(OPSur).- Es necesario reivindicar los factores clásicos de la lucha anticapitalista y seguir pensando en una sociedad anticapitalista, pero esa sociedad no puede basarse en el crecimiento ilimitado de las fuerzas productivas porque tal idea también está en crisis. En este punto es indispensable reivindicar otro tipo de valores. ¿Qué es la buena vida? ¿La buena vida tiene que ver con el derroche energético y material? ¿O la idea de felicidad de los seres humanos supone e incluye otras cosas?, se pregunta el reconocido historiador y economista colombiano Renán Vega Cantor.

Cantor es doctor por la Universidad de París VIII y profesor titular de la Universidad Pedagógica Nacional de Bogotá. Ha publicado numerosos artículos y libros, entre los que se destaca Un mundo incierto, un mundo para aprender y enseñar (2007), galardonado en 2008 por la República Bolivariana de Venezuela con el Premio Libertador al Pensamiento Crítico.

En la actualidad Cantor se encuentra exiliado en Argentina, debido a una campaña de difamaciones promovida desde el seno de la universidad -con complicidad de las autoridades académicas-, que tiene por objetivo acallar su compromiso intelectual y militante, y que recientemente incluyó amenazas directas contra su vida. Afortunadamente, y a pesar de lo lacerante del exilio, Renán no ha dejado de trabajar y de ayudar a analizar y comprender la realidad en pos de su radical transformación.

La crisis se prolonga más de lo previsto porque cuando se inició en 2007-2008 se dijo que iba a ser de muy corta duración. Y efectivamente empezó a ser analizada como un fenómeno coyuntural por una parte y, por otra parte, como exclusivamente financiero. Este análisis parte de una visión dicotómica, en la que se concibe al capitalismo como escindido en dos esferas separadas: el mundo financiero y el mundo productivo. Se dice que el mundo financiero es el de la corrupción, el de la especulación, es algo así como el “capitalismo malo”. Pero el mundo productivo es “bueno”, “armonioso”, y de lo que se trata es de volver a imponer este capitalismo positivo, o que la hegemonía la tenga este sector del capitalismo “bueno”.

Esa es una teoría que domina en gran parte los países de América Latina. En algunos casos esas posturas han llegado al ámbito gubernamental y en otros se siguen moviendo en ciertos círculos académicos. El gran problema de esta perspectiva radica en que trata de presentar una dicotomía, cuando en el mundo real lo que hay es una interpenetración de todos los capitales. Y no hay tal carácter “positivo” del capitalismo industrial, porque se deja de lado una cosa que es fundamental en la recomposición capitalista en los últimos 35 años: la restructuración del mundo del trabajo.

Y esta restructuración está recurriendo a los peores métodos en la historia del capitalismo, en que se ha restituido, por ejemplo, la esclavitud en muchos lugares del mundo, o formas encubiertas de esclavitud. Se han destruido las conquistas de los trabajadores en todos los terrenos, se ha flexibilizado el mercado laboral, y de eso se ha beneficiado el capitalismo productivo y el capitalismo financiero.

La tesis mencionada resulta demasiado ingenua, por decir lo menos, porque no tiene en cuenta esa interpenetración entre el capital financiero y el capital industrial. Se puede decir que se ha consolidado un modelo de capitalismo, al que Cantor llama “gansteril”, que imita a todos los métodos típicos de la mafia, pero no solamente en el ámbito financiero, sino en todos los sectores de la actividad económica. Eso atraviesa, si pudiéramos hacer esas separaciones que ya no existen, al “capitalismo comercial”, al “capitalismo financiero”, al “capitalismo exportador” y al “capitalismo industrial”. En todos los ámbitos, el capital se ha beneficiado de la explotación intensiva de los trabajadores.

Lo más significativo radica en que a partir de esa explicación dicotómica se propone el regreso a un keynesianismo tradicional, típico del Estado de Bienestar, como si nada hubiera pasado en estos 35 años de historia. Es incluso la exégesis en muchos países de la llamada “burguesía nacional”, para que vuelva a colocarse al frente de un proyecto, no se sabe de qué tipo, porque ni siquiera ahora se habla de “industrialización”, sino más bien de un neodesarrollismo-extractivista, al frente de cual estarían estas burguesías nacionales, que encarnarían ese modelo de capitalismo “positivo”.

Estas explicaciones tienen algunos problemas de tipo teórico, pero también de tipo histórico, porque piensan al capitalismo de manera coyuntural. En otros términos, el capitalismo sería un sistema que se analiza en cada coyuntura de manera separada, sin tener en cuenta su movimiento estructural. Y aquí es fundamental una visión histórica, que ayude a entender cómo ha sido el desenvolvimiento y la restructuración del capitalismo, por lo menos en los últimos 40 años.

La exégesis de la coyuntura es una muestra del efecto nefasto del neoliberalismo sobre los economistas. A los economistas no se les dota de instrumentos de análisis histórico y, por eso, ellos viven prisioneros de la coyuntura, lo cual no solamente evidencia una crasa ignorancia sobre los procesos históricos reales, sino que impide entender lo que está pasando. Por ello, cada nueva crisis aparece como algo extraordinariamente novedoso en términos económicos y en términos financieros, porque no se tienen en cuenta las razones estructurales e históricas de cómo funciona el sistema capitalista.

El “culto a la coyuntura” no solamente lo profesan los economistas, sino que se ha impuesto en todas las disciplinas y viene mediada por la lógica periodística, que le rinde pleitesía a lo instantáneo, al presente perpetuo que se disuelve a cada minuto, como si cada una de las cosas que suceden se explicaran por sí mismas, sin ninguna referencia con el desenvolvimiento temporal, en la larga duración, de los procesos.

Cantor cree que es necesario enfatizarlo porque la mayor parte de los economistas no han sido autocríticos y se han mostrado incapaces de asumir sus propias limitaciones teóricas y analíticas. Es decir, el desarme durante 25 años, en todo el mundo, del pensamiento crítico tiene una consecuencia negativa para el pensamiento económico: la incapacidad de entender y de explicar lo que está pasando.

A continuación presentamos el diálogo de más de dos horas que mantuvo el Observatorio Petrolero Sur con Renán Vega Cantor a propósito de la crisis económica mundial que atraviesa el capitalismo, la emergencia de una “crisis civilizatoria” como producto de la depredación de los ecosistemas y los bienes comunes naturales –entre los que se encuentran los hidrocarburos-, y los desafíos que esta situación plantea a las fuerzas anticapitalistas.

* Fuente: http://www.opsur.org.ar/blog/2012/11/28/la-preservacion-del-medio-ambiente-es-en-primer-lugar-una-lucha-politica/