La Habana, (PL).- Con la voladura y caída al mar, en Barbados, de un avión civil cubano con 73 personas a bordo se consumó el 6 de octubre de 1976 uno de los más estremecedores actos de terrorismo ejecutados por grupos extremistas al servicio de la CIA. Hace 15 años, agrupaciones extremistas de Miami organizaron bajo la tutela del terrorista Luis Posada Carriles varios ataques contra instalaciones turísticas cubanas.

El crimen de Barbados -como se le conoce en la historia- fue resultado de la ola de ataques promovidos por la CIA contra la Revolución Cubana, que incluía el asesinato de diplomáticos, sabotajes a lugares públicos y objetivos económicos, creación de bandas armadas y ametrallamientos costeros o aéreos a poblaciones civiles.

En ese contexto, el 9 de julio de 1976, Cubana de Aviación fue blanco de ataque, cuando una bomba estalló en uno de los equipajes que iba a ser introducido en un avión civil cubano, que no explotó en pleno vuelo por retrasarse la salida. Al día siguiente, otro artefacto explosivo detonaba en la oficina de la British West Indies, de Barbados, que representaba los intereses de Cubana de Aviación en ese país.

Estaba claro: los terroristas habían escogido a la aviación civil como un objetivo de sus actos. Sin embargo, parecía difícil imaginar hasta dónde serían capaces de llegar, como lo hicieron aquel 6 de octubre.

Cuando mi padre realizaba vuelos de corta duración, tenía por costumbre dejar el auto en el aeropuerto, de modo que cuando retornaba del viaje regresaba para la casa y tocaba el claxon para hacernos saber de su llegada, rememora Odalys, hija de Wilfredo Pérez, capitán del vuelo 455 saboteado.

Eran momentos felices: mi madre, mis dos pequeños hermanos (de dos y cuatro años) y yo, salíamos a recibirlo. Aquel 5 de octubre de 1976, él había arribado de México y nos traía chocolates a mí y a mis hermanos. Recuerdo que estábamos contentos -como niños al fin- por ese detalle de las golosinas. Al llegar, él nos cargó y nos besó. Ya por la noche se acostó, pues al otro día salía temprano de vuelo. Nunca imaginé que esa sería la última vez que lo vería, evoca.

El 6 de octubre, bajo las órdenes de los terroristas de origen cubano Luis Posada Carriles y del ya fallecido Orlando Bosch, los criminales Hernán Ricardo y Freddy Lugo, ambos nacidos en Venezuela, colocaron par de bombas en el DC-8 de Cubana de Aviación y se bajaron de la nave, cuando esta hizo escala en Barbados.

Reconocido como el autor intelectual del atentado a la aeronave de Cubana de Aviación, el terrorista Luis Posada Carriles se pasea hoy impunemente por las calles de Miami bajo la protección del Gobierno estadounidense, afirma Odalys.

Para mí, octubre es un mes negro, admite al recordar el modo en que su padre luchó desesperadamente con los controles del avión para salvar la vida de sus pasajeros, luego que una bomba colocada por criminales dirigidos por Posada Carriles estallase en el interior de la nave.

La pérdida de un padre siempre es terrible, pero mi último recuerdo de él son aquellas desgarradoras palabras finales: Seawell… (Torre de control), Seawell…CU 455…Seawell ¡Tenemos una explosión y estamos descendiendo inmediatamente, tenemos fuego a bordo! CU-455. Tenemos emergencia total, continuamos escuchando, respondan.

Ese tipo de hechos te marcan, el dolor se va transmitiendo de generación en generación, de familia en familia, por eso tenemos que seguir adelante con nuestra lucha: no sólo porque se haga justicia y se enjuicie a Posada Carriles, sino para combatir también cualquier acto terrorista que se cometa en el mundo, asegura Pérez.

Aquel día, un segundo artefacto explosivo terminó definitivamente con el vuelo 455 y la vida de 57 cubanos, 11 guyaneses, y cinco funcionarios de la República Popular Democrática de Corea. Entre los pasajeros se encontraban 24 integrantes del equipo juvenil de esgrima de Cuba, que regresaban a casa tras obtener todas las medallas de oro en el cuarto Campeonato Centroamericano y del Caribe de ese deporte, celebrado en Caracas, Venezuela.

