(Rebelión).- Los cientos de taxistas maniobran ayudados por la bocina y algunos gritos de auto a auto. Los transeúntes esquivan los coches. Una de las avenidas troncales de Yaundé está cortada y en boca de todos está el nombre del responsable del caos de tránsito: son excellence Teodoro Obiang, el dictador de la vecina Guinea Ecuatorial, será recibido por el presidente camerunés Paul Biya, quien en estos casos suele cortar las calles varias horas antes para hacerle más fácil a su huésped el camino al centro de la Ciudad de las siete colinas. Así, de paso, queda claro quién –y cómo- manda en el país de Los leones indomables, que en 1990 alcanzaron la hazaña de clasificar para los cuartos de final de la Copa del Mundo de Italia.

Guinea Ecuatorial es el único país africano que habla español –con acento castizo incluido- y tiene un altísimo ingreso per cápita gracias al descubrimiento de petróleo en los años 90. Si esos enormes recursos se dividen por sus habitantes, que apenas pasan el medio millón, los guineanos son españoles o italianos desde el punto de vista de sus ingresos. Pero tal como funciona este pequeño narco/petroestado de África Central, es la familia Obiang la que acumula y acumula riquezas: en febrero pasado, la justicia francesa embargó la mansión de Teodorín, el hijo del dictador. La ubicación lo dice todo: el palacio de 5.000 metros cuadrados divididos en seis pisos y 101 habitaciones está en el número 42 de la Avenida Foch… a solo 500 metros del Arco del Triunfo. Curiosamente, Obiang infla la población para reducir un poco el ingreso per cápita guineano. No es que sienta vergüenza de la distancia entre los promedios y las realidades, simplemente no quiere perder ayudas internacionales.

En la grilla de uno de los cables de la televisión de Yaundé, cerca del canal donde predican los pastores nigerianos (algo parecido a lo que hacen los brasileños en América Latina), está el canal de Guinea Ecuatorial. Todo el tiempo habla de Obiang y la señora Obiang –dedicada, como corresponde, a la ayuda social. Una minúscula parte de la plata que les roban a los pobres vuelve como regalo de la generosa primera Dama. El canal tiene un estilo soviético algo africanizado, aunque quizás esta asociación de imágenes solo sea producto de pasar cada día, rumbo a mi hotel, por el Boulevard de l’URSS.

Paul Barthélemy Biya’a Bi Mvondo, presidente de Camerún, no es un dictador como su colega de la ex colonia española… su partido, el Rassemblement démocratique du Peuple Camerounais (RDPC) deja existir a la oposición y hablar a todo el mundo mientras no se ponga en juego su poder. Cuando eso ocurre la Sureté Nationale entra en acción, como ocurrió con las protestas de 2008. Mientras tanto el control del Estado, la corrupción y la cooptación vía empleo público hacen su trabajo… Un buen trabajo, a la vista que Biya lleva ya tres décadas en el poder. Camerún conoció solo dos presidentes desde su independencia en 1960. Uno es él, que incluso fue investido como jefe y guía espiritual de los cameruneses por el reverendo Michel Pierre Ayissi, aunque se dice también que es un apasionado del esoterismo. El otro fue Ahmadou Ahidjo. Biya es un hombre que sabe de prioridades: en 2004, con el tesoro en quiebra y los maestros sin poder cobrar sus salarios, el mandamás camerunés se compró un Boing 767 bautizado The Albatross, un palacio volador calificado como VIP por los expertos aeronáuticos. Así, Biya sintió, que como Baudelaire decía de este pájaro de mar, “sus alas de gigante le impiden caminar”.

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“Acá podemos hablar (usa el término bavarder que puede traducirse como cotorrear) todo lo que queramos, pero cuando llega el momento Biya hace lo que sea para ganar las elecciones” –dice un joven politólogo que estudió en el exterior y trabaja en una ONG internacional.

