La neo-oligarquización del poder es un nuevo referente del actual régimen político en Bolivia; el Gobierno de Evo Morales y Álvaro García Linera es la expresión de esto, pues la lógica antigua del poder y los apellidos de origen colonial mantienen el poder real y los aymaras y quechuas aparecen en “la sala de espera”. A este hecho en aymara podríamos expresarlo así: thanthanakaj machaqaru kunt’ata: lo viejo convertido en lo bueno. O machaq thanthanaka: nuevos viejos. Ésta es una expresión de profunda contrariedad y perplejidad social, una afrenta a la racionalidad dominante desde adentro y desde afuera de lo otro; adentro y afuera a la vez porque lo aymara siempre ha sido la otredad en la racionalidad del poder liberal/colonial. Incluso en muchos momentos históricos lo aymara ha sido la nada, o el vacío. Lo que nos deja perplejos es que todo ha vuelto a repetirse con otros matices. Lo viejo convertido en nuevo o los nuevos viejos deja notar que lo nuevo o el cambio es un simple espejismo formal. La frase machaq thantha en realidad nos introduce a una paradoja estructural.

Esto quiere decir que lo viejo en Bolivia siempre se ha presentado como lo nuevo, o lo ya dado como si estuviera dándose; un movimiento en sí mismo sin relación con la complejidad o la pluralidad social. Así, se crea una ilusión en la idea de que todo cambia pero sin cambiar radicalmente nada. Es decir, el cambio no es un hecho fáctico, es un discurso encubridor, aunque para la autoimagen que se dan a sí mismos los del poder efectivamente existe un cambio. Es el autoconvencimiento del Yo universal, es una ilusión que tiene su contrasentido en la no-transformación estructural. ¿Cómo puede ser que lo viejo se presente todavía como nuevo?

Dado que lo viejo es viejo y lo nuevo es nuevo, si lo viejo es nuevo entonces lo nuevo no es nuevo sino refaccionado, según el orden de las viejas estructuras del poder. Es una fachada con rostro nuevo o un maquillaje perverso. En ese sentido machaq thantha expresa una ironía, una perfecta analogía del poder en Bolivia que nos hace notar que la dominación estructural liberal/colonial no ha cambiado, sino que sólo se ha reproducido de un mejor modo con rostro indio. Ahora, esto se complica porque se produce en un gran contexto de lucha social india o indígena y popular, en la que la política ha vuelto a oligarquizarse de un modo sustantivamente nuevo.

¿Qué significa la neo-oligarquización del poder para la lucha social india o indígena originaria campesina? Se trata de un proceso que va de las masivas movilizaciones sociales al gobierno de reducidos grupos de poder; un hecho crónico en la histórica política de Bolivia porque en momentos como éste siempre se produjo la enajenación del poder social en favor de pequeños grupos. Ver por ejemplo el Estado del 52. Las críticas radicales de la gente contra la oligarquización de la política del neoliberalismo como una articulación entre pequeños grupos de poder financiero, transnacionales y grupos locales de poder, aún tiene vida. La oligarquía, que es el gobierno de los pocos y de los poderosos en detrimento de la mayoría, tiene hoy nuevas y viejas aristas; incluso se repite la lógica del eslogan: “Bolivia en positivo para vivir mejor”, de Acción Democrática Nacionalista (ADN), pues hoy se impuso el eslogan: “el Proceso de Cambio para vivir bien”. El poder de unos pocos sobre muchos anula la lucha de diversos sectores sociales indios y populares, y ante eso surge la pregunta ¿cómo una fuerza social tan poderosa que fue capaz de tumbar varios gobiernos ha podido hoy claudicar ante este nuevo régimen de poder?

La constatación objetiva de ello es que hoy nuevamente pocas personas y familias ejercen el poder de modo endogámico. La neo-oligarquización del poder significa entonces que las relaciones de poder son relaciones sin diálogo con la pluralidad de los poderes sociales, y si esto es cierto, entonces ha vuelto a imponerse la lógica unidimensional del poder vertical sobre otras formas posibles como la comunitaria del ayllu y comunidad campesina, y lo que nosotros hemos llamado el “otro poder” o, en aymara, maya pä ch’amani: poder unidual. El poder unidual es diferente en forma y lógica al poder liberal o socialista, está fundado en la lógica de poder compartido, interactuado y rotatorio entre los diferentes actores sociales y territoriales, lo cual no tiene cabida en esta neo-oligarquización del poder. Por otro lado, esta neo-oligarquización se expresa también y nuevamente sobre el orden jerárquico del factor raza, entendido como una construcción cultural y política dada desde el poder colonial y liberal.

Hoy los altos cargos del poder “revolucionario” están copados por nombres de origen blanco-mestizo o propiamente criollo, no diferente del sentido político y ontológico de la derecha o las viejas oligarquías, la única diferencia es el rostro del Presidente indio, aunque rellenado de la lógica del poder unipersonal. En esa relación, la “otra política” y los otros actores sociales no aparecen en los niveles estratégicos del poder como los aymaras o quechuas y menos aún los guaraníes. Es por ello que hoy la política continúa haciéndose con nombres y apellidos de abolengo señorial: Quintana, Romero, Bonifaz, García Linera, Arce, Llorenti, Groux, Ballivián, Navarro, Villegas, etc. Los Quispe, Condori, Apaza, Chuquimia o Mamani -el país mismo- no ocupan los cargos jerárquicos, sino sólo viceministerios o direcciones bajo el argumento de que no tienen aún habilidad política o técnica suficiente para cargos de relevancia estatal, un argumento historicista de “sala de espera”.

Así, el factor apellido y el factor raza siguen siendo el nuevo orden constituyente del poder, aunque con un apellido revolucionario de “proceso de cambio” que produce un discurso autoalabatorio y en el que se imponen las reglas del poder desde pequeños grupos, lo cual no niega que en diferentes espacios de la sociedad haya todo un movimiento muy interesante y complejo.

En este marco, la nueva oligarquización del poder nos lleva a entender que el poder es una relación endogámica en su lógica porque funciona dentro de un sistema de orden institucional o sistema-mundo, por lo que la tesis de la descolonización del Estado desde el Estado es un engaño porque vendría a ser una suerte de suicidio… esto lo saben los nuevos grupos de poder y por eso no han permitido el trastocamiento real del poder.

* Sociólogo aymara y alteño, dirige revista Willka.