Locarno, Suiza.- Historia de la meva mort (Historia de mi muerte), del realizador catalán Albert Serra, fue galardonada con el premio mayor, el Leopardo de Oro, en la 66 edición del Festival de cine de Locarno que acaba de concluir el tercer fin de semana de agosto.

El abrazo cinematográfico entre Casanova y el Conde Drácula, presentando en la misma pantalla dos épocas históricas y dos visiones del mundo, conmovió por su originalidad al jurado internacional que no dudó en galardonar así una obra radical y rupturista del cine contemporáneo.

Aunque fue la principal, la presea de Serra no fue la única para la producción iberoamericana que llegó al más importante evento cinematográfico suizo. E agora? Lembra-me (¿Y ahora?, recuérdame) del director portugués Joaquim Pinto, recibió el Premio especial del jurado internacional, el segundo en importancia, así como la presea otorgada por la crítica internacional.

Por su parte el actor peruano Fernando Bacilio, personaje principal de El mudo, de Sebastián Lelio, se alzó con el Pardo a la mejor interpretación masculina. En tanto el realizador español Lois Patiño con su Costa da Morte (Costa de la Muerte) fue reconocido como mejor realizador emergente en la categoría de Cineastas del Presente, la segunda en importancia del evento locarnés.

“Entendieron mi película”

El Leopardo de Oro sobrepasa todas las expectativas del director catalán, quien en entrevista con este corresponsal, luego de conocer la noticia, se manifestó “tan contento como sorprendido”.

“Lo que más me conmueve de la distinción es que desde un primer momento en Locarno se habló de cine con mucha pasión. Es un espacio donde realmente se entiende de cine. Todos los intercambios, incluido con otros realizadores y la prensa, estaban centrados en las películas, en su estética…Que es lo que importa al final, al margen cualquier premio” enfatiza Serra.

Quien reconoce también el impacto material positivo de la recompensa – 90 mil francos suizos, casi el mismo monto en dólares estadounidenses- “que me va a permitir enfrentar la nueva etapa profesional con más calma, sin pensar tanto en el día a día”. Subrayando el momento oportuno de la distinción, “a pocos días que Historia de la meva mort sea presentada en Francia, lo que puede significar un empujón para el film”.

Su reflexión de fondo, al mejor estilo de la personalidad crítica y sin compromisos del realizador catalán – considerado por parte de la crítica de su país como el “enfant terrible” del cine español- , lleva a relativizar sin embargo el significado del premio. “Hay que circunscribirlo a una película en particular” en un mundo, como el cinematográfico, donde “no se puede contentar siempre a todos”.

Ni siquiera al mismo público, hacia el cual Serra mantiene una cierta distancia conceptual, fuente de la independencia de su creación. “Si debiera pensar en la gente, en los espectadores, me bloquearía. A nivel metafórico, es como si un fabricante de armas debiera pensar en las víctimas que produce…Mis películas son armas con las que cada uno que las mira puede hacer, pensar y vivir lo que quiera” enfatiza.

“El actor es como tierra moldeable”

El actor es el fango, “la tierra húmeda de un ceramista. No soy más que lo que Albert Serra ha moldeado para darle una forma determinada”, expresa Vincenç Altaió, actor no profesional que asume el rol protagónico de Casanova, al comentar el premio recibido en Locarno.

Para mí como poeta, continua, “que no hace distinción entre lo visual y lo literario, se culmina de esta manera una forma de arte sin fronteras”, subraya.

E insiste en su propia lectura sobre el valor de Historia de la meva mort: “creo que esta película representa perfectamente nuestra época y con los años va a explicar mejor a Europa y al mundo actual que un tratado de política o un ensayo de economía”. Y concluye: “cruza las ideas con la estética. Es muy valiente, muy innovadora, corre riesgos y hace un favor al espectador, al crearle una dificultad a su vida cuando mira el film”.

“Satisfecho con el palmarés”

Las distinciones otorgadas en Locarno, “muestran que los jurados comprendieron la diversidad de las películas presentadas en la selección oficial”, subraya el director Carlo Chatrian, en diálogo con este corresponsal.

El film catalán, subraya, es “compacto, muy fino, muy fuerte, asocia dos épocas para hablar del presente”. Y el Leopardo de Oro, galardona hoy “un cine radical y de búsqueda, coherente con el espíritu mismo de nuestro festival”.

Albert Serra es uno “de los cineastas más originales en la actualidad. Y es un gran honor que presentara su film aquí. Un proyecto de largo alcance, en el que venía trabajando desde años”.

