La Habana (PL).- Las tormentosas relaciones del Reino Unido con la Unión Europea (UE) llegan con el primer ministro conservador David Cameron a un punto álgido superior al de hace casi tres décadas con Margaret Thatcher. Las medidas de austeridad fueron tan lejos en el Reino Unido que el propio FMI, conocido por su imposición de esquemas neoliberales, debió aconsejar a Londres suavizarlas para lograr un mayor crecimiento económico.

El gobierno del primer ministro británico David Cameron debió empeñar en 2012 todo su caudal electoral acumulado en pasados comicios para aplicar fórmulas austeras que parecieron dejar mal parados a los conservadores. La aplicación de medidas de ajuste incluidas en reformas de la salud o de pensiones que llevaron a estudiantes, trabajadores y jubilados a las calles, redujeron el respaldo de los votantes a la coalición gobernante en el poder de conservadores y liberales.

De hecho, Cameron relegó a otros planos ciertas soluciones internas y se ocupó de asuntos foráneos como la participación de las tropas británicas en el conflicto de Afganistán, donde deberá concluirse la organización de la retirada de las tropas, o la agresión a Libia. Pero el refuerzo de la crisis de la zona del euro obligó al ejecutivo conservador a tomar partido en asuntos internos como el incremento de los sentimientos secesionistas en Escocia, luego del ascenso de los nacionalistas en esa porción de la isla británica. A ello se sumó el auge de las corrientes de euroescépticos, lo cual llevó, incluso, a una rebelión dentro de las filas conservadoras en la discusión a finales de año del proyecto de presupuesto de la Unión Europea para el periodo 2014-2020.

En marzo de 2011, Reino Unido vivió las peores protestas desde las registradas contra la guerra en Irak de 2003, cuando un millón de personas salieron a las calles. El año pasado fueron 400 mil contra la política de austeridad que Cameron aplicó a plenitud en 2012. El plan consiste en desaparecer 300 mil empleos del sector público, en medio de una reducción sistemática de los salarios en los últimos tres años, en coincidencia con el inicio de la crisis financiera que llevó a la recesión a gran parte de Europa.

Cameron fue acusado de proteger a los banqueros y millonarios para dejar el peso de la salida de la crisis nacional sobre los hombros de los desposeídos. La austeridad golpea a los más pobres y a los más vulnerables, declaró Brendan Barber, líder del Congreso de Sindicatos Británicos, que agrupa a 54 gremios nacionales.

El Gobierno, por su lado, se propuso reducir el pasado año un déficit público de 8%, uno de los mayores en su momento de la región europea, pero tal acción llevó a la precariedad a gran parte de la población del Reino Unido. Además, las justificaciones se remiten a lo que ocurre en la eurozona, como lo hizo en su momento el ministro de Economía, George Osborne, quien estimó difíciles de enfrentar los retos de la austeridad si la “recesión está en la puerta de al lado”.

En ese sentido, el máximo dirigente del Partido Laborista Andrew Milliband consideró que Osborne fue demasiado lejos con las reformas y se adelantó a lo que calificó de doble caída en la recesión británica. De acuerdo con la Oficina de Responsabilidad Presupuestaria, el Producto Interno Bruto (PIB) en 2012 cayó en un 0,8% y en 2013 en un 2%, lo cual refuerza las afirmaciones de los gremios de que la austeridad fracasó y solo trae más precariedad.

Cabe destacar que entre los sectores más vulnerables de la actual situación de crisis en el Reino Unido están los jóvenes, cuya situación de empleos y bajos salarios los afecta profundamente. Así, los haberes de las personas entre 16 y 29 años se redujeron en un 6% en la etapa 2003-2010, mientras en 2012 la situación estuvo lejos de mejorar. Entre las personas mayores de 30 años, el descenso fue mucho menor: un 1,5%. La desocupación es el mayor enemigo público de la juventud británica, estimó Gavin Kelly, dirigente de la Fundación Resolución.

Por su lado, el director en el Reino Unido del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), David Bull, afirmó que los recortes de Cameron tendrán consecuencias dramáticas para el desarrollo futuro de los niños británicos. Las reducciones también tocan a las fuerzas armadas, después de esbozarse este año planes de licenciar a ocho mil soldados para el 2013, lo cual las dejaría con un tope de 86 mil, la cifra más baja desde el siglo XVIII.

