Tegucigalpa, Panamá, Santo Domingo, Kingston y Puerto España (PL).- América Central es considerada por Naciones Unidas como una de las regiones más afectadas por el cambio climático y los desastres naturales, los cuales provocaron más de 50 mil muertos y decenas de miles de millones de dólares en pérdidas en las últimas cuatro décadas. Según la Cepal, el cambio climático costará a los países del Caribe hasta un 5% del PIB anual.

El cambio climático ya es una amarga realidad para América Central: 10 días de intensas lluvias en octubre de 2011, con acumulados sin precedentes, dejaron en sus países un rastro de muerte y destrucción. El inusual fenómeno atmosférico, pese a sus devastadoras consecuencias, apenas alcanzó la denominación de depresión tropical 12E en las estadísticas de los organismos internacionales especializados en estos eventos.

En apenas 10 días de intensas precipitaciones tropicales, a mediados de octubre 2011 perecieron más de 130 personas y resultaron damnificadas más de 2,5 millones, informó la Unidad Panamericana de Respuesta a Desastres de la Cruz Roja Internacional. Las pérdidas y daños económicos sumaron por lo menos dos mil millones de dólares, según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).

En El Salvador se contabilizaron 34 muertos, dos desaparecidos, 24 lesionados, 150 mil damnificados, más de 50 mil evacuados, 18.455 casas anegadas, 257 escuelas dañadas y más de un millón de personas perjudicadas.

En Guatemala se registraron 38 fallecidos, cinco desaparecidos, 18 heridos, 78.20 damnificados, afectaciones a más de 524.480 personas, 22.685 edificaciones dañadas y 617 derruidas. En Honduras perecieron 18 personas, 69.119 resultaron damnificadas, 11.868 desplazadas y casi nueve mil albergados.

En Nicaragua se reportaron 13 fallecidos y 134.500 damnificados, mientras que en Costa Rica hubo cinco muertos, dos desaparecidos, 12 mil afectados y casi un millar de albergados. En Panamá y Belice no se lamentaron pérdidas humanas, pero miles de personas fueron desplazadas por las crecidas de los ríos.

Para los gobernantes de la región, especialistas y funcionarios de Naciones Unidas, el súbito y catastrófico alud de lluvias fue una consecuencia directa del cambio climático, del cual Centroamérica no es responsable. Un estudio preliminar sobre el tema, dado a conocer por Rosa Chávez, estableció que Centroamérica ya sufre adversidades climáticas del océano Pacífico, como huracanes, que décadas atrás sólo alcanzaban a México y, en menor medida, a Guatemala.

Esas inclemencias climáticas se sumaron a las originadas históricamente en el Atlántico durante la temporada ciclónica, que va de junio a noviembre de cada año e, incluso, fuera de ese período. Chávez recordó que el primero de esos fenómenos del Pacífico afectó a El Salvador en 1982. En las dos décadas siguientes se elevaron a cuatro en cada una. En el primer año de la actual (2011) ya se registró la depresión tropical 12E, y no cabe dudas de que cada año, al menos una azotará Centroamérica.

El Coordinador del Sistema de Naciones Unidas y representante residente en El Salvador del Programa para el Desarrollo del organismo (PNUD) Robert Valent expresó que el catastrófico evento tiene su origen en el cambio climático. Este es resultado de los modelos de desarrollo insostenible aplicados por los países industrializados, que victimizan a las naciones más vulnerables del planeta. Afirmó que el Salvador y el resto de Centroamérica están pagando los platos rotos de una fiesta a la que ni siquiera han sido invitados.

Desastre por lluvias marca la vida de los salvadoreños

Los graves daños provocados por 10 días de intensas lluvias en octubre de 2011, que duplicaron los records históricos de acumulados, marcaron la memoria histórica de los salvadoreños con una huella imborrable. Los evacuados sumaron casi 55 mil, refugiados en 611 albergues. La catástrofe impactó de manera directa a un millón de los habitantes del país.

