Desearía compartir el descubrimiento de un método agrícola que no conocía y que redondea mi ignorancia al respecto. Se trata del libro La revolución de la brizna de paja del agrónomo japonés, convertido en hortelano, Masanobu Fukuoka [1]. Para ubicarse en este nuevo contexto, es preciso diferenciar tres conceptos: agricultura natural, la que aprenderemos de Fukuoka; la agricultura tradicional: orgánica, ritual, que es semejante en Japón y los Andes y la agricultura moderna: mecánica y basada en la química del petróleo. Como el Zen, la agricultura natural es minimalista.

En efecto, la agricultura natural no necesita maquinaria, ni productos químicos y precisa de muy poco desyerbe. Fukuoka no labra el suelo, ni utiliza compost. No retiene el agua en sus campos de arroz. Sin embargo, sus rendimientos se equiparan a los de las explotaciones japonesas más productivas. Su método requiere menos labor que cualquier otro. No causa contaminación. Y su producción es aproximadamente la misma que se obtiene según el método tradicional o el método moderno. Los tres métodos dan rendimientos similares, pero difieren marcadamente en su efecto sobre el suelo, el agua, la biodiversidad, el entorno y la gente. Digamos que la diferencia estriba en que Fukuoka practica la agricultura cooperando con la naturaleza, en lugar de tratar de mejorarla o modificarla. A esto denomina Fukuoka la agricultura del no-hacer

El no-saber

El no-hacer supone el no-saber. Fukuoka piensa que “La humanidad no sabe nada en absoluto”; sabemos cosas puntuales y relativas. Fukuoka sostiene “que no hay valores intrínsecos en nada”; los valores, a lo mejor, son sólo efectos de una interacción. Fukuoka remata sentenciando que, como “cada acción es un esfuerzo fútil, sin sentido (…) en este mundo no hay nada en absoluto”. Queda patente la diferencia entre Oriente y Occidente; entre el Tao y la Metafísica. “No comprender nada” en este sentido es, para nuestro farmer, reconocer la insuficiencia del conocimiento intelectual. “Pude ver que todos los conceptos sobre los que me había apoyado, incluso de la misma noción de existencia, eran fabricaciones vacías”. Todos los místicos de Occidente piensan lo mismo.

Hacia una agricultura del No-hacer

Fukuoka: “Yo estaba apuntando hacia un método de hacer la agricultura agradable, natural, que condujese a hacer el trabajo más fácil en vez de más pesado. Finalmente llegué a la conclusión de que no había necesidad de arar, ni de aplicar abono, ni de hacer compost, ni de utilizar pesticidas. Cuando se profundiza en ello, pocas prácticas agrícolas son realmente necesarias”. Iluminación que se puede extender a otros dominios de la realidad.

La razón por la que la tecnología parezca necesaria, se debe, según Fukuoka, a “que el equilibrio natural ha sido alterado, tan gravemente y de antemano por estas mismas técnicas, que la tierra se ha hecho dependiente de ellas”. Esta línea de razonamiento, Fukuoka la extiende a otros aspectos de la sociedad humana. Los médicos y las medicinas, por ejemplo, se vuelven necesarios cuando la gente crea un ambiente patógeno. La escolarización formal se convierte en necesaria cuando la humanidad crea unas condiciones en las cuales “uno debe tener educación” para salir adelante. “¿Cual es el modelo natural?”, se pregunta y responde: “En la medida en que la sociedad humana se separa a sí misma de una vida próxima a la naturaleza, la instrucción escolar se hace necesaria. En la naturaleza, la instrucción formal no tiene sentido”. Por aquí, en los Sesenta, Iván Illich fatigaba el mismo sendero.

Tal vez un ejemplo agronómico ilustre mejor su idea. “Si una sola yema de un árbol frutal es cortada con unas tijeras esto puede provocar un desequilibrio que no podrá ser corregido. Cuando las ramas crecen de acuerdo con su forma natural, se extienden alternativamente alrededor del tronco y las hojas reciben uniformemente la luz solar. Si se rompe la secuencia las ramas entran en conflicto, se ponen unas encima de otras se enredan, las hojas se marchitan en los lugares en los que el sol no puede penetrar. Esto da origen a que los insectos causen daños. Si el árbol no se poda el año siguiente todavía aparecerán más ramas secas”.

