La proximidad de la festividad más controversial, el carnaval, en Bolivia; que se define como Estado Plurinacional y Pluricultural, debería servir para iniciar a una reflexión profunda pero al mismo tiempo debería ser el periodo de tiempo en el que se inicie una discusión constructiva y enriquecedora.

Carnaval es la expresión o palabra que el enciclopedismo contemporáneo define de la manera siguiente: “El carnaval es una celebración pública que tiene lugar inmediatamente antes de la cuaresma cristiana, con fecha variable (desde finales de enero hasta principios de marzo según el año), y que combina algunos elementos como disfraces, desfiles, y fiestas en la calle. [1]

Esta definición, necesaria y artificialmente ascendida a precepto universal por la magia embriagadora de la globalización, impone un criterio; se trata de una festividad en la que la población en su conjunto, en diferente lugares del planeta, dedica algunos días al esparcimiento del espíritu.

Dicho de manera más real, es el periodo de tiempo en el que la humanidad, hoy más que nunca, debe dar rienda suelta a festejos en los que predomina, principalmente, el consumo del alcohol, la diversión en salones de baile privados o públicos, desmanes sexuales y otros, propios de celebraciones de esta índole.

Las bases históricas, de la intencionalidad no han variado. No por lo menos en los países productores de materia prima, léase, países con recursos naturales que viven explotados por los países que se denominan así mismos “industrializados”.

En la antigüedad, las poblaciones de distintas partes de la pobre Europa medieval y concretamente, mucho antes, la población contaba con la venia de toda la sociedad, de aquellos tiempos, para alcanzar en tres días los efectos de esparcimiento y excesos mencionados, para luego, el miércoles de ceniza, iniciar una dura etapa que terminara por espacio de 40 días en un periodo de abstinencia y extrema sobriedad, la denominada “cuaresma”.

Analizadas las condiciones propias de muchas regiones europeas, la explicación que indujera a justificar esta festividad serían plenamente razonables y están dadas por las condiciones climáticas naturales del viejo continente.

En la Europa del norte, la recolección de la producción agrícola terminaba a principios del mes de octubre, inusualmente se postergaba hasta la segunda semana del mismo mes, el trigo y los productos que podían almacenarse eran celosamente guardados, pero al llegar el mes de diciembre, los graneros estaban ya casi vacíos, es por esta razón que, los pueblos que habitaban al norte del viejo continente, por ejemplo, guardaban una pequeña parte de su mermada reserva y el día 21 de diciembre, día dedicado al dios rueda o JUL, usabam esa parte de la producción y propiciaban una fiesta muy peculiar.

Engalardonaban con cirios el árbol más alto del lugar, por lo general una pinácea, y al pie del macizo departía la comunidad toda de una fiesta, en la que se sacrificaba un cerdo, probablemente el último, conservado con vida para la ocasión, bebían cerveza caliente, daban rienda suelta a los instintos y se consumaba la fiesta del dios JUL, cuya traducción sería dios rueda.

Esto nos recuerda y explica, la presencia de un pino, en la fiesta de navidad occidental, hecho que muy pocas personas hallarían como explicación lógica junto al pesebre de aquel niño nacido en Belén de Judá, donde las pináceas nunca fueron conocidas.

Al día siguiente, los rudos hombres del norte europeo se hacían a la mar, en sus rústicas barcas, enfilando sus naves con rumbo sur, es por eso que; cuando los pueblos conocidos ahora como franceses o españoles de la un poco más beneficiada por la naturaleza región sur, cuando escuchaban las voces que alertaban la llegada de los rudos y bárbaros nortinos, partían a esconderse a los montes hasta que pasara el peligro, puesto que, un pensamiento universal asume condición de axioma cuando nos recuerda que, “no hay peligro más grande que un conjunto de seres humanos hambrientos”.