Las lluvias se intensificaron a partir del 10 de octubre y se prolongaron de manera interminable durante 10 largos días en los que el sol no pudo asomarse sobre un cielo encapotado de nubes grises, casi siempre oscuro. Datos del Ministerio de Ambiente confirman que los acumulados de agua dejaron muy atrás el récord histórico alcanzado cuando el huracán Mitch, uno de los más poderosos de la historia, fijado desde 1998 en 861 milímetros.

En los últimos días de octubre de 2011, en la estación de Huizúcar, a unos 20 kilómetros al oeste de la ciudad capital, en el departamento de La Libertad, la marca quedo en 1.504 milímetros, cifra a la que se acercaron al menos otros cuatro medidores. El presidente de El Salvador Mauricio Funes afirmó que el país enfrentaba el mayor desastre de su historia.

Funes reveló que el 10% del territorio nacional, entre ellas las zonas más pobladas, fue inundado (2 mil kilómetros cuadrados), con lo cual alrededor de un millón de personas resultaron afectadas. Hasta el 20 de octubre el 85% de la fértil franja costera, del oriental departamento de San Miguel al occidental de Ahuachapán, se encontraba anegada. De los 262 municipios, 181 estaban afectados de manera directa.

La magnitud y extensión de los daños confirmaron que la lucha contra la vulnerabilidad del país es de vida o muerte, admitió Funes. Este fenómeno que acabamos de enfrentar se ha convertido en una suerte de laboratorio para demostrar que el cambio climático es una realidad, afirmó el presidente y aseguró que estos fenómenos climáticos recurrentes, desafortunadamente, han venido para quedarse, no son aves de paso. Dijo que antes teníamos un episodio de este tipo por década; ahora los sufrimos todos los años y cada vez con mayor intensidad.

Según el Informe sobre la Economía del Cambio Climático en el Caribe, publicado en septiembre de 2011 por la Sede Subregional de la Cepal en el Caribe, el cambio climático costará a los países del Caribe hasta un 5% del PIB anual. La evaluación se llevó a cabo en ocho sectores, identificados como vulnerables por las contrapartes de 14 países en el Caribe. [1]

“Dado que más de la mitad de la población vive cerca de la costa, el aumento de la temperatura, el cambio en las precipitaciones y el aumento del nivel del mar debido a las actividades humanas no sólo conducirá a la pérdida de tierra, sino también disminuirá las perspectivas de crecimiento económico, así como la calidad de vida para su población”, advirtió el oficial a cargo de la Sede Subregional de la Cepal para el Caribe Hirohito Toda.

La Cepal estima que la adaptación y mitigación de los efectos del cambio climático podría costar aproximadamente 2 – 3% del PIB anual de la subregión, en comparación con el costo de la inacción que se estima en 5% del PIB. El estudio oficial determinó que el sistema climático que arrojó sobre América Central 10 días consecutivos de lluvias provocó daños en El Salvador equivalentes al 4% del PIB.

La Cepal calculó las afectaciones en 840 millones de dólares sólo en El Salvador. Un informe del gobierno y la Cepal precisó que los daños ascienden a 478,3 millones de dólares, mientras las pérdidas son de 362,1 millones. Funes explicó que el impacto del desastre también se mide en la pérdida del crecimiento económico, que estaba previsto en un 2,1% para ese año y que solo sería de 1,4%, una caída de un tercio de lo esperado.

Los desastres de 2012

A finales de agosto de 2012 las islas del Caribe sufrieron el paso de la tormenta Isaac, que provocó 24 muertos en Haití y tres en Dominicana. El mismo mes, una onda tropical causó dos fallecidos y daños en la infraestructura de Trinidad y Tobago valuados en al menos 100 millones de dólares, informó la Oficina de Preparación para Desastres y Gestión. [2]

En octubre Sandy se convirtió en el huracán más mortífero de la actual temporada ciclónica en el Atlántico, luego de dejar más de 70 muertos y una estela de caos y destrucción en el Caribe, especialmente en Haití. A fines de octubre de 2012, Centroamérica se encontraba nuevamente en estado de emergencia con millones de personas afectadas.

