Los europeos fueron los primeros extranjeros en arribar a África en el siglo XV; los navegantes portugueses iniciaron la exploración de sus costas occidentales y comenzaron los contactos con las poblaciones locales. Ese fue el vínculo inicial entre ambas culturas. Desde el principio los europeos establecieron que las relaciones futuras serían de dominio y subordinación, las cuales se recrudecerían en los siglos siguientes y comenzaría con el sistema esclavista. Según algunos estudios, más de 20 millones de negros llegaron a América y el Caribe, aunque nunca se conocerá con certeza cuántos fueron arrancados de tierras africanas.

Navegantes portugueses encabezados por Pedro Alvares Cabral llegaron en el 1500 a playas de Bahía, en Brasil, y comenzaron la colonización de ese país de América del Sur. Los hacendados lusitanos tenían necesidad de fuerza de trabajo para las plantaciones agrícolas, fundamentalmente en la producción azucarera y el cacao.

La trata fue iniciada por Portugal. Las regiones occidentales de África se convirtieron en coto de caza de hombres y mujeres para convertirlos en esclavos en Brasil y posteriormente en otros países de América y el Caribe. En la medida en que las potencias europeas ampliaban el espectro colonial, crecía la demanda de esclavos. La población autóctona india era menos resistente el trabajo rudo del campo.

El intenso tráfico humano por la zona de Togo le proporcionó la triste denominación de Costa de los Esclavos. La isla de Gorée, en el actual Senegal, se convirtió en un sitio donde se almacenaban los esclavos en grandes naves antes de ser enviados a las colonias en los denominados barcos negreros. Igual ocurría en Guinea Bissau, donde la Iglesia autorizó a la Compañía Portuguesa el comercio de esclavos; o en Santo Tomé y Príncipe.

Embarcaderos de esclavos

Gorée es en la actualidad un lugar apacible donde el visitante puede ver espaciosos hoteles para turistas, rodeados de verdes jardines con palmeras típicas africanas, y a jóvenes, nativos o extranjeros, tomados de la mano paseando despreocupados por las proximidades del mar. También puede ver a numerosas personas que se buscan la vida vendiendo artículos de su rica artesanía u ofreciendo productos agrícolas, mientras no lejos de las costas los pescadores lanzan redes en una pesca que podría representar el sustento del día para la familia o la solución a otras necesidades.

Numerosas embarcaciones conectan la isla con tierra firme de Senegal en un intenso trasiego que dura hasta la caída de la tarde en que disminuyen los trajines del día. Eso es en general, lo que el visitante percibe en la isla de Gorée. Quedan en la memoria los sucios barracones donde los esclavos eran hacinados y encadenados a las paredes, y que después de larga espera y en medio de horribles sufrimientos los subían a los buques negreros que los llevarían al que por cruel ironía se le denominaba Nuevo Mundo.

En ese mundo nuevo americano o caribeño, tenían que realizar trabajo esclavo para enriquecer a los propietarios de las plantaciones agrícolas. Los traficantes, portugueses, ingleses o franceses; holandeses o españoles, llenarían también sus bolsas con el infame negocio. La demanda de fuerza de trabajo crecería con la implantación de nuevos hacendados.

Da Mosto: En 1445 el navegante portugués Ga Da Mosto descubrió la península de Cabo Verde en el extremo más occidental de Senegal y decidió establecerse en la isla Gorée. A partir de esa decisión quedó sellado el futuro inmediato de la ínsula pues los lusitanos fueron los primeros en practicar la Trata, y el sitio fue el primer embarcadero.

Gorée no fue el único lugar del continente por donde se embarcaron esclavos, pero sí el más notable, por eso ha quedado en la historia como uno de los símbolos de lo que significó la esclavitud para Africa, y los ayes de dolor aún pueden escucharse si se pone atención porque flotan en el aire mecidos por el viento en un interminable vaivén. Por las mazmorras de ese gran almacén pasaron miles de hombres y mujeres cazados en las zonas occidentales, donde la tortura y el látigo restallaban en las espaldas de los africanos. Nunca se sabrá con exactitud los hijos del continente llevados a la isla entre los siglos XV y XVIII.