Lo mismo, pues, pasa en la sociedad cuando se interfiere en el ciclo natural. La ciencia es el gran invento para interferir en esta regularidad. Fukuoka ironiza poniendo el ejemplo de un científico que se ha vuelto miope investigando. “Si te preguntas en qué ha estado trabajando todo el tiempo, ves que era para convertirse en un inventor de lentes correctores de la miopía”. Esta paradoja constituye la realidad de los pueblos que dejaron o fueron arrojados del Jardín. En toda pérdida se esconde una ganancia; toda ganancia entraña una pérdida. Sin ese antagonismo no sería posible el equilibrio; el precario equilibrio. Un equilibrio perfecto equivale a la muerte.

Regresando a la fuente

“Hace mil años se practicaba en el Japón la agricultura, sin arar la tierra y no fue hasta la Era Tokugawa, hace 300-400 años, que se introdujo el laboreo superficial. El laboreo profundo llegó al Japón con la agricultura occidental”.

Cultivar, pues, un campo sin labrarlo pareció, al comienzo, como un retroceso pero, con el tiempo, este método demostró, en laboratorios universitarios y centros de experimentación agrícola, ser el más simple, eficiente y actual de todos los métodos. Pocos, sin embargo, son capaces de comprender que la agricultura natural “surge del centro inmóvil e incambiable” del cultivo de la tierra. En la medida, empero, “en que la gente se separa de la naturaleza, gira más y más lejos de este centro”. Ahora bien, siguiendo la filosofía del Tao, esa misma fuerza centrífuga contiene un efecto centrípeto y se origina, así, ahora, “un deseo de retornar a la naturaleza”. La verdad es que siempre vamos a querer, simultánea y contradictoriamente, salir y regresar a la naturaleza. Ahora bien, la naturaleza no cambia. Lo que va cambiando es nuestra manera de entenderla.

Los cuatro principios

Así, pues, condensemos los cuatro Principios agronómicos propuestos por Fukuoka:

“1. No arar ni voltear el suelo.

Durante siglos, los agricultores han supuesto que el arado es esencial para cultivar las plantas. Sin embargo, el no laboreo es fundamental para la agricultura natural. La tierra se cultiva a sí misma, naturalmente, mediante la penetración de las raíces de las plantas la actividad de los microorganismos, pequeños animales y lombrices de tierra.

2. No utilizar abonos químicos, ni compost preparado

La gente interfiere con la naturaleza y por mucho que lo intentan, no pueden curar las heridas que causan. Sus descuidadas prácticas agrícolas drenan el suelo de nutrientes esenciales resultando una disminución anual en la tierra. Si se deja a sí mismo, el suelo mantiene su fertilidad naturalmente, de acuerdo con el ciclo ordenado de la vida vegetal y animal.

3. No desyerbar mediante cultivo o herbicidas.

Las malas hierbas juegan su papel en construir la fertilidad del suelo y en equilibrar la comunidad biológica. Como principio fundamental, las malas hierbas deben ser controladas, no eliminadas. Acolchado con paja, cobertura del suelo con trébol blanco asociado a los cultivos e inundación temporal, proveen un control efectivo de las malas hierbas en mis campos.

4. No dependencia de los productos químicos.

A partir del momento en que las plantas se desarrollan débiles como resultado de estas prácticas innaturales, como el laboreo y el abonado, las enfermedades y las plagas se convierten en un gran problema en agricultura. La naturaleza, dejada sola, está en perfecto equilibrio. Los insectos dañinos y las enfermedades de las plantas están siempre presentes, pero no proliferan en la naturaleza en el grado de necesitar el uso de venenos químicos. La aproximación sensata al control de plagas y enfermedades consiste en cultivar plantas vigorosas en un ambiente equilibrado”.

Estos cuatro Principios de la agricultura natural cumplen, según Fukuoka, el orden natural y llevan al origen de la riqueza de la naturaleza. “Todos mis pasos, a tientas, han seguido estas líneas de pensamiento. Este es el núcleo de mi método de cultivo de hortalizas, cereales y cítricos”.