Haití, el país más pobre del hemisferio occidental, resultó ser el más damnificado. Hasta el 31 de octubre, las pérdidas de vidas humanas por los efectos del huracán Sandy crecieron a 54, informó la Dirección de Protección Civil de la nación caribeña. Hasta esa fecha, 17.187 personas habían sido evacuadas principalmente en las zonas sur y oeste del país.

Haití se encuentra en estado de emergencia desde el 30 de octubre, cuando la administración del presidente Michel Martelly y el primer ministro Laurent Lamothe decretaron la medida por 30 días. Al menos dos millones de haitianos sufren necesidades críticas y serias limitaciones de acceso a centros de salud, alimentación y agua potable por los efectos del huracán Sandy, informó la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de Naciones Unidas (OCHA).

El Gobierno de Haití y la OCHA solicitaron a la comunidad internacional 39 millones de dólares de ayuda para enfrentar las necesidades urgentes de la población. Según la Coordinación Nacional de Seguridad Alimentaria, el sector agrícola acumuló pérdidas valoradas en 254 millones de dólares. La etapa de sequía, primero, y los efectos de la tormenta tropical Isaac, en agosto, y el huracán Sandy, el mes pasado, provocaron la actual situación. (3)

En República Dominicana más de 30 mil personas debieron abandonar sus casas, unas 4.670 viviendas se inundaron y 141 localidades permanecieron incomunicadas por las crecidas de ríos. Un muerto, más de mil damnificados, carreteras interrumpidas, comunidades anegadas y un país prácticamente a oscuras dejó Sandy en Jamaica; casi nueve mil personas fueron evacuadas y 70% de la nación quedó a oscuras debido a los fuertes vientos y las lluvias torrenciales que derribaron árboles y cables eléctricos, según el Buró Nacional para el Manejo de Desastres y Emergencias.

Las pérdidas en el sector agrícola jamaicano superan los mil millones de dólares, según el más reciente recuento de daños presentado al Congreso por la primera ministra Portia Simpson-Miller. Más de 37 mil agricultores perdieron sus cosechas y se destruyeron alrededor del 20% de los sembradíos de café. El país perdió, además, más de 31.600 cajas recolectadas de ese grano. Simpson-Miller anunció que los daños en la infraestructura dejados por el ciclón ascienden a los cinco mil millones de dólares, e incluye perjuicios en viviendas y centros públicos.

Tras su paso por Jamaica, Sandy azotó el oriente de Cuba, donde se reportaron 11 muertos, notables daños en la infraestructura de viviendas y establecimientos públicos, inundaciones costeras y cortes en el suministro eléctrico y en las comunicaciones. Además, el huracán generó en las Bahamas fuertes lluvias, vientos y marejadas de hasta 10 metros de altura. El Mecanismo de Seguro de Riesgo para Catástrofes en el Caribe prevé costo total de daños a la propiedad privada y a la infraestructura pública en Bahamas ascendente a 300 millones de dólares, sin contar perjuicios a la infraestructura turística.

Panamá: ¿cambio climático o el mar cobra deudas?

Uno de los peores temporales que azotó a Panamá en los últimos años afectó hasta el 27 de noviembre de 2012 a 23 comunidades y dañó 1.036 residencias, 11 comercios, cinco puentes y 40 escuelas. Un informe preliminar del Sistema Nacional de Protección Civil (Sinaproc) revela que las fuertes lluvias provocaron la muerte de tres personas, dos de ellas en Nueva Arenosa, en La Chorrera, y el otro en la provincia de Colón, y dos desaparecidas en Quebrada Ancha en Colón. El Consejo de Gabinete de Panamá aprobó en una sesión extraordinaria de urgencia el estado de emergencia nacional.

¿Son tan inusitadas las inundaciones que dejaron bajo el agua a miles de hectáreas en Panamá, casi todas en zonas costeras o cuencas de ríos y lagos, donde derrumbaron casas y arrastraron toneladas de lodo por los deslaves? Esa es una de las grandes preguntas a las que la Sociedad Panameña de Ingenieros y Arquitectos (SPIA) busca respuesta en medio de una gran controversia en la que unos achacan las graves inundaciones al cambio climático y otros a la mano del hombre.

