La Guerra del Pacífico (1879-1883) confronta a Chile con Bolivia y Perú. La motorizan intereses oligárquicos mapochinos coludidos con empresas británicas. Tal choque armado equivale a la Guerra de la Triple Alianza. La conflagración se denomina también Guerra del Guano y del Salitre- Santiago se apropia de Antofagasta. Con ello la patria de Evo queda enclaustrada. Perù padece una ocupaciòn humillante que genera rencores perdurables.

Si a Bolivia se le usurpa el Departamento del Litoral los peruanos pierden Tarapacá, Arica y Tacna. Este último territorio regresa a soberanía peruana por intervención, en 1929. del Presidente Carlos Ibáñez. Ese año se suscribe el Tratado que pone fin a los litigios y se establece la Línea de la Concordia como límite. Sin embargo, tal documento establece una especie de cosoberanía sobre Arica. No puede Chile ceder a ningún país ni un milímetro de suelo o mar.

Esta disposición sella el encierro boliviano. Por eso es que el biliteralismo del problema es un error de La Paz que aprovecha La Moneda. Por tal motivo quienes favorecemos devolver su “condición oceánica” a la patria de Andrés Santa Cruz y Germán Busch Becerra hacemos presente que la demanda es trilateral. Necesariamente el Perú debe intervenir en la centenaria querella. Ello para generar elmegapuertro triestatal que proponemos bautizar “O`Higgins”.

Tal enclave favorece a Brasil cuya urgencia por asomarse al Pacífico son conocidas y al extremo norte de Argentina. Tal polo de desarrollo triestatal debe iuncluir àrea desmilitarizada con supervisión de organismos como ONU, OEA, UNASUR, CELAC… Permite asociar a Paraguay. El sur peruano y el norte chileno aliviarán su situación deprimida. Ahora bien, el megapuertoimplica un corredor, es decir una franja territorial que se conferiere a expensas de Chile con la anuencia de Lima.

La otra opción que sugiere Torre Tagle es que Chile otorgue por Antofagasta el corredor. Razonan -y no sin razón- que ese fue territorio de Bolivia. Chile -y en esta esfera no hay excepciones- sostiene que un corte de territorio con bordes de soberanía boliviana generarían un país partido como lo estuvo Panamá hasta el pacto Torrijos-Carter. La guerra anglochilena -se opina- debe suturar sus últimas heridas mediante la fórmula bosquejada.