Los límites del método científico

Todos los seres humanos, los científicos incluidos, deberían preguntarse primero, según Fukuoka, “cual es la meta humana, qué es lo que la humanidad debe crear; qué es lo que necesitan los seres humanos para vivir bien”. La ciencia, por lo visto, nos ha hurtado o dificultado el formularnos esta pregunta. De pronto se nos ocurre proferirla y vuelve a aparecer como una nueva pregunta. Es tan vieja, sin embargo, como esta humanidad marcada por el monoteísmo: ¿unos cinco mil años?

Aplicando sus teorías a la agricultura, Fukuoka ha desarrollado un método cercano a la naturaleza, eliminando prácticas agrícolas innecesarias, pues considera que la agricultura científica camina desorientada, en la medida que cada investigador ve sólo una parte del conjunto de los factores naturales que afectan la producción de los cultivos. Pero he aquí que, según nuestro filósofo, “estos factores naturales cambian de un lugar a otro y de año en año. Incluso en la misma parcela, el agricultor debe criar sus cultivos de forma diferente cada año, según las variaciones del tiempo, las poblaciones de insectos, las condiciones del suelo y muchos otros factores naturales”.

“La naturaleza está en cualquier lugar en perpetuo movimiento: las condiciones no son nunca exactamente las mismas de un año a otro. La investigación moderna divide a la naturaleza en pequeños pedazos y realiza experimentos que no se ajustan, ni a las leyes naturales, ni a la experiencia práctica. Los resultados se ordenan según la conveniencia del investigador, no de acuerdo con las necesidades del agricultor. Creer que estas conclusiones pueden utilizarse con éxito invariable en la parcela del agricultor, es un gran error”.

La geografía y la topografía, el estado del suelo: su estructura, textura y drenaje; la exposición al sol; las relaciones con los insectos; la variedad de semilla utilizada; el método de cultivo; todo ello debería ser tomado en cuenta. Pero, como podemos darnos cuenta, ello implica una variedad casi infinita de factores, que cualquier método científico es imposible que, por diseño, los pueda tener en cuenta.

Por tanto hay que cambiar la mirada hacia un método relativístico y contextual. Aquí nos volvemos a encontrar con el paradigma cuántico.

Sirve a la naturaleza y todo irá bien

Según Fukuoka “la extravagancia de los deseos es la causa fundamental que ha conducido al mundo a la difícil situación actual” Ello se puede compendiar en aforismos tales como: “Rápido, mejor que lento”, “Más, mejor que menos”. Fukuoka piensa que este desarrollo está directamente relacionado con el colapso inminente de la actual civilización. “Solamente ha servido para separar al hombre de la naturaleza. La humanidad debe detener el fomento del deseo de posesiones materiales y ganancias personales, y moverse, en su lugar, hacia el conocimiento espiritual”.

“La agricultura debe evolucionar de las grandes explotaciones mecanizadas hacia las pequeñas explotaciones apegadas solamente a la vida en sí misma. A la vida material y, a la dieta, se les debe dar un lugar simple. Si se hace esto, el trabajo se hace agradable y el descanso espiritual se vuelve abundante”.

“Cuanto más aumenta el agricultor su escala de operaciones más se disipa su cuerpo y espíritu y más se aleja de una vida espiritualmente satisfactoria. Una vida practicando la agricultura a pequeña escala puede parecer primitiva, pero viviendo una vida de este tipo, se hace posible contemplar el Gran Camino: el Tao”. El thakhi del jaqi hacia la Pacha, como diría Simón Yampara.

“Yo creo que si uno examina a fondo su propio entorno y el mundo cotidiano, en el que vive, le será revelado el mayor de los mundos. Al final del año, el agricultor de antaño, con 0.5 Ha, pasaba enero, febrero y marzo cazando conejos en las montañas. A pesar de que se le llamaba pobre, todavía tenía este tipo de libertad. La fiesta de Año Nuevo duraba cerca de tres meses. Gradualmente, estas vacaciones se redujeron a dos meses, un mes y, ahora, el Año Nuevo es una fiesta de tres días. El acortamiento de la fiesta de Año Nuevo indica cuán ocupado está el agricultor, cómo ha perdido su serenidad física y su felicidad espiritual”.

