(Mapocho Press).- Los ciudadanos de EEUU están sometidos cada vez más a vigilancia política interna, mientras la sociedad se militariza, en detrimento de las libertades civiles, según la “noticia más censurada” detectada en el año académico 2011-2012 por el Proyecto Censurado de la Universidad Sonoma State de California y difundida en el libro Censored 2013, que acaba de publicarse en Nueva York.

El proceso que convirtió al gobierno de EEUU en un auténtico Big Brother se remonta a la aprobación de la ley Patriot Act 2001, bajo el primer período de GW Bush, tras el terrible episodio del 11 de septiembre 2001, todavía de dudosa autoría. Esta tendencia hacia el Estado autoritario fue reafirmada en 2012 con la ley Autorización de Defensa Nacional (National Defense Authorization Act, NDAA) que permite a los militares encarcelar indefinidamente y sin juicio a cualquier ciudadano de EEUU que el gobierno etiquete como “terrorista” o “afín al terrorismo”.

Por añadidura, el presidente Barack Obama emitió el decreto Orden Ejecutiva Preparatoria de Recursos de Defensa Nacional (National Defense Resources Preparedness Executive Order) que autoriza el más amplio control federal y militar de la economía nacional y sus recursos bajo “condiciones de emergencia y de no-emergencia”.

Simultáneamente, desde 2010, el ministerio de Seguridad Patria, subproducto de la ley Patriot Act 2001, lleva adelante el programa “Si usted ve algo, diga algo” (If You See Something, Say Something™), que exhorta al público a informar a las autoridades locales de cualquier actividad sospechosa, aunque usualmente Seguridad Patria identifica como “sospechosa” cualquier crítica legítima al gobierno o protesta no violenta, que constituyen derechos garantizados por la Constitución.

FBI quiso “torcer o suspender la ley”

En un memorándum, comentado por Spencer Ackerman y Noah Shachtman, el 28 de marzo 2012 en la sección Danger Room de Wired, el FBI instruyó a sus agentes a “torcer o suspender la ley” mientras espían electrónicamente a sus sospechosos. Ante la controversia provocada por el temor a que el FBI pueda “torcer la ley” y violar derechos constitucionales persiguiendo a “sospechosos de terrorismo”, la oficina retiró el documento de su plan de estudios de entrenamiento en contraterrorismo. Dijo que era una instrucción “imprecisa”.

“La renuncia a esta instrucción como “imprecisa” es una respuesta bastante insatisfactoria dada las líneas muy precisas que el Congreso y las cortes han dibujado repetidamente, durante la última década, entre qué es y no es permisible, incluso en casos de contraterrorismo”, opinó Steve Vladeck, profesor de derecho de seguridad nacional en la American University, según Wired.

La referencia a “torcer la ley” fue observada en una carta del senador demócrata Richard Durbin al director del FBI Robert Mueller que obtuvo Danger Room. El FBI rehusó decir quién elaboró el documento; cuánto tiempo estuvo en circulación y cuántos agentes, analistas y funcionarios recibieron esa instrucción.

El FBI dio a conocer el documento retirado de su plan de formación a ciertos miembros del Comité Judicial del senado para examinarlo como parte de un estudio de seis meses sobre el entrenamiento incorrecto en contraterrorismo, estimulado por la información de Danger Room. El papel estaba entre centenares de páginas de material de entrenamiento entre 160,000 documentos revisados, dijo el FBI. La oficina lo sacó de la circulación por su “imprecisión”; inexactitud; énfasis en estereotipos raciales, étnicos o religiosos; o combinación de comportamiento ilegal contra actividades constitucionalmente protegidas. Ningún funcionario del FBI responsable de ese material de entrenamiento desechado recibió reconvención disciplinaria alguna.

El fragmento del documento del FBI con instrucciones a sus estudiantes dice:

Aspectos únicos de la profesión de inteligencia

● Autoridad y responsabilidades que pueden afectar vidas; en algunos casos directamente

● Bajo ciertas circunstancias, el FBI tiene la capacidad de torcer o de suspender la ley y de afectar la libertad de otros

● CA menudo creamos dilemas éticos para otros -y nosotros mismos

● Normalmente no tenemos la libertad de buscar consejos de extraños

Nuevo mega-centro de espionaje telefónico e Internet

Al mismo tiempo, la Agencia de Seguridad Nacional (NSA, sigla en inglés) construye el mayor centro de espionaje electrónico del mundo para vigilar a los ciudadanos de EEUU. La obra se levanta al pie de las montañas de Bluffdale, en el corazón del país mormón que es el estado Utah, según un documentado reportaje de James Bamford, en Wire. La NSA ha terminado por convertirse en la más grande entre la veintena de agencias de inteligencia de EEUU, también la más secreta y potencialmente la más intrusa que existió nunca, escribió Bamford.

