Christian de Castries en 1954.

Había prosperado su idea de “un ataque y un avance más lentos, pero más seguros” la de “atacar para vencer, no atacar cuando no se tiene la certeza de la victoria”, cumpliendo una estrategia que colocó a Dien Bien Phu en los anales de las batallas célebres y a su general entre las eminencias universales. Con posterioridad dijo que “no solamente es una gran victoria del pueblo vietnamita sino también una gran conquista de la humanidad progresista, de todos los pueblos pequeños y débiles que luchan contra el colonialismo bajo cualquier forma, por la independencia y la libertad, de las fuerzas socialistas, democráticas y pacíficas del mundo”.

Aunque allí se selló la independencia de la República Democrática de Vietnam, en la parte norte el país quedó dividido, y si bien los acuerdos de paz suscritos preveían un ulterior proceso de reunificación pacífica, la intervención de Estados Unidos apoyando un régimen títere en el sur lo impidió. Para el ya ministro de defensa quedaba por delante expulsar a los invasores y reunificar al país, y en consecuencia diseñar la estrategia militar que bajo la certera dirección del Partido Comunista condujera al pueblo por otro sendero de victoria en condiciones mucho más complejas frente a la principal potencia mundial.

Solo se contaba con una amplia experiencia para una lucha desigual entre un país poseedor de enormes recursos económicos y financieros y la más moderna tecnología bélica y otro devastado por décadas de colonialismo. Otra vez el general de Dien Bien Phu volvió a confiar en la estrecha participación de las fuerzas armadas y el pueblo en masa, para desplegar todas las formas de combate posibles, a través de innovadores golpes militares y sicológicos en todo el territorio para mermar, como al final ocurrió, la capacidad del enemigo.

La tenaz resistencia defensiva a los despiadados ataques del ejército estadounidense, que incluyó la diseminación de productos químicos, la quema de aldeas y la ejecución masiva de aldeanos, los incesantes bombardeos aéreos contra ciudades, fue un frente al que simultáneamente prestó consagrada atención. Su aporte personal fue inestimable para llevar a Estados Unidos a la mesa de negociaciones en enero de 1973 en París, en la que se acordó la evacuación de sus tropas y en la Operación Ho Chi Minh, bajo su mando que en abril de 1975 liberó a Saigón del régimen títere, para conseguir la reunificación con la había soñado cuando era casi un niño.

Quienes fueron sus más cercanos colaboradores en las distintas etapas de lucha, ya sea en el Estado Mayor o en el campo de batalla, le reconocen excepcionales dotes, pero al mismo siempre lo recuerdan por sus valores humanos y supieron que en el descanso solía llorar a solas por los caídos, para dar rienda suelta a los sentimientos sin desmoralizar a los combatientes.

Después de la victoria definitiva siguió siendo ministro de defensa de la ahora República Socialista de Vietnam y hasta 1982 miembro del Buró Político del Partido Comunista, y fue condecorado con múltiples distinciones, entre ellas la Orden Estrella, la Orden Ho Chi Minh, el sello de 70 años de militancia y otros títulos honoríficos conferidos por el Estado vietnamita.

Al dar la noticia de su fallecimiento por causas naturales a los 102 años, el Partido, el parlamento, el presidente de la república y el Frente de la Patria destacaron los grandes aportes a la Revolución de Vietnam del “el alumno sobresaliente y cercano del presidente Ho Chi Minh, el primer general y comandante en jefe del Ejército del Pueblo, quien inspira mucha admiración y respeto de los amigos internacionales, y es el orgullo de generaciones de oficiales y soldados de las Fuerzas Armadas”.

Por tantos motivos de hondo calado, la población de Hanoi y de Ciudad Ho Chi Minh, en representación de todos se han volcado durante una semana en interminables filas a sitiales de recordación en sentido y espontáneo homenaje a su héroe imperecedero. El colega Luis M. Arce, quien gozó del privilegio de entrevistar en más de una ocasión a Giap, lleva sobrada razón para afirmar que las leyendas nunca mueren.

Vo Nguyen Giap: Las leyendas nunca mueren (**)

Estamos en Nha Trang, en el litoral, ya bastante cerca de Saigón. Es el 4 de mayo de 1975 y la atmósfera todavía está cargada. Se percibe en el ambiente un fuerte olor a pólvora y aún los vietnamitas están incrédulos pues parece mentira que la guerra haya terminado. Estoy al lado del general Vo Nguyen Giap sentado en la arena de la playa, debajo de un cocotero. Walfrido Ojeda nos tira varias fotos mientras charlamos y tomamos agua de coco, pero no se publicarán a petición del héroe de Dien Bien Phu. Nadie sabe que él está en el sur de Vietnam y no es prudente que se sepa aún.

El general está muy feliz. La Operación Ho Chi Minh, última fase de la ofensiva final, terminó hacía apenas cuatro días, el 30 de abril, con la huida en helicóptero del embajador de Estados Unidos Graham Martin. Ganó la guerra de todo el pueblo. Giap fue el estratega de Dien Bien Phu, el militar que derrotó a las tropas del general francés Christian de Castries, y su papel es innegable en la derrota de Estados Unidos 21 años después. Las aguas de Nha Trang son una bendición, el calor se siente.