Afectada por el suceso, Odalys es apenas una de las tantas víctimas de Posada, al igual que Giustino Di Celmo, padre de un joven italiano asesinado en 1997 por acciones de grupos terroristas anticubanos que provocaron la muerte de su hijo Fabio en un atentado con explosivos. Similar al sabotaje de Barbados, Posada infiltró a criminales que esta vez plantaron bombas en diversas instalaciones turísticas de la isla para desestabilizar a la nación caribeña.

Ese 4 de septiembre en el hotel Copacabana, una explosión apagó la vida de Fabio, de 32 años, cuando una esquirla de metal del cenicero donde estaba puesta la bomba, se le incrustó en la parte izquierda del cuello y le cercenó una vértebra cervical y la arteria carótida. Desde entonces, Giustino une su reclamo de justicia al de miles de familias víctimas de la política agresiva de grupos radicales instigados y financiados desde hace más de medio siglo por Washington, y cuyas violentas acciones han cobrado la vida de tres mil 478 cubanos y dejado más de dos mil incapacitados.

¿Cómo es posible que un país como Estados Unidos que dice condenar el terrorismo albergue a este terrorista con una larga hoja de crímenes que incluyen la voladura del avión de Cubana en Barbados, el asesinato de cientos de venezolanos y la muerte de mi hijo?, se preguntó Di Celmo. Por ello, tanto Giustino como Odalys respaldan la causa de cinco cubanos antiterroristas condenados en suelo estadounidense por vigilar a agrupaciones extremistas que desde Miami operan contra Cuba.

Ellos expusieron su vida, su familia y su felicidad por tratar de evitar actos terroristas como el que tronchó la existencia de Fabio o segó la vida de los pasajeros del vuelo 455, reconocen ambos. Conocidos internacionalmente como los Cinco; Antonio Guerrero, Fernando González, Gerardo Hernández, Ramón Labañino y René González fueron sentenciados a largas penas en Estados Unidos, incluyendo la sanción de dos cadenas perpetuas más 15 años para Gerardo.

A 15 años del crimen del Copacabana

Con la llegada de cada septiembre, Giustino Di Celmo, padre de un joven italiano asesinado en 1997, recuerda las acciones de grupos terroristas anticubanos que provocaron la muerte de su hijo Fabio en atentados con bombas contra hoteles de la isla. Hace 15 años, agrupaciones extremistas de Miami organizaron bajo la tutela del terrorista Luis Posada Carriles varios ataques contra instalaciones turísticas cubanas, como parte de la agresividad estadounidense de más de medio siglo hacia Cuba.

En una de esas acciones, en el hotel Copacabana, falleció Fabio, una de las víctimas de los 11 artefactos explosivos colocados en lugares turísticos para desestabilizar a la nación caribeña.

Ese día, me hallaba trabajando y toca la casualidad que había acabado de pasar por el lobby, cuando decido organizar algunas cosas en la oficina. De pronto, siento un estallido. Nunca imaginar que fuera una bomba, rememora Julia Hautrive, empleada del hotel Copacabana.

Al salir al lobby, vi a Fabio tendido en el suelo; enseguida lo reconocí, porque lo había visto por la mañana. Además, el día antes yo le había hecho un trabajo de mecanografía y él en agradecimiento tuvo la delicadeza de obsequiarme cinco piezas en miniaturas, las cuales guardo celosamente, agregó en entrevista con Prensa Latina.

Giustino -que se encontraba en el hotel- iba a reunirse en el almuerzo con Fabio y dos de sus amigos, cuando oyó la explosión. Pensó que había sido una cocina de gas, pero a los pocos minutos lo llamaron desde la carpeta para decirle que su hijo estaba gravemente herido.

Ese 4 de septiembre, un artefacto explosivo apagó la vida del joven Fabio, de apenas 32 años, cuando una esquirla de metal del cenicero donde estaba puesta la bomba, se le incrustó en la parte izquierda del cuello y le cercenó una vértebra cervical y la arteria carótida. Todo ello lo recuerda Hautrive, quien se desempeña como secretaria de la dirección del hotel y sobrevivió a momentos de su infancia marcados por el terrorismo contra la isla, acciones organizadas y financiadas por la CIA.

Tuve vecinos que perdieron familiares cuando el sabotaje al barco La Coubre en 1960, que venía con armas para la defensa de la naciente Revolución que se encontraba bajo el asedio de sus enemigos del Norte. Después en 1961, presencié el ataque al aeropuerto de Ciudad Libertad, como preludio de la invasión mercenaria a Playa Girón.