El 21 de octubre de 2011 Biya fue reelegido con el 77,9% de los votos. Nadie cree que las elecciones fueran limpias, pero al menos tuvo la modestia de no dibujar un 99% con el que se hacían reelegir otros dictadores. Se siente tan seguro de que nadie podrá derrocarlo que gobierna a distancia varias semanas –e incluso meses- al año desde su residencia en Suiza.

Pero el hombre ya tiene 80 años y eso hace que, como en la América Latina de las post dictaduras, en Camerún se hable mucho de transición y de sociedad civil. Sindicalistas y líderes estudiantiles se quejan de que partidos como el Social Democratic Front los quieren llevar como furgón de cola. Los políticos dicen que en Camerún los movimientos sociales casi no existen. Uno de los espacios desde los que hoy por hoy se busca movilizar a la llamada sociedad civil es La Grande Palabre. “Palabre” es un africanismo que hace referencia a la construcción de lazos comunitarios y deliberativos, y Jean-Bosco Talla y otros intelectuales buscan generar debates y abrir grietas para conseguir que la transición que tarde o temprano conocerá Camerún sea pacífica y democrática. “Que no sea la guerra civil ni la paz de los cementerios” resume Talla desde el subsuelo del hotel donde se realizan los debates, en el centro de Yaundé. Al principio eran unos pocos, ahora no alcanzan las sillas cada último jueves de mes. Las ponencias y discusiones comienzan a las dos de la tarde y duran largas horas. Los cameruneses discuten apasionadamente, pueden gritarse y reírse al mismo tiempo. Como otros africanos son mucho más formales que los latinoamericanos para vestirse y hoy combinan elegantes trajes y vistosas corbatas con ropas tradicionales. Así, cada quien se reafirma en la identidad que quiere, en ese siempre complicado espacio a geometría variable entre el colonialismo y el poscolonialismo.

“Vivimos un ambiente muy malsano de fin de reino. Biya trata de quedarse en el poder hasta su muerte, en febrero cumplirá 80 años. Y su hijo es un jouisseur” –dice Alice Nkom. Usa esa palabra y me subraya, en francés, que se trata de un hedonista, de un amante de la vida fácil. Nkom es una conocida abogada que reside en Duala, la capital económica y angloparlante del país; muchos la conocen por ser la principal abanderada de la lucha contra la homofobia en esta nación centroafricana.

Camerún es un país bilingüe, que conoció también la colonización alemana, aunque esta no dejó restos de la lengua germana. De esa zona occidental proviene el principal partido de la oposición, el Social Democratic Front, liderado por Ni John Fru Ndi y adherente a la Internacional Socialista. El Chairman –como lo conocen todos- habla solo en inglés. Cuando es necesario se hace traducir. Y muchos creen que esa es una –obviamente no la única- de las razones por la que en 1992 Francia no lo apoyó cuando Biya le robó la victoria en las primeras elecciones pluralistas de Camerún. Estaba además el interés de Bolloré, Castel, la Compagnie Fruitière, Hachette, Lafarge, Orange, la Société Générale, Total, Vilgrain y otras empresas omnipresentes en la ex colonia gala. Aunque en Yaundé hace mucho calor –menos, es cierto, que en otras zonas de África gracias a su posición elevada- Chairman no se quita el gorro de lana que acompaña con algunas ropas típicas mezcladas con otras prendas occidentales.

Nkom confía más en el reloj biológico que en la oposición a la hora de desprenderse del presidente/Estado. Otros temen que la falta de oposición genere peligrosos vacíos de poder. Tienen en el mismo continente países como la República Democrática del Congo, que se sigue desangrando mientras las trasnacionales lucran con sus enormes riquezas mineras. “Es peligroso. Cuando las armas entran nadie puede sacarlas”, dice Kah Walla, candidata presidencial por el centroizquierdista Cameroon Peoples’s Party (CPP), entonando con fuerza cada una de sus palabras. Otros se miran en el espejo de la vecina Costa de Marfil, y tampoco quieren seguir sus pasos.

