Hace poco se hablaba de que, al interior del gobierno, se disputaban el poder: la izquierda, en pos de llevar adelante el proyecto Socialista (así, con mayúsculas), frente a la derecha, empeñada en fortalecer un proyecto de capitalismo moderno, distinto del tradicional, el del capital financiero coludido con los grandes agroexportadores, lo que queda del poder feudal y la Iglesia.

Si tal hecho ocurrió, a no dudarlo, la derecha prevaleció al interior del gobierno. Queremos decir: venció en la correlación de fuerzas el proyecto que crea el “capitalismo moderno”. Toda la política gubernamental, liderada por Rafael Correa, se encamina a ejecutar un programa para la construcción de un capitalismo moderno: grandes obras de infraestructura –como las hidroeléctricas y las refinerías- (lo cual no estaría mal si su propósito fuese el impulso de la economía de corte comunitario y popular); trazado de buenas carreteras atravesando el país entero; pero sobre todo, un proyecto minero, en plena ejecución, para lo cual se han entregado miles de hectáreas a la voracidad de las transnacionales. Y cuya extracción de minerales, saqueando el subsuelo, tendrá su correlato en las vías construidas para su conducción. La vía Manta Manaos es la meta, vía expedita para satisfacer el hambre de las grandes potencias, el emergente capitalismo chino en primer lugar. El propósito: contar con recursos para la gran empresa neocapitalista.

No sé si todo ello, pese a su calificativo –capitalismo moderno- no sea sino una quimera, dado que la economía basada en el extractivismo no obedecería sino al empeño del poder económico mundial de dividir el trabajo, en cuyo proceso no somos otra cosa que proveedores de materia prima para el poderoso desarrollo industrial de las potencias emergentes –China, Brasil- Con razón, pues, tímidamente, un sector de la izquierda califica al proceso como uno de reprimarización de la economía. Y si, pese al discurso oficial anti tratados del libre comercio –como ocurre con todo- se hipoteque el país al capital transnacional norteamericano, de la Unión Europea y, ahora, de la emergente China, vía TLCs con Europa y EE. UU., como se advierte que tales tratados se cocinan entre bastidores.

O, en efecto, junto con acumular capital, sean este gobierno y su proyecto capaces de crear una economía capitalista productora de bienes con valor agregado, en el afán de parecernos a los pequeños ricos países de la Unión Europea: Suecia, Noruega, Suiza, Bélgica, etc., dueños de un bienestar cuya duración es indefinible. No se lo ha dicho explícitamente, pero se los menciona, a menudo y desde las esferas del poder, como ejemplos de progreso, bienestar y equitativa distribución de la riqueza (¿?).

Nada de eso se parece siquiera al Socialismo proclamado al comienzo del gobierno de la “revolución ciudadana”, “Socialismo del siglo XXI” olvidado luego desde el propio discurso presidencial, y tan sólo mencionado tangencialmente en ocasionales artículos de prensa. (La derecha recalcitrante suele ejemplificar al “socialismo” de España o de Grecia como ejemplos del fracaso del sistema socialista, amén del derrumbe del llamado “socialismo real” y la desaparición de la Unión Soviética y los países del este europeo, o los avatares por los que atraviesa la heroica isla de Cuba. Como si los gobiernos europeos de los países “socialistas” no fuesen una burda variante del neoliberalismo).

La “revolución ciudadana” ha devuelto, es verdad, al Estado su vigencia hegemónica luego de los intentos del neoliberalismo empeñado en privatizarlo todo. Lo ha ensanchado –para quitar el sueño a la empresa privada de corte oligárquico- lo ha reorganizado y hoy comanda, quizá más allá de lo debido, las actividades de la sociedad ecuatoriana. Ha otorgado grandes sumas de dinero para la obra pública, para el servicio social en educación y salud. Aunque en la primera deja mucho que desear, particularmente en cuanto a los programas educativos, cuyo trazo parecería encaminarse precisamente a fortalecer el proyecto capitalista moderno, tan requerido de alta tecnología, para lo cual el gobierno diseña la ciudad del conocimiento. Y canaliza a las universidades en igual sentido, privilegiando el tecnologismo y dejando de lado el propósito humanista, cuya esencia debería ser, junto con la posesión de los adelantos científicos y técnicos, una comprensión holística del mundo, la construcción de mentes solidarias, fraternas, materia prima para la construcción de una sociedad equitativa, justa, una sociedad verdaderamente socialista.

