Bamako, Washington, Naciones Unidas, Ottawa, París, Madrid, Bruselas, Berlín y La Habana (PL).- Francia invadió Mali con el apoyo de la UE y Estados Unidos, bajo el argumento de combatir a grupos extremistas islámicos. Malí alcanzó su independencia de la ex metrópoli gala en los años 60 del siglo pasado, y, según expertos y medios internacionales de prensa, ahora el imperio francés intenta reconquistar el oro, uranio y piedras preciosas del subsuelo del Estado africano.

El pasado 20 de diciembre el Consejo de Seguridad de la ONU autorizó el despliegue de una fuerza internacional con liderazgo africano de apoyo al gobierno de Malí, para recuperar zonas del norte de ese país ocupadas por grupos terroristas y extremistas. El permiso fue otorgado a través de una resolución que abre las puertas a la creación de una llamada Misión Internacional de Apoyo a Malí (Afisma en inglés) por un período inicial de un año.

El objetivo es “contribuir a la reconstrucción de la capacidad de las fuerzas de defensa y de seguridad de Malí”, en coordinación con “otros asociados internacionales que participan en este proceso, incluidos la Unión Europea y otros Estados Miembros”. También pretende respaldar a las autoridades malienses para “recuperar las zonas del norte de su territorio controladas por grupos terroristas y extremistas y grupos armados y reducir la amenaza que representan las organizaciones terroristas”. Entre estas últimas el Consejo de Seguridad menciona a Al-Qaeda en el Magreb Islámico (AQIM) y al Movimiento para la Unidad y la Yihad en África Occidental (Mujao).

Cientos de miles de personas abandonaron sus casas y deambulan en Malí, tras huir del conflicto armado en la región septentrional, según informó el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR). La agencia alertó que “cada vez es más difícil acceder a los refugiados en Níger, Burkina Faso y Mauritania -fronterizos con Malí- a causa de los secuestros de funcionarios internacionales, por lo cual tienen que viajar con escolta, lo que encarece y dificulta sus movimientos”.

Tras la caída del gobierno del presidente Amadou Toumani Touré, por el golpe de Estado perpetrado por militares en marzo de 2012, se multiplicó la inseguridad en la región septentrional, de cuyas principales ciudades fue expulsado el MNLA por las guerrillas extremistas de confesión islámica.

La Afisma debe contribuir a mantener la seguridad, consolidar la autoridad del Estado, proteger a la población y crear un entorno seguro que permita la prestación de ayuda humanitaria dirigida por civiles y el retorno voluntario de desplazados internos y refugiados, indicó el Consejo de Seguridad y encargó a la Comunidad Económica de Estados de África Occidental que informe cada 60 días al Consejo de Seguridad sobre el despliegue y las actividades de la Afisma.

Además, el Consejo llamó a los Estados de la ONU a aportar efectivos a la nueva fuerza y a brindar adiestramiento militar, inteligencia, equipos, apoyo logístico y “toda la asistencia necesaria” para reducir la amenaza que representan las organizaciones terroristas. Demandó al gobierno de Malí la elaboración de una “hoja de ruta de transición mediante un diálogo político de carácter inclusivo y de base amplia”, y exigió el restablecimiento del orden constitucional y la unidad nacional, “incluso mediante la celebración de elecciones presidenciales y legislativas pacíficas, creíbles e inclusivas”, y recordó el acuerdo existente para realizar esa consulta a más tardar en abril de 2013.

La intervención militar francesa con respaldo de la UE

A 1.800 aumentaron los efectivos franceses involucrados en la intervención militar iniciada el 11 de enero en Malí, informó el ministro de Defensa Jean-Yves Le Drian. Otras fuentes precisaron que el país galo tiene también allí 12 aviones cazas del tipo Rafale, Mirage 2000 y Mirage F1, así como cinco naves cisterna, varios helicópteros y vehículos blindados. Le Drian justificó el elevado despliegue militar con el pretexto de que “la seguridad de Malí es la seguridad de Francia y de Europa”.

