La Paz, (ABI).- Se quebró 56 minutos y 11 segundos después de cinta corrida, de amagues y contenciones nasales, luego de deshacerse en descripciones de los amores incandescentes y admiraciones infinitas que le despierta todos los días Gerardo Hernández, uno de los 5 cubanos que Estados Unidos mantiene preso y que no ve hace 15 años.

Un sonido sibilante escapó de su garganta cuando desentrañó un reclamo implosivo. “Yo no estoy acompañando un hombre, por decir que es mi esposo, mi compañero, que es mi vida entera. Estoy acompañando?” Saltaron los obturadores de los cuatro grabadores que registraron las narraciones de Adriana Pérez, esposa de Gerardo Hernández, a quien la justicia de Estados Unidos procesó, en el juicio más largo de su historia (casi 8 meses) y con el menor número de aportaciones y convicciones y el mayor de represalias y enconos políticos, por terrorista.

Proclama su amor a sabiendas que Gerardo Hernández ha cumplido apenas la última porción de la sentencia que le aplicó una corte estadounidense: 2 cadenas perpetuas y 15 años. “Uno normalmente dice que ‘lo amo como el primer día‘; yo lo amo más que el primer día”, mantiene esta mujer que en 5.475 días de desasociego nunca vio marchitar su amor.

Cuba y una retahíla de gobiernos y personalidades mundiales defienden a Gerardo Hernández, lo mismo que a Fernando Gonzales, Ramón Labañino, René Gonzales y Antonio Guerrero como antiterroristas. Los amores por el habanero que conoció el 20 de octubre de 1986 en una parada de autobús (guagua, llaman en Cuba a esos colectivos longanizas de formas redondas) le brotan por sus ojos avellana, negros lo mismo que grandes, coronados por sendas cortinas nutridas de pestañas curvas con aspiraciones circulares.

Esta ingeniero químico con maestría en alimentos, que se ha pasado los últimos lustros de su vida en pasillos de congreso, en oficinas encortinadas de líderes mundiales, en poltronas y sillas victorianas de cortes judiciales europeas, africanas y latinoamericanas en busca de un “juicio justo” para el hombre que la llevó al tálamo cuando ella cifraba los 18, dos años después de conocerla en esa guagua que cada tanto soltaba feroces efluvios mecánicos, se afana para que EEUU restaure un injusticia monumental.

La secretaria de Estado de EEUU, “Hillary Clinton tiene la posibilidad de hacerlo, mucho más sabiendo que el hecho de que Los 5 estén presos se debe a Bill Clinton, su esposo, ya que en ese momento ese presidente los pudo expulsar y pudo haber evitado llegar a un juicio tan manipulado y amañado. Clinton sí conocía, por la información que le dio Fidel (Castro, entonces presidente de Cuba), de todas las organizaciones y de sus planes. Un grupo de agentes del FBI (Buro Federal de Investigaciones, por sus siglas en inglés) visitó Cuba en junio de 1998 a petición del propio Clinton para intercambiar información y buscar una solución que Fidel le pidió a través de un mensaje enviado mediante Gabriel García Márquez. Desde ese entonces se le advirtió al gobierno de los Estados Unidos que esas organizaciones tenían planes para atentar contra aviones comerciales. ¿Más tarde qué sucede? Derribo de las Torre Gemelas y es sabido que muchas de las personas que participaron en esos atentados se prepararon en Florida. Cuba no sabía ni dónde, ni cuándo y a quiénes se iba a afectar, pero se estaba buscando colaborar para evitar los planes terroristas de esos grupos ¿pero qué sucedió? Se detuvo a los inocentes”, reseña.

Adriana no cierra los ojos para repasar los 8 años o poco menos que eso que vivió antes que Gerardo fuera detenido en EEUU, el 12 de setiembre de 1998. Esta luchadora inclaudicable sacada de leyendas escandinavas, de rostro y facciones tersas y cabellos recogidos en cola de caballo, pese a los 42 que cifra, no tiene solución de continuidad para describir los flirteos juveniles que la unieron en los ‘80 a Gerardo, entonces un estudiante de letras, en las antípodas de las fórmulas y valencias en que Adriana se zambulló desde los 16.

Si bien los ‘flechazos‘ ocurrieron en esa tórrida guagua en que se montaron en La Rampa número 20, para ir a la universidad, el amor no pudo más y se desató una tarde, a las espaldas del Mar Caribe, en el litoral norte de Cuba, Adriana y Gerardo notariaron sus amores en la corteza un Flamboyán, un portentoso árbol de tronco trapezoidal que crece a placer en la Isla y que muchos años lució las iniciales de ambos encerradas en un corazón tallado a navaja.