El proyecto en marcha de la “revolución ciudadana” es, ni más ni menos, que el montaje de un capitalismo de nuevo cuño, (“de rostro humano” se autocalificaría si no pensara de cuando en cuando en que se dijo pionero del “socialismo del siglo XXI”), para lo cual no trepida al perseguir a los dirigentes populares que se oponen a la minería a gran escala y a cielo abierto y a los jóvenes que se reúnen a leer al Che Guevara y a estudiar marxismo. Califica de infantiles a los defensores de la ecología y concluye, para el efecto, con el aberrante llamado a los vecinos Santos y Humala a sumarse en el propósito de perseguirles y condenarles, mientras echa mano de la calificación de terroristas a cuantos se oponen a sus proyectos extractivistas. Se abraza con Piñera, el constitucional presidente de Chile, ex funcionario de la dictadura asesina de Pinochet y llama al pueblo mapuche, perseguido y maltratado por el régimen, a renunciar a su “fundamentalismo”. El laicismo, de su lado, sufre quebranto. Tras el decreto, abolido por la oposición a su vigencia desde la sociedad, según el cual se pretendía que comunidades religiosas se hicieran cargo de la evangelización y educación de etnias orientales y esmeraldeñas, hoy se cantan misas y se celebran otros cultos religiosos transmitidos por TC televisión y Gamavisión, canales a cargo del Estado y se convoca deade las FF AA, la FAE y la Armada nacional, al pueblo, a la recepción a la Virgen de Guadalupe, venido el icono desde México.

Volviendo al proyecto económico es, ni más ni menos, que un proyecto de fuertes rasgos neo keynesianos que, como es sabido, no hacen otra cosa que rencauchar al sistema capitalista, en lugar de dar pasos vigorosos hacia la socialización de la economía. (Ver, para muestra, el artículo en el suplemento de El Telégrafo, Ecuador Económico, que bajo el título “Tres argumentos keynesianos a favor del aumento del Bono de Desarrollo Humano”, confirma tal orientación. No decimos, por cierto, que ello sea el argumento esencial que explica la política neo keynesiana del gobierno, pues ella se visibiliza en todo el proyecto económico, en el que está ausente el menor asomo de socialización de la economía). Fander Falconí expresa, en su artículo “Atrapado en su propio laberinto” (El Telégrafo, 5.12.2012): “Entre el pensamiento del economista J. M. Keynes y el Buen Vivir existe una distancia gigantesca,” afirmación que, sin duda, es un acierto. Porque el Buen Vivir, fuera de los dogmas de la dictadura del proletariado –que desfiguran al marxismo- y todo, comporta poner sus bases, vía socialización (que no es sinónimo de estatización) de la economía, pero cuya viabilidad sólo es posible con la más amplia participación del pueblo llano y con un espíritu comunitario, cooperativo, socialista. En fin, se le dé ese u otro calificativo más o menos equivalente, el proyecto en marcha sólo refuerza al sistema capitalista.

Ahora bien, en este contexto, la vieja derecha socialcristiana y afines, medio derrotada y en busca de una resurrección de sus viejas prácticas privatizadoras, anti Estado, genuflexas al FMI y las transnacionales, busca la unión de la oposición, a fin de dar su batalla electoral hacia la presidencia de la República y la Asamblea legislativa. Clamó, en esta línea, por pactar con todo y con todos –a semejanza de Venezuela- y quedó frustrada. Paralela a la candidatura del banquero Guillermo Lasso, conspicuo personaje de la oligarquía financiera y fiel partidario del libre mercado, aparece el inefable Lucio Gutiérrez, el ex presidente echado del poder por la indignación popular, ante su evidente traición al pueblo, al prosternarse ante el imperio y su peor representante, el señor George W. Bush, primero, y luego ante el “dueño del país”, el tirano LFC y llevar a cabo políticas contrarias a la soberanía, entregada a los intereses del FMI.

