Moscú, Bruselas y Washington (Bolpress y agencias).- Al menos 1.200 personas resultaron heridas, 48 de ellas con lesiones de consideración, tras la caída de un meteorito en la región de Cheliabinsk en los Urales rusos a las 03:20 GMT de este viernes. Unas 16 horas después el asteroide 2012 DA14 sobrevoló el cielo de Sumatra, Indonesia, a escasos a 27 mil kilómetros de distancia de la Tierra. Las agencias espaciales de Europa y Estados Unidos descartan que exista alguna relación entre los dos cuerpos celestes que visitaron el Planeta este 15 de febrero.

Para este viernes 15 de febrero de 2013 estaba previsto el máximo acercamiento a la Tierra del asteroide 2012 DA14 de 45 metros de diámetro y 130 mil toneladas de peso, el bólido espacial de mayor tamaño que se ha acercado al Planeta como nunca antes lo hizo cuerpo celeste alguno en la era moderna.

Según los Expertos del Programa de Objetos Cercanos a la Tierra de la Administración Nacional para la Aeronáutica y el Espacio (NASA), un asteroide como el 2012 DA14 sobrevuela la Tierra cada 40 años en promedio y solo se estrella contra el Planeta cada 1.200 años, razón por la cual científicos y aficionados de todo el mundo se prepararon con mucha anticipación para observar el curioso acontecimiento previsto para las 19:25 horas GMT.

Sin embargo, a las 03:20 GMT del viernes cayó en los montes Urales rusos un meteorito que no había sido detectado por la comunidad científica. Los científicos rusos no detectaron el vuelo ni la trayectoria hacia la Tierra del objeto espacial que penetró en la atmósfera a velocidad cósmica e impactó a unos 80 kilómetros del área metropolitana de la región de Satkino, en Cheliabinsk. Los testigos relataron que el objeto se movía a gran velocidad emanando tres grandes nubes grises.

El meteorito se hizo visible en el cielo de Cheliabinsk en la mañana del viernes, con un resplandor y una trayectoria captada por testigos y astrónomos de los observatorios de Pulkovo y Ekaterinburgo. La masa del bólido de rocas aún no ha sido determinada, pero se estima que pesaba al menos 10 toneladas, cuyos fragmentos provocaron un fenómeno luminoso y explosiones en toda el área, informó el director del observatorio astronómico de Zvenigorod Serguei Barabanov.

El astrónomo Serguei Smirnov del Observatorio de Pulkovo declaró al canal Rossia 24 que el objeto de gran magnitud originó una onda expansiva que causó destrozos materiales en una amplia zona. Fuentes del Ministerio de Defensa de Rusia confirmaron que los fragmentos del cuerpo celeste cayeron en las regiones de Cheliabinsk, Sverdlovsk y Tiumen. La televisión reportó a última hora que a 70 kilómetros de Cheliabinsk, en el lago congelado de Chebarkul, se detectó un agujero el capa de hielo de ocho metros.

El acontecimiento, considerado espectacular incluso por los astrónomos, provocó pánico entre los pobladores de los Urales, a tal punto que una trabajadora de correo fue hospitalizada de urgencia por un infarto. Según los últimos reportes, al menos 1.200 personas resultaron heridas, 48 de ellas hospitalizadas con lesiones de consideración. La titular regional del Ministerio de Salud Marina Moskvicheva indicó que dos personas están en grave estado.

Más de 300 edificios sufrieron distintos grados de afectaciones por la onda expansiva de las explosiones provocadas por el aerolito. Muchos edificios residenciales y públicos, escuelas y hospitales tienen las ventanas rotas, se derrumbaron el techo y dos paredes de una fábrica, y el suministro de gas fue interrumpido. Se estiman daños ascendentes a mil millones de rublos, unos 33 millones de dólares.

El inusual fenómeno trajo a la memoria la caída del famoso meteorito de Tunguska en la taiga de la Siberia el 30 de junio de 1908, que por su impacto y dimensiones pasó a la historia como una leyenda cósmica del siglo XX, significó la corresponsal de Prensa Latina Odalys Buscarón Ochoa. El bólido de unos 80 metros de diámetro detonó en el aire e incendió y tumbó árboles en un área de 2.150 kilómetros cuadrados; rompió ventanas y derribó personas a 400 kilómetros de distancia. Como secuela, durante varias jornadas las noches eran tan brillantes que se podía leer tras la puesta del sol sin necesidad de luz artificial en varias regiones de Rusia y Europa.

La comunidad científica aclaró que el cuerpo celeste que cayó este viernes difiere significativamente del famoso Tunguska, tanto en dimensión como en energía desprendida tras la explosión. En realidad, se trata de explosiones diferentes por completo, recalcó el astrónomo Serguei Barabanov. El cuerpo de Tunguska de consistencia gaseosa explotó a una altura elevada en el aire, mientras que el de Cheliabinsk causó varias explosiones al impactar en la superficie terrestre, una característica de los meteoritos rocosos.