En 1446 el navegante portugués Nuno Tristao llegó a Guinea Bissau. A su arribo, el territorio estaba ocupado por mandingas y fulas, entre otros grupos étnicos. En ese mismo siglo XV se creó la Compañía Portuguesa de Guinea que tenía como fin controlar las actividades del país europeo en la nueva colonia.

La entidad fue autorizada por la Iglesia para introducir esclavos en América, una medida que provocó el rechazo de la población autóctona cuya resistencia fue vencida por las armas de los

extranjeros. Las autoridades lusitanas crearon en Guinea Bissau un nuevo embarcadero de esclavos, locales y de zonas cercanas, aunque no alcanzaría las dimensiones y notoriedad de Gorée, a pesar de los intentos de reproducir las condiciones de la isla. Portugal ejerció el monopolio del comercio humanos en Guinea Bissau hasta el primer tercio del siglo XVI en que aparecieron otros competidores europeos. En todo ese tiempo tuvo que enfrentar la hostilidad de los nativos.

Sao Tomé y Príncipe: En 1471 aparecieron los portugueses en este pequeño archipiélago situado en el extremo occidental del Golfo de Guinea. Los lusitanos utilizaron las islas como depósito de esclavos y punto de partida para el embarque por parte de los denominados mercaderes de la tarde. Esos traficantes trasladaban desde las costas de Angola, Congo y Guinea, a miles de seres humanos hacia Sao Tomé y Príncipe. Ese comercio motivó actos de heroísmo de los habitantes que se tradujeron en las rebeliones encabezadas por Joan Gato en 1530 y la de Amador Vieira, años más tarde.

Vieira fue proclamado rey por la mayoría de los grupos que sufrían la esclavitud portuguesa. Llegó a movilizar cerca de cinco mil esclavos que los portugueses concentraron en el lugar y comenzó a liberar la mayorías del territorio nacional. Traicionado y hecho prisionero, fue asesinado el 4 de enero de 1596 después de padecer grandes sufrimientos por las torturas a que fue sometido.

Sierra Leona: El portugués Pedro de Cintra arribó a las costas de Sierra Leona en 1460 y la llamó así por las formas geográficas de sus elevaciones vistas desde el litoral. Aquí se creó una factoría y naves donde se hacinaban los esclavos cazados en distintas regiones hasta que llegaban los barcos.

En la gran bahía de Freetown, una de las mayores del continente, se aglomeraban los barcos que luego partían cargados de esclavos hacia América y el Caribe. En 1834 la Corona británica abolió el comercio de esclavos en las colonias. El país que había participado desde el siglo XVI en la Trata, en el XVIII no era de su interés por estar en curso la Revolución Industrial. La norma de la Corona fue rechazada porÂáhacendados y traficantes.

En la bahía de Freetown que sirvió de importante embarcadero, Londres creó una base naval para perseguir a quienes violaran la disposición de la reina. Pero el paso del tiempo no ha hecho olvidar los horrores de la Trata y los horrendos embarcaderos de esclavos. Un pasado doloroso y triste.

El marfil le dio su nombre

Costa de Marfil, país de Africa Occidental, recibió el nombre por el cual es conocido internacionalmente debido al comercio de los colmillos de elefante entre los nativos y los extranjeros que se establecieron en sus litorales. Poco se divulga sobre esta nación, cuya población fue víctima como otras de la región de la trata de esclavos con destino a América y el Caribe.

Costa de Marfil limita al norte con Malí y Burkina Faso, al sur con el golfo de Guinea, al sureste con Liberia, al este con Ghana y al noroeste con Guinea. Las principales etnias que forman la población marfileña son agnibabule, kru, sarufo y malinke que hablan diversas lenguas regionales aunque el idioma oficial es el francés, el de la nación colonizadora.

El clima marfileño muestra diferencias apreciables; en el sur es ecuatorial, hay una humedad permanente y períodos de fuertes lluvias. En el norte la temperatura es tropical, aunque se halla sometida al viento cálido y seco que sopla desde el desierto del Sahara. Aparte del río Cavally, el cual corre por la frontera con Liberia, hay otras grandes vías de agua como Sassargra, Bandama y Komoe, que desembocan en el golfo de Guinea.