Bluffdale era un caserío abúlico de una de las sectas más grandes que practica la poligamia, con un poco más de 9.000 miembros. El complejo mormon incluye una capilla, una escuela, un campo de deportes y un archivo religioso y genealógico. La cantidad de habitantes del pueblo se ha duplicado desde 1978 y el número de bodas plurales se ha triplicado. Tanto ha crecido la secta que buscó comprar más tierras para ampliar su comunidad en esa ciudad.

Pero al área comenzaron a llegar nuevos pioneros, forasteros muy reservados que hablan poco y se cuidan a sí mismos. Al igual que los polígamos piadosos, se concentran en descifrar mensajes secretos que solamente ellos tienen capacidad de entender. A poco más de 1 km de la jefatura de los elders, miles de trabajadores de la construcción laboran duro, cubiertos con sombreros y camisetas empapadas en sudor, instalando las bases de su propio templo y archivo, que una vez construido será cinco veces más grande que el tamaño del Capitolio de Washington..

El nuevo templo estará lleno de expertos de inteligencia, ordenadores y guardias armados. Y en vez de estar atentos al cielo para buscar eventuales revelaciones divinas, los recién llegados se encargarán secretamente de capturar, almacenar y analizar grandes cantidades de palabras e imágenes que fluirán a través de las redes de telecomunicaciones del mundo. En la pequeña Bluffdale, el gran amor del Big Brother consigue convencer a los vecinos más difíciles.

Pesadamente fortificado, al costo de 2 mil millones de dólares, el centro debe entrar en servicio en septiembre de 2013. Sus propósitos empequeñecerán el archivo genealógico central de los mormones. Sus servidores y routeres almacenarán en bases de datos insondables toda clase de formatos de comunicación, contenidos completos de correos electrónicos privados, llamadas de teléfono celular, búsquedas en Google, así como toda clase de señas personales, rastros de estacionamiento de datos, itinerarios de viaje, compras en librerías e incluso basura digital. En cierta medida, se cumplirá el programa “de la conciencia total de la información” planeado en el primer período de Bush, que fue abortado por el Congreso en 2003 después de provocar una protesta por su potencial invasivo de la privacidad de los estadounidenses.

Fuentes utilizadas por Proyecto Censurado:

● Spencer Ackerman and Noah Shachtman, “Read the FBI Memo: Agents Can ‘Suspend the Law,’” Wired, March 28, 2012 http://www.wired.com/dangerroom/2012/03/fbi-memo-bend-suspend-law/

● James Bamford, “The NSA Is Building the Country’s Biggest Spy Center (Watch What You Say),” Wired, March 15, 2012, http://www.wired.com/threatlevel/2012/03/ff_nsadatacenter.

● Chris Hedges, “Why I’m Suing Barack Obama,” Truthdig, January 16, 2012, http://www.truthdig.com/report/item/why_im_suing_barack_obama_20120116.

● White House, Executive Order: National Defense Resources Preparedness, Office of the Press Secretary, March 16, 2012, http://www.whitehouse.gov/the-press-office/2012/03/16/executive-order-national-defense-resources-preparedness.

● White House, “Statement by the President on H.R. 1540,” Office of the Press Secretary, December 31, 2011, http://www.whitehouse.gov/the-press-office/2011/12/31/statement-president-hr-1540. http://www.mediafreedominternational.org/2012/04/12/signs-of-an-emerging-police-state/

Estudiante investigador: Robert Usher (San Francisco State University)

Evaluador académico: Kenn Burrows (San Francisco State University)

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El FBI fábrica de conspiraciones terroristas en EE.UU.

La Oficina Federal de Investigación (Federal Bureau of Investigation, FBI, en inglés) emprendió un método inusual para “prevenir futuros atentados terroristas” al desarrollar una red de casi 15.000 espías para infiltrar diversas comunidades estadounidenses a la busca de potenciales maquinaciones terroristas.