Además, el ejecutivo también prevé la jubilación adelantada de cuatro mil oficiales antes de 2020. Para ello, todos los militares que arriben a la edad de 45 años serán licenciados, una década antes de lo estipulado hasta ahora para ese retiro. La oposición arremetió contra el Gobierno, tras el anuncio de incrementar sustancialmente la participación de reservistas en actividades de seguridad nacional, aunque también repudió su empleo para misiones en el exterior, como ya ocurre en Afganistán.

El alcance de la crisis es general y ello también incluye la cultura. De acuerdo con la Asociación Británica de Museos, una cuarta parte de las salas de sus afiliados debieron cerrar sus puertas. La asociación informó que el 11% de los museos fue clausurado definitivamente, mientras el 22 lo hizo de forma temporal. En 2011, la mitad de las citadas instalaciones debió dejar cesante al 42% de sus empleados.

Pero Cameron también debió pasar el año pasado por sinsabores de varios escándalos que involucraron a miembros de su gabinete. De esa forma, Osborne debió ofrecer convincentes explicaciones, sin llegar a dimitir, después de un suceso en el que disfrutó de los servicios de primera clase en un tren con el empleo de boletos de turista, antes de abonar la diferencia de categoría.

El jefe de la bancada conservadora en el Parlamento Andrew Mitchell también presentó disculpas por sus declaraciones ofensivas, al calificar a la policía de chusma, tras su represión de manifestaciones en Hyde Park, en el centro de Londres. Unas 150 mil personas ratificaron en su momento su oposición a las políticas de austeridad de Cameron.

El año 2012 también fue triste para el movimiento de protestas contra las recetas neoliberales del gobierno británico, después que el legislativo aprobó drásticas medidas a fin de limitar las manifestaciones populares, con un aumento de las prerrogativas para la policía. Si se pudiera calificar el año en términos de avances en las soluciones sociales, la nota sería la más baja, sobre todo, cuando, al parecer, están aún pendientes los esfuerzos del gabinete británico de aplicar una disimulada privatización de la salud y la educación.

La soledad europea de Cameron

Las tormentosas relaciones del Reino Unido con la UE llegan con el primer ministro conservador David Cameron a un punto álgido superior al de hace casi tres décadas con Margaret Thatcher, tras las amenazas de un referendo separatista. Cameron pretende repatriar derechos para Londres mediante una nueva negociación con la UE y la posibilidad de realizar una referendo después de los comicios generales de 2015, en caso de una victoria conservadora, probablemente a mediados de 2017.

Pero el jefe de Gobierno sigue apenas la línea conservadora de confrontación con las instituciones europeas, que tuvieron su origen en la disputa de Thatcher, la dama de hierro británica que gobernó desde 1979 hasta 1990. El Reino Unido ingresó en la entonces Comunidad Económica Europea (CEE) en 1973, paradójicamente en tiempos del primer ministro conservador Edward Heath, un europeísta convencido, después de dos intentos fallidos en 1963 y 1967, a causa de los vetos de Francia y Alemania.

Cambió mucho en la historia británica, luego del referendo de 1975, cuando la permanencia en la CEE fue ratificada en un referendo por el 67% de la población. Casi cuatro décadas después los sondeos son contradictorios, pero demuestran un avance de los euroescépticos. Un reciente sondeo mostró que el 40% es favorable a la salida de la UE, mientras los contrarios a ese paso sumaron 37 puntos.

Las coincidencias poseen en parte algo de bases reales y ello parece ser el caso de Thatcher y Cameron. Ambos hablaron de recuperar atribuciones de la CEE en un caso y de la UE en otro, cuando las cosas andaban mal en casa. A la dama de hierro le tocó vivir los peores momentos del enfrentamiento social, ante la imposición de medidas que pudieran considerarse el germen del neoliberalismo a ultranza y de las de ajuste de ahora.

De acuerdo con medios de prensa británicos, Thatcher, quien se recupera de una fuerte enfermedad y apenas sale al público, en su momento intentó eliminar el Servicio Nacional de Salud (NHS), al menos como lo conocen ahora los británicos, con su carácter público. Cameron trata de concluir aquella tarea iniciada por la dama de hierro, quien enfrentó una fuerte crisis económica y un salto vertiginoso del desempleo a mediados de la década de 1980.

