El lema del periódico del gobierno boliviano Cambio dice “la verdad nos hace libres”, premisa que puede llevarnos a búsquedas desafortunadas porque alguien, con o sin razón, podría preguntar “¿cuál verdad?”, o decir “está es la (mi) verdad… por eso somos libres”. Resulta mucha pretensión asegurar que se tiene la verdad única, a no ser que se hable de cuestiones religiosas, de fe, en las que la verdad es sinónimo de algún Dios; por tanto, quien cree en él tendrá la verdad porque donde hay un dogma la razón no tiene lugar.

La historia es la “narración y exposición verdadera de los acontecimientos pasados y cosas memorables”, dice el Diccionario Manual Sopena (Barcelona, Sopena, 1972), definición similar o con algunas variantes se encuentran en otros diccionarios. Historiografía es el arte de escribir historia, siempre sujetándose a la comprobación documental o bibliográfica sobre los hechos sucedidos, tarea que puede hacerla un historiador u otro especialista, sin que haya restricción alguna, como sucede en otras disciplinas sociales y humanistas.

Otra cosa es inventar historias o falsificar la historia, que no tiene nada que ver con la corriente del revisionismo histórico que, en base a documentación existente, rectifica la llamada “historia oficial” escrita en función de intereses de las clases sociales dominantes a fin de justificar sus acciones y la de sus gobiernos.

En muchos gobernantes, desde tiempos antiguos, ha existido la tentación a justificar sus acciones tratando de desconocer hechos sucedidos, al extremo de que algunos intentan convencer de que la historia empezó con ellos; es decir: lo de atrás nunca sucedió o en el mejor de los casos sólo se trataría de prehistoria. Ese comportamiento, propio en regímenes imperiales, fue consumado por los emperadores de la China antigua y del Incario, sólo por nombrar dos.

El reciente mensaje presidencial de Juan Evo Morales Ayma, en ocasión del 187 aniversario de la creación de Bolivia, tuvo una buena dosis de datos históricos, pero con muchas imprecisiones (por no decir falsificaciones) que debieron ser corregidas por los “leales” asesores que tiene ¿o no?. Vamos por partes:

1. “Antes de la invasión europea, nuestros antepasado vivían sin (sectores) privados, sin propiedad, sin odio, sin racismo, sin discriminación, y, fundamentalmente, en armonía con la Madre Tierra (…) vivían en igualdad”

Antes de la llegada de los españoles, el espacio territorial dominado por los incas fue producto de la conquista violenta del señorío de Cusco sobre pueblos vecinos, lo que significó el triunfo sobre los vencidos. Si bien se mantuvo la estructura orgánica de los pueblos sojuzgados, el ayllu, su categoría en algunos casos era similar al del esclavismo occidental, cuyo destino era de trabajos forzados de por vida. Además, en el pueblo dominado se elegía a los que tenían oficios especiales y se los ponía al servicio de los incas nobles o del clero; a éstos se los conocía como yanas. Cuando en una región dominada había aún movimientos insurreccionales, a esos grupos se los trasladaba a otras regiones, es decir, se los desarraigaba de sus lugares de origen, en otras palabras, se los exiliaba, en lugares en lo que tenían que cumplir tareas de “guardianes” en las fronteras del imperio incaico.

El inca, su familia, los nobles y el clero eran clases dominantes con privilegios y con propiedad sobre la tierra, pues en los territorios conquistados se arrebataba dos tercios de la totalidad de manera que la propiedad se dividía para tres grupos: para el inca, para el clero y para el ayllu sojuzgado.

Estos elementos anotados son signos de opresión, de represión a los opositores al régimen imperante y no tienen nada en común con lo indicado por el Presidente en su mensaje, porque como ya se puntualizó, en el imperio incaico había, propiedad privada, había odio de los vencidos hacia los incas conquistadores, había discriminación porque las clases dominantes gozaban de privilegios y abuso del poder.

El Presidente habla de una sociedad incaica que no existió. Tal vez lo único rescatable de su discurso es que hayan “vivido en armonía con la naturaleza”, pero no precisamente porque fueran ecologistas o defensores de la madre tierra sino porque los avances tecnológicos y las condiciones demográficas no permitían que se convirtieran en depredadores del medio ambiente.

