Se llama “Syrian Electronic Army” y se ha atribuído el ataque cibernático al importante rotativo estadounidense “New York Times”. Un ataque que ha hecho inaccesible el ingreso al “account website” del periódico por muchas horas.

La intrusión en el “account” de Twitter de AP ha llevado, por ejemplo, aunque sólo por pocos minutos, a perder 136 mil millones de dólares en la bolsa de Wall Street después de que los “hacker” habían dado la falsa noticia de dos explosiones en la Casa Blanca de Washington con el Presidente de los Estados Unidos Barack Obama herido gravemente.

La organización es típica de los “Anonymus”: los activistas anónimos que piden un “web libre” y que poco a poco se están multiplicado defendiendo al infame “WikyLeaks”. Este grupo misterioso, que se ha difundido a través de la red, no tiene límites bien definidos y bien determinados y no tiene a un “leader” bien reconocible.

La misma relación que existe entre los “hackers” y la organización “Syrian Electronic Army”, es muy lagunosa. Se sabe que el “website” oficial ha sido registrado por una compañía cuyo primer presidente era Basel al-Assad, hermano del dictador sirio. A una pregunta de Global Post, un portavoz de “Syrian Electronic Army ” ha manifestado que ellos no son “pro Assad, son pro Siria”. A este punto es muy difícil de verificar la verdad.

Las preguntas son siempre las mismas: ¿se trata de un simple activismo “revolucionario” o se trata de una nueva forma de terrorismo y de verdaderos soldados inscritos en una guerra civil cibernética?. Estos “soldados” han sido acusados de haber proporcionado direcciones y nombres de los disidentes sirios al régimen de Bashar al-Assad, para facilitar el trabajo de la policía secreta.

También la retórica es la misma. Desde su nacimiento en abril de 2011, los “hacker” sienten la misión de llevar la verdad a las pueblos engañados por la propaganda occidental. Estos “website” sirven sólo para propagandizar los discursos e imágines del dictador sirio.

El destino de la nueva guerrilla informática es uno solo: así como ya se ha visto en Irán, Yemen, Tunez o China, los “hacker pro-Assad” demuestran que los instrumentos que usan para librar el pensamiento en red pueden ser usados también para reprimirlos.

En Siria no hay un control necesario para individuar los abusos en red, pero no será el “ejército virtual” de Bashar al-Assad que cambiará el escenario mundial.