Llama la atención que ante una consigna revolucionaria, como es la del gobierno provisional revolucionario, los “llunk’u” se desgarren las vestiduras, como lo hacen los más declarados defensores de la formalidad burguesa. En realidad, esta gente, que se inviste de “revolucionaria”, no es otra cosa que impostores y simuladores. La falta de formación, de experiencia política, de compromiso, de imaginación y de consistencia les lleva a confundir el concepto del gobierno provisional revolucionario con el golpe de Estado.

El gobierno provisional revolucionario responde a una emergencia social y política, como consecuencia de una revolución social. Esto ha ocurrido al comienzo de la revolución rusa, cuando dimite el zar; se forma un gobierno provisional revolucionario. Al finalizar la guerra del Vietnam se forma un gobierno revolucionario provisional comunista conformado por el Frente Vietnamita de Liberación Nacional. Son gobiernos que llenan el vacío político que dejan las estructuras de poder derrotadas.

Cuando hablamos en Bolivia de la posibilidad de un gobierno provisional revolucionario, sólo podría ser el resultado de una movilización general, no de un golpe, como algunos voceros oficialistas se han apresurado a interpretar. El Golpe de Estado es otra cosa; el concepto del golpe de Estado es el siguiente: Se caracteriza el golpe de Estado como la toma del poder político, de un modo repentino y violento, por parte de un grupo de fuerza, quebrantando la legitimidad institucional constituida en un Estado, comprendiendo las normas legales de sucesión en la jerarquía de autoridad vigente. Como se puede ver, el golpe de Estado es parte de una conspiración grupal, que puede comprometer, como ocurre, al ejército; en este caso, el golpe de Estado se asocia directamente al golpe militar. En cambio, el gobierno provisional revolucionario es resultado de una revolución o, en el caso de Vietnam, de una guerra.

Cuando hablamos de gobierno provisional revolucionario como salida a la crisis del “proceso”, nos referimos entonces a una salida “revolucionaria”, no así y de ninguna manera, a un golpe de Estado. No podrían aproximarse ambas figuras, diametralmente opuestas. Las personas que se apresuran a asociar el gobierno provisional revolucionario al golpe de Estado, no hacen otra cosa que manifestar su desconocimiento de ambos temas. Se entiende que lo hagan por razones polémicas, buscando descalificar; empero, la misma proposición no es sostenible. Se puede criticar la figura de gobierno provisional revolucionario como propuesta radical; decir, por ejemplo, que es extremista, incluso irreal, dadas las condiciones; pero, no es sostenible confundir las tramas en las que se desenvuelven ambas figuras, la del gobierno provisional y la del golpe de Estado. Ahora bien, independientemente de que tengan razón o no los que quieran criticar la propuesta de gobierno provisional revolucionario como radical, extremista, hasta irreal, incluso jalada de los cabellos, lo que compete hacer es explicar por qué se hace esta propuesta, sobre qué argumentos teóricos se sostiene, sobre qué balance de contexto y de coyuntura.

La idea de la reconducción del proceso se ha venido introduciendo desde 2009, después de aprobada y promulgada la Constitución. Ha sido el propio presidente el que, después de un gabinete ampliado, a orillas del lago Titicaca (Titi-Chaca), donde se hizo un análisis de coyuntura, planteó tareas; una de ellas era precisamente la “refundación” del proceso. Esas fueron sus palabras; incluso dijo que había que hacer otra tesis política; ya quedaron atrás la Tesis de Pulacayo, también la Tesis de Caranavi. Había que elaborar una nueva tesis. Esta idea de refundación del proceso se encarnó en el Pacto de Unidad, organización confederada de organizaciones sociales. En un ampliado en Cochabamba, donde se evaluaban las medidas a tomar para la aprobación de la Ley de la Madre Tierra, elaborada por el Pacto de Unidad, durante aproximadamente un año, se elaboró un acta donde claramente se plantean cuatro puntos de suma importancia. El primero, constata que hay crisis del proceso; el segundo, plantea que hay que reconducir el proceso; el tercero, propone que el Pacto de Unidad se convierta en el Consejo político de la reconducción; y el cuarto, exige que se apruebe la Ley de la Madre Tierra.