Hasta ahora el ejército maliense y las tropas francesas lograron el control de la ciudad de Kona, en poder de los grupos extremistas armados; sin embargo, el Ministerio de Defensa se mostró más cauto sobre la posible toma de Diabali. Le Drian eludió hacer algún tipo de comentario sobre la captura de rehenes en Argelia y declaró que el primer ministro Jean-Mart Ayrault se había expresado en nombre del gobierno.

Las autoridades argelinas lanzaron una operación para liberar a cientos de personas retenidas por un grupo que se autodenomina Firmantes con Sangre en una planta gasífera en el Sahara. Aunque no existe una cifra definitiva, los últimos reportes indican que en la operación murieron 18 extremistas y al menos 12 rehenes, entre ellos varios de países occidentales.

Alrededor de 30 millones de euros ha gastado Francia en la intervención militar en Malí, según estimados del ministro Le Drian. El titular se negó a dar precisiones sobre un aumento de los 2.300 soldados desplegados en el país africano. “Puede ser que esa cifra no se mantenga a ese nivel, puede ser que en un momento descienda”, dijo.

El 17 de enero, los ministros de Asuntos Exteriores de la Unión Europea (UE) aprobaron el envío de un contingente a Malí para entrenar al ejército local, luego de que Francia decidiera intervenir militarmente en el conflicto. Según lo acordado, el grupo llegará a aquel país africano a mediados de febrero, mucho antes de lo previsto, y estará integrado por unos 500 efectivos.

La misión será dirigida por el francés François Lecointre, tendrá un mandato de 15 meses y un presupuesto inicial de más de 12 millones de euros. Al menos ocho países confirmaron su decisión de involucrarse en esta operación, entre ellos España, Alemania, Italia, Suecia y Bélgica. Este contingente tendrá el objetivo de entrenar a unos tres mil soldados malienses y trabajará en la reestructuración de las fuerzas armadas para permitir que puedan recuperar el norte del país, en manos de grupos islamistas.

La UE ha insistido en que los militares europeos no participarán en las acciones de combate. Francia desmintió que enviaría aviones de espionaje al occidente africano, pero sostuvo negociaciones con Estados Unidos en relación con los próximos pasos respecto a Malí. Esa actitud refuerza el criterio de que la política de París reproduce un guión comprometido con los viejos esquemas coloniales, de los cuales no pretende desprenderse ni siquiera en estos tiempos de sustanciales transformaciones en las relaciones internacionales.

El Pentágono, Canadá y España confirman apoyo a Francia

El 18 de enero España anunció el envío a Malí de un avión de transporte y unos 50 instructores, como parte de las misiones de Francia y de la UE en el país africano. El Consejo de Ministros dio luz verde al despacho de una aeronave Hércules C-130 y un equipo de entre 40 y 50 efectivos de adiestramiento. Su objetivo es entrenar a cuatro batallones del Ejército de Bamako para reforzar su capacidad y permitir que puedan hacer frente a los grupos rebeldes que controlan el norte del país.

El ministro de Defensa Pedro Morenés descartó la participación de la nación ibérica en acciones de combate, pero confirmó que Madrid permitirá el tránsito por su espacio aéreo de aviones de la UE y de la OTAN involucrados en las operaciones. “En ningún caso” los vuelos autorizados por el espacio aéreo se realizarán con armamento y si así fuera se hacen en el pasillo de las 12 millas de seguridad de la costa. “Creemos que España tiene que estar con sus aliados en los asuntos que conciernen a la comunidad internacional”, enfatizó el ministro español y recordó que países limítrofes de Malí como Marruecos, Argelia o Mauritania son claves para los intereses hispanos.