“Lao Tzu, el sabio Taoísta, dice que una vida plena, decente, puede vivirse en una pequeña aldea. Bodhidharma, el fundador del Zen, se pasó nueve años viviendo en una cueva. Preocuparse por hacer dinero, expandir, desarrollar, hacer cultivos comerciales y venderlos, no es el camino del agricultor. Estar aquí, atendiendo un pequeño campo, en completa posesión de la libertad y plenitud de cada día, todos los días, éste debe de haber sido el camino original de la agricultura”.

Fukuoka es aun más radical: “La gente debiera dejar de preocuparse en descubrir el verdadero significado de la vida. Nosotros no podemos saber nunca las respuestas a las grandes cuestiones espirituales. Y está bien el no entenderlas. Hemos nacido y estamos viviendo en la tierra para enfrentarnos directamente a la realidad del vivir”.

“Justamente vivir, aquí y ahora, éste es el verdadero fundamento de la vida humana. Yo creo que la gente está luchando por llegar a conocer lo que se podría denominar la vasta incomprensibilidad de la naturaleza”.

“Así que el lema, para el agricultor en su trabajo, es: sirve a la naturaleza y todo irá bien. La agricultura fue antaño un trabajo sagrado. Cuando la humanidad se apartó de su ideal, apareció la moderna agricultura comercial. Cuando el agricultor comenzó a hacer cultivos para ganar dinero, entonces olvidó los verdaderos principios de la agricultura”.

“No importa el resultado de la cosecha, ni si habrá suficiente o no para comer, ya que hay alegría en el hecho de sembrar y de cuidar tiernamente las plantas bajo la dirección de la naturaleza” [2].

Agricultura Mahayana y Agricultura Hinayana

Fukuoka, siguiendo la tradición budista, distingue entre una agricultura amplia, trascendente y una agricultura limitada y relativa, es decir, tal como es interpretada por el intelecto humano.

“La agricultura natural Mahayana: amplia, trascendente, surge de sí misma cuando existe una unidad entre el hombre y la naturaleza. Se ajusta a la naturaleza tal como es y a la mente tal como es. Procede de la convicción de que si el individuo abandona la voluntad humana y permite que le guíe la naturaleza, ésta responde proporcionándole todo lo necesario”.

Fukuoka dice que, en la agricultura Mahayana, la relación entre la humanidad y la naturaleza, puede ser comparada a la de un marido y su mujer, unidos en matrimonio. “El matrimonio no es dado ni recibido: la pareja perfecta existe por sí misma”. El Principio de Paridad: la jaqichasiña aymara.

“Por otro lado, la agricultura natural limitada está buscando el camino de la naturaleza: conscientemente trata, por métodos “biológicos” u otros, seguir la naturaleza. La agricultura es utilizada para seguir un objetivo determinado. A pesar del amor sincero a la naturaleza (…) la relación todavía es un ensayo. La agricultura moderna industrializada desea la sabiduría divina, sin comprender su significado, al mismo tiempo desea utilizar a la naturaleza”.

“La agricultura natural de miras estrechas dice que es bueno para el agricultor aplicar materia orgánica al suelo y que es bueno criar animales, y que ésta es la mejor y más eficiente manera de utilizar la naturaleza. Para hablar en términos de experiencia práctica, esto está bien, pero sólo con este camino no puede mantenerse vivo el espíritu de la verdadera agricultura natural”.

Fukuoka compara este tipo de agricultura a la escuela de esgrima conocida como Escuela de un sólo Golpe y a la agricultura industrial moderna con la Escuela de los múltiples Golpes. Sobre su método dice lo siguiente:

“En cambio, la agricultura natural es la Escuela del no-golpe. No va a ningún lugar y no busca ninguna victoria. Poner en práctica el “no-hacer” es lo que el agricultor debería esforzarse por conseguir. Lao Tzu habló de una naturaleza no-activa, y yo creo que si hubiese sido agricultor habría practicado la agricultura natural”.

“Cuando uno es consciente de que pierde alegría y felicidad en el intento de poseerlos entonces se alcanzará la esencia de la agricultura natural. El fin último de la agricultura natural no es el cultivo de las plantas, sino el cultivo la perfección de los seres humanos”.

