El papa Francisco desea una Iglesia más comprometida con los problemas del mundo moderno, como por ejemplo las profundas desigualdades sociales, pues en la actualidad solo mira y cuida de sus intereses, obviando en muchos casos su verdadera misión. Jorge Bergoglio culpó al liberalismo salvaje de fortalecer a los más fuertes y de excluir a los más débiles y advirtió que ningún impulso de pacificación será duradero en una sociedad que ignora, margina y abandona en la periferia una parte de sí misma.

El 14 de febrero, poco antes de su renuncia, el papa Benedicto XVI llamó a renovar la Iglesia Católica y a trabajar en la ejecución verdadera de los mandatos del Concilio Vaticano II. En el Aula Pablo VI del Vaticano, el Pontífice renunciante habló ante el clero de su pasado como teólogo y contó anécdotas relacionadas con el Concilio Vaticano II de la década de 1960, un evento considerado clave para la modernización de la Iglesia del siglo XX.

Joseph Ratzinger participó en las labores de preparación del Concilio Vaticano II de 1962 a 1965, junto al cardenal alemán Joseph Frings, entre los purpurados más progresistas y que pedía profundos cambios dentro de la Iglesia. De acuerdo con el ex Obispo de Roma, las reformas aprobadas entonces, su apertura al diálogo con el mundo, no se han realizado.

Los seminarios y conventos están cerrados, la liturgia banalizada, denunció el pontífice saliente ante los religiosos tras reconocer que los textos del Concilio fueron mal interpretados y deformados. En su penúltimo ángelus dominical en el Vaticano, Benedicto XVI se pronunció por una renovación moral de los fieles de la iglesia católica y abogó por priorizar las creencias religiosas por encima de preferencias materiales.

El sucesor de Benedicto XVI, el papa Francisco, denunció la pobreza espiritual y lo que consideró la dictadura del relativismo en un encuentro con el cuerpo diplomático acreditado ante el Vaticano el 22 de marzo. El papa argentino dijo que aún existen muchos pobres en el mundo, pero la pobreza de espíritu afecta a naciones que se consideran ricas en el orbe. Recalcó que, como afirmaba su predecesor, existe la dictadura del relativismo, la cual “deja a cada uno como medida de sí mismo y pone en peligro la convivencia entre los hombres”.

De otra parte, al finalizar una reunión privada con el presidente italiano Giorgio Napolitano el pasado 8 de junio, el papa Francisco resaltó la importancia de garantizar el funcionamiento de las instituciones democráticas en el actual contexto de crisis global profunda y persistente que acentúa los problemas económicos y sociales, con peores consecuencias para los sectores sociales más débiles.

Francisco pide abandonar la cultura del egoísmo

Durante su visita a Brasil, el papa Francisco pidió a los jóvenes abandonar la cultura del egoísmo y del individualismo para acabar con el hambre, la miseria y las injusticias sociales. Tras realizar un recorrido a pie por la favela pobre de Varginha, en Río de Janeiro, el 25 de julio Francisco criticó la corrupción y señaló que nadie debe permanecer indiferente ante las desigualdades que aún existen en el mundo.

Puntualizó que la medida de la grandeza de una sociedad está determinada por la forma en que trata a quien está más necesitado, a quien no tiene más que su pobreza. “No es la cultura del egoísmo, del individualismo, que muchas veces regula nuestra sociedad, la que construye y lleva a un mundo más habitable, sino la cultura de la solidaridad; no ver en el otro un competidor o un número, sino un hermano”, subrayó.

El pontífice destacó asimismo la generosidad del pueblo brasileño, especialmente las personas más sencillas que, pueden dar al mundo una valiosa lección de solidaridad, una palabra, -dijo- con frecuencia olvidada u omitida. Saludó los esfuerzos de la sociedad brasileña para integrar todas las partes de su cuerpo, incluidas las que más sufren o están necesitadas, a través de la lucha contra el hambre y la miseria.

El papa alertó que ningún impulso de pacificación será duradero, ni habrá armonía y felicidad para una sociedad que ignora, que margina y abandona en la periferia una parte de sí misma. “Una sociedad así se empobrece a sí misma; es necesario expandir la justicia social, la inclusión en las sociedad de todos para acabar con el hambre, la miseria y las desigualdades”.