El 22 de enero aviones de transporte de las Fuerzas Armadas norteamericanas comenzaron a trasladar tropas y abastecimiento logístico desde Francia hacia Malí. Un vocero del Comando de Estados Unidos para África dijo que una aeronave C-17 con personal militar estadounidense, 40 soldados franceses y vehículos de transporte de infantería arribó a Malí.

Los vuelos estadounidenses comenzaron el lunes, pero el Departamento de Defensa no brindó detalles acerca de la cantidad de aviones que se emplean ni sobre la cooperación entre ambos aliados en temas de inteligencia o el empleo de aviones no tripulados (drones), reportó la cadena ABC. La Casa Blanca aclaró que no enviará tropas terrestres a Malí, pero apoyará la intervención militar de París con el suministro de información y el envío de 100 asesores militares a seis naciones de África Occidental que conforman una agrupación regional de tropas para unirse a los soldados galos.

Al mismo tiempo, Canadá prorrogará las operaciones de un avión de carga puesto al servicio de las tropas francesas bajo el argumento de combatir grupos extremistas islámicos. Sin embargo, expertos y medios internacionales de prensa consideran que con la presencia de sus militares, Francia anda en busca de las cuantiosas riquezas de Malí, gran productor de oro y con minerales raros en el subsuelo, uranio y piedras preciosas.

El primer ministro Stephen Harper firmará la orden esta semana para que la nave permanezca más días en la nación africana, aunque se desconoce cuándo terminará la colaboración, reveló el diario The Globe and Mail. Canadá proporcionó un C-17 durante una semana para transportar equipos y armamentos a Bamako. Pero el ministro francés de Relaciones Exteriores Laurent Fabius dijo que Ottawa también se ofreció a trasladar soldados africanos a Malí.

Malí: Una trama torcida

Fuentes de prensa estadounidenses reconocieron que Francia tiene seis rehenes en Malí y teme que esto se vuelva una nueva fuente de terrorismo transfronterizo, por lo cual está “desempeñando una función cada vez más relevante tras bambalinas”. Pero el potencial peligro en la región del Sahel, considerada área de interés galo, ahora se concentra en la posible aplicación de un desenlace bélico para el complicado nudo en que vive todo ese Estado africano y no sólo el norte de su territorio nacional, donde ahora el poder lo detentan grupos guerrilleros extremistas de confesión islámica.

Para quienes aplauden la idea de la intervención, les llegó como anillo al dedo la decisión de la Unión Africana (UA) de readmitir al país africano en su seno. Una aceptación que obvia el desconocimiento en la arena continental de un gobierno de facto, cuyos integrantes desalojaron del poder en marzo pasado al presidente electo Mamadou Toumani Toureg, cuyo período de mandato concluiría en abril en el Estado francófono.

La readmisión en la UA sucedió a la decisión del Consejo de Seguridad de la ONU del pasado 12 de octubre, cuando le dio 45 días a los miembros de la Comunidad Económica de Estados de África Occidental (Cedeao) para precisar sus planes sobre la intervención militar. “Malí mostró su satisfacción por la decisión de la UA de levantar las sanciones contra ese país, impuestas tras el golpe de Estado del 22 de marzo”, afirmó Tieman Hubert Coulibaly, ministro de Asuntos Exteriores, y aseguró sentirse “muy contento” por la decisión del organismo panafricano de readmitir a Bamako en su seno.

Todas las saetas apuntan en dirección a una operación armada que contaría con la actuación de más de tres mil soldados del continente, en una suerte de misión conjunta, como se incorporó en los patrones estratégicos a partir de la guerra contra Irak en 1991, el golpe colectivo, lo cual supone compartir las pérdidas.

En esa actuación colectiva la tecnología (arsenales) correría a cargo de las potencias centrales y el personal para emplearla sería africano, al igual que sus contrincantes, porque la contienda se decidiría tristemente entre gentes hermanadas por la tierra y la historia, pero divididas por ideologías, sean viables o no. Para el Partido Argelino para la Democracia y el Socialismo, la intromisión de un contingente foráneo armado puede operar como una nebulosa que beneficia a potencias colonialistas, en tanto hace pelear a africanos entre sí.

