La Habana (PL).- Tener buenas ideas y desarrollar con energía un propósito no constituyen garantía de que el resultado sea exitoso, como ocurrió a muchos excelentes inventores, que resultaron malos inversores y por lo tanto pésimos empresarios. Se trata incluso de elementos de mucho destaque, con un despliegue a nivel mundial, y reconocimiento en muchos países de soluciones que pese a su presencia en la actualidad carecieron de ganancias para sus creadores.

La alerta sobre esta especie de Lista de la mala suerte, la trajo la página Web BBCMundo, para alertar sobre elementos que contribuyeron a la riqueza de otros, por encima de la de los iniciadores. El primer tema está vinculado con la tecnología informática, pues el mouse o ratón de los ordenadores, constituye el artefacto más empleado en todo el planeta, sobre todo a partir de la difusión de la electrónica.

Douglas Engelbart, quien murió este año, se percató de la necesidad de esa herramienta, pero la inventó tiempo antes del desarrollo de la computación. Esta idea le acercó a la posibilidad primigenia de que un ordenador podía operarse desde afuera. Pero resulta que cuando el mouse estaba en la mano de todos la patente de Engelbart había caducado, y por tanto el inventor no recibió un solo centavo por esa iniciativa.

Inventor estadounidense (30 de enero de 1925- 2 de julio de 2013), recibió oportunamente la Medalla Nacional de Tecnología e Innovación, Premio Turing, Premio Lemelson MIT, y Medalla John von Neumann. Douglas Carl Engelbart fue un inventor estadounidense, descendiente de noruegos. Es conocido por crear el ratón, y es un pionero de la interacción humana con las computadoras, incluyendo el hipertexto y las computadoras en red. Sin embargo, nada de dinero por el mouse. Desde mediados de los años 80 del pasado siglo se vendieron alrededor de 100 mil millones de dólares por concepto de ese invento.

Otro descubrimiento que se incluye en esta nefasta lista es el del LED, que surgió de la mano de Nick Hlonyak Jr. quien nació en Illinois, Estados Unidos en 1928 y creó el primer LED en 1962, y previó incluso que en algún momento reemplazaría a la bombilla de Thomas Edison. Las lámparas LED (Light Emitting Diodes) se transformaron de luces indicadoras en aparatos electrónicos a un empleo masivo por su brillo, eficiencia y poco gasto de energía.

El tercer invento que no le grajeó fortuna a su creador fue el de los Post-It o los papelitos que se pueden adherir a cualquier superficie para anotaciones necesarias de recordar. En la actualidad, en Estados Unidos la firma 3M comercializa miles de millones de papeles adhesivos en el año.

Pese a tales ganancias, los inventores se consideran como acomodados, pero no ricos, pues resultó de la idea conjunta de Spencer Silver, que en 1968 desarrolló una pegatina que se podía despegar, y su colega Art Fry, quien añadió al invento la idea de un señalador para dejarlo en su libro de cánticos.

Creados por casualidad, los cuadraditos de papel como recordatorio fueron presentados al mercado en 1980 por la firma 3M y continúan entre los cinco artículos de oficina más vendidos en Estados Unidos.

Un arma de infantería está entre los peldaños de estas inversiones que no permitieron sumas millonarias a sus inventores, y es el caso del fusil Kalashnikov o AK-47 desarrollado por un soldado del entonces ejército soviético. Mijail Kalashnikov se recuperaba en un hospital de sus heridas durante la II Guerra Mundial, y se le ocurrió desarrollar esta arma, la más usada en el mundo en estos momentos y desde hace bastante tiempo.

Mijaíl Timoféyevich Kaláshnikov es un destacado diseñador de armas de fuego de origen campesino. Nació el 10 de noviembre de 1919 en la ciudad de Kurya, Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, hoy Rusia, al sur de Siberia, quien en la actualidad cuenta con 93 años.

Continúa en la nefasta lista, si se puede mencionar así, la Aguja de tocadiscos de zafiro, creada por la británica Marie Louise Killick, nacida en Mitcham, Surrey, en 1914, pero pese a inventarla no pudo tener la licencia y luego de años de litigio nunca logró ni un centavo por ello. Y para colmo de males, en 1958 ganó una demanda contra la empresa electrónica Pye, que quebró al año siguiente.

El aerodeslizador fue obra del ingeniero, también británico, Christopher Cockerell, que empleó una aspiradora y latas para poner a prueba sus ideas y crear de esta forma tan interesante y útil invento. En inglés conocido como Hovercraft, cruzó por primera vez una de estas naves de Calais en Francia a Dover en el Reino Unido en 1959. Cockerell fue nombrado caballero, pero no logró jamás un penique de parte de la Corporación Nacional de Desarrollo de la Investigación, pese a luchar por años para obtener alguna suma por su iniciativa.

En materia recreativa, el juego Tetris, tan conocido, fue obra del programador informático ruso Alexey Pajitnov, que desarrolló el videojuego junto a sus colegas de un centro de investigaciones financiado por el gobierno soviético en 1985, y por ello no recibió dinero alguno en su momento. Tuvo que esperar una década para crear su propia compañía nombrada The Tetris Company para recibir regalías por el invento.

Otros proyectos que se suman a los registros son la radio a cuerda del inventor Trevor Baylis, quien recientemente dijo tener problemas con su vivienda de Londres, pues pese a venderse millones de radios de cuerda en el mundo el autor no recibe nada. Ello ocurre pues la compañía con la que realizó el trato para su invento le hizo algunos cambios en el diseño inicial y por lo tanto perdió el control sobre el producto y sus ganancias.

La máquina de Karaoke del japonés Daisuke Inoue fue todo un éxito y en la actualidad lo es aún, y pese a que esta persona era empresario no ganó nada con ello. Inoue vivía de tocar la batería en una banda que invitaba a los parroquianos del bar a tomar el micrófono y cantar. Cuando no pudo ir al bar puso una grabación y luego creo 11 máquinas de Karaoke que alquiló, pero como no patentó el invento, jamás recibió dinero por ello.

Y destaca también el famoso MP3, sistema común de transferencia de música mediante Internet y otros medios, fruto de la idea de un estudiante de postgrado alemán, Karlheinz Brandenburg, quien inició sus trabajos en ese proyecto en 1980. Pero como no tenía dinero para vender el software, lo comercializó como shareware, modalidad para evaluar de manera gratuita su eficiencia, y ahí mismo perdió la oportunidad de ganar millones.

Por ultimo, la Web, ese gran invento, conocido como la red de redes global, fue fruto del británico Tim Berners-lee, creador de la World Wide Web (www) para colaborar con los científicos. En la actualidad el propio Berners-Lee considera que el éxito de su invento fue porque lo hizo gratuito. Este creador en la actualidad cuenta con muchos agasajos y reconocimientos, pero nada de dinero.

* Periodista de la Redacción Económica de Prensa Latina.