Más tarde un grupo de “intelectuales”, dirigentes y ex autoridades lanza un manifiesto de reconducción del proceso. Documento éste que cobra impacto en los medios de comunicación, al cual responde el gobierno airadamente, sobre todo a través de un texto cuyo título estrambótico quedará en los anales de lo anecdotario. Hablamos de El “oengismo”, la enfermedad infantil del derechismo[1]. Considerando estos antecedentes, podemos calificar entonces a estas reuniones de críticos al gobierno, llamados por los oficialistas “libres pensantes”, que se plantean la reconducción del proceso, como un tercer momento donde se hace pública la intensión y la voluntad de reconducir el proceso.

Teniendo en cuenta estos antecedentes, podemos decir que, hay pues como una acumulación de la idea de reconducción del “proceso”. También podemos decir que esta propuesta se basa en la certeza de que el “proceso” está en crisis, atravesado por profundas contradicciones. En esta perspectiva y bajo este enfoque, se vuelve problemático encarar las elecciones de 2014. Como dijimos en otro artículo[2], la coyuntura como que se mueve en dos “planos”; uno, aparente, que converge hacia el punto de atracción inmediata, las elecciones de 2014; el otro, profundo, “estructural”, enclavado en el pasado, en el plegamiento de la memoria, afectado por la gravitación del “proceso” de cambio, por sus contradicciones desgarradoras. Se puede decir que la coyuntura se encuentra como jalonada por dos extremos, por este punto de convergencia y por la propia “sedimentación” histórica del “proceso”. Por eso se puede caracterizar la coyuntura de dos maneras; comenzando por su apariencia, decir que la coyuntura aparece como electoral; siguiendo por su contenido histórico, decir que la coyuntura viene definida por la crisis del “proceso”. Teniendo en cuenta estas formas de la coyuntura, se puede sopesar la actitud electoral a partir de la crisis del “proceso”, también se puede considerar los efectos de la tendencia electoral en la crisis del “proceso”. La hipótesis utilizada es que si no se reconduce el “proceso” de cambio, atravesado por contradicciones, antes de las elecciones de 2014, el “proceso” estaría muerto, hundido, no solo por las contradicciones inherentes, sino diseminado por la compulsa electoral, donde no se resuelve la crisis, sino que ésta termina mostrándose en su dimensión conmensurable.

Tomando en cuenta estas consideraciones es que se llegó a la conclusión de que la reconducción del proceso pasa por la conformación de un gobierno provisional revolucionario de reconducción, un gobierno de emergencia, para atender los problemas de la crisis, de las contradicciones del proceso. Un gobierno encargado de reposicionar al bloque popular en el escenario de los acontecimientos, un gobierno que tenga como tarea la aplicación de la Constitución; por lo tanto, se trata de un gobierno que reconduce de acuerdo a la perspectiva de la Constitución. Un gobierno que garantice por lo menos tres cosas; primero, la reorientación primordial en base al programa político matricial, la Constitución; segundo, la rearticulación y fortalecimiento del bloque popular; tercero, garantizar las condiciones del despliegue de la democracia participativa en la compulsa electoral, otorgándoles a los y las ciudadanas, todos los medios para intervenir, interpelar, participar, opinar, elegir, en la compulsa electoral. El dominio de las elecciones debe trasladarse a las dinámicas participativas de los y las ciudadanas; quitándoles a los partidos el monopolio de la palabra.

La propuesta de un gobierno provisional revolucionario es parte de la pedagogía política; es una figura que sintetiza, de manera operativa, la idea de la reconducción. Es menester reflexionar, deliberar, debatir, alrededor de esta posibilidad, buscando salidas a la crisis política del “proceso”. Que el gobierno provisional revolucionario sea viable, sea realizable, sea practicable, depende de la correlación de fuerzas, de los ritmos y temporalidades políticas, así como de los consensos. Que se pueda o no se pueda lograrlo, no hace inútil la propuesta, tampoco descabellada, menos atribuirle el carácter de golpe de Estado, sino es un asunto de la materialización política, que depende, como hemos dicho, de las fuerzas en juego. Teóricamente hay que vislumbrar salidas políticas; una de ellas es el gobierno provisional revolucionario; valorable por su impacto imaginario, también por su radicalidad y convocatoria emergente.