Las investigaciones revelan la existencia de restos humanos correspondientes al Paleolítico y al Neolítico, en distintas partes del territorio. Sin embargo, no se han encontrado contactos entre estos y los pobladores que vivían en el país cuando llegaron los colonizadores. Las primeras poblaciones, según se estima, arribaron a estos territorios a lo largo del primer milenio de nuestra era y fueron comunidades dedicadas fundamentalmente a la agricultura.

A fines del siglo XIV y principios del siglo XV, Costa de Marfil comenzó a ser conocida en el exterior, esencialmente en Europa. Los primeros extranjeros en arribar a sus costas fueron navegantes portugueses, aunque no se asentaron en el territorio. En los siglos XVII y XVIII, los misioneros y marinos holandeses y franceses comenzaron a establecerse en sus costas, y sin pasar de la periferia entablaron vínculos comerciales con los nativos. Es en este período que se realizó un intenso comercio con los colmillos de los elefantes que adquirían los europeos, y la nación comenzó a ser denominada con el nombre actual. Los africanos recibían a cambio productos manufacturados.

Pero paralelamente la población sufrió los efectos devastadores del comercio de nativos y miles de marfileños padecieron los rigores de la esclavitud. El desarrollo de la agricultura de plantación y la minería en América y el Caribe estimuló la trata. La cacería de africanos en un principio se realizó en las zonas próximas a las costas.

En Africa, a la esclavitud siguió el sistema colonial. El advenimiento del capitalismo en su fase industrial incitó a los europeos a la explotación del continente como proveedor de materia prima para su industria. Es en ese contexto que en 1834 la Corona británica prohibió el comercio de esclavos en las colonias.

Para Reino Unido, que transitaba por la Revolución Industrial, la trata de esclavos no convenía a sus intereses. La norma no fue del agrado de los dueños de plantaciones ni de los traficantes enriquecidos con la esclavitud, e hicieron todo lo posible para impedir su aplicación. En América el flagelo de la esclavitud no desapareció de inmediato y en la segunda mitad del siglo XIX aún existía en varios países.

Entre 1830 y 1850, el almirante francés Bonet Villaumez exploró la costa marfileña, recibió en nombre galo la soberanía de algunos príncipes y estableció factorías permanentes. París se hizo dueño entre 1853 y 1868 de varios territorios marfileños. En 1884, el mismo año en que comenzó la Conferencia de Berlín donde las potencias europeas se repartieron Africa, Francia añadió nuevas áreas a sus posesiones anteriores formando los límites actuales de Costa de Marfil. La Conferencia no hizo más que confirmar las posesiones coloniales.

Los pasos que siguió Francia para atar el territorio a su naciente imperio colonial se aceleraron en los años siguientes. En 1889 creó el Protectorado y en 1893 convirtió de forma oficial el país en una colonia y nombró a un militar para administrarlo. Francia no tenía en cuenta la opinión de los nativos. Las poblaciones del interior ofrecieron tenaz resistencia a la presencia extranjera. Las autoridades francesas aplicaron los más violentos métodos represivos. Hasta 1912 no fueron reducidas las tribus en el interior del territorio, mediante la utilización de armas modernas.

Costa de Marfil pasó a formar parte del Africa Occidental Francesa, una organización que agrupaba las posesiones galas en esa región, la cual constituía uno de los mayores imperios coloniales en el continente, sólo comparable al de su gran rival, Reino Unido. En el plano económico, Francia redobló la explotación en las colonias; en el político, se desconocían los derechos de sus habitantes. Las tropas coloniales reprimían con gran crueldad las manifestaciones en favor de la libertad.

La Segunda Guerra Mundial (1939-1945) debilitó el poder colonial, aunque las potencias europeas se empeñaban en mantener las mismas relaciones de explotación y dominio existentes antes del conflicto universal. Pero en lo adelante nada sería igual. En las colonias cobraron más fuerza las ideas emancipadoras, algunas traídas por los soldados africanos que participaron en la guerra junto a los ejércitos de las naciones victoriosas sobre el fascismo.