“Cometimos la inflexión de escribir en el árbol las iniciales de nosotros; lo hizo él en 1986”, recuerda con una sintaxis y prosodia muy cubanas. “Yo conocí a Gerardo cuando tenía 16 años y él 21”, dice Adriana al resolver la primera pregunta infaltable y predecible de una entrevista en que la política y lo humano se conjugan en bálsamo.

Re-crea el pasado con pincel en mano y manda a sus entrevistadores a montarse en la misma guagua en que ese joven de de rasgos angulados y entradas pronunciadas le garabateó un poema: ‘A la muchacha de la parada cuyo nombre ignoro que con sus grandes ojos agiganta los amaneceres de La Rampa‘, decía la primera estrofa de esa carta de amor, escrita hace ya 26 años.

Y llegan los recuerdos en cascada, desde la casa de la abuela de Adriana, en Villa Clara, en la jurisdicción de la región de Cahuahua, a 400 km de La Habana; las flores rojas y vainas negras que fructifica el Flamboyán de marras que retoñó luego del ciclón que lo desbarató años después, y sin perjuicio de tiempos y espacios, apegado al desorden, el beso que Gerardo le robó con la complicidad del Caribe.

Acuden en pro de las remembranzas, la poesía popular que hacía calzar, perfecto, lo cóncavo con lo convexo en labios del brasileño Roberto Carlos, las aves enamoradas del mexicano Armando Manzanero, la memoria enciclopédica y el desorden intoxicante de su amado, los detalles desbordantes que no han cesado, así sean nada más verbales, desde aquel 14 de setiembre cuando le soltaron la noticia trémula 2 días después de la detención simultánea de ‘Los 5‘.

Siete años y meses de recuerdos preambulan el tiempo sucedáneo de la ausencia que sólo un amor shakespereano puede sobrevivir. Las autoridades de EEUU le permiten a Gerardo nada más que 300 minutos, es decir 5 de las 720 horas del mes, para contactar vía teléfono a los suyos en Cuba y en el mismo Estados Unidos.

Gerardo se ha enterado por esa vía de la muerte de su madre alzheimeriana en 2009, Carmen Nordero, que prefirió el mundo de lo incierto, de lo incognocible a ver a su vástago tras las rejas de máxima seguridad de Víctor Bill en California.

Adriana conoce muchos países, tantos que no se molesta en enumerarlos; no refiere de ellos sino sus cortes de justicia y los lugares donde cabildeó para denunciar el “juicio amañado” que tiene preso a Gerardo hace 14 años. “Catorce años en prisión son muchos, 14 años separados son muchos”, dice al oponerse tácitamente a la sentencia del tango que asegura que ‘20 años no es nada‘.

“El problema no es esperar. Uno espera consciente, convencido de lo que quiere esperar, el problema está en la incertidumbre de su regreso; eso no cambia para nada”, reafirma al tiempo que carraspea para recomponerse. Se nota. Contiene el lagrimal. Gira el torso y posa los ojos en otro de sus interlocutores.

Los recuerdos la acorralan y la salvan las ráfagas en que se encuentra con él por teléfono. “Extraño su olor, su risa, su forma de pararse, su formar de hablar por teléfono”, dice al tiempo que asegura a fe de fuego que las percepciones de Gerardo trascienden le hilo y el satélite. “Al punto de identificar, en mi metal de voz, si estoy dentro o fuera de la casa; si estoy triste; si tengo visitas, si hay algo que me preocupa”, sostiene.

Adriana llegó a Bolivia el miércoles de madrugada y horas después que los coletazos del invierno paceño le cortaran el rostro en el aeropuerto de El Alto, se puso al teléfono con Gerardo que, siempre exultante, al conocer el periplo boliviano de su mujer le recordó que las alturas de La Paz y la estatura (1,52m) de Adriana no son mutuamente excluyentes.

“Bolivia está en el ambiente de todos los países que se han movilizado” por ‘Los 5‘. Además, Bolivia tiene, para Gerardo Hernández, “una historia con el Che y el Che, para todos los cubanos, es nuestro símbolo”, anota Adriana que ha conseguido que el presidente boliviano Evo Morales, con quien se reunió en el Palacio Quemado, le escriba una carta a su par estadounidense, Barack Obama, para que restaure la justicia a favor de los 5 antiterrorista cubanos presos en EEUU.

Adriana se quiebra en la soledad, “cuando aflora un grupo de cosas que viviste, que has querido volver a vivir y no lo han permitido; un aniversario de bodas, por ejemplo, ¿cuántos aniversario de bodas hemos pasado sin estar juntos?”.

El autor es director de la Agencia Boliviana de Informaciones.