El milagro histórico realizado por el Papa Juan Pablo II, fue sin duda su intervención decisiva en la caída del muro de Berlín y del sistema comunista europeo, en noviembre de 1989. Sus estratégicos viajes de propagación de su fe a Polonia propagaron un efecto dominó en las naciones marxistas, llegando a expandirse hasta la misma Unión Soviética. Ni bien elegido el 2 de junio de 1979, después del humo blanco que anunciaba su elección, inició una agresiva campaña de agitación subversiva en su país natal, Polonia, para derrocar al gobierno socialista con el que no comulgaba.

La millonaria Iglesia Católica dio su diezmo moral y económico al sindicato “Solidarnosc”, los obreros regresaban al redil, cantaban himnos a la patria, a la virgen y a Dios. Y los viajes del mensajero de la paz se multiplicaron agudizando la crisis política del sistema socialista de Polonia y de toda la región.

En esos tiempos convulsionados, casualmente llega a la primera magistratura soviética, en marzo de 1985 Mijail Gorbachov, quien en sociedad con el presidente Reagan negocia un plan de desarme y con quien trabajaría estrechamente antes, durante y después de la destrucción de la Unión Soviética; misteriosamente explota el desastre nuclear de Chernobil en abril de 1986, los planes de la Perestroika y la Glasnost estaban ya en plena marcha.

El Papa viajero llega a Polonia en junio de 1987 y participa de forma directa en la política del país, exige un cambio hacia el sistema democrático mercantilista de occidente, las fuerzas militares soviéticas se retiran de Afganistán en 1988, y cae el muro de Berlín en noviembre de 1989.
A más de veinte años después, en este convulsionado siglo XXI, el 13 de marzo de 2013 es elegido el Papa Francisco, extrañamente de una orden que por principio había renunciado a las altas esferas de la cúpula de la Iglesia Católica, una orden con muchos profetas tercermundistas, promotores precisamente de la teología de la liberación, para mayor hilaridad argentino, de uno de los países independentistas de Sud América.
Ahora aparece en escena casualmente otro Papa mediático, lejos de la Cortina de Hierro, aparece en pleno Alba latinoamericano, el Papa Francisco, un jesuita argentino, que como provincial en este país fue contrario a la teología de la liberación, llamando al orden a sus hermanos militantes de las iglesias de base comprometidos con los pobres.
El giro independentista y democrático que han dado la mayoría de los países sudamericanos y algunos de Centro América, está causando malestar y temor en los centros hegemónicos del poder global vigente en la actualidad, los golpes de Estado utilizando militares han pasado de moda, provocaron más reacciones adversas que soluciones beneficiosas, lo que imposibilita repetirlos, una guerra preventiva más sería muy costosa en un continente unido y con las poblaciones radicalizadas y opuestas a todo lo que les suena a imperialismo.
La historia muestra la eficiencia de la Iglesia Católica en la manipulación social, política y económica a través de su accionar en la historia. Derrocó al imperio romano, creó el sistema monárquico europeo y lo reinó, propició las guerras de las cruzadas, fue el poder de control ideológico durante la invasión europea al nuevo continente iniciada por Colón llamada descubrimiento, mantiene su poder desde la colonia hasta la actualidad, derribó la Cortina de Hierro. Ahora es la llamada a intervenir en el aborto del proceso de cambio latinoamericano, causar el efecto dominó en los gobiernos de los países rebeldes, prevenir el surgimiento de un nuevo sistema independiente que amenace a los centros del poder global, evitar que la Santa Iglesia Católica pierda su corona en estas tierras tan difícilmente colonizadas.
El nuevo Papa Francisco es el elegido, con una imagen de austero, tímido y reacio a los medios masivos, quien entre lágrimas pedía que no lo eligieran, viene vestido de humilde, sencillo y austero; en Buenos Aires solía viajar en autobús y en metro, algo que quiere continuar en Roma, renunció al Palacio Arzobispal para vivir en un sencillo apartamento.
De 1973 a 1980 fue provincial de la orden jesuita en la republica Argentina, donde ejerció una firme oposición a la teología de la liberación. Su actitud ante el secuestro de los dos jesuitas simpatizantes de la teología de la liberación, ratificó su oposición a ésta y su fidelidad a la Iglesia jerárquica, tanto como su postura frente a la dictadura militar.
Su afinidad ideológica con Juan Pablo II, hizo que éste lo nombrara obispo auxiliar de Buenos Aires, en 1992 y en 1998 lo nombrara Arzobispo de Buenos Aires. En 1992 sería nombrado Cardenal por el mismo Papa.
Con el asenso del gobierno progresista de Néstor Kirchner, como con el gobierno de Cristina Kirchner, cambió su actitud, al contrario que con las dictaduras militares, ejerció una posición abiertamente opositora, se mostró anti populista, encontró temas beligerantes como el del aborto y el matrimonio entre homosexuales, intervino a favor de las patronales agrarias.
En 2010 libró una “guerra de Dios” contra el gobierno progresista argentino, realizo manifestaciones públicas bajo el eufemismo de vigilias frente al Parlamento, sin embargo tuvo una actitud muy diferente entre su accionar contra el aborto y su silencio con los niños desaparecidos durante las dictaduras militares.
La solidaridad papal aparece ahora en medio de la crisis del gobierno progresista del Brasil, las protestas sociales contra las injusticias que se han agudizado en el coloso amazónico, ahora el Papa Francisco las considera justas y acordes con el Evangelio, anuncia su arribo a este país para el próximo 22 de julio.
La Iglesia Católica prepara una manifestación pública que convoque por lo menos a un millón de jóvenes bajo el manto de la Jornada Mundial de la Juventud, donde el pontífice anuncia que abordará la situación, afirmando que las reivindicaciones por una mayor justicia social no contradicen el Evangelio, al más puro estilo de los marginados sacerdotes de la teología de la liberación que censuró en el pasado. Lo único que no sabemos es quién ocupará el puesto de Lech Walesa y si el movimiento de inconformes asumirá el nombre de movimiento “solidaridad”, detrás de este oscuro muro de los lamentos que quiere ser derribado por un 2º Juan Pablo II, latinoamericano y de origen italiano.