Por supuesto que no salimos juntos de Hanoi. Walfrido y yo lo habíamos hecho por nuestra vía con un intérprete vietnamita, después que el primer ministro Pham Van Dong nos autorizara, y Giap por la suya sin que la prensa extranjera lo supiera, pero ambos con la intención de hacerlo por tierra, por la carretera uno, y por caprichos de la vida coincidimos en ese punto.

Como nos conocía de dos entrevistas anteriores, no hubo problemas con la escolta. La Operación Ho Chi Minh resultó impresionante, a pesar de que fue una decisión de última hora, y Giap estaba rebosante de felicidad. Todas las fases de la ofensiva se habían cumplido, pero aún después de perder las regiones militares I y II, al enemigo le quedaba un dispositivo considerable que incluía, además de las tres divisiones destacadas en las provincias del delta del Mekong, más de 400 mil efectivos en Saigón y su perímetro defensivo, una poderosa fuerza de paracaidistas y las tropas regionales.

Contaban también con las divisiones aéreas con base en Bien Hoa y Tan Son Nhut, y varios regimientos de artillería pesada y tanques. Los principales puntos de la línea militar defensiva de Saigón eran Long Binh, Xuan Loc, Bien Hoa y Cu Chi, lugares donde debía darse realmente la batalla por Saigón.

Nosotros habíamos recorrido, desde el paralelo 17, todos los escenarios de guerra y ya desde Nha Trang nos adentrábamos a todos esos puntos que también recorrería el general. Dada la extraordinaria concentración de fuerzas y medios sofisticados en esa línea militar, el mando revolucionario decidió emplear en la campaña Ho Chi Minh todos los medios disponibles para asegurar la victoria. Se sabía que la batalla final debía librarse en el perímetro defensivo de la capital saigonesa.

Así fue, y Giap, disfrutando su agua de coco, estaba muy orgulloso de todo ello, en especial que hubiera militares salidos de la formación de su concepto de la guerra de todo el pueblo, como Tran Van Tra, quien dirigiera de forma exitosa una campaña tan complicada. El Gobierno de los Estados Unidos cometía errores. Las tropas, trasladadas hacia las costas vietnamitas -unos 40 mil soldados y alrededor de 40 naves de guerra-, no eran capaces de enfrentarse a las Fuerzas de Liberación.

El 29 de abril, después de dejar establecido el comité militar administrativo en Danang y las islas Paracel, los patriotas iniciaron la marcha hacia Saigón. A su paso hacia el sur fueron cayendo, una tras otras, las posiciones de los títeres: Qui Nhon, Nha Trang y Cam Ran, sin que se presentaran mayores dificultades para su ocupación y la organización del poder revolucionario, pero la batalla fundamental se dio en Xuan Loc, un pequeño villorrio de viejas casas de ladrillo rojo y vigas de acero montadas como a caballo sobre la carretera 1 y con vías de acceso a la autopista de Bien Hoa.

Cayó Xuan Loc, luego Bien Hoa que posibilitó el avance hacia Than Tuy Hoa y de ésta a Saigón. Van Thieu escapa para Taipei, huyen Graham Martin y todo el personal yanqui que permanecía en Saigón. A las 10:15 de la mañana del 30 de abril, el ex general Duong Van Minh anuncia la rendición incondicional del régimen a las Fuerzas de Liberación. A las 11:55, banderas del Gobierno Revolucionario Provisional (GRP) aparecen en Tan Son Nhut, a las 12:55 ondean en el edificio del Ministerio de Defensa y en la Embajada estadounidense.

Tres tanques PT-76 y dos tanquetas norteamericanas, encima de los cuales iba un centenar de jubilosos combatientes revolucionarios, a las 13:20 bajan por la calle Pasteur hacia el río en medio de aclamaciones y entran en el Palacio Presidencial. La guerra ha terminado. Terminamos de tomarnos el coco, Giap sube a su jeep y nosotros al nuestro, cruzamos todos esos escenarios pretéritos de la guerra. El día 6 nos vemos en una recepción en el Palacio y nos saludamos de lejos. Giap está con Tran Van Tra.

El 7 de mayo en una tarima frente al Palacio, ahora rebautizado de la Reunificación, Tran Van Tra proclama a Saigón Ciudad Ho Chi Minh. ¡Qué casualidad! Es precisamente el 21 aniversario de la gloriosa batalla de Dien Bien Phu. ¡Cómo lo disfrutaría ese pequeño hombre que la vida dejó que existiera 102 años! Después de 38 años de su última batalla, Giap sigue allí en Vietnam, pero sólo tomándose el descanso del soldado, porque las leyendas nunca mueren.

