La crisis económica desgasta a la democracia representativa europea y muestra de cuerpo entero a los partidos del sistema, meros instrumentos del poder corporativo. En incesantes protestas callejeras, los electores del viejo continente denuncian que en ningún país “democrático” del Planeta gobierna verdaderamente el pueblo.

En su reciente libro “El malestar de la globalización”, el Premio Nobel de Economía Joseph E. Stiglitz dice que “la política económica es responsable de las grandes diferencias en la vida de la gente… Buenas políticas económicas pueden provocar una vida mejor, malas políticas la empeoran. Es obvio, pero hay que repetirlo una y otra vez”.

Según Stiglitz, “el FMI y el Tesoro de Estados Unidos aprovechan la situación de los países en crisis para promover su ideología y sus intereses… Siempre me había interesado el desarrollo económico, pero lo que vi entonces –en la Casa Blanca y en el Banco Mundial (entre 1993 y 1997) – cambió radicalmente mi visión, tanto de la globalización como del desarrollo. Escribo este libro porque en el Banco Mundial comprobé de primera mano el efecto devastador que la globalización puede tener sobre los países en desarrollo, y especialmente sobre los pobres de esos países. Creo que la globalización –la supresión de las barreras al libre comercio y la mayor integración de las economías nacionales – puede ser una fuerza benéfica, y su potencial es el enriquecimiento de todos, particularmente de los pobres; pero también creo que para que esto suceda es necesario replantearse profundamente el modo en que la globalización ha sido gestionada, incluyendo los acuerdos comerciales internacionales que tan importante papel han desempeñado en la eliminación de dichas barreras, y las políticas impuestas a los países en desarrollo en el transcurso de la globalización”.

En plena sintonía con las reflexiones de Stiglitz, cada vez más electores del viejo continente se convencen de que la democracia burguesa propicia el gobierno “de las minorías”, sobre todo cuando los partidos en el poder no lograr la mayoría absoluta de votos. De ahí la creciente ilegitimidad de todos los gobiernos del área.

Las derechas gobernantes en España e Israel pierden apoyo electoral; es creciente el descrédito de la clase política en Grecia; el aislamiento del gobierno germano a nivel europeo y la resistencia política en el interior preocupan a la “canciller de hierro”; en Francia el presidente François Hollande cae en las encuestas y la centroizquierda italiana sigue como favorita para vencer en las elecciones del 25 y 25 de febrero.

Por otro lado, el 20 de enero miles de manifestantes se congregaron en las cercanías de la residencia del presidente georgiano Mijail Saakashvili en reclamo de su inmediata renuncia, antes del plazo previsto por las recientes enmiendas incorporadas a la Constitución. Además, el 19 de febrero presentó su renuncia formal el primer ministro de Bulgaria Boiko Borisov, presionado por protestas multitudinarias contra la corrupción, el alza de las tarifas eléctricas y las medidas de austeridad dictadas por el ejecutivo de centroderecha.

* Harald Neuber es corresponsal de Prensa Latina en Alemania; Carmen Esquivel, jefa de la corresponsalía en Francia; Amílcar Morales, corresponsal en Francia; Antonio Cuesta, corresponsal en Grecia; Moisés Saab, jefe de la corresponsalía en Egipto; Martha Andrés Román, periodista de la redacción Europa, y Antonio Rondón García, jefe de la redacción Europa.