Tal vez por la duración – 148 minutos- no va a funcionar muy bien en las salas comerciales, explica el director de Locarno. “Pero estoy convencido que como el buen cine, el de verdad, va a permanecer y prolongar su presencia en la historia”, concluye.

Casanova y Drácula, se dan la mano en Locarno

El arte, en general, y la cinematografía en particular, van más allá del bien y el mal; del qué dirán , de lo bueno y lo malo. Más aún, “no me importa la opinión del público cuya valoración será siempre subjetiva y sujeta a equivocarse”. Albert Serra, que con apenas 38 años y una corta carrera en el cine ya pasó por Cannes y por otros festivales internacionales, trae ahora a la competición del Festival de Locarno no solo su último film, Historia de la meva mort (Historia de mi muerte) sino toda su retórica de *ruptura* con los valores tradicionales del arte.

El *enfant terrible*, del cine catalán, tal como lo cataloga una parte de la crítica de su país, presenta en 148 minutos –breve extracto de las 440 horas de filmación- una ficción donde se entrecruzan los mundos fantásticos de Casanova y el Conde Drácula, en la transición misma del racionalismo del siglo XVIII hacia la entrada del romanticismo violento del XIX.

Todos los juicios y las críticas son estériles. “Al alejarme de los juicios, recuperé mi libertad y mi productividad…Lo más importante al hacer cine es seguir la inspiración” enfatiza Serra al iniciar su entrevista exclusiva. Anticipando que luego de tres películas sobre temas del pasado, su próximo proyecto será “sobre algo contemporáneo, para cambiar un poco y como nuevo reto”.

P: ¿Su producción cinematográfica expresa una visión vanguardista de interpretar el arte en general y el cine en particular…una especie de rebeldía artística?

R. No. No es mi objetivo. Aún más, ni siquiera miro lo que se hace en el mundo ni lo que producen los otros realizadores. Se trata de una especie de lucha conmigo mismo, de intentar hacer cosas mías, en mi propio estilo e irlas perfeccionando y añadiendo. Pero casi no tengo comunicación con el resto del mundo estético. Quien sabe al inicio de mi producción había algo de rebeldía, pero ahora ya es porque no me interesa comparar ni ser comparado.

P: ¿Por qué esa metamorfosis de rebeldía a un casi aislamiento del mundo del arte?

R. La vida es demasiado corta. Soy ya muy viejo (ndr: apenas 38 años) y hay demasiado poco tiempo para crear. Si uno entra en esa visión de competencia arriesga de caer en una suerte de psicología política. Ganar o perder, compararse. Como ganar o perder las elecciones. Hacer cálculos… Y no me interesa porque implica pérdida de tiempo creativo. Como decía antes, ya no miro películas…Es perder el tiempo.

P: ¿El tiempo para crear aparece casi una obsesión en su vida?

R. Sí. Todo lo otro no me produce satisfacción. Y por lo tanto lo he rechazado. Comentar cosas en un bar, tal vez. Pero ir al cine para evaluar y criticar a otros, no. Sobre todo porque implica contagiarse de esa visión de crear juicios de valor. Lo que es bueno, lo que es malo, lo que se debe hacer…Y cada vez estoy más lejos de todo esto. Diría que es como que he suspendido mi juicio de valor a pesar que, como me pasa en España, muchas veces hago declaraciones en contra de los malos. Pero esto es gratis. Realmente no me ocupa demasiado energías. Aprovecho algunas oportunidades para hablar y no puedo evitarlo. Pero no pienso en juzgar. Es perder tiempo.

P: ¿Esa concepción rupturista no le crea a veces problemas con sus productores que exigen ciertos *comportamientos* y cánones desde la perspectiva de la distribución y venta?

R. No, al contrario. Ellos respetan esta visión. He encontrado gente simpática que prefieren esta actitud. Si no existiera gente como yo, ¿cómo sería el mundo? Sería terrible! Es importante que de vez en cuando aparezca alguno como yo que es realmente auténtico.

P: ¿En el marco de su visión no es casi contradictorio participar en un festival de cine, donde la competencia y el juicio de valor juegan un rol importante?