El actual jefe de Gobierno enfrenta una contracción económica, con malos augurios para el comercio en sus destinos principales, pues la zona del euro se encuentra lejos de presentar signos de recuperación y la economía norteamericana aún está por despertar. De ahí que la opción empleada por el gabinete conservador de apelar a una proyección exterior con el plebiscito sobre la membresía en la UE, podría buscar alejar las preocupaciones internas en Reino Unido, donde el número de euroescépticos crece en picada.

Las relaciones económicas con la UE representan unos tres millones de empleos vinculados a la economía más fuerte del orbe, que mueve un promedio de casi 13 billones de euros en su Producto Interno Bruto conjunto, de los que el Reino Unido representa más de dos billones. Tal situación recuerda afirmaciones de analistas de que el mayor socio comercial de los europeos es la propia Europa. Fuera de ella puede haber relación con China, Estados Unidos, Japón o América Latina, pero nunca llegará al intercambio interno regional.

De ahí que cuando la UE se convierte en el área más endeudada del mundo y la crisis en su zona euro parece una epidemia sin cura conocida, Londres busca negociar otras relaciones con el bloque, tal y como ya lo hizo en ocasiones anteriores. Así, en tiempos del primer ministro conservador John Major, quien ocupó la jefatura de Downing Street, luego de la renuncia de Thatcher, en 1990, se lograron avances en las negociaciones sobre el Tratado de Maastricht, que dio paso a la creación de la UE en 1992.

De esa forma, Major logró una cláusula de excepción conocida como opt-out, en la cual el Reino Unido quedó excluido de los compromisos de cumplir el tercer nivel de integración del bloque regional, al quedar fuera de la zona euro y del Acuerdo de Schengen. Sin embargo, luego de 18 años de gobierno conservador, el laborista Anthony Blair logró algunos avances en las relaciones con la UE y aceptó mejor las legislaciones europeas.

Pero Blair debió dejar Downing Street, en parte por la mala reputación ganada por su práctica de mentir repetidamente ante el Parlamento sobre las verdaderas razones para invadir a Irak, junto a Estados Unidos, en marzo de 2003. En 2007, el ex ministro de Economía de Blair, Gordon Brown, asumió la dirección del ejecutivo, en una decisión interna del Partido Laborista que permitió a Londres unirse al Tratado de Lisboa en ese mismo año, antes de llegar Cameron a Downing Street, en mayo de 2010.

La recesión, las medidas de austeridad y lo que se considera un inicio prematuro de la campaña electoral para los comicios de 2015 condicionaron la propuesta del primer ministro conservador, quien gobierna junto al Partido Liberal-Demócrata, de tendencia europeísta. Pero tras enfrentar una rebelión de diputados conservadores en la discusión del presupuesto de la UE para el periodo 2014-2020, Cameron cedió a las presiones y amenazas de agrupaciones como el Partido por la Independencia del Reino Unido (UKIP) para pronunciar su discurso.

Empero ante el anuncio de Cameron, la necesidad de negociar un nuevo acuerdo con el bloque regional y de realizar el mencionado referendo, la reacción parece estar muy lejos de lo esperado. Así, el dirigente del UKIP, Nigel Farage, se burló del discurso de Cameron, según The Guardian, pues consideró que aunque el jefe de Gobierno se ufane por responder a expectativas euroescépticas, la idea nunca será original, pues tiene el sello de su partido, opinó.

El semanario alemán The Spiegel considera que Cameron quizás apeló con sus propuestas al apoyo de otros dirigentes liberales de la región que desean flexibilizar los estatutos de la UE. Sin embargo, el discurso más bien dejó en solitario al primer ministro británico. Ningún pronunciamiento de los estadistas o instituciones europeas fue de respaldo ni a la idea de renegociar condiciones especiales para el Reino Unido, ni mucho menos a fin de reverenciar un referendo sobre la salida de la UE.

Para la revista The Economist, cualquier renegociación de los términos de las relaciones con la UE será un proceso embarazoso, tras el cual solo se lograrían tímidas concesiones, con un marcado costo político para Londres. La publicación considera que para hablar de variaciones en aspectos como los de integración económica y social, serán necesarios al menos cinco cambios en el Tratado de Lisboa.