En juego hay percepciones muy diversas sobre el asunto maliense: la ocupación del norte del país por guerrillas de confesión islámica es considerada por Europa como “uno de los efectos indeseados del hundimiento del régimen de Muamar Gadafi en Libia, que había atraído guerreros tuaregs y otros en su defensa”, según la prensa.

El periódico español El País indicó que el Consejo Europeo perfila los detalles de la operación, “aunque uno de sus cometidos centrales será organizar y formar al precario Ejército de Malí para que reconquiste el terreno perdido, lo que requerirá un importante apoyo logístico europeo, y también de información por parte de Estados Unidos”.

Otra opinión -incluso en la población de Malí- es evitar un derramamiento de sangre y para ello se precisa agotar todo los espacios de negociación, que nunca estuvieron totalmente aislados del fenómeno, y sobre lo cual la oposición maliense se pronunció favorablemente, aunque sobresale la variable de la violencia.

Argelia y Mauritania coincidieron en la importancia del diálogo para solucionar la crisis, afirmó en una visita a Nouakchott el ministro argelino de Asuntos Africanos y del Magreb, Abdelkader Messahel. Tras una entrevista con el presidente mauritano Mohamed Ould Abdel Aziz, Messahel señaló que los países que luchan contra el terrorismo y el crimen organizado dialogan para hallar soluciones a la situación en el norte maliense, ocupado por grupos islámicos y añadió que existe “coincidencia total de puntos de vista sobre este tema”.

Al igual que medios de prensa anunciaron el envío de aviones de espionaje franceses al oeste africano, también informaron una llegada de centenares de combatientes procedentes de Sudán y del Sahara Occidental en apoyo a los guerrilleros musulmanes, noticia rechazada por los destacamentos de base confesional. Ese embate mediático pretende -exacerbando los odios- ganar auditorio continental antes de que suene el primer disparo. Eso es propaganda de guerra como quiera que se analice, y se práctica antes del conflicto para desmoralizar al otro.

No obstante, ante una intervención militar foránea, no se descarta que los grupos contrarios a tal misión tomen la decisión de -si no se unen- al menos no luchar entre ellos: el Movimiento Nacional de Liberación de Azawad (tuareg) y los musulmanes Ansar Dine y el Movimiento para la Unidad y la Jihad en África Occidental.

Esos destacamentos combaten en defensa de aspectos distintos, el de Azawad defiende la secesión de ese territorio de la composición de Malí y los otros dos se pronuncian por la implementación radical de la Sharia -legislación islámica- como un cuerpo de leyes excluyente, lo que rechazan los pobladores no musulmanes.

Más de medio millón de desplazados y cacería étnica

El conflicto en el norte de Malí, agravado por la intervención de Francia el 11 de enero, ha desplazado a más de medio millón de personas, muchas de ellas hacia países vecinos. De esa cifra de malienses obligados por la guerra a abandonar sus hogares y comunidades, cerca de 230 mil son desplazados internos, según un informe del Programa Mundial de Alimentos (PMA).

La población desplazada que permaneció en el país se trasladó hacia regiones como Bamako, Segou, Kayes, Koulikoro, Sikasso y Mopti, mientras el resto lo hizo hacia estados como Mauritania, Níger, Burkina Faso, Argelia, Guinea y Togo. Además de la huida de los pobladores por choques entre soldados y grupos islámicos en el norte del país, otra causa de las emigraciones es la situación de inestabilidad que dejó el golpe de estado del 22 de marzo del pasado año.