El debilitamiento de los lazos sociales, la pobreza generalizada y las frustraciones acumuladas podrían ser el combustible de esa violencia sin retorno. La periodista Fanny Pigeaud recuerda los violentos enfrentamientos de enero de 2012 en un barrio de Duala. Allí las peleas entre jóvenes tuvieron un peligroso tufillo étnico y ya se sabe dónde pueden llegar esas exacerbaciones identitarias, más aun cuando son instrumentalizadas por los poderes imperiales… el genocidio ruandés de 1994 es solo un ejemplo extremo, pero hay muchos que tienen menos espacio en la prensa mundial (o ninguno). Si Camerún es llamado “África en miniatura” por su diversidad lingüística y geográfica, muchos cameruneses buscan evitar que lo sea también por los conflictos armados.

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El Boulevard de l’URSS quedó de la época en la que Moscú buscaba aliados en la guerra fría y tenía sus dictadores amigos en el territorio africano. Ahora ese lugar lo ocupa una China ávida de materias primas y de tierras, con una economía mucho más dinámica que la Rusia de entonces, y muy cautelosa frente a los dictadores vernáculos. Los asiáticos que pueden verse en las calles de Yaundé, incluso en zonas de capitalismo popular de alta intensidad como la Avenida Kennedy y el Mercado central, son el emergente de acuerdos de enormes proporciones que para algunos analistas están generando una suerte de recolonización de África. Un tema que Henning Mankell trata con gran sutileza sociológica y agudeza literaria en su novela El Chino (2008).

Ya en 2010, el periodista Mohamadou Houmfa informaba en la agencia IPS que los institutos que enseñan el chino mandarín en Camerún atraen cada día más estudiantes. Al parecer, el acercamiento al gigante asiático marcha en paralelo al “desamor” francés hacia los habitantes de su antigua colonia. Muchos terminan con una beca para estudiar en la tierra de Confucio. Otros, lejos de los ideogramas, simplemente compran una moto china para hacerse moto taxistas. Y ya hay un China Town en Duala. Un empresario chino muestra como desde dos laptops hace encargos de zapatos made in china a su propia firma, que los confecciona “al gusto camerunés”. Otras empresas hacen obras de infraestructura con trabajadores chinos. Biya fue recibido con honores en Beijing. Mientras tanto, los empresarios franceses se quejan de que cada vez tienen menos contratos.

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Muchos hablan de los derechos humanos en Camerún. Pero son pocos quienes extienden este concepto a todas las esferas de la vida social y no lo restringen al derecho a la palabra, las libertades políticas y la alternancia electoral. Es el caso de Alice Nkom, quien bajo la bandera de los derechos humanos creó la Asociación para la defensa de los derechos de los homosexuales (ADEFHO). De hecho, el preámbulo de la Constitución de Camerún incluye la Déclaration universelle des droits de l‘homme (la lengua francesa sigue resistiéndose a usar el término droits humains) y Nkom se aferra a ese agarramanos en su cotidiano combate contra la homofobia. La batalla no es fácil. El artículo 347 bis del código penal camerunés castiga la homosexualidad con penas que van entre los seis meses y los cinco años de cárcel. Algunos de los supuestos homosexuales descubiertos se salvan pagando fuertes multas, otros terminan en prisión.

“Cuando la ley camerunesa habla de la inviolabilidad del domicilio no se refiere a un problema de muros, sino a la protección de lo que pasa dentro del domicilio, y parte de lo que pasa allí es la sexualidad” –prosigue Alice Nkom, que suele llevar vestidos tradicionales y turbantes de colores fuertes que refuerzan una personalidad que no la deja pasar desapercibida. Para esta abogada, el “bis” del artículo delata su ilegalidad: el mismo –denuncia- fue agregado bajo la forma de un decreto firmado por el presidente cuando sólo el Parlamento puede hacer modificaciones al código penal. Por eso, el gobierno trata de legalizar esa situación con una nueva ley que podría endurecer más las penas con criterios discriminatorios, como por ejemplo condenar más duramente la pedofilia homosexual que la heterosexual.

