El presidente Rafael Correa ha logrado un contundente triunfo que significa su reelección y cuyas repercusiones se sienten no solo en Ecuador sino en toda América Latina. La “Revolución Ciudadana” se consolida en este rincón del continente, señalando con nitidez un camino distinto a la receta neoliberal preconizada por las grandes potencias hegemónicas. El reto para el próximo mandato de Correa es, precisamente, institucionalizar los cambios alcanzados y profundizar aquellos que siguen pendientes.

Toda la prensa de derechas en Latinoamérica pretende enlodar el rotundo apoyo popular al gobierno de Correa, tildándolo de “social-populismo”, una manera peyorativa de ocultar los logros sociales de un mandatario que ha sabido llevar a su pueblo por la senda del éxito prescindiendo de las recetas del Fondo Monetario Internacional, de presiones de las transnacionales y de una verdadera campaña mediática continental contra su gestión y la de otros líderes regionales.

El proceso democrático ecuatoriano está demostrando que no solo es posible sino imprescindible plantearse transformaciones profundas en nuestro continente en esta era de una globalización de cuño neoliberal. Es tiempo de que nuestras naciones recuperen la administración y los beneficios de sus riquezas básicas en beneficio de sus pueblos. Es tiempo de recuperar nuestros derechos en la educación, la salud y la previsión social. Es tiempo de recuperar la dignidad de nuestras banderas frente a la insolencia y la depredación que ejerce el capital en muchos de nuestros países.

El triunfo de Rafael Correa en Ecuador es una noticia esperanzadora para todos los latinoamericanos, pues nos enseña que en este nuevo siglo se puede conjugar una profunda convicción democrática con una verdadera vocación de cambio social, desmintiendo que el neoliberalismo, como afirma el FMI y todas las derechas de la región, la única fórmula posible. La “Revolución Ciudadana” nos enseña que América Latina posee los fundamentos de una sabiduría ancestral propia, ética, histórica y política capaz de hacer frente a un mundo regimentado por el capital.

Finalmente, el triunfo de Rafael Correa es el triunfo de un pueblo que ha sido capaz de expresarse de manera democrática, limpia y transparente en una jornada electoral intachable. Un triunfo doblemente meritorio, pues se logra ejerciendo la presidencia, y en este sentido, es un reconocimiento de millones de ecuatorianos hacia la gestión realizada. Mientras en otros países de la región, como en Chile, la política se degrada al punto de que la abstención representa mayoría absoluta, la democracia ecuatoriana viene a enseñarnos que cuando un pueblo protagoniza su historia, la palabra democracia adquiere su sentido más pleno.

* Investigador y docente de la Escuela Latinoamericana de Postgrados. ELAP. Universidad ARCIS