El gobierno provisional revolucionario forma parte del arsenal de herramientas de la memoria y experiencia revolucionaria de los pueblos. Hay que aprender de esa experiencia histórica, hurgar en su bagaje, usar sus recursos, modificarlos, transformarlos, incluso desecharlos y crear otras formas. Al respecto, llama la atención que la propuesta escandalice a los supuestos “revolucionarios”, que no hacen otra cosa que mostrar sus más recónditos conservadurismos y apegos a los prejuicios liberales de la “democracia” formal. Por eso mismo, la hipótesis política del gobierno provisional revolucionario, ayuda a identificar el carácter de las tendencias de las fuerzas puestas en juego, en el escenario político. El alarido oficialista ante semejante insensatez de proponer un gobierno provisional revolucionario, nos muestra patentemente la tendencia conservadora dominante en las fuerzas gubernamentales.

Este es el tema de fondo nos encontramos ante una impostura; subjetividades conservadoras se han investido con el ropaje “revolucionario” de otras épocas, heroicas, por cierto. La sotana no hace al monje, ni el ropaje jacobino o bolchevique convierte en “revolucionarios” a los que lo usan; hasta algunos se han investido de guerrilleros, sin haber dado un solo combate. Mediante el procedimiento de la simulación creen que es suficiente para convertirse, creyendo que con esto bastaba, creyendo que la ropa los convertía en émulos de los héroes. Nada más extravagante que sujetos conservadores se presenten como “revolucionarios”. Cuando se tienen que cumplir con acciones que demandan transgresiones y transformaciones, literalmente se les cae el ropaje, quedando al desnudo, develando su concepción conservadora y colonial del mundo.

Con estas reacciones conservadoras de los oficialistas, pero también de los medios de comunicación, en estos últimos se entiende, se ha desviado la discusión. No se toca el tema en cuestión: ¿Hay crisis del “proceso” de cambio? Los que afirman que no, ya lo resolvieron todo; entonces no hay que atormentarse. Los que consideran que asistimos a una crisis política, tienen la obligación de comprender la composición, la “estructura”, el devenir mismo de la crisis; auscultando las posibilidades y capacidades para responder al desafío. Es entonces ésta la discusión. Con lo que volvemos a contrastar discurso y “realidad”, políticas públicas y Constitución, finalidades del “proceso” de cambio y prácticas políticas[3]. Si se evidencian los contrastes, por lo menos, la tarea es buscar corregir los “errores”, sobre todo desde la perspectiva gubernamental. No ocultarlos con argumentos tan pueriles como atribuir la crítica a la conspiración de la derecha o que se quiere afectar al presidente, como un dramático senador dijo. Ahora bien, si los contrastes son mayúsculos, que ponen en peligro el decurso político, la oportunidad de transformas las condiciones de posibilidad histórica, entonces se requieren tomar medidas de emergencias, como aquellas que tienen que ver con la reconducción del “proceso” de cambio”.

La ruta del naufragio de la apología del fracaso

La única respuesta de los llunk’u es no entrar al debate, prefieren escabullirlo, optando por los procedimientos más pedestres de la descalificación. Lo hacen pues se han roto ética y moralmente, son como las termitas que se comen la madera con la que se tiene que construir el Estado plurinacional comunitario autonómico. No pueden decir nada ante la evidencia de la restauración descomunal del Estado-nación, colonial y rentista. No lo hacen pues han optado por el servilismo más indigno y adulador; en el mejor de los casos hacen apología de un gobierno atravesado por grotescas contradicciones. Olvidan que la crítica es la mejor defensa del “proceso” de cambio, que la movilización general de 2000 al 2005 es la forma de la crítica fáctica de las multitudes, y que para realizar las transformaciones demandadas por la Constitución se requiere de la crítica teórica, política y heurística. Nada de esto pueden hacer los llunk’u pues han optado por el camino del encubrimiento y la complicidad con la secuencia escandalosa de errores. Son las voces del mal augurio que aplauden el naufragio.