Si seguimos la secuencia de circunstancias que se producían, posteriormente, a la festividad ligadas a su solsticio de invierno, que casi todos los pueblos, especialmente en el hemisferio norte celebraban, podremos observar que, los meses posteriores, caracterizados por duros inviernos con nieve, hielos por tanto fríos extremos, encontraremos una lógica explicación al, porque no se podía realizar ninguna actividad agrícola y los alimentos que habrían sido guardados al llegar el mes de febrero se habrían agotado en su totalidad.

El hambre hacía estragos en la población, mientras ello sucedía, las élites dominantes, por lo general parasitarias de esas sociedades, se dedicaban a un tipo de vida en el que sobresalía el lujo y derroche de bienes.

Para evitar la casi lógica reacción de la población, ante el hambre y la miseria que hacia presa de la muchedumbre hambrienta, el recurso de activar una válvula de escape al peligro de la explosión social se imponía, había necesidad de incorporar un acontecimiento que mitigara el descontento de la mayoría de habitantes famélicos.

El carnaval, con sus tres días de permisividad absoluta, era más que un deseo de expansión del espíritu, una necesidad social. Carne vale, todo lo que se puede hacer con la carne vale, decían los venecianos y sus pares ítalos, así como muchas poblaciones vecinas como los hispanos y otros. Los placeres de la carne, incluidos el embrutecedor alcohol, el desenfreno sexual y toda la gama de excesos, era permitida. Empero, el día miércoles de ceniza, toda la población ingresaba a un periodo de total recogimiento y abstinencia.

Estas costumbres portadas por el invasor europeo a un continente donde las condiciones eran totalmente diferentes, fue una de las agresiones más brutales a la cultura de estos pueblos.

En el Tawantinsuyo, geográficamente ubicado en el hemisferio sur, las condiciones climáticas eran totalmente distintas, mientras el frío invierno castigaba Europa, en el hemisferio sur, un verano ardiente deleitaba la existencia de la población que habiendo dedicado su existencia a generar vida, es decir, a producir aquellos frutos que daban gran fortaleza a sus habitantes, se dedicaba a recolectar los alimentos de una rica y muy variada producción agrícola.

Condiciones que solo pueden proporcionar sociedades basadas y regidas por igualdades de genero y sociales, donde no se conocía el hambre ni existían las élites parasitarias opresoras, pese a todo lo que la pseudo historia, siguiendo las políticas colonialistas impuestas desde hace quinientos años y más.

Las explicaciones que pretenden imponer, hasta el día de hoy, en el sentido de que, las sociedades indígena originarias, estaban constituidas por un complejo e inexplicable sistema de castas, por tanto de clases, qhechos que, demuestran no tener ningún sustento, cuando se demuestra con los hechos concretos que, no había poblador que estuviera desprovisto de alimento o vivienda. A despecho de los invasores que provenían de una sociedad en la que, los aldeanos muchas veces se enfrascaban en riñas a muerte para alcanzar la mayor parte en la repartición de una rata.

Los pobladores de la región andina, por ejemplo, tenían sus piruas, graneros o depósitos, repletos de productos agrícolas, una extensa gama de estos, que lamentablemente también la barbarie colonialista, ha pretendido destruir, como los cientos de tipos de papas, o cereales, gramíneas como la quinua, millmi y otros alimentos o productos agrícolas que perecieron por la ignorancia de los invasores.

Para los Pakajakis, Lupi Jakis, Suñis, Karankas, Suñis, etc., pueblos y naciones que poblaban el Kollasuyo, la festividad mayor, era aquella con la que dedicaban a dar cumplimiento o a ejecutar las reglas fundamentales de sus instituciones.

De esta manera, la festividad dedicada a agradecer a sus manes o divinidades. Era el tiempo de la C´halla, ceremonia en la que se agradecía a la Pachamama, Achachilas, Taikas, Qutamama y otras fuerzas tutelares, dependiendo de la región de la que se trate.

Esta fecha del calendario agrícola de los pueblos indígena originarios en la que, siguiendo la descripción que hace el enunciador del concepto de “control vertical de un máximo de pisos ecológicos”.[2]

En el núcleo central o serrano, se reunían la gran mayoría de habitantes, exceptuando aquellos que habían quedado, al cuidado de los otros pisos ecológicos, para celebrar la fiesta de fiestas.