Vietnam decreta luto nacional

Año tras año, cada vez que cumplía uno más desde que pasó a retiro y fue hospitalizado después, el legendario general vietnamita recibía la visita de altos dirigentes del país, quienes siempre le informaban cómo iba lo que mucho contribuyó a forjar. Al llegar a los 102 de una longevidad fructífera y ejemplar, el pasado 25 de agosto, le correspondió al presidente de la Asamblea Nacional Nguyen Sinh Hung este ejercicio de venerado respeto, justo cuando el órgano legislativo preparaba nuevos pasos hacia un mejor futuro.

Pese a su quebrantada salud física, solía responder invariablemente con un mensaje de confianza en el porvenir de la misma hechura con la que acompañó al exilio de Ho Chi Minh en el empeño que parecía gigantesco de librar a Vietnam de ataduras extranjeras, coloniales e imperialistas.

La noticia del deceso de Nguyen Giap en el hospital militar 108 de Hanoi sobrecogió a todos sus compatriotas que lo tenían como la personalidad histórica viva más querida. Hacía solo unas semanas que una autorizada institución nacional lo había incluido en el selecto grupo de los cuatro generales más eminentes de toda la historia milenaria de Vietnam, y el gobierno dispuso reproducirlo en un plan monumental.

Su vida misma fue un monumento a la consagración a una causa, desplegando fuerza y talento, a la superación y la perseverancia, que dieron brillante fruto en la célebre batalla de Dien Bien Phu, en 1954, que la ciencia militar internacional recoge como un clásico sin paralelo en las guerras contra una potencia colonial, Francia.

El Partido Comunista de Vietnam, el Parlamento, el presidente de la República y el Frente de la Patria decretaron el 5 de octubre duelo nacional por el deceso del general Vo Nguyen Giap durante sus exequias el 12 y 13 de octubre. Se trata de una gran pérdida, afirmaron en un comunicado, para anunciar que durante esas fechas se mantendrán las banderas a media asta en todos los centros de trabajo y lugares públicos y se suspenderán todas las actividades recreativas.

El documento destaca que Giap fue el brillante estratega militar que hizo grandes aportes a la Revolución de Vietnam. Lo califica de “el alumno sobresaliente y cercano del presidente Ho Chi Minh, el primer general y comandante en jefe del Ejército del Pueblo, quien inspira mucha admiración y respeto de los amigos internacionales, y es el orgullo de generaciones de oficiales y soldados de las Fuerzas Armadas”.

Recuerda que fue condecorado con múltiples distinciones, entre ellas la Orden Estrella, la Orden Ho Chi Minh, y el sello de 70 años de militancia comunista, entre otros títulos honoríficos conferidos por el Estado vietnamita. El héroe de la célebre batalla de Dien Phu, en 1954, que puso fin al colonialismo francés en su país, falleció por causas naturales a las 18:00 de este viernes en el Hospital Militar 108 de la capital, apenas cumplido 102 años de edad el 25 de agosto pasado.

El 13 de octubre, el legendario general vietnamita regresó para siempre a su tierra natal, la provincia Quang Binh, donde fue sepultado en una ceremonia de sentido recogimiento, encabezada por el presidente de la República Truong Tran Sang. A unos 500 kilómetros al sur de Hanoi, sobre una colina en la zona costera de Vung Chua desde la cual se divisa una esplendorosa bahía, al pie de un campanario budista, descansa el cuerpo del ilustre combatiente.

Previamente partió de la Casa Funeraria Nacional en esta capital donde la víspera se le rindieron honras de Estado, hasta el hogar familiar, frente a al cual incontables compatriotas le dieron el última adiós. A lo alto de Vung Chua acudió también una silenciosa multitud de lugareños portando las azucenas amarillas destinadas a la ocasión, para asistir conmovidos a la inhumación, en la que soldados transportaban tierras en canastas como indican las tradiciones.

Trang Sang, la vicepresidenta Nguyen Thi Doan, el vicepresidente del parlamento, Uong Chu Luu, el responsable de la Comisión organizadora de los Funerales, vice primer ministro Nguyen Xuan Phuc y el ministro de Defensa, general Phung Quang Thanh, iniciaron las ofrendas de inciensos al altar erigido con la foto de Giap. Junto a la imagen vistiendo el uniforme de Comandante en Jefe del Ejército Popular, se expusieron las condecoraciones a las que se hizo acreedor a lo largo de sus fecundos 102 años de existencia en los que ganó celebridad mundial como eminente estratega.

Una breve oración a la memoria del extinto pronunciada por un alto oficial de las Fuerzas Armadas y el agradecimiento de Xuan Phuc al ejército fueron las únicas palabras dichas en un acto acompañado casi todo el tiempo por marchas fúnebres interpretadas por bandas militares. Al igual que como transcurrió la ceremonia, con la misma sencilla sobriedad que caracterizó su propia vida, yace en paz quien batalló consagrado y victorioso, derrochando inspiración y talento por un Vietnam independiente, reunificado y socialista.

* Hugo Rius es corresponsal de Prensa Latina en Vietnam y Luis Manuel Arce, periodista en Panamá y ex corresponsal de guerra en Vietnam, Laos y Cambodia. ** Fragmento del libro testimonial “Tres batallas decisivas” de Luis Manuel Arce.