La discusión política generada por el cambio de nombre del aeropuerto de Oruro tiene importantes implicaciones en la práctica social y política. Estas superan con creces la dimensión del acto de un mero rebautizo. Estamos frente a un fenómeno conocido también en el pasado político de Bolivia de dictaduras, populismos y gobiernos autoritarios. Se trata de un tejido sistemático de mitos, símbolos, rituales y de un culto político. Aquí en el masismo es el culto en vida, que se arma alrededor del político Evo Morales. Se establece la práctica social de mitos políticos, y con esta práctica se están creando todas las condiciones necesarias para que algún día no lejano “el jefazo” no se dirija al pueblo sino para que el pueblo se dirija hacia “el jefazo”.

En la Bolivia de Evo Morales se personalizan fuertemente a estas condiciones sociales. Evo Morales ya está sentado en su “trono” hecho en base a la sobrevaloración irracional de lo que él es, lo que él hace y lo que él decide. Él es el programa y sentido de ser del masismo. Si el pollo, al que se refería en Cochabamba fue el hazme reír, algún día se convertirá en mito. En la misma dirección va su receta machista para crear a un pueblo chapareño de embarazadas, disque para ayudar a cerrar la brecha de la población entre China, Brasil y Bolivia. Sus palabras ya tienen un efecto religioso entre sus súbditos. ¡Una pluri-cigüeña con el mazo de la moral evista ronda ahora como buitre por Bolivia!

Del personaje Evo Morales los devotas pro-culto de la elite masista, crearon a una amalgama entre un Superman andino y una figura mística-religiosa caída del “cielo tiawanacota”, con capacidades sobrehumanas. Así lo creen por lo menos el promedio de sus súbditos. Un político serio rechazaría semejante aberración metamórfica. Si bien es creíble que Evo Morales dice que personalmente no tiene nada que ver con la decisión (de que el aeropuerto de Oruro lleve su nombre), su actitud frente al culto masista es deplorable. Como él es el centro del culto y él posee la verdad para sus súbditos, si quisiera, él podría influir en los asambleístas orureños que quieren el cambio de nombre.

¡Pero él no quiere porque necesita y disfruta su culto! Sabemos que seriedad nunca fue su fuerte. El mito Evo Morales se incuba consecuentemente hace por lo menos seis años y medio. El museo de Orinoca, las estampillas, los símbolos usados a lo largo y ancho de su Bolivia, ahora el rebautizo del aeropuerto de Oruro y otros mas, son nada más ni nada menos que la monumentalizacion de Evo Morales. Es la materialización en piedra, papel y pensamiento del mito, pero además la señal irrefutable al pueblo de que él hace política en las esferas de otra liga suprema a la que ningún otro político, menos de oposición, tiene acceso; léase, él y sus místicos acólitos nos dicen que él no tiene y no tiene que tener competencia.

De los muros palaciegos se escurre un Evo-narcisismo extraordinario. No queremos olvidarnos del narcisismo de Paz Estenssoro, de Sánchez de Lozada, de Carlos Mesa y de otros políticos. La diferencia es que el actual ya es programa. Evo Morales es una metamorfosis empapada de supersticiones. ¿Ese es su cambio? Del mito hasta la cristalización pura de Evo Morales como objeto y sujeto de culto no falta mucho. La maquinaria gubernamental masista es incansablemente en ello. Continuando así, Evo Morales se sublimaría a esferas religiosas como humo del incienso en las iglesias. Sabemos que no es necesario mirar a las nubes y al humo para sentir al incienso. Su presencia es y será permanente y él estará en todos los rincones de Bolivia. Da la impresión que la histeria que su colega Hugo Chávez desató como difunto, Evo Morales la quiere en vida. Tal vez en su tercer mandato como Presidente.

El grado del culto no depende solamente de su psicograma narcisista, ni de lo que los sucumbidos por el culto hacen para alimentarlo, ni de su maquinaria propagandística, sino también de la predisposición del pueblo de Bolivia de tragarse ese sapo llamado culto. ¡Aquí se ve la importancia del “no” de Oruro! Una mayoría de la población de la ciudad de Oruro se para y al decir no al rebautizo del aeropuerto le dice también ¡no! a este culto. Por ello, acusar al pueblo orureño de estar estancado en “el charco de la esterilidad”, como un miembro proactivo de la secta evo-narcicista explica, es hipócrita, es ignorar y pisotear la historia y las tradiciones de la ciudad de Oruro. También reducir este problema solo a la geografía política de Oruro es cínico. ¡Por favor! Esta perogrullada es conocida. ¡Existe un interés supremo de poder en las esferas palaciegas de alimentar y propagar el culto Evo Morales! En esta dinámica que ridiculiza a toda seriedad política, en la que Evo tiene poder sobre los seminales machos, no sería de extrañar que algún día registremos una información que Evo tiene inclusive poderes de curación. El repertorio de abstrusidades en la galería de los cultos políticos ya conocidos a nivel mundial es enorme.

Fundamental es que la creación de cultos personales y políticos son como una medida del futuro desarrollo del sistema político en Bolivia. Y es esa balanza la que dictaminará cómo medir el quilate de la libertad de expresión y de la libertad política. Por lo tanto, la población y las instituciones de Oruro que le dicen no al culto Evo merecen un reconocimiento por su valor cívico, por defender instintiva y conscientemente el derecho de ese pueblo de rechazar un culto que ese pueblo no quiere.

En Oruro se decidirá si los bolivianos serán miembros de la secta de culto personal. Aquí surge una pregunta clave: ¿La mayoría del pueblo boliviano está realmente dispuesto a aceptar la personalización total del poder y en su consecuencia funcionar como “rebaño” del jefazo? Sinceramente, ¡no lo quiero creer! Recordemos, la elite del masismo es incansable en la creación de las condiciones primordiales para que el pueblo en el futuro se dirija donde “el jefazo”. La cualidad: Gobernar escuchando al pueblo será: Vivir escuchando al jefazo!

A modo de ilustración es interesante leer lo que Marx le escribió al político funcionario alemán Wilhelm Blos: “… en aversión contra todo culto de la personal, durante el tiempo de la Internacional, nunca deje invadir, a las numerosas maniobras de reconocimiento, con la que diferentes países me molestaron, al área de la publicidad y nunca respondí a ellas, a excepción de aquí y allá con reprimenda. La primera entrada de Engels y yo en la secreta Sociedad Comunista pasó sólo bajo la condición de que se retire todo de los estatutos, que es propicio a la superstición de autoridad”.

Sugiero que urgentemente se prohíba por ley, la monumentalizacion de políticos y demás personajes históricos en vida, y que esto sea solo posible, cuando por lo menos pasen cinco años después de su fallecimiento. Es una práctica verdaderamente correcta y envidiable de muchas democracias.

* Doctor en Economía de la U Libre de Berlín y actual asesor en el Banco Central del Vietnam.