Llama la atención que ante una consigna revolucionaria, como es la del gobierno provisional revolucionario, que forma parte de la memoria colectiva de la lucha de los pueblos, se desgarren las vestiduras, como lo hacen los más declarados defensores de la formalidad burguesa. En realidad, esta gente, que se inviste de “revolucionaria”, no es otra cosa que impostores y simuladores. Cuando se enfrentan a la crisis política, como la que vivimos, cuando hay que defender críticamente el “proceso”, cuando hay que tomar medidas de emergencia para reconducir el “proceso”, dan un grito al cielo ante propuestas de un gobierno de reconducción, que emerja de la movilización. La falta de formación, de experiencia política, de compromiso, de imaginación y de consistencia, les lleva a acudir a argumentos tan estrambóticos, dignos de un conservador declarado, aproximando el concepto del gobierno provisional revolucionario con el golpe de Estado.

Estos llunk’u quieren ahora tomar la pose de seriedad, de llamada de atención, acudiendo a una forzada ironía, para intentar lo que hace la pose de formalidad de la institucionalidad colonial, moderna y liberal, impresionar con su reiterativo simbolismo formal. Es una nueva mascara, después de avalar la expansión inverosímil de la corrupción, el clientelismo y el prebendalismo. Sobre todo después de avalar el modelo extractivista colonial del capitalismo dependiente y la consolidación del Estado rentista. Lo más grave es que los llunk’u han decidido defender, como confesos nacionalistas, su Estado, el Estado-nación, dispositivo de la dominación del orden mundial, que administra y transfiere los recursos naturales de las periferias al centro del sistema-mundo capitalista, declarando la guerra al germen del Estado plurinacional, que se encuentra en la Constitución, en los territorios indígenas, que quiere ocupar el gobierno popular y entregar a las empresas trasnacionales extractivistas; germen que se encuentra en las naciones y pueblos indígenas, en el proletariado nómada, en el pueblo boliviano, que ha confiado en la oportunidad histórica. La pose de seriedad cae por su propia artificialidad, pues no es serio esconder la alarmante corrupción, tampoco el estancamiento de las nacionalizaciones, reducidas al procedimiento capitalista de compra de acciones, entregando el control técnico de la explotación y producción hidrocarburífera a las empresas trasnacionales. Esta pose de seriedad y “madurez” es extravagante en este contexto. Estos “llunk’u” creen, como en el caso del disfraz de héroes de rebeliones y revoluciones pasadas, que el ropaje transmitiría, por arte de magia, a sus conservadoras almas el espíritu de aquellos tiempos. Nada más dramático es verlos simulando cuando lo único que hacen es desprender prácticas, acciones, pensamientos, conservadores, prejuiciosos y restauradores.

El problema del itinerario de todas las revoluciones ha sido este decurso sinuoso; las “vanguardias”, por así decirlo, comienzan la “revolución”, uno de los sectores conservadores, más hábil, que el que defiende el antiguo régimen, opta por incorporarse, pero lo hace para dirigir, controlar y limitar al máximo los alcance de la revolución. Se puede identificar pues quiénes son estos “termidoranos”, terminadores de la “revolución”, que tempranamente han mostrado estas aptitudes para el realismo político y el “pragmatismo”. Lanzan tesis insólitas e insostenibles teóricamente y empíricamente como la del capitalismo andino-amazónico; tesis que ante la avalancha de críticas, la barnizan con la tesis del socialismo comunitario, que termina siendo lo mismo, a pesar del uso manipulador de los términos. Después acuerdan con la oligarquía regional una convocatoria a la Asamblea Constituyente, que limita y controla a la Asamblea Constituyente.