Si no he entendido bien, he aquí un punto de bifurcación entre Oriente y Occidente. Para Baruj Spinoza, la alegría es fruto de las “obras”, como para Teresa y, en general, el pensamiento Marrano; en tanto que la tristeza es resultado de la pasividad. ¿Será nuestra herencia la extroversión? ¿La retirada extraversión del solitario de Leiden? ¿La escondida senda de los pocos que en el mundo han sido? Pareciera que la paradoja es el camino.

Acerca de la Confusión

Hablando en general, Fukuoka piensa que la razón de toda confusión es que hay dos formas de conocimiento humano: uno discriminante y otro no-discriminante

El conocimiento discriminante proviene de un intelecto inquieto y analítico, el lóbulo cerebral izquierdo, deseoso de enmarcar la experiencia dentro de un esquema lógico. Fukuoka cree que, en este proceso, el individuo se aparta de la naturaleza. El conocimiento no-discriminante, lóbulo cerebral derecho, surge sin esfuerzo consciente por parte del individuo cuando acepta la experiencia del mundo tal como es, sin ser interpretada por el intelecto, ni modificada por la voluntad. Aunque el conocimiento discriminante es esencial para analizar los problemas prácticos del mundo, Fukuoka cree que, en último término, proporciona una perspectiva demasiado limitada y, sobre todo, peligrosa.

“La gente suele creer que el conocimiento verdadero del mundo sólo es posible por medio del conocimiento discriminante. Por lo tanto, la palabra “natural”, tal como suele usarse, denota la naturaleza tal como la percibe el intelecto discriminante. Niego la imagen vacía de la naturaleza, tal como la crea el intelecto humano, y la distingo claramente de la misma naturaleza, tal como la experimenta el entendimiento no-discriminante”.

“Si erradicamos la falsa concepción de la naturaleza, creo que desaparecerán las raíces del desorden mundial”.

“En Occidente la ciencia natural se desarrolló a partir del conocimiento discriminante: en Oriente la filosofía del yin-yang y la del I Ching se desarrollaron a partir de la misma fuente. Pero la verdad científica nunca puede alcanzar la verdad absoluta y las filosofías, después de todo, no son más que interpretaciones del mundo”.

“La naturaleza, tal como accede a ella el conocimiento científico, es una naturaleza que ha sido destruida; es un fantasma con esqueleto, pero sin alma. La naturaleza tal como la aborda el conocimiento filosófico, es una especulación humana, un fantasma con alma, pero sin estructura”.

“El conocimiento no-discriminante sólo puede tener lugar a través de la intuición, aunque la gente intente enmarcarlo dentro de un ámbito más familiar llamándolo “instinto’. Se trata de un conocimiento procedente de una fuente innombrable”. Edith Stein ya habló de la Einfühlung en 1916.

“Para conocer la verdadera naturaleza hay que abandonar la mente discriminante y trascender el mundo de la relatividad. Desde el inicio no hay este ni oeste, no hay cuatro estaciones, no hay yin ni yang”.

¿Niega Fukuoka la ciencia natural y también las filosofías orientales basadas en el yin-yang y el I Ching?”

“La ciencia y la filosofía tienen su valor como recursos temporales o como indicadores direccionales, pero no deben considerarse como los logros más elevados. Las verdades científicas y las filosofías son conceptos del mundo relativo y es en éste en el que son verdaderos y tienen valor. Por ejemplo, para la gente actual que se desenvuelve en el mundo relativo, rompiendo el orden de la naturaleza y contribuyendo así al desequilibrio de su propio cuerpo y espíritu, el sistema yin-yang puede servir como un indicador conveniente y efectivo hacia la restauración del orden”.

“Estos caminos pueden considerarse teorías útiles para ayudar a la gente a lograr una dieta resumida y compacta hasta que lleguen a una dieta natural. Pero cuando te das cuenta de que el eventual fin humano está en trascender el mundo de lo relativo, en actuar en un reino de libertad, entonces es poco afortunado avanzar ligado a teorías”.