Los pobladores andinos, la sociedad Chacha – Warmi, Kari – Warmi, o de una autentica igualdad de género y sin distinción de edades, cumplían con las ceremonias propias del agradecimiento a sus manes por todos los dones alcanzados.

En la oportunidad también, y siguiendo algunos relatos llegados a nosotros por la madre de la historia, la tradición oral. Se propiciaba a la distribución de todo aquello que hubiese sido producido en la comunidad, tanto lo agrícola como lo material, en el reparto de bienes, como por ejemplo finos objetos tejidos por manos maestras, que hubieran generado excedentes, estos sobrantes y toda vez que ningún miembro de la comunidad careciera hubiera cubierto sus necesidades, el resto era quemado, para evitar la acumulación, imponiéndose el principio de los pueblos originarios que nos transmite la grandiosidad de ese pensamiento. “Acumular es morir, redistribuir es dar vida”[3]

En la oportunidad, la comunidad, mostraba regocijo, no de la manera occidental, solo propiciando el desenfreno de los sentidos, la festividad que se enmarcaba en el tiempo de lluvias, Jallu Pacha, interpretaba música, haciendo uso solo de los instrumentos propios de la época, instrumentos musicales de sonidos agudos, para que estos propiciaran las lluvias. Era el tiempo del Anata.

La Anata, podría resumirse como la comunicación espiritual y material que resume el agradecimiento de los seres humanos a sus manes protectores, por la excelente producción agrícola y por el reforzamiento de sus instituciones, la solidaridad, la reciprocidad y la fortaleza de la organización colectiva comunitaria.

Dependiendo la tarea a la que los pueblos dedicaran sus actividades, esta forma de agradecimiento ha podido llegar, deformada y atropellada hasta nuestros días. De esta manera, la leyenda de los pueblos Suñis, mal conocidos como Urus, definición que ellos mismos no aceptan por haber sido impuesta por el clero, que los despreció y los quiso denigrar poniéndoles epítetos groseros, como el de Huraño, del cual Uru, es una abreviación.

El hecho que está registrado en la mitología de los Suñis, dan una clara muestra de lo antes expuesto y nos relata que. desde tiempos inmemoriales, que, los Suñis (Urus) habrían olvidado al celoso dios Huary, el mismo que, en un arrebato de ira, habría convocado a fuerzas afines a su causa, y dispusieron el exterminio total de los Suñis (Urus), por el norte de la población del núcleo serrano, definido así por Murra, un inmenso y devorador sapo, ingresaba al poblado, por el sur una no menos peligrosa víbora se predisponía a dar fin a los pobladores, y para cerrar la mínima posibilidad de escape. Los aterrorizados Suñis (Urus), procuraban refugio a los pies del cerro Pata de Gallo, de la ciudad conocida hoy como Oruro, cuando todo presagiaba el cruel fin de los Suñis(Urus), fuerzas protectoras de los Suñis (Urus), hicieron aparición, y convirtieron al devorador sapo y a la culebra en piedra y en arena a las hormigas.

Los Suñis (Urus), pidieron perdón a Huary y en agradecimientos a las fuerzas que los habían salvado de tan horrendo fin decidieron honrar a todos sus manes, estableciendo su Anata como una festividad en la que rinden pleitesía a todos y casa uno de sus manes. La leyenda concluye indicando que Huari, avergonzado por su acción tomó la forma de una Taruka, o cervatillo andino se refugió en las entrañas de la tierra, desde donde pasó a prodigar dones a los Suñis, quienes cada año honran a Huari bailando en su honor, reproduciendo la figura del Taruka, a la que la bárbara administración colonial, contando con el sempiterno apoyo de su aliada incondicional, la iglesia católica se dedico a deslucir y a confundir.