Por sentido común sólo basta recordar tres de los mandatos incaicos (ama qhilla, ama llulla y ama suwa) se dictaron precisamente porque en esa sociedad había ladrones, flojos y mentirosos, porque como en todos los pueblos muchas normas surgen luego de la aparición de la infracción que hay que legislar para sancionar. Por ejemplo, los diez mandamientos que se dictan para el pueblo judío tratan de regular y castigar acciones que estaban difundidas dentro de esa sociedad: no respetaban a sus padres, mataban, robaban, mentían, eran codiciosos, etc., y, en nuestro país, un ejemplo más: la reciente ley 259 de control al expendio y consumo de bebidas alcohólicas fue elaborada porque el abuso en el consumo de alcohol y su venta han alcanzado niveles incontrolables.

Las sociedades prehispánicas o anteriores a la llegada de los conquistadores que nos quiere mostrar Morales y su gobierno, supuestamente perfectas y sin delitos, en las que todos vivían en igualdad y en paz, no han existido en el momento de la invasión española.

Fidel Castro Ruz, que también es citado por Morales, aunque parece que no es leído ni entendido, en su intervención titulada “Esta es la batalla por la verdadera independencia de América Latina”, en la sesión de la tarde del sábado 6 de julio de 1985 del IV Congreso de la Federación Latinoamericana de Periodistas (FELAP), La Habana, Cuba, dice: “La lucha ahora, realmente, no es entre pigmeos, la lucha es contra el elefante, en primer lugar. Si los pigmeos nos ponemos a fajarnos unos con otros y nos olvidamos del elefante, nos va a pasar lo mismo que nos vienen haciendo desde la época de Hernán Cortés: allá estaban los tlaxcaltecas, luchando contra los aztecas, unos aliados a los conquistadores y otros luchando contra ellos, y lo más triste es que en la historia, cuatro siglos después, el imperialismo haga con nuestros países lo que hicieron los conquistadores españoles en Perú, en México y en todas partes: ponernos a pelear, a luchar unos contra otros, como decía con tristeza el compañero puertorriqueño —y recordaba hasta los versos de Neruda—, que usan la sangre de nuestros hermanos puertorriqueños para invadir Granada, para amenazar a Cuba, para amenazar a Nicaragua y para hacernos la guerra. Entonces los pigmeos tenemos que unirnos, en general, o hacer cosas comunes, no hay dudas de que tenemos que hacer cosas comunes”.

2. “Ahora sabemos que el año 1781 los grandes levantamientos de Tupac Katari, Julián Apaza, Bartolina Sisa, los cercos a la ciudad eran para defender los recursos naturales, nuestra identidad, para recuperar esos recursos que estaban siendo saqueados.”

No señor Presidente. La rebeliones indígenas de los Amaru y los Katari eran contra el abuso de poder de los corregidores: contra las exacciones que cometían en el cobro del tributo, contra el reparto obligatorio de mercancías, contra el aumento de alcabalas sobre ciertos productos que consumían los indígenas, contra la mita o trabajo obligatorio en las minas; contra el diezmo que cobraban las autoridades de la Iglesia Católica.

El programa de los levantamientos indígenas no era tan avanzado, como señala Evo. Y entonces también se defendieron intereses de sectores sociales.

3. “…la fundación de la República de Bolivia fue el resultado de los gritos libertarios, de la rebelión de los pueblos indígenas…”

No todos los pueblos indígenas estuvieron al lado de la libertad. Durante las rebeliones indígenas de 1781-1783 de los Amaru y Katari, hubo varios que pelearon en las filas de los españoles. Un escrito de la época, mencionado en la obra “La rebelión de Tupac Amaru” de Boleslao Lewin, en los inicios de la lucha se menciona a 20 caciques fieles a España, encabezados por Mateo Pumacahua, donde también aparece Choquehuanca, posible antepasado del actual Canciller.

Durante la Guerra de la Independencia, Pumacahua vuelve a aparecer, en 1811, en las filas leales al Rey de España y esa vez junto a su colaborador Manuel Choquehuanca (de la misma familia de su antecesor), apoyan resueltamente al realista (arequipeño) José Manuel Goyeneche en la represión y disolución de la Junta Tuitiva de La Paz. Pero luego, en 1814, cuando las tropas argentinas se acercaban, con un olfato sorprendente, Pumacahua se pasó a las filas de los independentistas de Cusco. (“Participación popular en la independencia de Bolivia” de René Danilo Arze Aguirre)

4. “Creo que Bolivia ha sido el primero en sublevarse el 16 de julio de 1809, el primer grito libertario…”

En 1809 no existía Bolivia; esta región era conocida como Charcas o también Alto Perú. Lo cierto es que el primer grito libertario del continente, que desencadenó la larga guerra de la independencia, fue el 25 de mayo de 1809 en la ciudad de La Plata (hoy Sucre), sede de la Audiencia de Charcas, principal órgano legislativo y rector de lo que hoy es Bolivia.