El paradigma de éstas lo constituye la barriada Nuevo Arco Iris de la provincia de Colón, y los poblados de Arraiján de nueva construcción, cuyos terrenos cedieron a las aguas y se derrumbaron decenas de casas con apenas meses de estrenadas. Algunos expertos relacionan las intensas lluvias que duraron seis días con fenómenos meteorológicos semejantes a los que crearon el monstruoso Sandy, y no hay porqué dudar que el cambio climático sea responsable del temporal.

Sin embargo, la lluvia no es lo que está en cuestión, sino las inundaciones. Para el arquitecto urbanista Gerónimo Espitia lo sucedido en Colón, donde el suelo cedió, era de esperarse pues esas áreas eran manglares robadas al mar que se rellenaron. El agua se filtra y va erosionando el suelo, explicó el arquitecto, lo cual provoca el hundimiento del terreno. Todos los análisis tienen como eje los rellenos de zonas inundadas para construir.

Lo que está pasando en Colón es solo la punta del iceberg de las consecuencias que pueden ocurrir por rellenar manglares, recalcó Espitia. En el caso específico de la barriada Nuevo Arco Iris, en Colón, el más escandaloso de todos, los analistas advierten que el proyecto de 150 viviendas a un costo de poco más de tres millones de dólares se construyó sobre un relleno marítimo.

Horacio Robles, presidente de la SPIA, admite que aún antes de iniciar cualquier investigación in situ se puede asegurar a priori que es un problema de diseño y de compactamiento de la tierra por lo que el tema de fondo son los rellenos en áreas inundables para construir. No solo ocurrió con la barriada Nuevo Arcos Iris, sino también en Arraiján donde en terrenos río abajo se construyen casas lo que provoca un embudo para las corrientes de las aguas de lluvia, recalcó.

Me preocupan los rellenos de Juan Díaz porque se pueden incrementar las inundaciones en comunidades arriba del sector, consideró Robles. Por su parte la arquitecta y ambientalista Raisa Banfield, consideró que el Ministerio de Viviendas es el responsable porque es la entidad encargada de aprobar los planos de los proyectos y los estudios de factibilidad, incluidos los terrenos.

Se sabe que esos eran terrenos sensibles a las inundaciones y aprobar un proyecto en área inundable es totalmente prevenible, recalcó. Advirtió que los rellenos que se construyen en manglares de Juan Díaz van a provocar grandes inundaciones en la parte superior de esta zona. Los ministros del gobierno relacionados con el sector tienen otros criterios. Para el titular de Viviendas José Domingo Arias, parte de las repuestas a las inundaciones y deslizamientos están en el calentamiento global.

El tema del cambio climático ha sido un detonante que ha impactado en la población, aseguró en un noticiero matutino de televisión. Arias dijo que la cantidad de agua que cayó fue cinco veces mayor que la normal. No obstante, habló de investigar y sancionar a responsables por violar normas de construcción. Algo similar plantea el de Obras Públicas, Jaime Ford. Pero el clima loco no es lo que se cuestiona, sino los rellenos en áreas inundables.

“Mis años me dicen que esto no fue por lluvia, una quebrada no se llena así, en solo 15 minutos. No nos dio tiempo para salvar nada. Olvídese, el mar cobra todas las deudas”, dijo uno de los vecinos de la barriada más afectada en Panamá Oeste.

Que los países desarrollados paguen su deuda ambiental

El 25 de octubre de 2011 culminó en San Salvador una cumbre extraordinaria de los presidentes o representantes de América Central para acordar acciones comunes frente a los desastres ocasionados por las intensas lluvias de ese año. Al encuentro asistieron los presidentes de Sistema de la Integración Centroamericana de Costa Rica (SICA) Laura Chinchilla; de Guatemala Álvaro Colom; de Honduras Porfirio Lobo; y el anfitrión Mauricio Funes, además del canciller de Nicaragua Samuel Santos. Los demás países del SICA, Belice y Panamá, fueron representados por sus embajadores, al igual que República Dominicana, estado asociado.