Contubernio mal intencionado

Con el fin de hacer más efectiva la política colonizadora, las élites de las castas dominantes, tanto en el periodo colonial como en el republicano, se impusieron la tarea de desmerecer y deslucir la festividad de los pueblos originarios Tawantinsuyanos, y asociando, el desfachatado carnaval, mezclaron ambas festividades, transformándolas en una sola, por supuesto bajo el nombre de Carnaval.

Empero, y al no haber alcanzado su objetivo, toda vez que, la población, de las ciudades como Oruro, Cochabamba, La Paz, Potosí y ahora de casi toda Bolivia, año que pasa realzan con mayor ímpetu la celebración de la C´HALLA, ritualidad que no ha podido ser re interpretada, como casi todas las fiestas originarias lo han sido, y que demuestra la presencia innegable del pensamiento Tawantinsuyano en la vida cultural y social de la moderna república de Bolivia.

Empero, la intencionalidad del pensamiento colonizado, que aun está vigente en la vida nacional, especial de Bolivia, ha logrado extender un amplio manto de confusión en lo relacionado al tema.

En 1977 la UNESCO, de Naciones Unidas. Dentro de su programa para la proclamación de Obras Maestras del Patrimonio Oral e Intangible de la humanidad. Proclamó al Carnaval de Oruro, festividad Suñi ancestral, como primer Patrimonio Cultural Oral e Intangible de la Humanidad.

Como una clara muestra de la política colonialista y colonizadora, vigente aun en nuestros días, la Iglesia Católica, sustituyo a la Tradición Suñi, por un Tiempo del Anata.

La Anata, podría resumirse como la comunicación espiritual y material que resume el agradecimiento de los seres humanos a sus manes protectores, cuya mayor expresión sería la ch‘alla, agradecimiento a sus manes por la excelente producción agrícola y por el reforzamiento de sus instituciones, la solidaridad, la reciprocidad y la fortaleza de la organización colectiva comunitaria.

Dependiendo la tarea a la que los pueblos, en la que dedicaban sus actividades cotidianas, esta forma de agradecimiento ha podido llegar, deformada y atropellada, hasta nuestros días.

Un ejemplo claro y específico nos muestra como la leyenda de los pueblos Suñis, mal conocidos como Urus, definición que los Suñis se niegan a aceptar puesto que fue un apelativo impuesto por el clero, en venganza por no haber podido doblegar ni evangelizar a ese pueblo[4].

Los Suñis fueron víctima de desprecio y se los quiso denigrar poniéndoles epítetos groseros, como el de huraño, del cual Uru es una abreviación.

El hecho, registrado en la mitología de los Suñis (Urus), da una clara muestra de lo antes expuesto y nos relata que desde tiempos inmemoriales los Suñis (Urus), que han dedicado su actividad cotidiana a la caza, pesca y recolección de huevos, habrían olvidado al celoso dios Wary, considerado uno de los dioses de las aguas. Wary, en un arrebato de ira, habría convocado a fuerzas afines a él, y dispusieron el exterminio total de los Suñis (Urus). Por el norte de la población del núcleo serrano, definido así por Murra, un inmenso y devorador sapo ingresaba al poblado; por el sur una no menos peligrosa y agresiva víbora se predisponía a dar fin a los pobladores; y para cerrar la mínima posibilidad de escape, miles de hambrientas hormigas atacarían por el este del poblado.

Los aterrorizados Suñis (Urus), procuraron refugio a los pies del cerro Pata de Gallo, de la ciudad conocida hoy como Oruro. Cuando todo presagiaba el cruel fin de los Suñis, fuerzas protectoras afines a los Suñis (Urus), hicieron aparición y convirtieron al devorador sapo y a la culebra en piedras, y en arena a las hormigas.

Los Suñis (Urus) pidieron perdón a Wary y en agradecimiento a las fuerzas que los habían salvado de tan horrendo fin decidieron honrar a todos sus manes, estableciendo su Anata, como una festividad en la que rinden pleitesía a todos y cada uno de sus manes.