“Cuando el individuo es capaz de entrar en un mundo en que los dos aspectos del yin-yang vuelven a su unidad original, entonces la misión de estos símbolos ya ha llegado a su fin”. Como diría Wittgenstein: podemos descartar esa escalera; en cualquier caso, este fin de la historia es más japonés que el sugerido por Fukuyama. En cualquier caso, para un occidental, la ciencia es un camino de entrada y también de salida: una ayuda y un estorbo al mismo tiempo. Las neurociencias nos pueden ayudar a entender la interacción del lóbulo derecho: yin y el lóbulo izquierdo: yang; de la función Onda y la función Partícula. Bosón / Fermión. El Uno ¿será el Tercero Incluido? Algo, por tanto, no objetivo por definición.

La cultura de la alimentación

Fukuoka plantea, obviamente, la relación entre la comida y el espíritu humano. A los animales les basta comer, jugar y dormir. Sería un gran logro, sin embargo, dice nuestro filósofo, “si los seres humanos también pudiesen disfrutar con un alimento nutritivo, un simple paseo diario y un sueño reparador” y recuerda la lección del Buda: “La forma es vacío y el vacío es forma”. Dado que en terminología budista forma significa materia y vacío mente, nos está diciendo que la materia y la mente son lo mismo. Lo mismo que la física cuántica.

Según Fukuoka existen cuatro tipos principales de dietas:

1. Una dieta indeterminada. La gente que sigue esta dieta cambia una y otra vez según capricho y deseos. Fukuoka la denomina “dieta auto indulgente y superficial”.

2. La dieta nutritiva que sigue la mayoría de la gente y procede de consideraciones biológicas. Se comen alimentos nutritivos con el propósito de mantener la vida del cuerpo. La denomina “materialista o científica”.

3. La dieta basada en principios espirituales y una filosofía idealista. Limitando los alimentos, tendiendo hacia la simplificación, la mayor parte de las dietas naturales entran en esta categoría. La llama: “dieta de principios”.

4. La dieta natural, siguiendo los designios del cielo. Descartando todo el conocimiento humano, esta dieta la denomina: “dieta de la no-discriminación”.

La dieta de la no-discriminación

“La vida humana no se mantiene por sí misma. Es la naturaleza quien da nacimiento a los seres humanos y los mantiene vivos. Ésta es la relación que la gente tiene con la naturaleza. Los alimentos son un regalo del cielo. La gente no crea los alimentos de la naturaleza; el cielo los regala”. Jesús de Nazaret dice lo mismo con la parábola de los pajarillos.

“Los alimentos son alimentos y no son alimentos. Son parte del hombre y están aparte del hombre. Cuando los alimentos, el cuerpo, el corazón y la mente se unen a la naturaleza en armonía, entonces es posible una dieta natural. El cuerpo por sí mismo, siguiendo su propio instinto, come si algo sabe bien y se abstiene en caso contrario; es libre. Esta dieta se define a sí misma de acuerdo con el entorno local, las necesidades varias y la constitución de cada persona”.

La dieta de principios

“Todos deberíamos ser conscientes de que la naturaleza es siempre completa, equilibrada y en perfecta, armonía consigo misma. La comida natural es completa y en esta totalidad se incluye nutrición y sabores sutiles”.

Pareciera que aplicando el sistema del yin-yang, la gente puede explicar el origen del universo y las transformaciones de la naturaleza. También parece que puede mantener conscientemente la armonía del cuerpo humano. Pero, Fukuoka pone en guardia respecto a la decisión de dejarse guiar por Principios. Dice: “Si se profundiza demasiado en estas doctrinas, se entra en el dominio de la ciencia y se descuida hacer la necesaria fuga de la percepción discriminante”.

La dieta de una persona enferma

“La naturaleza se encuentra en constante transición cambiando a cada instante. La gente no puede alcanzar la verdadera apariencia de la naturaleza. No se puede conocer la cara de la naturaleza. Intentar capturar lo no cognoscible, en teorías y doctrinas formales, es como querer cazar el viento con un cazamariposas. Lo que quiero decir es: no comas con la cabeza y, con ello, quiero decir que debes liberarte de la mente discriminante”.

Lo primero que debe hacer una persona es desarrollar una sensibilidad que le permita a su cuerpo elegir por sí mismo los alimentos. Pensar en los alimentos en sí y dejar el espíritu a un lado, es como visitar un templo, leer sutras y dejar a Buda en el exterior. En vez de estudiar teorías filosóficas, para alcanzar el conocimiento de la alimentación, es mejor llegar a la teoría a partir de la propia dieta diaria.

