La consciencia desdichada es la consciencia desgarrada, la consciencia escindida, la que sufre de extrañamiento, sufre de enajenación, empujada a exteriorizarse; añora con volver a su interioridad, a su intimidad, a su mismidad indeterminada, cuando esto ya no es posible después de experimentar el trabajo abstracto de la determinación. Su retorno no puede ser otro que la negación.

Este momento de la consciencia dialéctica aparece como consciencia colonial, tanto en el colonizador como en el colonizado, ambos como momentos de la contradicción colonial, como momentos de la dialéctica colonial. Ocurre como en la dialéctica entre señorío y servidumbre, dialéctica del señor y el siervo, donde el señor domina, pero sólo es la consciencia cosificada; no puede acceder al conocimiento del movimiento, la consciencia de la cosa en sí y de la consciencia para sí.

En tanto que el siervo es la consciencia enajenada, sólo puede ver a través de los ojos del señor, sólo puede querer ser señor, sustituir al señor; en estas condiciones tampoco puede tener consciencia del movimiento, convertirse en consciencia para sí. Para la dialéctica esta consciencia se logra cuando el siervo se descubre como productor, cuando descubre que la cosa en sí, el producto, el objeto de la apetencia del señor, es producto de su trabajo.

El señor tiene que renunciar al goce inmediato del objeto de su apetencia, pues si lo hace, si goza, éste desaparece de un solo golpe; es destruido sin posibilidad de reaparición. Por eso la dominación, para poder reproducirse como dominación, es mediada por la economía, por el trabajo del siervo.

La dialéctica colonial no sólo es una forma de pensar, una teoría, una interpretación histórica, una hipótesis sobre los orígenes de la modernidad, sino también es una experiencia social. Imaginario y experiencia social entonces de la vertiginosidad, del trastrocamiento de las estructuras y de las relaciones sociales, sobre todo de la experiencia dramática de la destrucción de pueblos, culturas y sociedades singulares. Sociedades locales, sociedades regionales, sociedades territoriales, tan distintas a la sociedad universal, a la sociedad moderna, conformada como suspensión de los valores y estructuras tradicionales de las sociedades locales.

Una sociedad cohesionada por el mercado, el consumo generalizado; la producción, la circulación, la distribución, la comercialización y el consumo de mercancías. Una forma de sociedad mundializada, a pesar de la heterogeneidad local y regional, una sociedad moderna estructurada por procesos de homogenización, disciplinamiento, control y simulación. Una sociedad moderna estructurada por estrategias de individualización y la trans-valorización, donde los valores se relativizan o se suspenden, haciendo posible el juego desnudo de los intereses.

Estamos ante la emergencia de una cultura, si se pude hablar así, nihilista; la valorización de la suspensión de valores. La comprensión de que los valores existen por convención, por acuerdo; no hay ninguna sustancialidad de los valores.

* Miembro de Comuna, http://horizontesnomadas.blogspot.com/