El jefe de la dirección de Defensa Civil de Chelibianks Yuri Burenko y algunos científicos rusos creen que el meteorito -con un peso estimado de 10 toneladas y una velocidad de viaje de 54 mil kilómetros por hora- fue un fragmento desprendido del asteroide 2012 D14 que sobrevoló muy cerca de la Tierra este mismo viernes. En Bruselas, la Agencia Espacial Europea (ESA) descartó que exista relación alguna entre el meteorito que impactó en los Urales y el asteroide 2012 DA14, ya que los asteroides viajan solos mientras que los meteoritos son un enjambre que se repite constantemente.

El asteroide 2012 DA14 sobrevoló la Tierra sin causar daños

Desde que fue descubierto, expertos de la NASA monitorearon el recorrido del 2012 DA14 con luz infrarroja. La NASA anticipó que el asteroide no se encontraba en ninguna ruta de colisión, ni con la superficie terrestre, ni con los sistemas satelitales que orbitan el planeta. La trayectoria de la roca estaba prevista entre la órbita terrestre baja, donde se encuentran los satélites de observación y la Estación Espacial Internacional (ISS), y la banda superior de los satélites geoestacionarios.

Tal y como predijo la NASA, el 15 de febrero de 2013 el asteroide 2012 DA14 del tamaño de la mitad de un campo de fútbol sobrevoló el cielo de Sumatra, Indonesia, a solo 27.860 kilómetros de distancia, sin ocasionar daños a la Tierra ni a los sistemas satelitales. Fue visible en algunas regiones de Asia, África, Europa y Australia, y la mayor aproximación ocurrió a las 19:24 GMT, a 8.500 kilómetros por debajo de donde se encuentran los satélites geoestacionarios.

Expertos estadounidenses utilizaron equipos del Observatorio Nacional de Radioastronomía (NRAO) y los telescopios de la NASA para saber cómo gira el cuerpo espacial a medida que acelera su órbita a través del Sistema Solar. Conocer la dirección de su rotación es un factor importante en la predicción de cómo cambiará su órbita con el tiempo y así determinar lo cerca que se aproximará a la Tierra en los próximos años, explicó el astrónomo del NRAO Michael Busch.

El asteroide sigue una órbita de un año alrededor del sol, pero después de acercarse a nuestro planeta su órbita cambiará, y en vez de un período orbital de 12 meses, tendrá 10: “La Tierra va a ponerlo en una órbita que es considerablemente más segura”, manifestó Donald Yeomans del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA en Pasadena.

La NASA prevé que hasta febrero de 2046 no pasará ningún otro asteroide por la Tierra. Sin embargo, el primer ministro ruso Dmitri Medvedev alertó que la caída del meteorito en Cheliabinsk demuestra la vulnerabilidad no solo de la economía, sino también del planeta en su conjunto. Según el viceprimer ministro Dmitri Rogozin, el suceso impone la necesidad de adoptar un sistema internacional de alerta conjunta y prevención de cuerpos celestes, que en la actualidad no poseen ni Rusia ni Estados Unidos.

Miles de cuerpos celestes cerca de la Tierra

Los meteoritos son objetos compuestos de roca y metal que a veces se desprenden de los diversos cuerpos del sistema solar. La NASA ha identificado al menos nueve mil objetos cercanos a la Tierra.

En junio de 2011 un asteroide del tamaño de una casa, denominado 2011 MD, pasó tan cerca de la Tierra que pudo ser visto desde algunos puntos del hemisferio sur solo con la ayuda de un telescopio pequeño. Expertos de la NASA estimaron que el objeto cósmico se acercó a menos de 17.700 kilómetros del planeta, bordeando la zona que ocupan los satélites de comunicaciones, a las 13.26 GMT del 27 de junio sobre el sur del Océano Atlántico, cerca de la Antártida.

A las 11:28 GMT del 8 de noviembre de 2011 otro asteroide, el 2005 YU55 de 400 metros de diámetro, sobrevoló a 324.600 kilómetros de distancia de la Tierra, sin ejercer ninguna influencia sobre las placas tectónicas o la gravedad terrestre. Este asteroide pasa cerca del planeta cada dos siglos y “es uno de los potencialmente peligrosos que se aproximan de vez en cuando”, dijo el investigador de la Universidad de Arizona Robert McMillan. Se estima que volverá en 2094 y orbitará a 269 mil kilómetros de distancia.

A fines de enero de 2012 pasó a 27,7 millones de kilómetros de la superficie terrestre el asteroide Eros de 34 kilómetros de diámetro, una vieja roca compuesta por silicatos de magnesio y hierro descubierta el 13 de agosto de 1898 por los astrónomos Carl Gustav Witt y Auguste Charlois. En 2000 la nave espacial NEAR Shoemaker de la NASA logró aterrizar sobre su superficie y obtener miles de imágenes fotográficas que permitieron identificar más de 100 mil cráteres.