En 1946 el Sindicato Agrícola Africano, creado por Félix Houphouet Boigny, se convirtió en el Partido Democrático de Costa de Marfil. En el mismo año se fundó la Reunión Democrática Africana, con ramificaciones en las restantes colonias galas de la región. En 1958 se le declaró República Autónoma asociada a la Comunidad Francesa de Naciones, dirigida desde París. Dos años más tarde, el 9 de agosto de 1960, se proclamó la independencia de Costa de Marfil.

Francia perdía una importante colonia en la región.

Gambia: Trifulcas entre esclavistas

Gambia puede verse como ejemplo de que las ambiciones de las metrópolis europeas no reparaban en las dimensiones de un territorio para incentivar su rivalidad que en ciertas regiones les llevó a sostener enfrentamientos armados. Tales fueron los casos de Seychelles y Mauricio ambos en el océano Indico. En el primer país seis años antes de finalizar el siglo XVIII, cuatro buques de Gran Bretaña con miles de soldados y cañones arribaron al archipiélago y después de algunos combates el comandante francés que poseía menos hombres y armas, capituló.

Mauricio también fue arrebatado por Gran Bretaña a Francia, en una guerra de rapiña para apoderarse de nuevos territorios que desconocía la opinión de la población autóctona, y entre otros fines estaba el robo de las riquezas naturales.

En Gambia, los grupos étnicos principales son mandinga, fula, wolf, joya y serahuli. Es el más pequeño de los países africanos con sólo 11 mil 295 kilómetros cuadrados, y su territorio ocupa una estrecha zona de 321 kilómetros de largo a ambos lados del río que le da su nombre, enclavado dentro del territorio de Senegal.

El país carece de montañas y otros accidentes geográficos, y la capital, Banjul, está situada en la isla Saint Mary en la desembocadura del río en el Océano Atlántico. El clima es subtropical con una estación cálida y lluviosa, y otra fresca y seca. Quizás con la excepción de su posición geográfica, la pequeñez de esa nación no debía despertar la codicia de las potencias coloniales europeas porque no posee la dimensión territorial ni los abundantes recursos naturales de otras naciones del continente.

El país formó parte de la zona de influencia de los grandes imperios sudaneses de Ghana, Malí y Songhai. Los portugueses, quienes fueron los primeros europeos en explorar las costas de Africa, llegaron en el siglo XV a la desembocadura del río Gambia, pero no colonizaron el territorio.

Gran Bretaña que mantenía el comercio por el río Gambia por concesiones de los portugueses envío en 1600 una expedición que capturó el fuerte San Andrés que recibió el nombre de Fort James. Los británicos poseían mayor poderío militar, fuerzas mejor preparadas y los armamentos más modernos de la época. Con la captura de Fort James comenzó el asentamiento británico en Gambia que depararía grandes sufrimientos a los nativos, porque dio inicio a la etapa de la esclavitud, un negocio que quedó bajo el control de varias compañías del país europeo empeñadas en el desarrollo del comercio de esclavos.

Posteriormente se intensificó la rivalidad con Portugal, Holanda y Francia por el tráfico de esclavos. Al igual que Gran Bretaña, las tres naciones poseían colonias en América y el Caribe, donde los hacendados se beneficiaban con el trabajo de los africanos. La trata esclavista enriquecía a los propietarios de los buques encargados del traslado de los esclavos que eran también ciudadanos de esas naciones. Gambia que de hecho poseía escasa población, en pocos años vio muy disminuidos algunos de sus grupos étnicos.

En las colonias, los africanos que trabajaban fundamentalmente en las plantaciones agrícolas, padecían un trato cruel e inhumano, lo que hacía que muchos se rebelaran convirtiéndose en cimarrones. En los bosques constituían colonias donde se defendían de las persecuciones de los hacendados y de sus implacables capataces. En Gambia, los enfrentamientos entre los colonialistas alcanzó el lucrativo negocio del tráfico de marfil. Gran Bretaña salió victoriosa de las discrepancias con Portugal, Holanda y Francia.