Yo vivía al costado del aeródromo y recuerdo los tiroteos. Incluso, cerca de la ventana de mi cuarto cayó el ala de un avión, aunque por suerte para mi familia, nos hallábamos refugiados en la cocina. Pero a pesar de vivir tales eventos, me es imposible olvidar el estallido, los cristales rotos, el humo y sobre todo, el estupor, el dolor y la angustia que compartimos con Giustino cuando vio el cuerpo sin vida de su hijo, afirma Hautrive.

Esto no podrá ser borrado de mí, ni de ninguno de los trabajadores del Copacabana, dice conmocionada. Yo también pude morir ese día, al igual que muchos de los que aquí laboramos, agregó. Fabio era un muchacho excepcional que compartía de igual a igual con nuestros trabajadores, que jugaba fútbol con ellos. Era un gran admirador del Che y de Fidel, señaló Hautrive. Recuerdo que siempre me pedía que le guardara la prensa. Le interesaba conocer mucho de la realidad cubana y la historia de nuestro país, rememoró.

15 años después

A pesar del tiempo transcurrido, no existe consuelo para la familia Di Celmo, la cual tiene que soportar el modo en que el Gobierno estadounidense protege al autor intelectual de los hechos, Luis Posada Carriles, pese a que también es responsable de la voladura en 1976 de un avión civil cubano con 73 personas a bordo. Ningún dolor puede ser más grande que la muerte de un hijo y más aún cuando es causada por un hecho violento y cruel, afirmó Giustino, el progenitor de Fabio Di Celmo.

¿Cómo es posible que un país como Estados Unidos que dice condenar el terrorismo albergue a este terrorista con una larga hoja de crímenes que incluyen la voladura del avión de Cubana en Barbados, el asesinato de cientos de venezolanos y la muerte de mi hijo?, se preguntó.

Jamás olvidaré las declaraciones de Posada Carriles, publicadas por The New York Times en 1998, cuando tras reconocer que había pagado la mano del mercenario salvadoreño que puso la bomba asesina, confesó sin ningún pudor que él dormía como un bebé porque “el italiano estaba en el lugar equivocado en el momento equivocado”, recordó.

Con múltiples denuncias en su contra, Luis Posada Carriles, terrorista comprobado y confeso, camina libremente por las calles de Miami y recibe reconocimientos y honores de parte de la mafia cubano-americana y la extrema derecha de los Estados Unidos de América, denunció Di Celmo. La farsa de su juicio en El Paso, Texas, colmó la copa… Sólo se le juzgó por mentiroso, aunque quedó demostrado que había sido el mandante de la muerte de Fabio, agregó en referencia a la componenda del sistema judicial norteamericano que absolvió en 2011 a Posada.

Desde que Fabio murió juré no descansar hasta que se hiciera justicia, así me quedé en Cuba, aseveró Di Celmo. Este italiano de 92 años cuestiona al Gobierno de Estados Unidos, por incluir a Cuba en una lista de países terroristas, “cuando Cuba sólo ha sido víctima de las acciones terroristas organizadas por criminales que Washington ha protegido y pagado”.

Además, Di Celmo respalda la causa de los cinco cubanos antiterroristas condenados en suelo estadounidense por su seguimiento a grupos violentos que desde Miami operan contra Cuba. Ellos expusieron su vida, su familia y su felicidad por tratar de evitar actos terroristas como el que tronchó la vida de mi hijo, reconoce el padre de Fabio.

Conocidos internacionalmente como los Cinco, Antonio Guerrero, Fernando González, Gerardo Hernández, Ramón Labañino y René González fueron sentenciados a largas penas en Estados Unidos, incluyendo la sanción de dos cadenas perpetuas más 15 años para Gerardo. Cuatro de ellos permanecen encerrados desde 1998, mientras René cumple tres años de libertad supervisada en territorio estadounidense, pese a reclamos de activistas por su pronto regreso a Cuba.

¿Por qué los grandes medios de difusión no hablan de que cinco antiterroristas cubanos guardan prisión en cárceles norteamericanas por tratar de evitar hechos terroristas en Cuba, mientras los terroristas viven libremente en Estados Unidos?, insiste Di Celmo. Las respuestas a mis preguntas sólo confirmarían la doble moral del Gobierno norteamericano y de la gran prensa ante el terrorismo, consideró.

Fabio Di Celmo, es una de las víctimas de la política agresiva de extremistas anticubanos instigados y financiados desde hace más de medio siglo por Washington, y cuyas acciones terroristas han cobrado la vida de tres mil 478 ciudadanos del país caribeño y dejado más de dos mil incapacitados.

* Periodista de la Redacción Nacional de Prensa Latina.