Praga y La Habana (PL).- La República Checa intenta liquidar una crisis política que se extiende por más de dos meses, con ingredientes de todo tipo: escándalos, corrupción, disputa del poder y hasta acontecimientos históricos. La Cámara de Diputados acordó su autodisolución, con el respaldo de una considerable mayoría de 140 diputados. Así, se dio luz verde a la celebración anticipada de elecciones generales los días 25 y 26 de octubre próximos.

El 8 de marzo asumió la presidencia checa el socialdemócrata Milos Zeman de 68 años de edad y primer ministro entre 1998 y 2002. Ganó en enero pasado la segunda vuelta de las primeras elecciones presidenciales directas en esta nación frente al titular del Exterior Karel Schwarzeberg. Zerman se presentó como mediador, pero nunca juez, de los problemas internos de esta nación centroeuropea.

Durante una ceremonia en la Sala de Vladislao, en el Castillo de Praga, el nuevo jefe de Estado consideró como sus objetivos inmediatos “tranquilizar y estabilizar la escena política, lo que sin el apoyo de la ciudadanía es imposible”. Ante unos 600 asistentes a la ceremonia, incluidos todos los senadores y diputados, Zeman abogó por un diálogo imparcial con organizaciones no políticas y se presentó como la voz de 10 millones de checos no privilegiados, sobre una población total de 10 millones 500 mil habitantes.

Los comicios directos, los primeros desde la división de Checoslovaquia hace dos décadas, dieron paso al tercer presidente, después del fallecido Vaclav Havel y Vaclav Klaus, quien concluyó el 7 de marzo su segundo mandato. Klaus podría enfrentar problemas judiciales, pues una comisión investiga su decisión de decretar una amnistía a finales del pasado año para liberar a unos tres mil reos con condenas de menos de un año o casos suspendidos de corrupción y delitos económicos. Tal decisión provocó el rechazo popular y la rebelión de un centenar de alcaldes que decidieron retirar los retratos de Klaus de las instituciones oficiales, escuelas y jardines infantiles.

En julio el presidente Milos Zeman oficializó un gobierno tecnócrata con el economista Jirí Rusnok como primer ministro, equipo que llega al poder con la misión de rescatar la estabilidad política en un país estremecido por un escándalo de corrupción. Poco antes la Policía contra el crimen organizado había irrumpido en la sede del gobierno y arrestó a siete altos funcionarios acusados de corrupción y abuso de poder, entre los cuales se encontraban cercanos colaboradores del entonces primer ministro Petr Necas. Las consecuencias llegaron de inmediato: revuelo nacional, alboroto en la oposición, reclamos al Ejecutivo de coalición liderado por el Partido Cívico Democrático (OSD en checo) y, finalmente, lo que muchos esperaban, la dimisión de Necas.

Entonces el presidente Zeman anunció su decisión de nombrar un gabinete experto liderado por su asesor y

ex ministro de Finanzas, tras escuchar durante varios días las propuestas de solución de los partidos políticos con representación parlamentaria. ¿Qué viene ahora?, preguntan los expertos, ¿conseguirá Rusnok sobreponerse al escándalo y devolver la estabilidad a la nación? En este sentido, a su favor tenía el hecho de que el último gobierno tecnócrata (2009-2010), liderado por Jan Fischer, conquistó el apoyo del 70% de la población. Esta reacción tuvo su origen, según el sociólogo Daniel Prokop, en la desconfianza generalizada de los checos con respecto a la política partidista, lo cual también sería un elemento positivo para el nuevo mandatario.

Sin embargo, una encuesta reveló que los ciudadanos preferían esta vez adelantar las elecciones previstas para 2014, pues el 55% de los consultados opinó que esa sería la mejor solución para la crisis actual en el país. En tanto, la posibilidad de un gabinete experto quedó relegada a una segunda opción. Como otra cuestión desfavorable y que complicaba la misión del nuevo primer ministro, los especialistas señalaban que el conflicto actual trasciende el mero escándalo de corrupción y evidencia un descontento popular mucho más profundo, enraizado en la inconformidad con no pocos aspectos de la gestión de Petr Necas.

“Cuando nada se sabía públicamente del caso de corrupción en el Gobierno, la mayoría de las personas ya pedía el fin de este Ejecutivo y la celebración de elecciones anticipadas. O sea que los ciudadanos desconfiaban del gabinete de Petr Necas desde hace tiempo”, señaló Prokop. Por otro lado, en los círculos políticos, Rusnok tampoco encontraba un ambiente cómodo, pues tanto la oposición socialdemócrata como el partido gubernamental tenían sus propios candidatos: los primeros apostaban al líder de su formación, Bohuslav Sobotka, y el OSD defendía a Miroslava Nemcová, actual presienta de la Cámara de Diputados.

Precisamente esos fueron los dos nombres más mencionados por la ciudadanía como posible sucesor de Necas, de acuerdo con el sondeo realizado por la agencia Median, mientras un 40% restante no vislumbró ninguna personalidad como futuro primer ministro. Otra encuesta difundida el 12 de julio reveló que el 58% de los checos apoya al gobierno tecnócrata del economista Jirí Rusnok, instalado esa semana. El nuevo Ejecutivo designado por Zeman debía someterse al voto de confianza ante la Cámara de diputados, en un plazo de 30 días desde su nombramiento.

Aunque la mayoría prefiere que los parlamentarios apoyen al nuevo gobierno, el 50% opina que eso no sucederá, según el sondeo realizado por la agencia Median. En este sentido, las posibilidades del Ejecutivo de Rusnok ante los parlamentarios se vislumbraban difíciles, pues la presidenta de la Cámara de Diputados Miroslava Nemcová se encontraba entre los principales candidatos a ocupar la jefatura del gobierno.