Gambia fue declarada colonia de Gran Bretaña en 1843. Nueve años antes, en 1834, la Corona Británica abolió la trata de esclavos en sus posesiones, el estatus de colonia era más conveniente a sus intereses, al transitar el país europeo por la Revolución Industrial. La norma real fue rechazada por los hacendados en las colonias, igual que por los traficantes ya que afectaba el humillante y lucrativo negocio. Londres creó una base naval en su colonia de Sierra leona en Africa Occidental para perseguir a los violadores de la decisión de la Corona.

Durante años, Gambia padeció la rivalidad de Gran Bretaña y Francia, esta última se había anexado las tierras colindantes, que formaron parte de la denominada Africa Occidental Francesa, un imperio colonial constituido por más de una decena de países.

En 1904 en virtud de un acuerdo franco-británico quedaron establecidas definitivamente las actuales fronteras del país. Fue un acuerdo entre potencias coloniales que se habían repartido el continente en el siglo XIX, y aunque se iniciaba una nueva centuria, las metrópolis actuaban desconociendo la voluntad de la población.

Los cambios que se operaban en el mundo alcanzaban también a Africa. Entre los jóvenes gambianos educados en la metrópoli surgían inquietudes que en un principio eran sólo demandas de igualdad y justicia. Londres hizo oído sordo a las justas aspiraciones de los jóvenes y reforzó las medidas represivas incrementando la vigilancia sobre ellos, temiendo que se le fuera de las manos el control de la colonia.

Tras el fin de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), se intensificaron las ansias de libertad, no sólo entre los jóvenes sino en toda la población. Los reclamos eran por la independencia. Las autoridades británicas se vieron obligadas a ceder. El 4 de octubre de 1963, el país obtuvo la autonomía interna, y al año siguiente se inició en Londres la conferencia que fijó la fecha de independencia el 18 de febrero de 1965.

Gran Bretaña mantuvo su dominio colonial sobre Gambia durante 305 años. Una de las presencias extranjeras más prolongadas en la historia de Africa.

Cabo Verde, esclavitud e independencia

En la historia del archipiélago de Cabo Verde, situado en el océano Atlántico frente a la costa occidental de Africa, se destaca a partir del siglo XV la resistencia de esclavos -procedentes de las regiones continentales- a los abusos de traficantes portugueses y de otras naciones. El territorio de Cabo Verde está constituido por diez islas principales y numerosos islotes volcánicos divididos en dos grupos conocidos como Barlovento (San Antonio, San Vicente, Santa Lucía, San Nicolás, Buenavista y Sal), y Sotavento (Maiao, Santiago, Fuego y Brava).

El navegante portugués Diego Gómez descubrió las islas en 1456. Sin embargo, algunas fuentes históricas afirman que fueron descubiertas por otros navegantes alrededor de 1445, poco después del viaje del también navegante portugués Nuno Tristao por la desembocadura del río Senegal. Algunos historiadores quisieron presentar como inhabitables la mayoría de las islas, incluso tratando de restarle importancia a las inscripciones rupestres encontradas en la isla Santiago, donde está Praia, la capital.

Otros estiman que existieron ciertos grupos africanos denominados Leboue y Felopes que se habían establecido mucho antes de la llegada de los colonizadores lusitanos atraídos por las riquezas pesqueras y salinas.

Luego de la implantación de los portugueses en el archipiélago fueron traídas algunas familias del sur de Portugal. La inclemencia del clima y la necesidad de establecer un sistema de plantaciones con mano de obra abundante y barata hicieron que los portugueses mantuvieran un despiadado mercado de esclavos sobre las costas africanas.

Los primeros esclavos que fueron llevados a las islas a fines del siglo XV eran fundamentalmente balantes, pissages, feloupes y onalofes, casi todos de etnias existentes en Guinea y en diversas proporciones, otras representadas en el mosaico de pueblos del archipiélago. Tras los portugueses iniciadores del comercio de esclavos llegaron los holandeses, españoles, ingleses y de otras nacionalidades. Las islas se convirtieron en un almacén de esclavos capturados en todas las regiones de Africa Occidental.