Prueba del clima que rodea a la “cuestión gay”: el grupo auto titulado Coalición de la Juventud Camerunesa, liderado por Sismondi Barlev Bidjocka, comenzó a poner en práctica algo así como el día de la homofobia. Un contrapunto, en todo caso, del día del orgullo gay que se celebra en un número creciente de países. Este periodista, que estudió en Francia, busca estar a la vanguardia de la lucha contra la homosexualidad y aunque por ahora se trata más de una actividad de denuncia que de una marcha propiamente dicha, no duda en invitar a los jóvenes a delatar los actos de homosexualidad a la policía. A veces no se queda ahí: en marzo pasado, el grupo paraestatal de Bidjocka interrumpió violentamente en un taller sobre los derechos de los homosexuales organizados en Yaundé y los defensores de los gays y lesbianas creen que son ellos quienes les mandan mensajes de muerte desde teléfonos celulares.

“Para nosotros el debate sobre la homosexualidad está cerrado, solo vine acá a decir por última vez que a partir de ahora pasamos a la acción represiva… Sociológica, jurídica y antropológicamente, los cameruneses somos muy homófobos, Madame Nkom”. Bidjocka lanzó todas esas afirmaciones frente a las cámaras de televisión (el “no debate” puede verse completo en youtube: http://www.youtube.com/watch?v=f0NhYaWP01c ). Nada nuevo bajo el sol. Desde los maoístas chinos a los seguidores de Mahmud Ahmadineyad en Irán, pasando por ciertos indianistas, la homosexualidad es un producto de la decadencia burguesa y occidental. Los derechos humanos, dice Bidjocka, también son occidentales e igualmente ajenos a la cultura local.

A fines de 2011, dos jóvenes de unos veinte años de Yaundé fueron condenados a cinco años de cárcel acusados de mantener relaciones sexuales en un auto con un tercero. Al parecer el hallazgo de una peluca y un poco de maquillaje terminó de convencer al juez de que su dictamen iba en la línea correcta. Nkom perdió la batalla. Otro de los defendidos por la abogada de Duala es Jean-Claude Roger Mbede. El joven camerunés fue detenido el año pasado por un mensaje de texto “gay” y condenado por homosexualidad e “intento de homosexualidad” luego de ser denunciado por el destinatario del mensaje quien al parecer le tendió una trampa. El acusado fue condenado a tres años y cumplió condena en la Prisión Central de Kondengui antes de ser provisionalmente liberado por una Corte de Apelaciones.

En un reportaje de la televisión francesa otro joven gay de Yaundé contaba que fue víctima de un “rastreador” en Internet que se hace pasar por gay y luego de concertar una cita se aparece con la policía. “Tengo miedo y me pregunto si volveré a tener el coraje de acercarse a alguien que me gusta… Es difícil ser gay en Camerún, hay que llevar una armadura para parecer alguien que no sos. Me gustaría hablar sin susurros”, dice Fredy de 23 años.

Michel Togue, otro abogado que defendió a acusados de homosexualidad, recibió también amenazas de muerte. Pese a todo, La Grande Palabre logró, en octubre pasado, incluir el tema en sus debates. Varias veces el presentador dijo que es un tema controversial y fue curiosamente titulado “política y uso del orden de la homosexualidad en Camerún”.

“Ojalá que en el próximo encuentro ya no reciba las amenazas de muerte que esta vez recibí por decidir participar de esta discusión” –comenzó Nkom con un tono vibrante que desentonó con la intención de los otros ponentes de enmarcar la discusión en el marco académico, a veces con una enredada jerga “sociologicista”, “antropologicista” o “juridicista”; otras veces construyendo complicadas tipologías de la homosexualidad para encubrir posiciones conservadoras. “Ser gay no es una invención occidental, es una realidad humana en todos los sectores y en todas las clases sociales. Y no debemos olvidar que unas discriminaciones conducen a otras discriminaciones, ¿acaso la igualdad no es un valor africano?”. Nkom trató de zanjar la cuestión frente a quienes buscaron colocarla como un problema de las elites o usaban argumentos anticoloniales con la finalidad de justificar implícitamente la homofobia…. El debate terminó entre los gritos de aprobación y desaprobación del público… más de desaprobación.