Según ACNUR, los malienses que huyeron hacia el resto de la región ascienden a 144.500, pero esas estadísticas están por debajo de las manejadas por fuentes administrativas de esos estados. Los datos de esa dependencia del organismo mundial, no obstante, consignan 54 mil malienses en Mauritania, 50 mil en Níger, 38 mil en Burkina Faso, mil 500 en Argelia, así como cantidades más pequeñas en Guinea y Togo.

El 22 de enero el Gobierno de Malí ratificó su decisión de extender por tres meses el estado de emergencia, en medio de una ofensiva del Ejército, apoyado por tropas francesas, contra radicales islámicos ocupantes de zonas norteñas del país. Según un comunicado oficial, la medida fue aprobada en una reunión extraordinaria del Consejo de Ministros.

El estado de emergencia había sido decretado 10 días antes ante el avance de agrupaciones armadas islámicas que amenazaban con tomar esta capital después de ocupar varias ciudades norteñas. Según las autoridades malienses, la imposición del estado de emergencia y su extensión por tres meses obedece también a la necesidad de mantener un clima social estable.

Entre tanto, las denuncias sobre matanzas extrajudiciales en Malí, asociadas a motivaciones étnicas, comienzan a alarmar en medio de un conflicto bélico que va por su segunda semana y sobre el cual reina la incertidumbre de cuánto puede durar. Los crímenes son atribuidos a efectivos del ejército maliense contra pobladores tuareg, personas de origen árabe y otras descendencias.

Estos hechos no son nada nuevos y resurgen ahora con fuerza con la intervención de más de dos mil soldados de Francia, bajo el supuesto de la “ayuda humanitaria” y la llamada “cruzada contra el terrorismo”, lanzada por el entonces presidente norteamericano George Bush. Malí alcanzó su independencia de la ex metrópoli gala en los años 60 del siglo pasado, y entendidos consideran que esta nueva aventura bélica busca reconquistar las enormes riquezas en el subsuelo del Estado africano.

Las imágenes fotográficas -de lo que algunos califican ya como cacería étnica- comienzan a aflorar, mientras se ponen en entredicho los desmentidos de las fuerzas armadas malienses y de los interventores franceses. El jefe del Estado Mayor del país norafricano general Ibrahima Dahirou dijo hace dos días no tener constancia de asesinatos en masa y del apilamiento de cadáveres en pozos. No descartó que “se cometan actos de ese tipo para atribuírselos a las fuerzas armadas”.

Los militares galos en el terreno, en tanto, señalaron no tener “ninguna evidencia” de los hechos. Sin embargo, Organizaciones No Gubernamentales internacionales denunciaron ejecuciones sumarias a supuestos islámicos tuareg en un barrio de Mopti (centro). La Federación Internacional para los Derechos Humanos señaló que esas ejecuciones ocurrieron en Niono, Sévaré y Mopti, estas dos últimas con toque de queda a partir de las nueve de la noche, y otras localidades. Esta ONG dijo tener testimonios concordantes de fuentes locales y la identidad de al menos 11 víctimas, y llamó a investigar con profundidad los hechos.

Medios de prensa publicaron que unas 11 personas fueron asesinadas en Sévaré, mientras otras fuentes hablan de más de una veintena de ejecuciones. Después de los crímenes los cadáveres son quemados o sepultados rápidamente, según los informes periodísticos. Una prueba contundente de los hechos lo constituye la foto tomada por una periodista en el terreno, publicada por el sitio electrónico Guin Guin Bali, donde se muestra un cuerpo semienterrado, al parecer quemado. El portal señala que las principales víctimas son “las personas de origen árabe, tuareg o incluso peules, habitantes del norte o extranjeros de piel clara”, quienes son acusados de colaborar con los extremistas islámicos o los tuareg del MNLA.