“Los médicos cuidan a la gente enferma: la naturaleza cuida a la gente sana. En vez de enfermar y seguir, luego, una dieta natural para curarse, la gente debería vivir en un entorno natural de modo que no apareciese la enfermedad”.

“Está más claro que el resplandor del fuego que si no se practica una agricultura natural la gente no podrá disponer de alimentos naturales. Pero si no se impone una dieta natural, el agricultor seguirá confundido sobre lo que debe cultivar. A menos que la gente se vuelva natural, no podrá haber ni agricultura natural ni alimentos naturales”.

La gente, dice Fukuoka, ve con complacencia el mundo como un lugar donde el progreso crece a partir de la inquietud y la confusión. Pero un tal desarrollo, sin propósito claro, lo que hace en realidad es incrementar la confusión general. Invita, nada más y nada menos, a un colapso del sistema humano. Si no se entiende que la fuente inmóvil de toda esta actividad es la naturaleza, será imposible recobrar la salud de la tierra. Tenemos que acallar la mente: a “la loca de la casa” si queremos unas nuevas bodas con la Tierra.

La necedad aparece como inteligencia

“He estado diciendo que todas las cosas son por ningún motivo, que la humanidad es ignorante, que nada hay por lo que valga la pena preocuparse, y que todo lo que se hace es un esfuerzo inútil. Cuando se intenta entender el mundo a través del poder de la discriminación, la gente pierde de vista su significado. ¿No es por ello que el mundo se encuentra en tal apuro?”

“Cuanto más absorbidos se encuentran en la actividad del intelecto, más se apartan y más difícil se hace el vivir naturalmente. Lo trágico es que, en su arrogancia infundada, la gente intenta someter a la naturaleza a su voluntad. Los seres humanos pueden destruir las formas naturales, pero no pueden crearlas”.

“La discriminación, el entendimiento incompleto y fragmentario, siempre se encuentran en el punto de partida del conocimiento humano. Incapaz de conocer la totalidad de la naturaleza, la gente sólo puede crear un modelo incompleto de ella y entonces hacerse la ilusión de creer que han creado algo natural. Todo lo que uno debe hacer para conocer la naturaleza es darse cuenta de que realmente no sabe nada, de que es incapaz de conocer algo. Puede esperarse entonces que pierda interés en el conocimiento discriminante”.

“Cuando abandona este conocimiento, surge por sí solo de su interior el conocimiento no-discriminante. Si no intenta pensar sobre saber, si no se preocupa por entender, llegará el momento en que entenderá. No hay otra forma que no sea a través de la destrucción del ego dejando a un lado la idea de que los humanos existen aparte del cielo y la tierra”. Tenemos que minimizar nuestro antropocentrismo y darle un lugar relativo en un nuevo cosmocentrismo, porque nuestro tracto neural no lo podrá borrar tan rápidamente. Tenemos que convivir con él, sujetando corto el lazo.

¿Quien es el necio?

“El que se preocupa sólo de sus asuntos, come y duerme bien, el que no tiene nada sobre qué inquietarse, me parece a mí que vive de la forma más satisfactoria. Nadie hay más grande que el que no intenta conseguir nada”.

“La gente descubre algo, aprende cómo funciona y se pone a usar la naturaleza, creyendo que esto será para el bien de la humanidad. El resultado de todo ésto hasta ahora es que el planeta está contaminado, la gente confundida, y que hemos propiciado el caos de los tiempos modernos”.

“En esta finca practicamos la agricultura del “no-hacer” y comemos cereales, hortalizas y frutas deliciosas y completas. Hay sentido y satisfacción en vivir cerca de la fuente de las cosas. La vida es música y poesía”.