En ese sentido, aunque Cameron no especificó tales puntos en su discurso sobre las nuevas relaciones con la UE, la cadena de radio y televisión pública BBC considera que se trata de la Directiva de tiempo de trabajo y los puntos sobre policía y justicia criminal. La referida directiva laboral exige a los 27 miembros del bloque comunitario garantizar la limitación de la jornada de trabajo y la obligación de otorgar un número mínimo de días festivos a los empleados.

Claro está, en tiempos de recesión económica, a los elementos en la cúpula de poder británica les molestan las ataduras, como lo fueron en su momento para la dama de hierro, para aplicar políticas de ajuste. Las medidas de austeridad fueron tan lejos en el Reino Unido que el propio Fondo Monetario Internacional, conocido por su imposición de esquemas neoliberales, debió aconsejar a Londres suavizarlas para lograr un mayor crecimiento económico.

El pasado 24 de enero, el FMI aconsejó hoy al Reino Unido aliviar las medidas de austeridad para impulsar el crecimiento en 2013, en un reconocimiento tácito de los efectos sociales nocivos de tales medidas. Para el economista principal del FMI Olivier Blancard, el gobierno conservador británico, que aplica desde 2010 un crudo plan de recortes, sobre todo sociales, debe aprovechar la presentación de los presupuestos en marzo venidero para revisar el programa de ajustes.

Pero los detalles de los puntos que quiere negociar el gobierno de Cameron con la UE quedaron de la parte publicitada en el discurso y el principal mensaje que resultó implícito fue el de la consulta popular. Algunos medios de prensa como The Times consideran que Cameron más bien apela a captar el apoyo a su partido de los euroescépticos, ante el empuje del UKIP, que amenaza con convertirse en una tercera fuerza política, por encima de los liberal-demócratas.

En cinco años pueden cambiar muchas cosas en suelo británico, desde la salida o profundización de la crisis económica actual, hasta la situación internacional en que debe moverse el gobierno de Cameron. Además, en caso de acaparar la atención, después de registrar los peores niveles de apoyo en los sondeos de los últimos dos años, el Partido Conservador podría cambiar de opinión respecto al plebiscito.

Pero desde ya el precio político a pagar frente a sus socios europeos parece de cuidado. De poco vale la afirmación de Cameron de que está por la permanencia del Reino Unido sobre una UE de política flexible, efectiva y transparente, pues las críticas son claras.

El propio viceprimer ministro británico Nick Clegg advirtió que no estaba seguro que lo planteado por su socio en el gabinete ayude al interés de la nación. “Años de conjeturas e incertidumbre no es bueno” para la frágil economía británica, acotó. Nince Cable, ministro de Empresa, también del Partido Liberal-demócrata, llamó a Cameron a no hacer una apuesta peligrosa para la economía del Reino Unido.

El máximo dirigente del opositor Partido Laborista Edward Miliband acusó a Cameron de conducir al país a la salida de la UE y de causarle daños a la economía nacional, pues el mercado único es uno de los principales destinos de los productos británicos. Desde afuera, las críticas fueron generales. El primer ministro holandés, el liberal Mark Rutte, recordó a Cameron en boca de su vocero Michiel Servaes que la UE no es un juego de construcción en el que puede retirar algunos ladrillos, en dependencia de sus deseos.

El gobierno conservador apenas tuvo halagos de sectores euroescépticos dentro del país como el diputado Mark Pritchard que, de acuerdo con el diario Daily Telegraph, calificó de triunfo el discurso de Cameron. Pritchard parecía aludir al éxito obtenido por Thatcher, al ser reelegida para su tercer mandato en 1987, luego del duro enfrentamiento que protagonizó en el seno de la entonces CEE en 1984 para aumentar el dinero reembolsado a Londres, tras su ayuda a Europa. Además, dentro de las filas laboristas, tradicionalmente europeístas, la decisión de Cameron parece crear diferencias.

The Economist estima, no obstante, que el éxito es relativo y efímero, incluso dentro del Reino Unido, pues el primer ministro deberá enfrentar críticas de quienes exigirán la aplicación concreta de sus promesas respecto a los nexos con la UE. La soledad parece acompañar al primer ministro británico en sus propósitos de recalcar el carácter exclusivo de los nexos de su país con el bloque regional, en el cual muchos llaman a Londres a trabajar por la integración, en lugar de intentar el desmontaje del ente regional.

* Jefe de la redacción Europa de Prensa Latina.