Sobre todo el ideólogo del realismo político y del “pragmatismo” criollo boliviano, ha interpuesto sus buenos oficios para la elaboración de la convocatoria a la Asamblea Constituyente por parte del Congreso, cuando el poder constituido no tenía ninguna competencia para intervenir en un acontecimiento que forma parte de la auto-convocatoria del poder constituyente, los movimientos sociales anti-sistémicos. La insurrección popular ya había convocado a la Asamblea Constituyente en la guerra del agua (2000), en la marcha del CONAMAQ y del CIDOB por la Asamblea Constituyente (2002), en la guerra del gas (2003) y en las jornadas de mayo y junio de 2005. Es este personaje pre-claro el que ha permitido la introducción de la aritmética de las decisiones de los 2/3 en la ley de convocatoria a la Constituyente, es el mismo personaje que ha intervenido infructuosamente, mandando a sus alfiles, con órdenes, que desencadenaron la crisis de los 2/3 en la Asamblea Constituyente, llevándola a casi el colapso, pues no se sesionó por aproximadamente siete meses. A pesar de los errores mayúsculos, éste estratega, que más se parece al “metafísico del fracaso”, del que escribe Augusto Céspedes, continúa con sus ingeniosas intervenciones. El Congreso es el que amplía el mandato de la Constituyente, cuando era la propia Asamblea Constituyente la que podía tomar esta decisión. No contento con estas intervenciones violatorias contra el poder constituyente, encarnada en la Asamblea Constituyente, termina llevando a revisión el texto constitucional aprobado por la Asamblea Constituyente en Oruro. La revisión la hace nada mas ni nada menos que el Congreso, convertido en constitucional; el poder constituido revisa el 30% de la Constitución aprobada. Estas revisiones son conservadoras, limitantes, y demoledoras respecto a los objetivos de la Constitución. Se anula la reforma agraria, mostrando un evidente acuerdo del gobierno con los terratenientes, como ahora lo hacen al aprobar una pausa para la función económica y social, favoreciendo a los terratenientes. Ya queda como anécdota recordar que en esa revisión cambian la disposición transitoria de Oruro, que decía reelección indefinida, por la que se promulga donde se contabilizan los mandatos anteriores a la vigencia de la Constitución. Esto sumado a que sólo se puede reelegir una sola vez consecutiva, descarta la postulación inmediata del presidente a la reelección, si es que no se hace una reforma parcial a la Constitución.

No es pues casual que este lumbrera tenga tanta influencia en el gobierno, en el Congreso y en los demás órganos del Estado. Hay un proyecto de poder antelado. Tardó tiempo en decidirse a participar como candidato a la Vicepresidencia el 2005, pues había otro proyecto, llevarlo a él como candidato, pues se argüía que el MAS iba a empatar con la derecha, entonces era indispensable pensar una tercera alternativa. Las vinculaciones con empresarios brasileros, después con el gobierno brasilero, se dan con anticipación. Dados estos antecedentes no se podía esperar otra cosa cuando el entonces Ministro de Minería e Hidrocarburos, Andrés Soliz Rada se opone a firmar un convenio con Brasil que comprometía el gas húmedo, llevándose energía no pagada bajo el concepto de compra de gas seco, pues atentaba contra el Decreto Héroes del Chaco y contra los intereses del Estado[4]. El estratega atiende una llamada de Marco Aurelio, entonces asesor de Lula da Silva, que se queja de que su ministro no quiere firmar el convenio. El aludido llama al ministro y le pide la renuncia. ¿Qué clase de conducta es esta? ¿Patriótica? ¿Seria, madura, realista? Tiene un nombre, más allá de las poses; es servir a los interese de otro Estado y de las empresas trasnacionales de ese Estado. Es ser agente de los interese de la burguesía internacionalizada brasilera, que tiene un proyecto geopolítico hegemónico regional, diseñado en el IIRSA.