De ese levantamiento salieron emisarios a los diferentes confines de la región a propagar la causa libertaria. Dos rebeldes de La Plata, Mariano Michel y Mercado “el Malaco”, junto a su hermano Juan Manuel Mercado, fueron enviados a La Paz donde tuvieron acogida las ideas libertarias. Cuando se dio la revuelta de los revolucionarios, dirigidos por Pedro Domingo Murillo, Juan Manuel Mercado formó parte de la Junta Tuitiva.

5. “Antes fue la lucha de los movimientos sociales. Quiero resaltar la lucha de ‘Tambor’ Vargas, Gregorio Lanza y de tantos otros patriotas (…) Quisiera que lean este libro ‘Diario de un comandante de la Guerra de la Independencia 1814-825, José Santos Vargas‘, más conocido como ‘Tambor’ Vargas, un militar en esas épocas.”

José Santos Vargas fue un guerrillero, no un militar como pretende el Presidente desfigurar la historia, pues con esa su visión de enaltecer a los militares de hoy o de quedar bien con ellos, también debería llamar militares al Che, a Inti Peredo y otros guerrilleros del 67, lo que no le tolerarían ni los militares “socialistas”, según Morales, ni los pocos sobrevivientes de la Guerrilla del Che. Pero volvamos a la guerra de la independencia.

El Tambor Vargas detalla en su Diario de campaña los sinsabores y los éxitos que pasó durante los años de lucha al lado de la causa libertaria. Relata cómo los indios se enrolaban, según sus intereses y conveniencia, a uno y otro bando, al de los patriotas y al de los realistas. En varias partes llama a los segundos, porque así eran conocidos “los indios realistas” o “los indios amedallados”, estos últimos llamados así porque tenían un distintivo (medalla) otorgado por la Corona española, en mérito a sus servicios prestados al Rey.

En 1814, cuando el comandante Eusebio Lira estaba por el sector de Mohosa, ve como varios indios del lugar colaboraban a los soldados realistas: “Entonces divisa el comandante Lira que el enemigo nos iba tomando ya la altura por nuestro costado izquierdo, guiados por tres indios vecinos de la doctrina de Mohosa llamados Pacual Ajalla, Dionisio Condori y Mateo Velarde amedallados todos ellos…”

Y más adelante continúa: El comandante (realista) don Casto Navajas se hallaba de guarnición en el pueblo de Capiñata. Manda una partida de indios con el amedallado Domingo Calderón. Este va por las estancias y mete tres indios del lado de Totava y los afusila Navajas. (…) A este tenor estaban haciendo destrozos y más partido entre la indiada concediendo medallas y nombrándolos de oficiales. Ya la cisma de amedallados pasó al lado de Hayopaya. Había en Sanipaya, anexo de la doctrina de Machaca, un hombre llamado Mateo Paniagua, hijo de un tal Lucas, el Chajmi de sobrenombre. Este estaba entusiasmando a los indios a favor del rey. No quedaba más que un corto recinto de terreno a favor de la Patria, que era desde el anejo de Tuysonga hasta Lirimani, como cinco leguas de largo ni tres de ancho.

En este trecho cruzaban partidas del enemigo. Por fin la indiada de Cavari fue la que se rebeló en contra de la Patria.”

Como podrá leerse en el indicado Diario, no todos los “movimientos sociales” de entonces estaban en favor de la causa independentista. No hay argumentos para hacernos creer de la existencia del “indio bueno”, casi angelical, éstos (como otros sectores de la sociedad colonial) por sus intereses sociales y económicos se enrolaron en las filas patriotas o en las filas de los colonizadores. Afirmar que todos los indígenas estuvieron, siempre, con las causas justas es hablar de un hecho inexistente.

Esperamos que las “lecciones” del mensaje presidencial no sean parte del lanzamiento de una Nueva Historia de Bolivia según Evo Morales y se incorporen a la currícula escolar,porque, de ser así, los gobernantes de hoy estarían reproduciendo lo que antes criticaron: la historia oficial nos miente.

El Presidente intenta escribir otra historia que no toma en cuenta fuente alguna y, lo más grave, trata de presentar hechos que nunca existieron en lo que ahora es Bolivia.

Más bien esperamos que los profesores inculquen, en sus estudiantes, lo importante que es investigar nuestro pasado, leer buenos libros de historia y entenderlos. Sólo así podremos fortalecer nuestra identidad histórica y decir con orgullo: la verdad nos hace libres.