Asimismo, la coalición que apoyó al renunciante Necas reunió 101 firmas de diputados para pedir la constitución de un gabinete encabezado por Nemcová, quien pertenece a la misma formación política del ex primer ministro, el OSD. La alianza política sostuvo además que un gobierno tecnócrata nunca conseguiría el respaldo de la Cámara de diputados.

Empezar desde cero: la elección de una República Checa sin gobierno

En junio último, el primer ministro conservador Petr Necas se vio obligado a renunciar por un escándalo de corrupción que envolvió a siete altos funcionarios cercanos a él, incluida la jefa de su gabinete. Ya desde entonces una parte de los parlamentarios se mostraba a favor del adelanto de las elecciones, y lo mismo expresaba la ciudadanía mediante las encuestas. Por su parte, la coalición gubernamental liderada por el OSD proponía nombrar un primer ministro de esta fuerza política, que permitiera a la alianza continuar frente al país hasta la celebración de nuevos sufragios.

La propuesta para suceder a Necas era Miroslava Nemcová, la presidenta de la Cámara de Diputados. Pero Zeman no favoreció ni a unos ni a otros y decidió designar un gabinete tecnócrata liderado por un experto Jiri Rusnok, ex ministro de economía y… su asesor personal. Varios periodistas y analistas aseguran que con la maniobra el jefe de Estado buscaba reforzar su poder y consolidar su posición luego de haberse convertido en el primer jefe de Estado checo electo mediante voto popular y directo durante las elecciones de enero de 2013.

Sin embargo, la jugada no llegó a concretarse porque los parlamentarios negaron a Rusnok el voto de confianza, imprescindible para poder gobernar, tras lo cual el hombre de Zeman no tuvo otra opción que dimitir. Aunque Zeman aceptó la renuncia, le pidió que continuara administrando la nación hasta la celebración de los comicios. “La permanencia de Rusnok en el poder le garantiza a Zeman unas semanas más para continuar el fortalecimiento de su posición dominante en la política checa”, opinó Milan Znoj, académico del Instituto de Estudios Políticos de la Universidad Charles de Praga.

Empezar de cero es la opción escogida por la República Checa para intentar liquidar una crisis política que se extiende por más de dos meses, con ingredientes de todo tipo: escándalos, corrupción, disputa del poder y hasta acontecimientos históricos. La Cámara de Diputados acordó su autodisolución, hecho inédito en la historia de esa nación europea, con el respaldo de una considerable mayoría de 140 diputados, de un total de 200, principalmente los pertenecientes a fuerzas políticas de centro izquierda. Así, se dio luz verde a la celebración anticipada de unas elecciones generales planeadas inicialmente para 2014, las cuales serán realizadas los días 25 y 26 de octubre próximos, anunció el presidente Milos Zeman.

Al respecto, el líder del Partido Socialdemócrata (PSC) Bohuslav Sobotka celebró el anticipo de los sufragios, pues “son el camino para solucionar la crisis política; de otra manera, este país podría verse enfrentado al caos”. Por su parte, el dirigente comunista Vojtech Filip estimó que elegir un nuevo Parlamento será una oportunidad para reunir a nuevas fuerzas en el escenario político checo.

De acuerdo con reportes de prensa, el entusiasmo para adelantar los comicios rebasó los límites de la cámara parlamentaria y se expandió a la sociedad, pues más del 50% de los ciudadanos ha respaldado esta opción en varias encuestas realizadas desde junio último. No obstante, probablemente haya una persona menos contenta con el desenlace del conflicto: el presidente, y no precisamente porque su puesto peligre, dado que las elecciones son parlamentarias. La clave radica en que se le acaba de escapar de las manos la posibilidad de asegurar un primer ministro hecho a su medida.

Camino a octubre

Antes del próximo 17 de septiembre, los partidos políticos que se postularán en las elecciones deberán presentar las listas de sus candidatos, labor en la cual trabajan en estos momentos. Mientras, en torno al escenario electoral se ciernen no pocas interrogantes sobre como vislumbrar qué formación política o coalición conseguirá obtener la mayoría parlamentaria, y con ello, tener la posibilidad de proponer a un primer ministro salido de sus filas, el cual luego deberá ser aprobado por el máximo dignatario.

En este sentido, los partidos Cívico Democrático y Socialdemócrata se prefiguran como los principales rivales, pues así se han comportado las contiendas de los últimos años, con un empate técnico de acuerdo con los resultados generales. Los socialdemócratas vencieron de manera consecutiva en los sufragios de 1998 y 2002, en los que dejaron a sus contrincantes derechistas relegados al segundo puesto.

Pero en 2006 y 2010, la moneda viró su cara y el OSD resultó ganador, en la última ocasión apoyado en una coalición con los partidos Liberal-demócrata y TOP 09. Con estos equilibrados antecedentes, resta preguntarse por el momento: ¿el escándalo político del derechista Necas afectará al OSD en las urnas y favorecerá a los contrarios? ¿El protagonismo adquirido por Zeman, un socialdemócrata, se reflejará de manera positiva para esta fracción o causará rechazo en la ciudadanía?

En este sentido, el ex canciller checo Karel Schwarzenberg opinó que el tema de las próximas elecciones será la defensa de la democracia parlamentaria, frente al intento del jefe de Estado de abusar de sus poderes constitucionales. Por otra parte, recientemente la agencia Median realizó una encuesta y preguntó a los checos su opinión sobre el mejor sucesor para el primer ministro.

¿Resultado? Sigue el empate: los dos nombres más mencionados fueron Miroslava Nemcová (OSD), y el socialdemócrata Bohuslav Sobotka. Sin dudas, la última palabra la tendrán las urnas.

* Periodista de la redacción Europa de Prensa Latina.