R. No, para nada. Al contrario! Yo sigo una divisa muy bonita: “amo a todos los que me aman”. Y si a los organizadores de Locarno les gustó Historia de la meva mort, tanto mejor. El productor francés de mi película discutió mucho con otros festivales, como el de Venecia. Cinco llamadas; que si competición o si otra sección; que si el director aceptaría esto o lo otro…Que vamos a hablar con el director y que tenemos que pensar y etc. Y al cabo de un montón de llamadas, el productor me dijo: “realmente nunca me dijeron si les había gustado o no el film…” Con el Festival de Locarno fue distinto. Desde el primer contacto se habló de mi película. Pudimos ver rápidamente que la entendieron. Y que no entraban en juicios de valor, o estrategias, o en la gran política del cine. Y esto es importante porque ya no acepto ni en mi vida personal ni sobre mis películas, los juicios de valor. Suspendo el juicio. Yo mismo no juzgo si lo que hago es bueno o malo. Voy adelante, continuo y hago, hago y hago. Y si bien es diferente elaborar un film que venderlo, porque son dos mundos diversos, estoy en la misma actitud de base: suspensión del juicio. Y no darle importancia a lo que diga la gente. Cada vez me refuerzo más en la visión de neutralidad total, de concentrarme, de avanzar espontáneamente en el arte…

P: ¿Eso significa que tampoco le interesa o le preocupa el juicio de otros sobre su obra…Incluso de saber si le gusta o no al público?

R. Tengo desde el inicio de mi carrera dos o tres reglas básicas que persisten, que van a ser siempre válidas y también han sido constantes para elaborar Historia de la meva mort… La primera es que me concentro en mí, en las cosas que puedo aportar, mejorar, perfeccionar. En segundo lugar, no trabajo ni nunca lo haré, con actores y actrices profesionales. No quiero perder la espontaneidad creativa de los que participan en mis obras. Y en tercer lugar, no me preocupo ni de la crítica ni del público. Porque a veces se ama un film pero por las malas razones. Sin haber comprendido realmente la esencia que el realizador ha querido ponerle. El concepto de éxito y la acción de medirlo, son absolutamente relativas, subjetivas.

P: ¿Algo más en esa perspectiva radical de evaluar al cine?

R. Sí. Reiterar que para mí, mis películas son un todo. Hay que tomarlas en bloque. Es todo o nada. Lo que importa es el concepto del film. No se debe pensar en medias tintas. Mis obras van más allá de la crítica.

P: ¿Y el futuro?

R. Por el momento no tengo un proyecto concreto. Salí muy cansado de este film que me llevó, solamente el montaje, un año y medio de trabajo que hice totalmente solo. Quiero hacer algo más contemporáneo. Intentaré, sí, de no perder el mismo grado de inocencia y fantasía que tuve hasta ahora.

El film y sus actores

Cuenta la vida de Casanova que conoce a un nuevo servidor, Pompeo, quien será testigo de los últimos momentos de su vida. Luego de dejar su castillo francés y la vida libertina propia del siglo XVIII, Casanova y su vasallo pasan el fin de sus días en las tierras pobres y oscuras del norte europeo. Confrontándose entonces a una fuerza nueva, violenta, esotérica y romántica representada por Drácula y su poder eterno. Los actores son:Clara Visa, Noelia Rodenas, Montse Triola, Eliseu Huertas y Lluis Serrat. El papel central de Casanova es realizado por Vincenç Altaió, importante hombre de la cultura catalana, que dirigió por cinco años el Arts Santa Mónica, uno de los ateneos más importantes de esa región (Sergio Ferrari)

El mudo peruano que habló en el Festival de Cine de Locarno

Dos películas latinoamericanas participan en la competición internacional de esta edición 66 del Festival del Film de Locarno, el más importante de Suiza, Una brasilera (Educaçao sentimental) y El mudo, de los realizadores peruanos Daniel y Diego Vega.

El mudo, coproducción peruana, mexicana y francesa recibió también el apoyo de Visiones Sur-Este – Fondo suizo de apoyo a la producción. Disputa junto con otras diecinueve películas por el Leopardo de Oro, máxima presea que otorga este festival de la Suiza italiana.

“El hecho mismo de haber sido seleccionados para disputar la competición oficial, es ya para nosotros un gran éxito. Dada la calidad y el reconocimiento internacional de un festival como el de Locarno”, subraya Daniel Vega a este corresponsal Daniel, con su hermano Diego hacen parte de la nueva camada de cineastas latinoamericanos, considerados en el ambiente como “jóvenes talentos”.

Tal como lo enfatiza uno de sus productores, el especialista francés de la rama Frédéric Corvez, quien no escatima elogios a sus pupilos: “Muy probablemente en poco tiempo realizarán otros proyectos de gran envergadura y harán hablar de ellos”.

El mundo es el segundo largometraje de los hermanos Vega. El primero, Octubre, realizado en el 2010, recibió el Premio del Jurado en la sección “Una cierta mirada” del Festival de Cannes, evento que les aseguró un primer reconocimiento internacional significativo. En 2008 con el cortometraje Interior bajo izquierda, habían ya participar en la sección “Puertas abiertas” de Locarno.