“El matrimonio igualitario va a ser el fin de la democracia en Occidente. Y eso va a pasar en Francia”, lanzó uno de los participantes. Se refería a los fuertes debates sobre el “matrimonio para todos” que hoy por hoy dividen a los franceses. Allá, en París, un diputado de la derecha comparó a los terroristas con los potenciales hijos de parejas del mismo sexo: a ambos les falta el amor de una familia normal. Incluso los poscoloniales Indigènes de la République dicen que no es un tema que preocupe en los barrios populares…

La crispación antigay se mezcló en 2006 con una pelea intestina en el poder camerunés. Ese año tres diarios publicaron listas y fotos de políticos, hombres de negocios y músicos supuestamente homosexuales. Dicen en Yaundé que se vendieron tantos ejemplares que los canillitas terminaron por ofrecer fotocopias. No es raro entonces que las organizaciones LGBT se presenten como asociaciones de lucha contra el sida, lo que también forma parte de sus preocupaciones en un continente afectado por ese flagelo. Pero, como advierte Nkom, es muy difícil luchar contra la enfermedad mientras se criminaliza a las minorías sexuales y se los obliga a vivir en las sombras. Además la abogada resalta que los partidos opositores, incluidos los que se identifican como socialdemócratas, mantienen las mismas posiciones ultraconservadoras y represivas frente a la cuestión de la homosexualidad.

Con todo, en Uganda es peor. Allí recientemente el gobierno decidió retirar un proyecto de pena de muerte para los homosexuales. Propone en su lugar… la cadena perpetua en su “versión agravada”.

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A cada rato hay pequeños cortes de luz en Yaundé. La empresa que tiene la concesión es estadounidense. Un dirigente político le pregunta a un encargado político de la embajada de EEUU en un encuentro informal. –Usted ve cómo (no) funciona la electricidad. ¿Ustedes podrían estar del lado de Camerún contra una empresa de EEUU?

– “No, pero sí apoyaríamos que Camerún apruebe una ley como la estadounidense para regular los servicios públicos”.

Dijo también que son los cameruneses quienes deben luchar por la democracia. Y que aunque sea polémico afirmar eso, EEUU no exporta ese producto… Las grandes potencias sostienen a Biya pero al mismo tiempo apoyan algunas iniciativas de la oposición. Y su presión permite mantener abiertos algunos espacios, como La Grande Palabre y un moderado multipartidismo.

“¿Cuál es la doctrina de la Unión Europea y de EE.UU. para decir que un régimen es una dictadura o no?” –preguntó un dirigente de un partido centroafricano en la misma reunión.

Aunque la respuesta fue pura langue de bois, Occidente sabe que Biya tiene fecha de vencimiento. No obstante, no hay alternativas a la vista. Pigeaud alerta que esta gestión de las elites políticas y administrativas tienen una incidencia de primer orden en el estado de Camerún. Alguna vez, uno de los estados africanos más prósperos, hoy el país carece de infraestructuras carreteras, sufre de un grave déficit energético, de una corrupción récord, de un sistema educativo a la deriva y de prácticas mafiosas instaladas en el corazón del Estado. La corrupción generalizada le sirve, además, a Biya para deshacerse de potenciales desafiantes que osen surgir de su propio riñón. Quienes lo intentan terminan en prisión por corrupción. Entretanto, miles de cameruneses apuestan cada día a carreras de caballos que trascurren a 6000 kilómetros de sus vidas, en la antigua metrópoli colonial, con la esperanza de conseguir el milagro y hacerse ricos. Otros migran y envían remesas. Mientras tanto, el “hombre león” sigue teniendo la sartén por el mango.

* Periodista y economista con maestría en Ciencia Política. Es columnista de varios periódicos de Bolivia y medios digitales europeos.