Además, en julio del año pasado cayó un meteorito en el valle del Oued Draa, al este de la región de Tata en Marruecos. Tras varios meses de estudios, la Sociedad Internacional de Meteoritos y Ciencia Planetaria demostró que la roca proviene del planeta Marte. Bautizado como Tissint, es el mayor asteroide caído hasta el momento, con unos siete kilogramos de material rocoso, detalló Edward Scott, líder de la investigación que agrupó a 950 científicos. El portavoz de la NASA Dwayne Brown destacó la importancia de la roca, “una muestra reciente, casi sin afectar por la exposición a la atmósfera de la Tierra y la biosfera, que proporcionará una oportunidad maravillosa para estudiar las condiciones antiguas de Marte, incluidos los que podrían haber sido necesarios para la vida”.

El 11 de diciembre el pequeño asteroide 2012 XE54 transitó entre la Tierra y la órbita de la Luna a una distancia de 226 mil kilómetros. De 28 metros de diámetro, la roca creó un fenómeno similar a un eclipse de luna llena por la sombra de la Tierra, algo previsto por Pasquale Tricarico del Instituto de Ciencias Planetarias en Tucson, Arizona. Al día siguiente pasó a 6,9 millones de kilómetros del planeta otro objeto de unos cinco kilómetros de diámetro denominado Tutatis, descubierto por C. Pollas en Caussols (Francia) en 1989. Desde entonces fue visto y estudiado en 1992, 1996, 2000, 2004 y 2008. Lleva una trayectoria orbital excéntrica, que lo desplaza hasta el cinturón de asteroides, entre las órbitas de Marte y Júpiter. Y aunque por ahora no constituye peligro alguno, los astrónomos consideran que en el futuro lejano podría impactar en la superficie terrestre.

En la próxima década, científicos rusos prevén instalar una radiobaliza en el asteroide Apophis, considerado el más peligroso de los objetos espaciales que se acercan a la Tierra, a fin de estudiar sus características y vigilar su trayectoria, informó el director de Roscosmos Vladimir Popovkin. Conocido también como 2004 MN4, el objeto espacial tiene 270 metros de diámetro y 46 millones de toneladas de peso.

Los observatorios astronómicos coinciden en que el 13 de abril de 2029 Apophis pasará a una distancia de apenas 36 mil kilómetros de la Tierra, altura habitual en la que se ubican los satélites geoestacionarios. La comunidad científica teme que Apophis cruce por la llamada “cerradura gravitacional”, cuya influencia podría modificar su órbita, colocándolo en trayectoria de choque con el planeta durante el encuentro siguiente estimado para 2036.

El profesor de la cátedra de Mecánica Celeste de la Universidad de San Petersburgo Leonid Sokolov tomó como referencia cálculos de la NASA para sustentar que en el siglo actual serán posibles 11 choques de Apophis con la Tierra, cuatro de los cuales pueden ocurrir antes de 2025. Uno de esos roces tendría consecuencias varias veces más graves que las producidas por la caída del meteorito de Tungunska en Siberia, advirtió el académico Lev Zeliony.

Sin embargo, Sokolov y científicos de la NASA consideran infinitamente pequeña la probabilidad de un choque con la Tierra. Las probabilidades de impacto del Apophis tal y como están ahora son menos de una entre un millón, lo que hace sentirnos cómodos diciendo que efectivamente puede descartarse la colisión, corroboró el director del programa de Objetos Cercanos a la Tierra de la NASA Don Yeomans.

No obstante, un equipo internacional de científicos de Europa, Rusia y Estados Unidos, liderados por el Instituto de Investigación Planetaria (DLR) de la Agencia Espacial Alemana, desarrolla el proyecto NeoShield, cuyo objetivo es crear un súper escudo espacial que proteja a la Tierra de eventuales choques de meteoritos gigantescos, reportó la periodista de Prensa Latina Juliett Morales García.

Una de las propuestas es construir un impactador cinético parecido a la misión Deep Impact desarrollada por la NASA en 2005 para obtener información de un cometa. El Instituto Carl Sagan también estudia la posibilidad de crear un remolcador espacial llamado Tractor de Gravedad, que consiste en colocar cerca de la trayectoria del meteorito una nave dotada de propulsores iónicos. La interacción gravitatoria entre el cometa y la nave permitiría modificar la órbita de un asteroide potencialmente peligroso para la Tierra.

El año pasado expertos de la Universidad de Princeton simularon el impacto de un gran asteroide contra la Tierra, tomando en cuenta por primera vez la forma elíptica del planeta, características de su superficie y las profundidades de los océanos. A partir de esta modelación, que recrea el choque del meteorito que provocó el cráter de Chicxulub en México, los investigadores dudan si el golpe contra la superficie terrestre fue en verdad tan destructor como se ha dicho.

El impacto ocurrido hace 65 millones de años, al que se le atribuye haber terminado con la vida de los dinosaurios y de numerosos seres vivos en el planeta, pudo haber sido sobreestimado por cálculos anteriores que utilizaban un modelo esférico. La investigación sugiere que las ondas sísmicas del choque fueron más dispersas de lo que se pensaba, lo que resultaría en un desplazamiento del suelo, tsunamis, terremotos y actividad volcánica menos severos que lo teorizado anteriormente.

Con información de las agencias Prensa Latina, ITAR-TASS, Interfax, Rossia 24, Observatorio Astronómico en Internet Slooh, Minor Planet Center de EE.UU. y SpaceWeather.