Los mandatarios firmaron la Declaración de Comalapa (por su sede, el aeropuerto internacional de la capital), en la cual ratificaron su voluntad de emprender acciones nacionales y regionales para la reconstrucción. En el documento solicitaron el apoyo de la comunidad internacional, incluyendo a los organismos financieros internacionales y los de Naciones Unidas, para lograr la pronta reconstrucción de la región.

La Declaración señala “que los países desarrollados tienen una deuda ambiental con el resto del mundo, ya que el desarrollo industrial iniciado en 1850 es el principal causante del cambio climático que todos sufrimos hoy”. En ese sentido, “el mundo desarrollado tiene el deber de contribuir con nuestros gastos de prevención y reconstrucción con un enfoque de reducción de riesgos y adaptación al cambio climático. Es obligación moral de los países desarrollados pagar su deuda ambiental”. (4)

Funes destacó que los presidentes o sus representantes señalaron la importancia de dar un enfoque nuevo al cambio climático y los problemas que está generando en la región. No es posible que otros sean los responsables de la producción de emisiones de CO2, que son las que traen los problemas, y que nosotros al final sigamos poniendo los muertos y la destrucción, expresó, parafraseando al presidente de Guatemala Álvaro Colom.

En la Declaración de Comalapa, los mandatarios centroamericanos instaron “a los Estados industrializados a que hagan reducciones significativas de gases de efecto invernadero y que haya un segundo periodo efectivo de reducción de estos gases así como se reconozca a la región como una zona vulnerable a causas de estos y que se traduzca en financiamiento adicional para que exista un sistema de asistencia diferenciada y que permita el desarrollo de capacidades y transferencia de tecnologías para mitigación y adaptabilidad al cambio climático distinto del que brinda la cooperación para el desarrollo”.

El presidente guatemalteco Álvaro Colom fue enfático al plantear con firmeza esa postura: “Hay que señalar con el dedo. Ellos ponen el CO2 y nosotros los muertos y la destrucción”.

Las esperanzas de que el llamado no caiga en saco roto en la cumbre sobre cambio climático de Naciones Unidas no son muchas ante la reticencia de las grandes potencias. Mientras, no sólo Centroamérica, sino otros muchos países pobres del planeta seguirán pagando los platos rotos de una crisis ambiental de la cual no son responsables.

Notas:

1. La investigación fue realizada en colaboración con el Centro de Cambio Climático de la Comunidad del Caribe (CCCCC), con fondos proporcionados por el Departamento para el Desarrollo Internacional (DFID) del Reino Unido.

2. El mal tiempo provocó a deslizamientos de tierra en las localidades de Morne Coco Road, Diego Martín, y Santa Cruz, y se reportaron inundaciones en Pequeño Valle, Valle del Diamante, La Seiva, Carenage y Woodbrook, informó el diario Trinidad Express.

3. Sin pasar sobre territorio haitiano, las aguas y vientos asociados a Sandy destruyeron 90.357 hectáreas de cultivos de maíz, frijoles, sorgo, plátanos, arroz y verduras. Al mismo tiempo, más de 64 mil cabezas de animales (reses, caballos, ovejas, cerdos y aves de corral) fueron arrastradas por las aguas. Hasta el momento, el gobierno destinó unos siete millones de dólares en aras de ayudar a los damnificados.

4. El presidente salvadoreño Mauricio Funes anunció que se convocaría a un grupo consultivo de la comunidad internacional para el 16 de diciembre. La cita no sólo tendría el propósito de procurar fondos de las naciones cooperantes y organismos mundiales para la reconstrucción, sino sensibilizarlos también por la magnitud del desastre sufrido por la región.

* Rolando de la Ribera es jefe de la Redacción Centroamérica y Caribe de Prensa Latina, y Raimundo López y Luis Manuel Arce Isaac, corresponsales en El Salvador y Panamá.