La batalla por el control de Siria ahora se centra en sus dos principales y más históricas ciudades: Damasco y Alepo. Esta última se torna en crucial pues es la más grande en población y economía y también por ser la más cercana a Turquía en donde se encuentra el comando del insurgente Ejército Libre Sirio (ELS).

En las crónicas de Robert Fisk, posiblemente el principal corresponsal de guerra del Medio Oriente, quien se encuentra en Alepo, él muestra como la mayoría pobre de esta urbe se encuentra desamparada. Mientras muchos de ellos sobreviven sin techo, las clases altas han huido y las medias están protegidas en sus casas.

Si el gobierno británico abiertamente da ayuda ‘no armamentística’ y suple con datos de espías y satélites a los subversivos, su compatriota Fisk es muy duro con el ELS mostrándolo como un grupo basado en hombres, fondos y armas extranjeros y en fundamentalistas sunitas mientras que las minorías cristianas, alawita, chiita, drusa y kurda le temen o han sufrido sus represalias.

Según él, tanto en Alepo como en Damasco las FFAA oficialistas vienen derrotando a los rebeldes, aunque lo penoso es ver cómo estas dos ciudades, las más antiguas del mundo continuamente habitadas, vienen siendo destruidas.

Siria se mantiene como el principal bastión del nacionalismo panárabe contra Israel, aunque Tel Aviv no está muy entusiasmada con la caída de los Assad pues antes se valió de ellos para reprimir a los palestinos en el Líbano y teme que su caída abra las puertas a un caos donde prosperen los musulmanes que más quieran arrasar al Estado hebreo.

Hizbola, ligada a Irán y a los Assad, ya clama que tiene misiles precisos que pueden matar a millares en Israel.

Si Hussein cayó en Iraq y Gadafi en Libia, fue por la intervención de EEUU y sus aliados. Sin ella ambos dictadores hubiesen sofocado a las revueltas. En Siria Occidente conspira para el derrocamiento de Assad para lo cual se vale de una intervención sin precedentes de otros socios suyos en la región (Turquía, Libia, Qatar, Arabia Saudita y Emiratos), pero sin que los aviones de la OTAN aplasten a la aviación y a los principales cuarteles de Assad no será fácil lograr que él pierda la guerra.

Ya Obama ha dado un pretexto para una futura invasión, cosa que Cameron ha secundado. Y este es que si Assad usa sus gases en la guerra, los EEUU atacarían Damasco. Ni Hussein ni Gadafi emplearon estas armas en las guerras contra sus derrocadores y, si bien Assad estima que no debe hacer lo mismo, no es posible descartarse que se destape algún incidente que dé el justificativo para una intervención.