Los esclavos eran vendidos a los dueños de plantaciones en Brasil, una colonia portuguesa desde el siglo XV, en el resto de América y en el Caribe. Los traficantes no contaron con la rebeldía de los africanos. Las acciones de los nativos eran vencidas por la superioridad de los armamentos de los europeos.

Los embarcaderos de esclavos de Cabo Verde eran superados sólo por los de la isla Gorée, en Senegal, Guinea Bissau y Sao Tomé y Príncipe. En este último país se produjeron importantes rebeliones contra los esclavistas portugueses. En los siglos XVI y XVII creció el comercio de esclavos.

A finales del siglo XVIII los portugueses desarrollaron plantaciones de café, maíz y semillas oleaginosas y establecieron una cantidad de esclavos en Cabo Verde. Por la ventajosa competencia brasileña, los portugueses sustituyeron el cultivo de café e introdujeron el de la caña.

En 1834 la Corona británica decretó la prohibición de la trata en sus posesiones coloniales y dispuso el castigo a los violadores de la norma, que fue rechazada por los dueños de plantaciones y por los traficantes. Los caboverdianos se convirtieron en aparceros que tenían que pagar para poder trabajar la tierra que no les pertenecía.

Durante siglos de coloniaje portugués la situación de las islas se mantuvo igual. La agricultura no fue modernizada, ni fueron creadas las bases para una infraestructura industrial productiva. Debido a la explotación incontrolada el archipiélago vio su ecología alterada hasta convertirse en un desierto flotante. Situación agravada por los largos años de sequía ininterrumpida.

Las autoridades coloniales alentaron una emigración masiva hacia la metrópoli, donde trabajaban en la construcción, las minas y los servicios y en otras labores mal remuneradas. Otros marcharon hacia Sao Tomé y Príncipe, Guinea Bissau, Angola y Estados Unidos. Aquellos que no pudieron optar por la vía de la emigración padecieron grandes hambrunas. La historia recoge siete, entre 1901 y 1959, que ocasionaron la muerte de 290 mil caboverdianos.

Históricamente la importancia de Cabo Verde ha sido su estratégica posición geográfica. Primero, constituyó para los portugueses la estación para el comercio con Africa, India y Brasil; después, dominó la ruta atlántica seguida por los petroleros que navegaban hacia Europa desde el Golfo Arábigo.

Con el surgimiento del Partido para la Independencia de Guinea Bissau y Cabo Verde (PAIGC), fundado en 1956 por Amílcar Cabral, se fusionó la lucha por la liberación de ambas colonias del dominio portugués. La acción del PAIGC en Cabo Verde tuvo como primer objetivo la creación mediante un trabajo clandestino de movilización y organización de las condiciones mínimas indispensables para garantizar la lucha política en el archipiélago.

La victoria obtenida por los combatientes del PAIGC sobre el ejército colonial de Portugal condujo a que en 1974 Guinea Bissau surgiera como un estado independiente. Una nueva etapa de lucha se inició. El gobierno de Lisboa fue obligado a aceptar al PAIGC como representante legítimo del pueblo caboverdiano al igual que el de Guinea Bissau, y por tanto le correspondía encabezar el gobierno de transición constituido a comienzos de 1975.

La transición duró sólo seis meses ya que el 5 de julio de ese mismo año se constituyó la República de Cabo Verde con un gobierno dirigido por el PAIGC. Finalizaban cinco siglos de presencia portuguesa en el país.

Swazilandia, un baldón para Gran Bretaña

Swazilandia es un pequeño reino de Africa Meridional que gracias a su ubicación geográfica, sus ciudadanos no sufrieron los rigores del sistema esclavista en América como otras poblaciones de las regiones occidentales del continente. El territorio de poco más de 17 mil kilómetros cuadrados está rodeado casi en su totalidad por Suráfrica, excepto por el este donde limita con Mozambique. Se divide en tres regiones: Veld alto, medio y bajo.

Esa clasificación responde a las diferentes alturas, el Veld alto alcanza los 1 800 metros, el medio, unos 600 metros y el bajo no rebasa los 300. Menos las zonas montañosas del este, están atravesados por cuatro vías fluviales. La población pertenece mayoritariamente al grupo étnico de los swazi. Habla el idioma local swazi y el inglés. La capital es Mdabane.