El santo padre hizo igualmente alusión a las multitudinarias protestas ocurridas en Brasil en junio último, donde se demandó por mejores servicios públicos y menos corrupción. Francisco manifestó que los jóvenes a menudo se sienten defraudados por los casos de corrupción, por las personas que, en lugar de buscar el bien común, persiguen su propio interésm, y pidió a los congregados en Varginha a no desanimarse, y no dejar que la esperanza se apague.

El papa Francisco reconoció los problemas y escándalos de la iglesia católica durante la ceremonia de vía crucis, uno de los principales eventos de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) celebrada en la playa de Copacabana. Reconoció que muchos jóvenes perdieron su confianza en las instituciones políticas porque ven egoísmo y corrupción o dieron su espalda a la Iglesia, e incluso a Dios, por la incoherencia de los cristianos y de los ministros del Evangelio.

El 56% de los jóvenes católicos de entre 16 y 29 años de edad y el 43% con más de 30 años apoyarían a la Iglesia si aceptara las uniones entre personas de mismo sexo, reveló un sondeo realizado por Ibope y difundido por la ONG Católicos por los Derechos de Decidir el pasado 25 de julio.

La pesquisa indica que el 82% de los jóvenes católicos y el 76% de los adultos estiman que la Iglesia debe permitir a las féminas el uso de la píldora del día después. El 90% de la juventud religiosa y el 88% de las personas mayores respaldaron la imposición de castigos severos para los sacerdotes pederastas o pedófilos e involucrados en acoso sexual y actos de corrupción.

Para la coordinadora de Católicos por los Derechos de Decidir Regina Soares, el sondeo evidencia el gran descontento de los fieles hacia la “política del silencio” con la que el Vaticano trata de evitar la profundización de la investigación sobre la pedofilia y la corrupción en la Iglesia católica. “Son católicos, pero no practican lo que dice la Iglesia”, criticó Soares.

Francisco contra la visión “vaticano-céntrica”

En entrevista concedida al fundador del diario italiano La Repubblica Eugenio Scalfari, el Sumo Pontífice aseguró que hará todo lo posible por cambiar la visión “vaticano-céntrica” para que la Iglesia católica vuelva a estar al servicio del pueblo de Dios. La entrevista se publicó este martes, cuando dio inicio una reunión de tres días a puertas cerradas entre Francisco y ocho cardenales de todo el mundo para juntos perfilar las posibles reformas del Vaticano.

El portavoz del Vaticano Federico Lombardi expresó que la reforma de la Curia es uno de los puntos de análisis de este Consejo de Cardenales, pero que los problemas para liderar la Iglesia también resultan muy importantes para el Papa. Según trascendidos de prensa, la iniciativa da cumplimiento a un mandato de los cardenales que lo eligieron Papa, quienes desean que los líderes religiosos locales se involucren en la toma de decisiones sobre la Iglesia universal.

El Concilio Vaticano Segundo, la serie de reuniones realizadas entre 1962 y 1965 que modernizaron la Iglesia católica, prometió esa apertura a los fieles de otras religiones y a los no creyentes, pero desde entonces no existen progresos, por lo que “tengo la humildad y la ambición de hacerlo”, dijo el Papa Francisco.

Recordó que entre los más grandes males que afligen al mundo destacan la desocupación de los jóvenes y la soledad en que son abandonados muchos ancianos. Al respecto, subrayó que el liberalismo salvaje solo hace a los fuertes más fuertes, a los débiles más débiles, y a los excluidos más excluidos. Cuestionó: ¿Se puede vivir sin memoria del pasado y sin el deseo de proyectarse en el futuro construyendo un proyecto, un porvenir, una familia? “Para mí este es el problema más urgente que la Iglesia (católica) tiene ante sí porque no hiere sólo los cuerpos, sino las almas”.

Durante su largo diálogo, protagonizado la semana pasada en su austera casa de huéspedes del Vaticano, el primer Papa latinoamericano criticó el clericalismo y la actitud narcisista de muchos de sus antecesores, quienes se dejaron adular por los cortesanos. Los más golpeados por este problema suelen ser las personas que ostentan mucho poder, por ello a menudo los jefes son narcisistas, acotó.

“No son cortesanos, sino gente sabia que está inspirada por mis mismos sentimientos. Éste es el comienzo de una Iglesia con una organización que no es sólo vertical, sino también horizontal”, dijo el líder católico y también dedicó una frase a los teólogos de la liberación, quienes “ciertamente daban un seguimiento político a su teología”, en tanto “muchos de ellos eran creyentes con un alto concepto de humanidad”.

Con información de Prensa Latina y Aica.org