“El agricultor se convirtió en una persona muy ocupada cuando la gente empezó a investigar el mundo y decidió que seria ‘bueno” hacer ésto o aquello. Toda mi investigación ha estado orientada en la dirección del no hacer ésto o aquello. Estos treinta años me han enseñado que los agricultores hubieran estado mejor no haciendo casi nada. Cuantas más cosas hace la gente más se desarrolla la sociedad y más problemas aparecen. La creciente desolación de la naturaleza, el agotamiento de recursos, la ansiedad y desintegración del espíritu humano, todo ello ha sido el resultado del intento de la humanidad por conseguir algo. Al comienzo no había razón para progresar y nada que debiera hacerse. Hemos llegado a un punto en el que no hay otro camino que organizar un movimiento para no hacer nada”.

Difíciles palabras para un oído occidental, pero, vistos los resultados de nuestra apuesta, es obvio que nos hemos equivocado y tenemos que corregir [3].

¿Qué humanidad esposibe?

“La gente puede elegir entre ver este mundo bajo el esquema del fuerte que se come al débil, o el de la coexistencia, o el del beneficio mutuo”. Fukuoka refuta los tres puntos de vista.

“El mundo en sí nunca se pregunta si está basado en el principio de la competición o en el de la cooperación. Cuando se ve desde la perspectiva relativa del intelecto humano, hay quienes son fuertes y quienes son débiles, hay grandes y pequeños. Nadie duda, ahora, de la existencia de esta perspectiva relativa, pero si supusiéramos que la relatividad de la percepción humana está equivocada; por ejemplo, que no hay grande ni pequeño, ni arriba ni abajo; si nosotros decidimos que no hay en absoluto tal punto de referencia, se hundirían los valores y juicios humanos”.

“¿No es esta forma de ver el mundo un vuelo vacío de la imaginación? En realidad hay países grandes y pequeños. Si hay pobreza y abundancia, fuertes y débiles, inevitablemente habrá disputas y como consecuencia, vencedores y vencidos. ¿No podría mejor decirse que estas percepciones relativas y las emociones resultantes son humanas y, por lo tanto, naturales y que son el único privilegio del ser humano?”.

“Los que viven pacíficamente en un mundo sin contradicciones, ni distinciones, son los niños. Perciben luz y oscuridad, fuerza y debilidad, pero no emiten juicios. Incluso a pesar de que la serpiente y la rana existen, el niño no entiende de fuertes y débiles. El gozo auténtico de la vida está aquí, pero el miedo a la muerte está presto a aparecer”.

“El amor y el odio, que surgen a los ojos de los adultos, no eran en el principio cosas separadas. Son la misma cosa vista de frente y de espaldas. El amor alimenta el odio. Si vuelves la moneda del amor, éste se convierte en odio. Solamente mediante la penetración en un mundo absoluto sin aspectos es posible evitar perderse en la dualidad del mundo de los fenómenos”.

“La gente distingue entre uno mismo y los otros. Hasta el punto en que el ego exista, hasta el punto en que existan los otros, la gente no será liberada del amor y el odio. El corazón que ama al ego perverso crea al enemigo odiado. Para los humanos, el primero más importante de los enemigos es el ego que tienen en tanta estima”.

“La gente elige entre atacar o defender. En la lucha que sigue se acusan unos a otros de provocar conflictos. Es como aplaudir y discutir luego sobre qué mano hace el ruido, si la izquierda o la derecha. En toda lucha no hay correcto ni incorrecto, tampoco bueno ni malo. Todas las distinciones conscientes surgen al mismo tiempo y todas están equivocadas”

“No hay otro camino para la paz que el de que todos abandonen la puerta del castillo de la percepción relativa, bajen al prado y vuelvan al corazón de la naturaleza no-activa. Esto es: afilando la hoz en vez de la espada”.

“Los agricultores de todas las partes del mundo son, en el fondo, los mismos agricultores. Digamos que la llave de la paz se encuentra cerca de la tierra”.

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[1] Véase: www.permacultura-montsant.org

[2] Para el caso andino, véase el hermoso texto de Stephan Rist; Si estamos de buen corazón, siempre hay producción. Caminos en la renovación de formas de producción y vida tradicional y su importancia para el desarrollo sostenible. La Paz: Agruco, 2002.

[3] Véase algunas pistas en los textitos del Círculo Achocalla. En concreto: Aldeas matriarcales, ciudades patriarcales y redes chachawarmi de Pueblos en transición, en www.circuloachocalla.org.

*Miembro del Circulo Achocalla
www.circuloachocalla.org