Sin embargo, los topos realmente están buscando e incitando a cierto perfil de gente a cometer violaciones de la ley, e incluso delitos criminales, para después denunciarlos y cobrar recompensas en efectivo de hasta 100.000 dólares por caso, mientras el FBI convoca a la prensa para dar cuenta de otro complot terrorista abortado.

La fuente principal de esta historia sobre los infiltrados secretos del FBI en redes sociales, cómo seleccionan a sus víctimas estadounidenses y las inducen a cometer delitos para luego encerrarlas es una investigación del Programa de Periodismo de Investigación de la Universidad de Berkeley-California y la revista Mother Jones. La trama de esta extraña actividad del FBI fue relatada por Trevor Aaronson en el reportaje “The Informants” (Los informantes). Ésta es la traducción de lo publicado en Mother Jones de septiembre-octubre 2011:

“El FBI construyó una red masiva de espías para prevenir otro ataque nacional. ¿Pero están atacando la estructura terrorista, o la están liderando?”

James Cromitie era un hombre de bravatas y fanatismo. Compuso historias salvajes sobre sus hazañas supuestas, como haber explotado bombas de gas en recintos de policía usando un lanzallamas, y despotricaba contra los judíos. Una vez dijo: “El peor hermano de todo el mundo islámico es mejor que 10 mil millones de yahudies”.

Mecánico de 45 años, adoptó el nombre de Abdul Rahman tras convertirse al Islam en una estada en prisión por vender cocaína. Cromitie tenía varias preocupaciones: convenció a su esposa que no dormía pensando en el alquiler y en encontrar un trabajo decente si cargaba con un expediente criminal. Pero soñaba con estampar su marca. Y confiaba mucho en un pakistaní de mediana edad, a quien conocía como Maqsood.

–“Voy a hacer algo realmente grande”, diría Cromitie. “Justo lo siento, se lo estoy diciendo. Lo presiento”.

Maqsood y Cromitie se encontraron en una mezquita de Newburgh, un pueblo de mal vivir abandonado por la fuerza aérea, a casi una hora al norte de Nueva York. Entablaron amistad, hablando por horas sobre los problemas del mundo y cómo los judíos debían pagar sus culpas.

Todo era charla, hasta noviembre de 2008, cuando Maqsood presionó a su nuevo amigo: –¿Usted no ha pensado en ser un buen reclutador o un mejor hombre de acción?–, le preguntó Maqsood.

– Soy ambos–, se jactó Cromitie.

– Mi gente se complacería mucho en conocer eso, hermano. Honestamente.

– ¿Quién es su gente?, interrogó Cromitie.

–Jaish-e-Mohammad.

Maqsood dijo que era un agente del grupo terrorista paquistaní encargado de ensamblar un equipo a sueldo de la Jihad en EEUU. Le preguntó a Cromitie

– ¿Qué atacaría si tuviera los medios?

–Un puente–, dijo Cromitie.

– Pero los puentes son demasiado duros para ser atacados –replicó Maqsood–, porque se hacen de acero.

– Por supuesto que se hacen de acero –contestó Cromitie–. Pero, de la misma manera que pueden levantarse, se pueden derribar.

Maqsood indujo a Cromitie a adoptar un plan “más realista”. Los ataques de Bombay estaban en todas las noticias y señaló cómo esos pistoleros apuntaron a hoteles, cafés y un centro de la comunidad judía.

–Con su inteligencia, sé que usted puede manipular a alguien –le dijo Cromitie a su amigo–, pero no a mí, porque soy inteligente.

Los amigos fraguaron un bombardeo a una sinagoga del Bronx (NY) y después dispararían misiles Stinger a los aviones estacionados en el Aeropuerto Internacional Stewart, en el sur de Hudson Valley. Maqsood proporcionaría todos los explosivos y armas, incluso los vehículos.

–Tenemos dos misiles, ¿Ok? –ofreció–. Dos Stingers, misiles rocket.

Maqsood era un operativo secreto; y eso era verdad. Pero no de Jaish-e-Mohammad. Su verdadero nombre era Shahed Hussain y era un informante pagado por la Oficina Federal de Investigación.

Desde el 11 de septiembre de 2001, el contraterrorismo es la prioridad N° 1 del FBI, que consume la mayor parte de su presupuesto –3.300 millones de dólares, 27% más que los 2.600 millones destinados a luchar contra el crimen organizado– y presta mucha atención a los agentes en terreno de su red masiva de informantes, a escala nacional.

