Caminar por Cusco es andar en medio de las piedras sobre las que se ha construido la historia de este país y respirar la raigambre y la identidad andina de los peruanos, así como encontrarse cara a cara con el legado colonial hispano. Sus calles antiguas combinan los muros incas de piezas de piedra perfectamente recortadas y encajadas sin necesidad de argamasa alguna, que han sobrevivido durante siglos y resistido terremotos, aunque hay dudas de que puedan salir airosos de la depredación del turismo descontrolado.

Sobre esos muros los conquistadores españoles construyeron para hacer evidente su poder invasor e impuesto, palacios coloniales, conventos y templos católicos, que se encuentran a cada paso en la vieja ciudad consagrada constitucionalmente como Capital Cultural de Perú y declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco. La Casa del Almirante, por ejemplo, un palacio que se levanta sobre los muros de lo que fue una construcción precolombina, es hoy el Museo Inca, de la estatal San Antonio Abad de Cusco Universidad; y las iglesias católicas cobijan dentro rescatados vestigios de palacios incas.

Las edificaciones de barro y teja de los españoles, con puertas y balcones tallados, así como los templos, púlpitos, efigies y joyas religiosas católicas que asombran a los visitantes en las iglesias, registran una fuerte influencia de los artistas nativos, sobre todo en las pinturas de la afamada Escuela Cusqueña, en las que los autores estampaban, casi clandestinas, pequeñas huellas de su identidad.

La historia registra que Cusco fue hasta el siglo XVIII la ciudad más poblada de Perú, pero muchos españoles la abandonaron tras la gran rebelión de José Gabriel Condorcanqui, Túpac Amaru II, bárbaramente ejecutado en lo que hoy es la Plaza Mayor de la ciudad, al igual que sus familiares y lugartenientes.

Levantada entre las cumbres de la vertiente oriental de la Cordillera de Los Andes, a casi tres mil 400 metros sobre el nivel del mar, se cree que Qusqu o Qosqo, su antiguo nombre indígena, fue fundada en el siglo XII o XIII como capital del Imperio de los Incas, pero se han encontrado vestigios de que el lugar estaba habitado hace al menos tres mil años, por lo que es considerada la ciudad más antigua de América.

Sobre sus primeros pobladores, una de las teorías señala que fueron cientos de emigrados de Tiahuanaco, en el altiplano andino, lo que hoy es Bolivia, y que salieron de allí ante el colapso de esa civilización; lo que explicaría la similitud de las construcciones de piedra de Tiahuanaco y de los incas.

Por la pronunciación local, los españoles, que refundaron la ciudad en 1534, la llamaron “Cuzco”, pese a que la zeta no existe en quechua. En 1971, el municipio de Cusco dispuso que este sea el nombre oficial de la ciudad, lo que fue ratificado en la siguiente década por el gobierno.

El turismo ha crecido en las últimas décadas hasta el punto que la ciudad se ha convertido en principal destino del país y sus atractivos se extienden a la periferia, donde destacan los grandes muros pétreos de Sacsayhuamán, que domina a la ciudad desde lo alto y parece haber sido una construcción militar defensiva.

En las cercanías está el Valle Sagrado de los Incas, un hermoso paraje con decenas de hoteles por la gran cantidad de turistas que alberga y también puede visitarse las localidades de Pisac, Ollantaytambo y otras, donde hay vestigios de las construcciones incas. A 112 kilómetros de viaje en tren por serpenteantes caminos está Machu Picchu, el famoso santuario inca de piedra, construido sobre las cumbres mismas de las estribaciones amazónicas de la región andina y que es la mayor atracción de los visitantes.

La ciudad misma, de más de medio millón de habitantes, se ha tornado cosmopolita por la gran presencia de turistas, de los que no son pocos los que quedaron tan maravillados que decidieron quedarse para siempre. La vida nocturna es intensa y grande la presencia de jóvenes encantados por la magia telúrica de los Andes, la historia, la cultura.

* Corresponsal de Prensa Latina en Perú

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Cuestionan virtual veto turístico norteamericano

A mediados de febrero de este año la embajadora de Estados Unidos en Perú Rose Likins alertó sobre un supuesto peligro de secuestro de los ciudadanos de su país que visitan Cusco, principal plaza turística del país. Tanto el presidente regional (gobernador) de Cusco Jorge Acurio, como la alcaldesa de la provincia cusqueña de La Convención -donde ha habido incursiones armadas- Fedia Castro, manifestaron su extrañeza por la advertencia y cuestionaron el virtual veto norteamericano.

La embajadora norteamericana alegó tener información de que una organización criminal planea secuestros de extranjeros en la región surandina de Cusco, y aseguró haber recibido apoyo total del gobierno, que ha reforzado la presencia policial para mejorar la seguridad en Cusco, donde se encuentran las famosas ruinas incas de Machu Picchu, máximo atractivo turístico de Perú.

El gobernador Acurio se declaró sorprendido por la advertencia de la embajada estadounidense y la calificó como extraña y eventualmente motivada por una mala información. “Aquí recibimos a los turistas con cariño y afecto. La seguridad está garantizada, no hay ningún problema al respecto”, declaró, a tiempo de recordar que en Cusco no hay secuestros ni reportes de bandas de secuestradores.

La alcaldesa Castro, a su vez dijo no tener información alguna sobre amenazas de secuestro a turistas estadounidenses y aseguró que la actividad de remanentes alzados en la zona, ajena a la ruta turística, está bajo control. El director regional de Comercio Exterior y Turismo Madison Barreto criticó la alerta, dijo que Cusco es una ciudad segura y señaló que la embajada y el consulado de Estados Unidos deben dar explicaciones sobre su advertencia, que afecta la imagen cusqueña.

El 15 de febrero el presidente de Perú Ollanta Humala consideró carente de sustento la recomendación de la embajada de Estados Unidos para que sus nacionales se abstengan de visitar la turística región de Cusco. “No hay ningún respaldo a esa información que ha señalado la embajada estadounidense”, declaró. Por su parte, el presidente de la Cámara Nacional de Turismo Carlos Canales rechazó la actitud norteamericana y la calificó como sumamente grave e inadmisible, porque daña la imagen de Perú y perjudica al turismo y la economía.