Junto con él, algunos otros de similar catadura y parecidos intentos. Resucitan a aquel cadáver político, el Dr. Oswaldo Hurtado que, olvidado de su pasado nefasto a su paso por Carondelet, pro oligarquía bancaria, pretende hoy dar lecciones de democracia y participación, siendo como fue impulsor y coautor de la Constitución de 1998, funcional a los intereses de la oligarquía, amañada en un reducto militar, fuera del conocimiento del pueblo. De tal esquema electoral sería excepción la del economista Alberto Acosta, si no fuese por el auspicio de personajes ligados a USAID (léase la CIA), como la seudo líder indígena, Dra. Lourdes Tibán y algunos dirigentes del MPD de similar catadura. La derecha enfila sus lanzas contra el gobierno de RC, mas no lo hace para criticar las omisiones, la falta de coherencia entre su discurso de izquierda y sus prácticas de derecha, sino el supuesto ataque a la libertad de expresión –que ellos la entienden por sus críticas duras a la gran prensa y sus mentiras, su “enemistad” con las grandes potencias occidentales, su desobediencia a los intereses del viejo capital financiero especulativo, agro exportador e importador.

El pueblo, la gran masa están ausentes de la batalla. Los sectores populares más afectados siguen siendo los pueblos indígenas agredidos por su empeño de defensa del hábitat, los burócratas desplazados arbitrariamente y sin apelación de sus puestos de trabajo, los pocos intelectuales que critican y que reciben como respuesta la mofa y el ataque verbal. El pueblo llano, las amas de casa que, pese a las declaraciones oficiales del Instituto Ecuatoriano de Estadística y Censos, verifican en la cotidianeidad la elevación de los precios de los productos de primera necesidad. El miedo –aunque denunciado por la derecha- no deja de sentirse en espacios sociales que temen retaliaciones por su opinión contraria a las políticas anti populares.

La policía, si bien modernizada y atacando con cierto éxito a las mafias de la delincuencia, persigue, con la misma saña, a quienes protestan por lo que consideran abusos del poder, particularmente por los desplazamientos vía venta forzada de renuncias, etc., amén de los jóvenes torpemente apresados por el delito de leer al Che Guevara, el mismo revolucionario a menudo invocado en el discurso oficial como ejemplo de combatiente.

Calculando, grosso modo, la correlación de fuerzas electorales, parecería que lo destacado es la candidatura de la “revolución ciudadana” y su líder, el economista Correa, es decir la del capitalismo moderno, anti neoliberal, frente a la de la derecha recalcitrante, liderada por Guillermo Lasso y aupada por las más oscuras fuerzas de la oligarquía, dirigidas por Nebot, el heredero, frustrado, del terror de Estado inaugurado por su mentor, el Ing. LFC.

Se enfrentan, pues, como antaño, (Nebot frente a Bucaram, Mahuad frente a Álvaro Noboa) dos variantes de la derecha pro capitalista , guardando las distancias, si nos referimos a la indiscutible condición de líder, de enorme arrastre popular, del economista RC.

Visto así el panorama, al pueblo no le queda otra alternativa, cualquiera que sea la opción electoral que escoja, que organizarse, reorganizarse en equipos de estudio y de combate, siempre en pos de una nueva sociedad, la del Buen Vivir, la del mandato constitucional, hacia la socialización de la economía. Demandando del poder la masiva inversión en la construcción de empresas comunitarias, productora de bienes y servicios, SIN FINES DE LUCRO NI ACUMULACIÓN, sólo destinadas a satisfacer las necesidades materiales y espirituales del pueblo, destinadas al BUEN VIVIR.

Este debería ser el objetivo estratégico de una verdadera Revolución, pues si no se cambian las estructuras, si no se socializan los bienes e instrumentos de producción, volveremos a fojas a una, volveremos a los ciclos de acumulación, vía explotación de la mano de obra de los trabajadores, volveremos a las crisis, a la desocupación y la miseria.