Los crímenes están ocurriendo en las zonas que ya fueron liberadas por las tropas francesas y malienses que enfrentan en el norte a los grupos insurgentes que tomaron esa parte del país hace nueve meses. El periodista José Naranjo, quien reporta desde el lugar para Guin Guin Bali, se pregunta qué puede estar pasando en las zonas de combate al estar cortada la cobertura telefónica y la existencia de disímiles controles del ejército maliense que impiden el acceso “a las verdaderas zonas de guerra”. Según el profesional, sólo se permite el paso a las zonas liberadas una vez todo está limpio y ejemplifica con la liberada ciudad de Kona, donde periodistas y personal humanitario aún no han podido entrar.

Voces discordantes en medio de la reconquista

La intervención de tropas francesas en Malí abre un nuevo capítulo sobre la presencia europea en África que, para entendidos, es la misma fórmula aplicada por las exmetrópolis durante siglos en las otroras colonias a fin de saquear sus riquezas naturales: oro, petróleo, diamantes y el estratégico coltán. Esta intervención refuerza la doctrina guerrerista occidental liderada por Estados Unidos en el mundo y podría ser el pretexto de las antiguas metrópolis para reiniciar la reconquista de África, cuando Europa está agobiada por la crisis económica.

Esta nueva aventura bélica, justificada ahora por París con las llamadas “ayuda humanitaria” y “guerra contra el terrorismo”, comienza ya a tener sus detractores en medio aún de la complacencia con que fue aceptada por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, la Unión Africana y parte de la comunidad mundial.

Mientras Estados Unidos, Canadá y Europa apoyan en el plano político y con logística la intervención, que ya va por su segunda semana y podría extenderse en el tiempo, a criterio de observadores, aumentan los cuestionamientos y críticas. Un hecho real es que la presencia en el terreno de 2.300 militares franceses y la posibilidad de duplicarlos en los próximos días revela que la campaña no va del todo bien o que la intención, pese a declaraciones de autoridades y funcionarios galos, difiere de las palabras.

Las dudas en aumento sobrevienen de la misma Francia, donde políticos han puesto en entredicho la operación castrense, lanzada de manera sorpresiva por Hollande, aunque de cierta manera se veía venir. Jean-Luc Mélenchon, jefe del Frente de Izquierda, arremetió contra la decisión del gobierno al decir que “estamos allí porque no podemos permitirnos que los otros países de la región, y por lo tanto la extracción de uranio de las que dependen las centrales francesas, sean puestos en peligro”. Subrayó que Hollande tiene por propósito tutelar los intereses de París en África, en especial en Nigeria, rica en uranio.

Mélenchon defendió el “derecho de conocer la verdad” para una guerra que cuesta dos millones de euros por día en período de austeridad, aseveró el también excandidato al Palacio del Elíseo. De la misma manera cuestionó que se haya ordenado la intervención sin consultar antes al Gobierno y al Parlamento, en una decisión que, opinó, “tiene muchos puntos oscuros”.

El ex primer ministro conservador Alain Juppé, de la Unión por un Movimiento Popular, dijo tener la impresión de que Francia no podrá cumplir con la tarea de intervención sola. “Querría que la posición francesa fuese esclarecida”, dijo Juppé, ya que “tengo la impresión de que hoy está empeñada en una reconquista general del territorio”.

Otra voz discordante provino de No‘l Mam‘re, del partido Europa Ecología los Verdes, quien observó que la operación Serval (así llamada por Francia) es una maniobra neocolonialista. Los principales cuestionamientos en el país galo están referidos a la falta de preparación de la operación militar, la posibilidad del estancamiento en un conflicto de larga duración o la violación de lo acordado al principio por el Consejo de Seguridad.

Para el analista Juan Luis González, los intereses geopolíticos de las antiguas metrópolis de África son la principal razón de la llegada de tropas francesas a Malí, secundada por España, Alemania, Bélgica, Italia, Reino Unido y otros estados europeos. Significó que el verdadero objetivo de la presencia francesa en el Estado norafricano en su lucha contra los islámicos es controlar los recursos allí, lo cual calificó de “cortina de humo”. Hay un montón de minerales por explotar en suelo maliense, afirmó.