“Cada uno por su propio camino, llegamos casi por casualidad al cine, recorriendo experiencias diferentes”, explica Diego Vega quien enseña actualmente en la Escuela Superior de Cine y Audiovisual de Barcelona, donde reside.

El trabajo en común, con toda la “complicidad que el hecho de ser hermanos nos asegura”, ha potencializado nuestro trabajo. “Y tal vez la escasa diferencia de edad de apenas 11 meses, que nos permitió compartir mucho desde niños, nos facilita hoy intercambiar, resolver las diferencias, complementarnos, pero sin envidias ni competencia entre nosotros”, explica por su parte Daniel quien es director comercial en Lima, la capital peruana.

Actuación excepcional

El film de apenas 86 minutos de duración presenta una parte de la vida de Constantino Zegarra, abogado y funcionario judicial en uno de los tribunales de la capital peruana. El esfuerzo por asegurar imparcialidad en su acción y sancionar con energía los delitos que investiga, se ven confrontados con obstáculos impuestos por la misma burocracia del sistema jurídico. En el cual, la corrupción; la fragilidad del aparato del Estado –los escasos recursos que cuenta, por ejemplo, la policía para su acción operativa-; y el peso de las influencias políticas y amiguismos, enturbian los ideales de Zegarra.

Víctima de una bala perdida que le afecta sus cuerdas vocales, el personaje central se obsesiona por descubrir al responsable de lo que él considera un atentado dirigido contra su persona. Forzando así la trama hasta desenlaces imprevisibles, como el suicidio de del eventual responsable de esa acción.

La excelente actuación de Fernando Bacilio, actor y profesor de teatro en Perú, le dan una consistencia particular a la película. “Una interpretación que la sostiene”, enfatiza Diego Vega en su diálogo con este corresponsal “A pesar que me costó mucho el papel, debí esforzarme, escuchar lo que me indicaban los realizadores. No es fácil llegar al cine viniendo del teatro”, explica Bacilio.

Sin pretender ser un film *politizado*, una de las virtudes de El mundo, es la de presentar un retrato elocuente de la realidad peruana actual. Que según los jóvenes realizadores, está marcada por “un clima de euforia donde los peruanos nos sentimos los mejores del mundo”, en un una nueva fiebre de orgullo nacional.

Si bien en el Perú de hoy hay significativas mejoras con respecto a las décadas pasadas, “caracterizadas por la violencia, el terrorismo, la crisis económica creciente y el abuso de poder del fujimorismo – en referencia a la gestión del ex presidente Alberto Fujimori entre los años 1990 y 2000-, es evidente que no todo es hoy el paraíso”.

“Nos golpea mucho esa visión eufórica casi generalizada. Y si bien las mejoras son significativas y visible, nos parece un tanto reduccionista pretender medir el desarrollo del país meramente por el aumento del consumo”, explica Daniel Vega.

El mudo, en tanto expresión del “cine de autor” –enfatiza Diego Vega- se ubica en esa difícil y desafiante franja del arte crítico. Que en la coyuntura actual del país sudamericano, “significa reconocer las mejoras pero sin pensar que en 13 años se pueden resolver todos los problemas de fondo, como se ejemplifica en la película en el terreno específico de la justicia”, reflexiona.

En El mudo, la ficción es anterior a cualquier realidad histórica. “No partimos de un hecho real en particular, sino que fuimos enriqueciendo el guion con testimonios, reflexiones y aportes recogidos en muchos juicios, audiencias y tribunales limeños”, explica Daniel Vega. Y esas anécdotas y testimonios recogidos, le aportaron todavía más veracidad a la trama, explica.

“Dejamos andar la imaginación” enfatiza su hermano Diego. Quien rechaza ubicarse en una escuela cinematográfica determinada: “ sería horrible auto-catalogarse o fijarse en un marco meramente racional. En el cine, en la literatura, en la vida misma, lo intuitivo, el probar e intentar, corrigiendo y rectificando, hace a la esencia de la búsqueda cotidiana”, concluye.

Una película filmada con recursos mínimos

El mudo se realizó en cuatro semanas de pre producción y cinco de rodaje. Además, un día de filmación de un partido internacional de fútbol jugado entre Perú y Argentina en la capital limeña. Contó con un presupuesto cercano a los 380 mil dólares estadounidenses, lo que la ubica como una película sumamente barata y con recursos limitados. Además de los recursos peruanos, contó con el apoyo adicional de empresas e instituciones de México y Francia. El apoyo de Visiones Sur-Este – Fondo suizo de apoyo a la producción-, fue considerado por los realizadores como “esencial”. Representó algo más de un 10 % del presupuesto. La proyección en Locarno constituye la primera mundial del film.

* En colaboración con swissinfo.ch www.pardo.ch