Los habitantes que hoy ocupan la zona de los ríos Pongalo y Usutu vivieron originalmente en el litoral sudeste de Africa del Sur de donde emigraron en los primeros años del siglo XIX. La fertilidad de la tierra, la abundante caza y la posibilidad de que existieran vetas minerales en el terreno atrajeron a los colonos ingleses.

Cuando los primeros colonos se establecieron en Swazilandia en 1878, Gran Bretaña se había convertido en la principal potencia colonial en esa región. Su predominio de la zona estaba alterado por Mozambique, en poder de Portugal, a donde llegaron los navegantes lusitanos en el siglo XV. Las posesiones británicas en el Cono Sur se extendían a los países que actualmente constituyen las repúblicas de Suráfrica, Zambia, Botswana, Lesotho, Zimbabwe y Mauricio en el océano Indico.

La Conferencia de Berlín (1884-1885), donde las potencias coloniales se repartieron Africa en zonas de influencia, no hizo más que legitimar la distribución territorial que de hecho había establecido las metrópolis desde los comienzos del siglo XIX.

En Swazilandia, los colonos recibieron numerosas concesiones del jefe de los swazis, las que se extendían no sólo a posesiones de tierras, minerales, bosques, sino también sobre comunicaciones y manufacturas, incluyendo el derecho a cobrar impuestos. Eso dio inicio al control del país por los ingleses.

El primer gobierno con participación de los británicos se estableció en 1890. En esa fecha el sistema colonial en Africa alcanzó sus niveles más altos, todos los países excepto Etiopía eran colonias europeas. El gobierno establecido en Swazilandia tenía un carácter provisional, con la representación de la República Sudafricana, bajo dominio británico, aunque en la provincia de Transvaal habitaban los boers descendientes de colonos holandeses, y los swazis.

En 1881 la República Sudafricana asumió completamente la dirección del país, pero sin incorporarlo a su territorio. En el período inmediato se produjo la guerra anglo-boers, un conflicto que se prolongó por cerca de tres años, en el que los últimos fueron derrotados.

Después de la guerra, en 1894, el gobernador británico en Transvaal tuvo la responsabilidad administrativa de Swazilandia y de esa forma se iniciaron las relaciones directas entre Gran Bretaña y los swazis. Los swazis prefirieron asociarse a los británicos y aceptar su protectorado ante la actitud de violencia y hostilidad mantenida por los boers que robaban sus tierras y ganado y los esclavizaban.

Habitualmente las metrópolis adoptaban decisiones sin tener en cuenta los intereses de la población. El cambio de siglo nada determinaba, los métodos seguían siendo los mismos. En 1907, por decisión británica el Alto Comisionado de Sudáfrica se hizo cargo de los asuntos de Swazilandia. Un tercio del país fue adjudicado a la Corona británica y otro a los colonos de esa nación, lo que provocó una protesta de los swazis ante el gobierno de Londres.

Lo ocurrido dos años después, en 1909, fue aún peor. Mediante un Acta de Unión suscrita a espaldas de los swazis por el gobierno británico y los boers, Swazilandia fue incorporada a la Unión Sudafricana. Simultáneamente, Gran Bretaña concedió a Portugal el territorio swazi que circundaba la población de Namachacha. Nuevamente se alzaron voces de protesta que fueron ignoradas por los británicos.

Ese rejuego colonial contrario a las aspiraciones del pueblo swazi fue dejando un sentimiento de rechazo a la presencia de Gran Bretaña. En 1921 las autoridades de Londres constituyeron un denominado Consejo Consultivo. La posesión del Jefe Supremo como autoridad nativa fue definida dos décadas más tarde en 1941. Esas acciones respondían a las constantes presiones de la población.

El rey Subhuza II, conocido desde 1921 como cabeza de la nación swazi, reclamó en 1956 la restitución de sus derechos sobre las riquezas mineras, lo que fue rechazado por el gobierno colonial, a pesar de que había aceptado acuerdos con Bechuanalandia (hoy Botswana), y Basutolandia (actual Lesotho).