Después de años de acentuar el reclutamiento de estos informantes como tarea principal de sus agentes, la oficina mantiene ahora una nómina de 15.000 espías, muchos de ellos, como este Hussain, encargados de tareas de infiltración de comunidades musulmanes en EEUU. Además, por cada informante oficialmente enlistado en los registros del bureau, hay por lo menos tres oficiosos, conocidos en el lenguaje fbiano como hip pockets (“bolsillos traseros”), según un ex funcionario de alto nivel del FBI.

Los informadores pueden ser médicos, vendedores, imanes. Algunos ni siquiera podrían considerarse informantes. Pero el FBI regularmente exalta a todos como parte de un aparato nacional de inteligencia cuyo único símil histórico pudo ser Cointelpro, el programa que desarrolló la oficina entre los años 50 y 70 para desacreditar y marginar organizaciones introducidas por el Ku Klux Klan en los grupos de protesta y derechos civiles.

A través de la historia del FBI, el número de informantes es un secreto cuidadosamente guardado. Sin embargo, periódicamente la oficina recurre a estas figuras. Un comité del Senado encontró en 1975 que tenía 1.500 informantes. En 1980, funcionarios revelaron que eran 2.800. Seis años más tarde, siguiendo el empuje del FBI contra las drogas y el crimen organizado, el número de informantes se infló a 6.000, publicó Los Angeles Times en 1986. Y según el FBI, el número creció perceptiblemente después del 11/9. En el año fiscal 2008, en su requerimiento de autorización presupuestaria, el FBI reveló que trabajaba acatando una instrucción presidencial de noviembre de 2004 que exigía crecimiento del “desarrollo y gestión humana de las fuentes” y que necesitaba 12,7 millones de dólares para un programa de etiquetado de su red de espías y crear software para el seguimiento y manejo de sus informantes.

La estrategia del bureau ha cambiado perceptiblemente desde los días en que sus funcionarios temieron otros ataques coordinados internacionalmente y financiados por una célula “en sueño” de Al Qaeda. Hoy, los expertos en contraterrorismo creen que grupos como Al Qaeda, maltrechos por la guerra en Afganistán y los esfuerzos del área global de inteligencia, se han desplazado a un modelo de franquicia, utilizando Internet para animar a sus simpatizantes a realizar ataques en su nombre. La principal amenaza nacional que percibe el FBI es un lobo solitario.

La respuesta del bureau ha sido una estrategia conocida indistintamente como “prioridad”, “prevención” o “disrupción”, que consiste en identificar y neutralizar a los lobos solitarios potenciales antes que se muevan hacia la acción. A tal efecto, los agentes e informantes del FBI no apuntan siquiera a los jihadistas activos, sino a decenas de miles de personas respetuosas de la ley, buscando identificar las contrariedades de unos pocos que sean capaces de participar en un plan sugerido por sus propios agentes e informantes, en determinadas oportunidades y con medios. Y cuando llega después el momento, el mismo gobierno proporciona el plan, los medios y señala la oportunidad precisa.

Así es cómo trabajan: los informantes reportan a sus controladores sobre gente que, por ejemplo, ha manifestado simpatías por los terroristas. Entonces se hacen referencias cruzadas con los datos de inteligencia existentes sobre esas personas, tales como datos de inmigración y antecedentes penales. Los agentes del FBI pueden así asignar a un operativo secreto para acercarse al blanco etiquetado como un radical. A veces, el operativo propondrá un plan, proporcionará explosivos, incluso someterá al blanco a un juramento falso de Al Qaeda. Una vez recopilada bastante información de la incriminación, viene la detención y la rueda de prensa que anuncia otro proyecto terrorista frustrado.

Si esto suena vagamente familiar, es porque tales operaciones policiales son frecuentes en los titulares. ¿Recuerdan el complot de bombardeo del Metro de Washington? ¿El plan contra el tren subterráneo de Nueva York? ¿Los individuos que planeaban explotar la Torre Sears? ¿El adolescente que intentó bombardear la iluminación del árbol de navidad de Portland? Cada uno de ésos complots, y docenas de otros por toda la nación fueron conducidos por un miembro del FBI.

