El Fondo Monetario Internacional (FMI) emitió una declaración de censura contra la Argentina basada en la inexactitud de sus estadísticas oficiales. En mi opinión esta censura abre una oportunidad para avanzar hacia un país más soberano e independiente.

La decisión del Directorio, apoyada por EEUU y Europa, cierto disenso de China y Rusia y el rechazo de Brasil, Venezuela y Chile, pone el acento en el cálculo del IPC y del PBI y otorga un plazo de ocho meses para su regularización según los criterios metodológicos que impone el organismo. Sería la primera vez que se aplica una medida de este tipo a un país miembro. Si no se cumpliera lo pedido en ese lapso la censura, luego de varios pasos formales, podría convertirse en la expulsión del país.

Que los datos del INDEC en relación al IPC no se ajustan a la realidad es, valga la redundancia, un dato de la realidad cotidiana de millones de argentinos. Lo acaba de reconocer la propia presidenta de la Nación cuando señaló que los acuerdos de precios han sido inoperantes y llamó a los consumidores a asumir ellos el control de los mismos. Ya se encargó la prensa opositora de señalar que no hay muchas diferencias con lo que en su momento proponían Martínez de Hoz y luego la inefable Lita de Lazzari.

Desde estas mismas páginas hemos sostenido en varias oportunidades que los controles de precios han fracasado históricamente, que lo que el Estado debe controlar, llamando al protagonismo de los trabajadores en ese control, son los costos de producción y distribución y en función de ellos fijar tasas de ganancias razonables. Sostenemos desde hace tiempo que las formidables tasas de ganancia de que gozan los capitalistas en el país desde hace una década son la principal, no la única, fuente de inflación. En una economía tan concentrada como la nuestra las formadoras tienen una enorme capacidad de trasladar a precios cualquier incremento de costos, en aras de no resignar rentabilidad.

Pero reconocer que las estadísticas oficiales son tan inexactas como irreales no implica concederle al FMI, ni a ningún organismo internacional controlado por los principales países imperialistas del mundo, la autoridad para imponer condiciones y metodologías. El propio discurso oficial habla de un organismo totalmente desacreditado y sin autoridad moral ni técnica alguna. Pensar que puede reformarse en una verdadera utopía sin sentido. Basta ver su accionar integrando la “troika” en Europa.

Por otra parte sería una ingenuidad no ver esta movida del Fondo en consonancia con la ofensiva de los fondos buitres, del CIADI, con las advertencias de la OMC por medidas proteccionistas e incluso la quita de beneficios otorgados a productos nacionales por el Sistema Generalizado de Preferencias Arancelarias estadounidense. El gobierno argentino no es antiimperialista, pero es indudable que tiene roces crecientes con los organismos internacionales.

Pero aquí mismo está la oportunidad. Es posible salir del enmarañado laberinto jurídico-ideológico que el neoliberalismo impuso en los ’90, para trabar cualquier intento de revertir las transformaciones regresivas de esos años. La misma presidenta lo ha dicho, la declaración del Fondo no solo constituye un nuevo “error” sino que también es un claro ejemplo de trato desigual y de doble estándar. La dejaron picando, solo hay que animarse.

En su momento Argentina le pagó por adelantado y al contado toda la deuda, más allá de que oportunamente diera mi opinión negativa frente a esto, lo cierto es que no se le debe nada y que hace años que el país no toma créditos en el organismo. Está entonces en condiciones óptimas de tomar la decisión política de excluirse del FMI.

En paralelo debiera denunciar los Tratados Bilaterales de Inversión (TBI’s) vencidos y anular los restantes; salirse del CIADI, como ya lo han hecho Ecuador, Bolivia y Venezuela, conviene recordar que Brasil siempre se negó a ingresar a este organismo del Banco Mundial y dejar de dilapidar recursos escasos litigando en EEUU.

Considero un error reabrir el canje, por el contrario se puede contraatacar abriendo la investigación sobre la deuda, comenzando por anular aquella cuyas cláusulas de emisión implican sesión de soberanía. Poner a debate la sanción de una nueva ley de inversiones extranjeras, que reemplace la actual, una rémora de la dictadura, se hace imprescindible.

Será una forma de recuperar soberanía y avanzar a ser un país realmente independiente.

* Integrante del colectivo EDI – Economistas de Izquierda.