El embajador de Angola en Etiopía y la Unión Africana, Arcanjo do Nascimento, por su parte, señaló que la fragilidad de las instituciones en los Estados africanos constituye la base de numerosos conflictos en el continente. Las causas que provocan esos problemas se encuentran también en la polarización social e injerencias foráneas en asuntos internos de esos países, subrayó, y exhortó a la búsqueda de soluciones africanas a estas problemáticas.

Fuerzas progresistas y nacionalistas, entre ellas la Coordinación de Organizaciones Patrióticas de Malí, se opusieron a la intervención, y el Partido Argelino para la Democracia y el Socialismo consideró que la intromisión de un contingente foráneo armado puede operar como nebulosa que beneficia a potencias colonialistas, en tanto hace pelear a los africanos entre sí.

Una mirada a los enormes recursos minerales y energéticos existentes en ese país norafricano bastaría para desenmascarar los verdaderos móviles de Francia y sus aliados en la intervención armada. El Estado africano es el tercer mayor productor de oro del continente con ocho minas en explotación y famoso por ese recurso mineral desde la época del gran imperio, apuntan los investigadores de Global Research.

Además, dispone de uranio, indispensable para mantener en funcionamiento las centrales nucleares, y recientemente fueron descubiertos nuevos yacimientos de ese recurso en varias provincias, en particular las norteñas Gao y Kidal, ocupadas por los islamistas desde mayo de 2012. Malí también puede convertirse en suministrador de petróleo y gas hacia Europa, y cuenta con probadas fuentes de diamantes, hierro, bauxita y manganeso (estos últimos aún sin explotar), cobre, yeso, mármol y otros minerales, según la referida fuente.

La intervención militar francesa en Malí pone en peligro, además, las enormes riquezas patrimoniales en la provincia de Tumbuctú, también en el norte, inscrita desde 1988 en la lista del Patrimonio Histórico de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco). Asentada en el desierto y rodeada de leyendas, esta urbe fue fundada entre los siglos XI y XII por tribus nómadas beréberes o tuareg procedentes del norte, alberga importantes valores culturales, y llegó a ser un importante centro de comercio y próspera ciudad en el siglo XVI, calificado como su etapa de oro.

El eelator Especial de ONU para el Derecho a la Alimentación entre 2000 y 2008 Jean Ziegler reprochó a Francia tener motivos económicos en su intervención militar en Mali. “Existe la sospecha de que se trata de una reconquista neocolonial”, dijo Ziegler en entrevista exclusiva con el periodista de Prensa Latina Harald Neuber en Berlín.

El sociólogo y profesor emérito de las universidades de Ginebra y La Sorbona de París señaló que el conglomerado francés y líder mundial en el sector de la energía nuclear AREVA explota los yacimientos de uranio en Mali y el vecino país Níger. “AREVA es de interés vital para Francia, que produce la mayoría de su electricidad en plantas nucleares”, agregó el intelectual, a la par que demandó una “ruptura definitiva con esta herencia neocolonial” que domina las relaciones económicas entre la nación europea y los países africanos.

Según el también vicepresidente del Comité Asesor del Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas, el consorcio estatal AREVA tendría que pagar “un precio razonable para el uranio”. En este caso, ya no habría hambre ni epidemias en un año, dijo. “Entonces, Malí y Níger podrían crear estados florecientes”.

Ziegler ve en los estados occidentales los “principales responsables para la situación horrible” que sufre Mali. Este país en África occidental constituye hoy día uno los estados más pobres del mundo, a pesar de que posee de increíbles recursos naturales como uranio y oro. Explicó que solamente un cuarto de las mujeres están en condiciones de amamantar sus bebés y el 62 por ciento de la población está desnutrida, según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura.

* Con reportes de Julio Morejón y Juan Carlos Díaz Guerrero, periodistas de la Redacción África y Medio Oriente de Prensa Latina.