El gobierno del Protectorado y el rey de los swazi designaron en 1960 un Comité Constitucional que publicó dos años después un informe que consolidaba los derechos económicos y políticos de los colonialistas. Tres años más tarde una Constitución dejaba el poder ejecutivo en manos del Comisionado británico.

Pero Gran Bretaña no podía seguir negando los derechos de los swazis. Las protestas y las huelgas de los trabajadores obligaron a los colonialistas a modificar la Constitución. Se realizaron las primeras elecciones para concejales. En septiembre de 1968 el rey Subhuza II y su hijo acordaron con los británicos el cese del protectorado ejercido durante 70 años. Fue el año de la independencia.

La ciudad de los ancestros

Según algunos estudios, más de 20 millones de negros llegaron a América y el Caribe, aunque nunca se conocerá con certeza cuántos fueron arrancados de tierras africanas. Muchos perecieron por las inhumanas condiciones de la travesía y eran arrojados al mar.

El monopolio de la Trata en su comienzo fue ejercido por Portugal, pero más tarde británicos, franceses, holandeses, españoles y otros les hicieron dura competencia. La trata enriqueció a los traficantes, y en las colonias los hacendados amasaron grandes fortunas con el trabajo esclavo.

En suelo africano, hombres sin escrúpulos como el portugués Eucaristus de Campos, quien participó en el comercio de esclavos en Porto Novo, Benin, incrementaron su patrimonio personal. La Trata alcanzó gran auge en los siglos XVII y XVIII.

Los crímenes cometidos por amos y capataces contra los esclavos propició el surgimiento de rebeliones en las colonias, que se tradujeron en la fuga hacia los bosques, y se convertían en cimarrones, constituían palenques donde los fugitivos habitaban colectivamente y se defendían de las persecuciones de los capataces.

Las rebeliones tuvieron lugar en todos los territorios de América y el Caribe donde hubo esclavos. Esas manifestaciones de rebeldía mostraron que los africanos nunca se resignaron a las crueles condiciones de explotación y rechazaron las instituciones coloniales que reglamentaban su vida y su conducta.

La historia registra hechos heroicos como la rebelión del esclavo Yanga en 1609 en México, una de las más tempranas en los territorios coloniales, la del Cobre en la provincia cubana de Santiago de Cuba, y la de Zumbi dos Palmares, símbolo de la resistencia a la esclavitud en Brasil. La Revolución en Haití en 1804 contra el dominio colonial de Francia fue la más importante manifestación de rebeldía antiesclavista. Esa gesta triunfante se convirtió en la primera en el área latinoamericana y caribeña.

Los constantes levantamientos y reflexiones de los negros prepararon el terreno para las luchas independentistas en América. En 1804, la Corona británica abolió la Trata en sus colonias al entrar la metrópoli en la Revolución Industrial, y no ser necesaria a sus intereses. En las colonias los terratenientes le hicieron resistencia y los traficantes intentaron burlar la norma real.

La eliminación de la esclavitud no se produjo igual en todas las colonias. Fue casi a fines del siglo XIX que ese flagelo, crimen contra la humanidad, desapareció oficialmente. Dos siglos más tarde, en el XXI, los africanos que sufrieron y murieron a causa de los tormentos de la esclavitud, podrán regresar a su continente para descansar en paz.

Igbalé Aye significa “sede del humanismo” en lengua yoruba y es el lema adoptado para la ciudad de los ancestros, un santuario destinado a repatriar las almas africanas que padecieron el flagelo de la esclavitud en América y el Caribe.

Este santuario, en la frontera de Benin y Nigeria -dos naciones del Africa Occidental-, trata que los espíritus sin sosiego por las violencias y maltratos padecidos por los hijos de este continente, se encuentren finalmente en su tierra. La esclavitud tiene visos de un fenómeno místico, y África posee muchos secretos de este tipo, afirman promotores de la iniciativa.

* Periodista cubano especializado en política internacional, ha sido corresponsal en varios países africanos y es colaborador de Prensa Latina.