La leyenda concluye indicando que Wary, avergonzado por su acción, tomó la forma de Taruka, venado andino, se confino a sí mismo al interior de las entrañas de las montañas, desde donde pasó a prodigar dones a los Suñis (Urus), quienes cada año honraron y aun honran a Wary desde tiempos inmemoriales, bailando e interpretando música en su honor y también en honor de sus fuerzas protectoras que les salvaron de morir cuando el dios andino Wary convoco a las fuerzas afines, pero que ahora todas sus fuerzas tutelares son honradas solicitándoles que nunca deje de faltar al benéfica totora, los peces y las aves necesarias para su sustento.

Entre las danzas que hubieron estructurado los Suñis (Urus), la que más destaca es aquella que reproduciendo la figura del Taruka, cervatillo andino que luce astas propias de su especia, figura que la tradición Suñis (Urus) ha representación de Wary — Danza a la que la bárbara administración colonial, pretendió deslucir y confundir la estructura del Anata Suñi (Uru), contando con el sempiterno apoyo de su aliada incondicional, la iglesia católica— definió la representación de Wary o Taruka como el diablo o maligno, propiciando la danza, que a despecho de los prelados, ha sido reconocida como una de las danzas más bellas del género humano, caprichosamente denominada diablada, actualmente, parte magnifica e importante de la celebración de la festividad “Obra Maestra de la Humanidad”.

Como una clara muestra de la política colonialista y colonizadora, vigente aún en nuestros días, la Iglesia Católica, sustituyó a la tradición suñi, por una hierofanía, en la que el bandido Chiruchiru apuñalado por el padre de la mujer con la que huía, llegó a un hospital ayudado por una mujer que portaba un niño. El bandido murió en el hospital y en su refugio de una cueva en el cerro Pata de Gallo, encontraron imágenes de la virgen de la Candelaria.

Esta hierofanía pasó a sustituir a la leyenda suñi, celebrando al presente la fastuosa festividad de los Suñis, en honor a este hecho religioso.

Como hemos expuesto, la confusión que ha sembrado la política colonial, que aún se mantiene vigente en nuestros días, obra de manera totalmente negativa, puesto que confunde el sentido que para los pueblos andinos representa una de sus expresiones espirituales más altas, la ch´alla del Anata, confundiéndola con una expresión superficial y sin otro fin ni propósito que alcanzar desenfreno y excesos.

El ejemplo con el que hemos ilustrado las bases de nuestra investigación expone claramente, la agresión cultural a una alta manifestación cultural, hoy patrimonio no tangible de la humanidad.

Estos extremos se pueden claramente observar durante la realización de la fastuosa Entrada de Oruro, donde las danzas ancestrales vernáculas, que han sido modificadas y sofisticadas en grado extremo, sufren la provocación del juego con agua, bajo el justificativo de “es carnaval y en carnaval hay que jugar con agua”, sumando a este argumento que la mejor manera de mostrar alegría y júbilo es recurriendo al uso y abuso del alcohol.

Esta confusión y otras similares, perpetran daño a las tradiciones milenarias de los pobladores; por ejemplo, en la ciudad de La Paz, que cuenta con tradiciones propias cuyos antecedentes han sido proporcionados por la mitología de los pobladores de la zona, como el Jiska (pequeño) Anata y Jacha (gran) Anata, en los que se honran a los manes tutelares, como el Kuntur Mamami, pero que y como lo hemos descrito ampliamente, son inscritas bajo los esquemas del deslucido y superficial carnaval europeo.

La agresiva política neo colonizadora, no sólo agrede el sentido de las festividades andino originarias, sino que atenta de manera directa a la reconstrucción de la verdadera historia a la que tienen derecho todos los pueblos, que por razones de opresión ha sido y es negada por el colonialismo y la adhesión de determinados sectores de la población a estas políticas.

Notas:

[1] Wikipedia

[2] MURRA John. Control vertical de un máximo de pisos ecológicos. 1975: 142

[3] TEMPLE Dominique. El quid-pro-quo histórico: el malentendido recíproco entre dos civilizaciones antagónicas.

[4] ROJAS BOYAN, Manuel. Titiqaqa, taypi, pux pux. 2006:84