Durante el último año, Mother Jones y el programa de periodismo de investigación de la universidad de Berkeley-California examinaron los procesamientos de 508 demandados en casos relacionados con terrorismo, según la definición del ministerio de Justicia. ¿Qué encontró nuestra investigación?:

● Casi la mitad de los procesos involucró el uso de informantes, muchos de ellos incentivados por el dinero (los operativos pueden cobrar hasta 100.000 dólares por asignación) o la necesidad de levantar violaciones criminales o de inmigración. (Para más detalles sobre estos 508 casos, ver nuestras páginas de navegación y los registros de la base de datos).

● Las operaciones policiales dieron lugar al procesamientos contra 158 demandados. De ese total, 49 acusados participaron en planes conducidos por un agente provocador, la instigación operativa del FBI para la acción terrorista.

● Todos los complots nacionales destacados de terrorismo durante la década pasada, con tres excepciones, fueron realmente aguijoneados por el FBI. (Las excepciones fueron Najibullah Zazi, que estuvo cerca de bombardear el sistema de transporte subterráneo de Nueva York en septiembre de 2009; Hesham Mohamed Hadayet, el egipcio que abrió fuego contra el controlador de boleto de El Al en el aeropuerto de Los Ángeles; y fallido intento de bombardero de Faisal Shahzad en Times Square, en mayo de 2010).

● En muchos casos de aguijoneo del FBI, los encuentros clave entre el informante y el blanco no fueron registrados, para dificultar a los acusados sus alegatos de colocación de trampas para probar su caso. Los cargos relacionados con terrorismo son tan difíciles de llevar adelante en la corte, sobre todo cuando las evidencias son poco abundantes, que a menudo los demandados no arriesgan un juicio.

“El problema con los casos de que estamos hablando es que los demandados no habrían hecho ninguna cosa si no hubieran sido empujados por los agentes de gobierno”, dijo Martin Stolar, un abogado que representó a un hombre cogido en un aguijoneo de 2004 que involucró la estación de metro de Herald Square en Nueva York. “Están creando crímenes para resolver crímenes y poder reclamar por una victoria en la guerra antiterrorista”. En defensa del FBI, sus partidarios sostienen que la oficina sólo perseguirá un caso cuando el blanco esté claramente dispuesto a participar en la acción violenta. “Si usted está haciendo un aguijoneo derecho, usted está ofreciendo al blanco múltiples ocasiones de retirarse”, dijo Peter Ahearn, un agente especial jubilado que dirigió al Grupo de Tarea de la Junta Occidental de Anti-terrorismo de Nueva York y supervisó la investigación del Lackawanna Six, una célula de terrorismo acusada por el FBI cerca de Buffalo, Nueva York. “La gente real no dice ‘sí, dejemos que coloquen la bomba’. La gente real llama a los polis”.

En la página 2 de este reportaje, que en total ocupa seis largas páginas del sitio web de Mother Jones, algunos veteranos del FBI criticaron el programa como improductivo e intruso. Señalaron que –durante una reunión de alto nivel– el agente estrella Phil Mudd dijo que él había empujado a la oficina “al lado oscuro”. Esa tensión tiene sus raíces en la diferencia rígida entre el FBI y la CIA: Mientras esta última tiene libertad para actuar internacionalmente sin consideración alguna hacia los derechos constitucionales, el FBI debe respetar tales derechos en sus investigaciones nacionales y los críticos de Mudd consideraron que era ir demasiado lejos poner en práctica la idea de apuntar a los estadounidenses basándose en su pertenencia étnica y religiosa.

Para seguir leyendo (en inglés) las cinco páginas restantes de este extraordinario reportaje de Trevor Aaronson, en Mother Jones, hay que pinchar en: http://www.motherjones.com/politics/2011/08/fbi-terrorist-informants?page=2.

Fuentes:

● Trevor Aaronson, “The Informants,” Mother Jones, September/October 2011, http://www.motherjones.com/politics/2011/08/fbi-terrorist-informants.

http://www.motherjones.com/politics/2011/08/fbi-terrorist-informants?page=2.

● “FBI Organizes Almost All Terror Plots in the US,” RT.com, August 23, 2011, http://rt.com/usa/news/fbi-terror-report-plot-365-899/print.

http://www.mediafreedominternational.org/2011/12/05/fbi-agents-responsible-for-majority-of-terrorist-plots-in-the-united-states/

Estudiante investigador: Taylor Falbisaner (Sonoma State University)

Evaluador académico: Peter Phillips (Sonoma State University)

* Ernesto Carmona, periodista y escritor chileno.