No hablemos de la poco valiente actitud de no reconocer quién dio la orden en la represión de Chaparina a la VIII marcha indígena en defensa del TIPNIS, que habla de por sí de un perfil psicológico conflictivo, vulnerable y caótico, a pesar de las apariencias de seriedad, de determinación y de seguridad. Dejemos pendiente su papel despótico en el conflicto del TIPNIS, conflicto que devela el carácter anti-indígena de un gobierno extractivista. Situémonos en el tema de la reelección, escandalosa de por sí, pues la Constitución promulgada es clara e indiscutible; no puede haber reelección, salvo si hay reforma constitucional y referéndum, consulta que podía mas bien fortalecer la reelección del presidente y darnos la oportunidad de re-conducir el proceso, contado con acuerdos en la campaña. ¿Por qué se lleva al presidente a una reelección impuesta, forzada de manera grotesca, mermando su apoyo? El personaje en cuestión no estaba habilitado, pues el Congreso del MAS no lo había elegido; por primera vez sólo había elegido a Evo Morales como candidato a la presidencia. Por otra parte, la misma Constitución dice equidad de género y alternancia. No había por donde. La tramoya es idear una estrategia sagaz, consultar al TCP sobre la interpretación capciosa de la mayoría del Congreso, buscando en la consulta su habilitación. Conocemos la resolución del tribunal, con lo que la eminencia termina habilitada, saltando la voluntad orgánica del MAS. ¿Por qué se hace esto, arriesgando la propia candidatura del presidente?

Ya es voz popular que el que gobierna es el clarividente estratega del realismo político y del “pragmatismo”, que ha armado toda una estructura de poder en el Estado, que le permite controlar e influir en todas las decisiones que se tomen en el aparato burocrático. Es posible que esta imagen popular sea exagerada, además derive de la teoría de la conspiración; de todas maneras da una imagen de las percepciones populares sobre el manejo del poder en las gestiones del gobierno popular. Creo más bien que lo que se ha dado es una lenta marcha de deterioro, una lenta entrega a las estructuras de poder local, regional y local. Al principio se metieron en cosas grandes que creían que podían controlar, contando con la autoestima insuflada de líder, por una parte, y la autoestima de intelectual, por otra parte; empero, el peso de las estructuras, diagramas y agenciamientos de poder, pudieron más que el imaginario egocéntrico. Terminaron convertidos en engranajes de estructuras de poder. Los que gobiernan no son ellos, sino estas lógicas de expansión, de concentración y de acumulación, en el contexto de la geopolítica del sistema-mundo capitalista. Además creo, que los dignatarios involucrados, ni se dan cuenta que ha corrido mucha agua bajo el puente; creen todavía que están en una atmósfera parecida a la de 2006, cuando la potencia social, la legitimidad y la credibilidad eran aplastantes. Ahora prepondera el desencanto, la desmoralización, la duda; en los sectores más críticos, aparece ya una actitud interpeladora.

Estas consideraciones tocan aspectos de un itinerario escabroso de hechos, que han sido tratados en varios textos y análisis críticos, sin pretender ser exhaustivas, tan sólo dando muestras de un patético perfil paranoico y de un desiderátum que repite la condena de las “revoluciones”, cuando no se desmonta el poder y se destruye el Estado, construyendo una transición, como, en nuestro caso, el Estado plurinacional comunitario y autonómico. Al respecto, el Movimiento sin Tierra de Brasil, afiliado al PT, decía de su gobierno, que no es que el PT ha tomado el poder, sino que el poder ha tomado al PT. Esta apreciación es válida también para nosotros.

Los únicos laberintos que se observan en esta historia son las de un gobierno que ha confundido la “realidad” con el teatro político y el montaje publicitario, también se observa el laberíntico esfuerzo de descalificar la crítica por parte de escritores apologistas.

Notas:

[1] Libro de Álvaro García Linera, publicado por la Vicepresidencia del estado Plurinacional de Bolivia.

[2] Raúl Prada Alcoreza: Disyuntivas del momento político. Bolpress; La Paz.

[3] En lo que respecta al concepto de proceso y a las finalidades inherentes, nos hicimos una autocrítica en Reflexiones sobre el “proceso” de cambio. Bolpress 2013; La Paz.

[4] Ante el argumento que el gobierno ha introducido un factor sobre el valor calorífico, creyendo que corrige el obsequio a la empresa brasilera, cuando sólo ratificaba el regalo con una pizca tributaria.